miércoles, septiembre 21, 2011

SANTO TORIBIO MOGROVEJO VIVE ENTRE NOSOTROS

Como homenaje al Dr. José Antonio del Busto que tuvo la gentileza de presentar mi libro, les comparto la entrevista que publicó el semanario EL SOL (desde el Arzobispado de Lima) y las fotos del evento en el Centro Cultural de España en Lima

SANTO TORIBIO MOGROVEJO VIVE ENTRE NOSOTROS

El pasado 7 de marzo del 2001 se presentó en el Centro Cultural de España la obra Crisol de lazos solidarios: Toribio Alfonso Mogrovejo de la mano de los historiadores José A. Del Busto y P. Armando Nieto. Su autor, José Antonio Benito Rodríguez, es miembro de la Asociación Española de Americanistas y del Instituto "Riva Agüero", profesor de la Universidad Católica "Sedes Sapientiae" y de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. Días antes se dio a conocer a todos los obispos del Perú reunidos  en la sede de la Conferencia Episcopal Peruana, y posteriormente en Arequipa, Ayacucho, Trujillo y Chiclayo. La obra cuenta con el auspicio del Ministerio de Cultura de España y el patrocinio de la Universidad Católica Sedes Sapientiae de Lima. Para adentrarnos en su vida y obra, invitamos a su autor a nuestro Seminario la víspera de su fiesta, el 26 de abril, para que nos hablase de asunto tan querido para todos nosotros. Presentamos un extracto de su charla. 

Panorámica de la vida de Santo Toribio
Nos ubicamos en el siglo de oro español, en el Renacimiento. Nace en 1538, en el mes de noviembre, en el pueblecillo de Mayorga (Valladolid), encrucijada de caminos, entre las actuales comunidades autónomas de Castilla-León, Asturias, Cantabria y Galicia.  En 1551 inicia sus estudios de Gramática y Humanidades en Valladolid, capital del mundo hispánico. En 1562 acude a Salamanca donde enseña su tío Juan Mogrovejo, catedrático universitario. En 1569 obtiene el título de bachiller en Cánones y en 1571, peregrina a Compostela, y se licencia en Derecho. Cuando cursaba estudios de doctorado en el Colegio San Salvador de Oviedo, en 1574, se le nombra para Granada como Inquisidor Apostólico. En 1580, es propuesto como arzobispo; contaba con 39 años y necesitó una apurada ordenación sacerdotal como paso indispensable para la consagración episcopal. En 1581 llega a Paita y hace su entrada  en Lima un 12 de mayo. En 1583 tiene lugar el Tercer Concilio Limense del que emanan tres grandes publicaciones en quechua, aymara y español: el catecismo, el sermonario y el confesonario. En 1584 comienza su  primera visita pastoral. En 1591 acomete una obra decisiva, la creación del Seminario que -dedicado en su día a Santo Toribio de Astorga- hoy lleva su nombre. Se siente, ante todo, pastor dispuesto a dar su vida por sus ovejas. A tal efecto crea  nuevas parroquias. De igual modo, impulsará instituciones destinadas a la formación de líderes espirituales, académicos y sociales, en los monasterios como el de Santa Clara, hospitales como el de San Pedro, la Universidad de San Marcos, la Casa del Divorcio.... En 1593 inicia la segunda visita y  en 1605 la tercera, falleciendo en 1606, un 23 de marzo, en Saña. Al año siguiente, 1607, un 27 de abril, es enterrado en Lima. En 1679 fue beatificado y en 1726,  canonizado

"Crisol de lazos solidarios"
A muchos le ha sorprendido el título del libro. Obedece a un interés personal y a una coyuntura.  En la rica personalidad del Licenciado (por Salamanca y Santiago de Compostela), Toribio Alfonso Mogrovejo inquisidor en Granada, segundo arzobispo de Lima, siempre me ha asombrado su capacidad de darse, su gratuidad, su solidaridad. De ahí que le presente como puente, lazo, crisol de lazos culturales. En un mundo multicultural como le tocó vivir –primero en España en el ámbito universitario (Valladolid, Salamanca, Coimbra), luego en el ejercicio de su función de inquisidor en la Granada morisca y, posteriormente en el mundo andino y amazónico del Perú naciente- no sólo fue tolerante, respetando su cultura, sino que se empapó de su nuevo mundo, haciéndose todo a todos, estableciendo un diálogo vivo paternal y fraternal a un tiempo. Me parece oportuno citar  el Mensaje de su Santidad Juan Pablo II para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz1 de enero de 2001:
 De manera análoga a lo que sucede en la persona, que se realiza a través de la apertura acogedora al otro y la generosa donación de sí misma, las culturas, elaboradas por los hombres y al servicio de los hombres, se modelan también con los dinamismos típicos del diálogo y de la comunión, sobre la base de la originaria y fundamental unidad de la familia humana, salida de las manos de Dios, que « creó, de un solo principio todo el linaje humano » (Hch 17,26). Desde este punto de vista, el diálogo entre las culturas, tema del presente Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, surge como una exigencia intrínseca de la naturaleza misma del hombre y de la cultura. Como expresiones históricas diversas y geniales de la unidad originaria de la familia humana, las culturas encuentran en el diálogo la salvaguardia de su carácter peculiar y de la recíproca comprensión y comunión. El concepto de comunión, que en la revelación cristiana tiene su origen y modelo sublime en Dios uno y trino (cf. Jn 17,11.21), no supone un anularse en la uniformidad o una forzada homologación o asimilación; es más bien expresión de la convergencia de una multiforme variedad, y por ello se convierte en signo de riqueza y promesa de desarrollo. El diálogo lleva a reconocer la riqueza de la diversidad y dispone los ánimos a la recíproca aceptación, en la perspectiva de una auténtica colaboración, que responde a la originaria vocación a la unidad de toda la familia humana”.(n.10)

Debo resaltar como uno de los muchos frutos de este intercambio cultural, de esta creación de lazos, la construcción del Instituto Tecnológico “Mayorga” con motivo del V Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América y por la gestión de  Cruz Roja de Mayorga.

La explicación inmediata de la publicación del libro y con ese título se debe a que el Ministerio de Educación de España convoca cada año proyectos culturales y solidarios, yo elaboré uno, lo aprobaron y aquí está el fruto, que quiere ser un adelanto de una obra más completa para conmemorar el cuarto centenario de su muerte, dentro de cinco años, en el 2006.

Bibliografía
La primera de todas, la de Antonio León Pinelo, quien buscó en lo formal ser más "relator de memorial que autor de historia...pero ninguno [así lo certifico] con más rigor, ni precisión que yo". De su contenido me quedaría con este párrafo: :"No perdía un instante y solía decir: “No es nuestro el tiempo, es muy breve y hemos de dar cuenta de él...Y he ponderado de la vida de este gran varón que en 25 años que rigió la iglesia de Lima no trató de otra cosa que de su salvación...Fue su vida una rueda, un movimiento perpetuo que nunca paraba. Y si la vida del hombre es milicia en la tierra, bien mereció el título de soldado de Cristo Señor Nuestro, pues nunca faltó a lo militante de su iglesia para conseguir el premio en la triunfante".
De las recientes, es inevitable citar la pionera de Mons. C. García Irigoyen (1906), y la más completa, a punto de cumplir los 50 años, la de su paisano Vicente Rodríguez Valencia. Otras dos, entre tantas, la del P. Rubén Vargas Ugarte y la de F. Pini. Sin olvidar la bien trazada semblanza en clave de nueva evangelización por el querido Cardenal Augusto Vargas Alzamora.
A la hora de escribir el presente libro, he tenido presente todos los citados y, además, las biografías de de los dos historiadores que se dignaron participar en la presentación de la obra. La que  escribiese el Dr. José Antonio del Busto sobre San Martín de Porres (él aclara que sería más propio "Porras") y la del P. Armando Nieto, sobre el P. Francisco del Castillo, apóstol de Lima. Las dos son modelo de ciencia, unción y amenidad; las dos tienen muy en cuenta el contexto en que se desenvuelve el personaje, su proyección; las dos se basan en fuentes históricas primarias y presentan un personaje vivo, actual .

Explicación de la portada
Recoge la fiesta del Vítor o de la reliquia en Mayorga, 27 de septiembre, en recuerdo del momento en que fue enviada desde Lima a Mayorga una reliquia del recién canonizado Toribio. La nueva reliquia consistió en un peroné montado verticalmente dentro de un relicario piramidal de cristal sobre monturas de plata. Sucedió en 1752, 26 años después de su canonización. Tras surcar las aguas del Pacífico y recorrer los 12.500 kms. de distancia, llegaron a la tierra castellanoleonesa un 27 de septiembre a las 11 de la noche. De este modo, en cuanto los mayorganos tuvieron conocimiento del suceso, salieron a esperar las reliquias con teas encendidas y en fervorosa procesión las llevaron a la iglesia. La tradición no se ha interrumpido y año tras año se saca el vítor, la reliquia y en festiva procesión se pasea por el pueblo, para que lo bendiga de nuevo, para darle la enhorabuena. Las antorchas actuales están formadas por enormes varales o pértigas de los que penden los viejos pellejos usados como recipientes de vino, a los que se unta de brea, mezcla de sebo y aceite de pescado. Encendidos dan luz, color y calor a la escena dotándola de mágicas imágenes en el dilatado cielo castellanoleonés. La procesión dura toda la noche y concluye con el cántico del himno al santo y la salve en la ermita solariega levantada en la casa familiar de Mogrovejo.

Mensaje central de la obra
Resaltar la verdad del documento "Ecclesia in América" de Juan Pablo II que los santos representan el fruto más sazonado de la identidad cristiana de América, y como la santidad se encarna en aspectos tan actuales como servir de factor de integración cultural de diversas comunidades autónomas de España (Castilla-León, Cantabria, Galicia, Andalucía), Portugal, Italia, Perú e Iberoamérica. Él se convirtió en crisol "recipiente refractario para fundir materias a temperaturas muy elevadas". En un tiempo de guerras religiosas y de beligerancia militante como fue la que le tocó vivir, supo aunar el compromiso más audaz con sus propias creencias con el más delicado respeto a las conciencias religiosas (protestantes, musulmanes, judíos, panteístas) y culturas (castellana, lusitana, andina, afroamericana) con las que le tocó convivir. En un mundo como el del 2000 que ve como amenaza las migraciones de pueblos, la globalización, su ejemplo de emigrante sin retorno, que da lo mejor de su ser y su cultura al tiempo que asimila la adoptiva, se convierte en senda segura para caminar. En personas como las actuales, necesitadas de tantas síntesis para ser "recipientes refractarios" (muy resistentes), su ejemplo nos puede ayudar a "fundir" (frente a tanta confusión) a "temperaturas muy elevadas" (solidaridad, crear lazos). G. Bernanos escribió que "la juventud es quien mantiene al resto del mundo a la temperatura normal; cuando ella se enfría, al mundo le castañetean los dientes".  Mogrovejo fue un joven crisol que supo vivir a temperaturas muy altas, purificando la escoria de la mediocridad y aportando luz y calor.

Recuerdo vivo en el Seminario
El recuerdo del Santo fundador está presente permanentemente en los cuatro siglos de historia de este Seminario. En las imágenes (portada de la iglesia, vestíbulo, comedor e interior de la iglesia)  y cuadros del santo, en su reliquia (falange de uno de sus dedos y una tapa de su mitra), en la selecta bibliografía (libros, novenas, artículos), constituciones y reglamentos, la fiesta y su espiritualidad.  Recordemos que uno de los milagros atribuidos al Santo se operó con el seminarista Mateo de Rojas y Agüero, quien padecía flujos de sangre y se curó al aplicarle una reliquia de la costilla del santo, tal como atestiguan en 1684 el rector y vicerrector junto a los colegiales José Antonio Ruiz de Yantada y  Juan Ortiz de Landaeta, y cuatro años más tarde, el  24 de noviembre de 1689, el Bachiller y sacerdote Juan de Llanos, Nicolás de Melgosa, vicerrector del Seminario, Alvaro de Torres Bohórquez, rector, y el propio médico Bachiller Bernabé Ortiz (15 de febrero de 1690). El citado rector, Alvaro de Torres, da fe de otro “milagro”, confesándonos cómo fue ante el Sr. Arzobispo M. Liñán de Cisneros, quien le aconsejó se encomendase a santo Toribio, tras lo cual “se fue a la iglesia catedral y a la capilla de san Bartolomé, donde están colocdas las reliquias de su santo cuerpo y su santa imagen y se estuvo muy despacio por más de una hora de rodillas pidiendo al santo arzobispo Toribio que socorriera su colegio que era su fundación que mirase que aquellos pobres no tenían otro padre ni consuelo a quien recurrir sino a su piedad. Y, acabada esta oración, se fue al colegio”. Con ocasión de la visita del 22 de noviembre de 1622, el visitador Andrés García de Zurita, canónigo, deja constancia de la nueva y entrañable disposición referente al Fundador:

            “En acabando de cenar se dirá un responso por el Ilmo. Sr. Arzobispo Don Toribio Alfonso Mogrovejo que Dios haya (en gloria) por haber sido quien fundó el dicho coleglio lo cual así mismo se acostumbra en los colegios de España para lo que cual su Majestad ha dado las oraciones que se han dedecir las cuales se escribirán y pondrán en lugar público en la capilla y refectorio”.

Algunos detalles técnicos y formales de la obra
Las 275 páginas y 100 apartados se articulan en 10 capítulos ilustrados con láminas a color, surtida bibliografía, mapa del Perú, cuadro cronológico comparativo (protagonista, Perú, el mundo). He buscado el  rigor (mediante la consulta de todo el proceso de beatificación del Archivo Arzobispal de Lima, así como otros documentos del Cabildo Catedralicio de Lima) y amenidad (he obviado las notas de pie de página y he querido darle un estilo ágil y directo) para encontrarnos con la vida, obra, glorificación y memoria actual del segundo prelado de Lima (propuesto como obispo a los 39 años sin ser sacerdote), vallisoletano de nacimiento, licenciado en Derecho por Salamanca y Compostela, inquisidor en Granada, que llegó a Lima un 12 de mayo de 1580, se entregó con santo celo al bien de sus fieles fundando el Seminario, colegios, cofradías, convocando sínodos y concilios, recorriendo la áspera geografía de la mitad norte del Perú (más de 40.000 kms a pie o en mula), abriendo su corazón sin fronteras a todos: españoles, indios, negros y mestizos, hasta morir agotado pero cantando gozoso, el 23 de marzo de 1606, Jueves Santo, en Zaña, en tierras del Señor de Sipán.


Sorpresas reciente
Varias. Monseñor Alberto Brazzini me comunicó la existencia de un lienzo en la iglesia de San Pedro de Lima, ubicado en la zona de la entrada a mano izquierda en la parte superior, y que representa al santo en gesto caritativo dando de comer a un grupo de pobres indios. En esta misma iglesia se custodia el cáliz El gozo de saber que hay provincias de Ancash o provincias eclesiásticas como la de los Oblatos de San José del Perú que llevan su nombre. O hallazgos como el producido en la Catedral de Lima en uno de los cuartos-almacén, como sucedió con una de las aras en que celebró misa el Santo. Éste es el texto completo que figura en una tablilla cubierta con basta tela: En esta Santa Ara, según tradición bien fundada, y antigua, dijo muchas veces Misa el Señor Santo Toribio y por esta moralidad tan recomendable es del mayor aprecio esta recomendable alhaja, que vino a mi poder por una rara causalidad. Año de 1770. Matías Maestro. Esta ara la trajo a Madrid el Excmo. Sr. D. Bartolomé de las Heras, arzobispo de Lima, que murió en el convento de la Trinidad en 27 de enero de 1822, dejando por su testamentario al Excmo. Sr. Conde de Guaqui, Teniente General de los Reales Ejércitos y este la envió al Excmo. Sr. D. José Sebastián de Goyeneche, obispo de Arequipa su hermano.

Trascendencia de Santo Toribio
El Dr. Del Busto, tan escueto y expresivo como siempre, dijo que Mogrovejo había que colocarlo entre cuatro de los grandes forjadores del Perú: Pachacútec, el virrey Toledo y el general Castilla. El P. Armando Nieto subrayó el haber dado un alma cristiana a nuestra patria a través de los concilios, las visitas, las instituciones que fundó (Seminario, parroquias, conventos, cofradías...).
En 1978, la Conferencia de Puebla, III CELAM, dirá que "Un obispo, santo Toribio de Mogrovejo, es factor de primer orden en ese jalón fundamental de la Iglesia latinoamericana; por su libertad ante el Estado, su inteligencia y voluntad de servicio, es modelo e inspiración de pastores". En 1983 Juan Pablo II lo nombrará "Patrono de todos los obispos de América Latina". No olvidemos que entre los casi mil obispos de la historia iberoamericana, sólo él, (y recientemente, en unión a Ezequiel Moreno) ha merecido el honor de los altares. Es curioso ver como todos los sucesores en la silla arzobispal de Lima se propusieron imitar su ejemplo; recordemos como el propio Cardenal Landázuri quiso ser enterrado en su capilla, como el Cardenal Vargas Alzamora visitó su tierra natal -Mayorga- con motivo del V Centenario en 1992, y el actual Cardenal-arzobispo Monseñor Juan Luis Cipriani, en 1999, lo nombró: "Patrono de la Misión Jubilar de Lima".

Tres anécdotas para nuestros tiempos de cambios
El jesuita P. Francisco de Contreras, que le conoció desde 1592 y fue ordenado de sacerdote por él, nos rescata de su memoria un gesto entrañable en tiempos de Navidad: "Y asimismo vio este testigo que habiéndole enviado de esta ciudad con grande regalo de dulces por ser tiempo de Navidad su hermana doña Grimanesa, el dicho Sr. Arzobispo lo repartió todo entre pobres yendo él mismo a los ranchos de los indios enfermos a visitarlos y dárselo sin quedarse con cosa y le dijeron a este testigo que aquella noche de la vigilia de Navidad había hecho colación con solo un durazno o manzana sin otra cosa".

La segunda anécdota nos presenta a un Mogrovejo con gesto de reconciliación y perdón con el poder civil. El 16 de abril de 1596, el Santo ofreció al Virrey su perdón, a pesar de haberle calumniado tildándole de "incapaz" y de andar con sus criados "comiéndoles la misma miseria que tienen" los indios. Buena prueba de ello es su carta: "Su Divina Majestad tenga misericordia de él y le perdone [...] Yo me he alegrado y regocijado mucho en el Señor con estos trabajos y adversidades, y calumnias y pesadumbres, y los recibo como de su mano, y los tomo por regalo, deseando seguir a los Apóstoles y Santos Mártires, y al buen Capitán Cristo nuestro Redentor, con su ayuda y gracia".
Y para terminar, una que nos habla de su afán por roturar la geografía del Perú en impenitentes caminatas, y, esto, cantando. Diego Morales, secretario del cabildo, recoge lo que en el Prelado sería una costumbre muy arraigada. Acabada la visita, como a las cuatro de la tarde, "partió para el pueblo de Mala, y, habiéndole anochecido en el camino por ser muy pedregoso y de cuesta, pasó mucho trabajo, y en todo él iba alabando a Dios y cantando la letanía de la Madre de Dios, y el dicho padre fray Melchor de Monzón que venía con este testigo y el dicho licenciado Cepeda le respondían, que no parecía sino que venía allí algún ángel cantando aquella letanía, con lo cual no sintió el camino".

José Antonio Benito


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