martes, marzo 27, 2012

EXPOSICIÓN: "IDENTIDAD Y MULTICULTURALIDAD EN AMÉRICA LATINA. TORIBIO ALFONSO MOGROVEJO"

Asunto: EXPOSICIÓN: "IDENTIDAD Y MULTICULTURALIDAD EN AMÉRICA LATINA. TORIBIO ALFONSO MOGROVEJO"


Exposición ycatálogo de la muestra preparada por la Universidad Católica Sedes Sapientiae y el Movimiento Comunión y Liberación para el Meeting de Rímini en el 2006

lunes, marzo 19, 2012

90 SEGUNDOS QUE RESUME MUY BIEN LA VIDA Y OBRA DEL SANTO

VIDEO DE 90 SEGUNDOS QUE RESUME MUY BIEN LA VIDA Y OBRA DE SANTO TORIBIO.
http://www.jn19tv.com/multimedia/video/santos/video.html

martes, marzo 13, 2012

Historia Gráfica de Santo Toribio de Mogrovejo en 4 páginas

Historia Gráfica de Santo Toribio de Mogrovejo
Disfruta, a través de 4 páginas en dibujo, de la vida de Santo Toribio de Mogrovejo.

SANTO TORIBIO MOGROVEJO EN LA ENCICLOPEDIA CATÓLICA


lunes, marzo 12, 2012

SANTO TORIBIO EN LA ENCICLOPEDIA CATÓLICA

domingo, marzo 04, 2012

EL CREDO, PUERTA DE LA FE, DEL TERCER CONCILIO LIMENSE DE 1582

Como preparación para el año de la fe, les brindo este precioso testimonio de nuestros obispos reunidos en Lima para el Tercer Concilio Limense en 1582. El día de la fiesta de la Asunción, 15 de agosto, se proclamó la profesión de fe –EL CREDO-  a viva voz por fieles y pastores reunidos en la Catedral de Lima. A continuación, el metropolitano de Lima, Santo Toribio de Mogrovejo, para manifestar su fidelidad al Papa le formula 14 cuestiones a las que los padres conciliares manifiestan su aprobación y acatamiento.

Primera sesión del concilio provincial limense  celebrada en la iglesia catedral de la Ciudad de los Reyes el día de la asunción de la santa virgen María, 15 de agosto de 1582
En el nombre de la santa e indivisa trinidad, padre, hijo y espíritu santo.
Siguiendo el rito y legítimamente, según las prescripciones de los cánones sagrados y por la autoridad del sagrado concilio tridentino, obedeciendo la voluntad de nuestro santísimo señor, Gregorio XIII, y por orden de nuestro rey católico e invencible, Felipe 11, señor de España y del Nuevo Mundo, el santo sínodo se reúne en la iglesia catedral de la Ciudad de los Reyes de la provincia peruana, consagrada a San Juan, apóstol y evangelista, para exaltación de la fe y utilidad de la nueva Iglesia indiana y para una reforma del clero y pueblo cristiano acorde con la disciplina eclesiástica. Lo preside el ilustrísimo y reverendísimo señor Toribio Alfonso Mogrovejo, arzobispo metropolitano. Está presente, en nombre de la majestad católica, el excelente varón D. Martín Enríquez, virrey de este reino peruano, que otorgó un lugar seguro al concilio, y concurren también los reverendísimo s padres y señores, don fray Antonio de San Miguel, obispo de la Ciudad Imperial, D. Dr. Sebastián Lartaún obispo de Cuzco, D. fray Diego de Medellín, obispo de Santiago de Chile, D. fray Alfonso Guerra, obispo del Río de la Plata, además del Cabildo real y los procuradores de la Iglesia y el clero de esta metrópoli.
Después de una solemne procesión desde el templo de santo Domingo a esta catedral, llevada a cabo con una extraordinaria y alegre concurrencia del pueblo, y de la misa celebrada por el ilustrísimo arzobispo y del sermón del reverendísimo obispo de la Ciudad Imperial, se dio por comenzado el concilio con el asentimiento unánime de los padres en el día 15 de agosto de 1582, consagrado a la asunción de la gloriosísima virgen madre de Dios.
Posteriormente se recitó el decreto del sacrosanto concilio tridentino sobre la celebración de los concilios provinciales, cuyo comienzo es: Si en algún lugar se descuidan los concilios, etc. Del mismo concilio se leyó también otra resolución acerca de la aceptación del sínodo universal de Trento, cuyo inicio es: Obliga la calamidad de los tiempos, hasta el fin.
A continuación, siguiendo el ejemplo y la autoridad de los antiguos padres, el sínodo consideró necesario anteponer la profesión de fe católica, fundamento óptimo de lo que ha de ser hecho correctamente. Consecuentemente se hizo, en estos términos, la profesión de fe a viva voz de acuerdo con la costumbre de la Iglesia romana:
Creo en un Dios, padre omnipotente, hacedor del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible, y en el señor Jesucristo, hijo unigénito de Dios, nacido de Dios padre antes de todos los tiempos, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, generado, no hecho, consustancial con el padre, por quien fueron hechas todas las cosas, que descendió de los cielos y se encarnó del espíritu santo y de la virgen María, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, y se hizo hombre y, crucificado también por nosotros bajo Poncio Pilatos, sufrió y fue sepultado y según las escrituras resucitó al tercer día y ascendió al cielo; está sentado a la diestra del padre y vendrá otra vez gloriosamente a juzgar a los vivos y a los muertos y su reino no tendrá fin, y creo en el espíritu santo, señor nuestro y dador de vida que procede del padre y del hijo y que habló por intermedio de los profetas y en una santa Iglesia católica y apostólica. Reconozco un bautismo, creo en el perdón de los pecados y espero la resurrección de los muertos y la vida en el tiempo futuro. Amén.
Para atestiguar aún de manera más amplia y manifiesta su sincerísima fe así como su fidelísima obediencia hacia la sede apostólica y los decretos del sagrado sínodo tridentino, los padres dieron las siguientes respuestas particularizadas al ilustrísimo metropolitano que se adelantó y formuló las preguntas como sigue:
1.   [1]¿Creéis firmemente y reconocéis todos y cada uno de los dogmas transmitidos en la profesión de fe editada por el concilio niceno y usada por la sagrada y romana Iglesia, madre y maestra en los asuntos sagrados? Después de recitar el arzobispo íntegramente la profesión de fe, todos juntos respondieron, así creemos y reconocemos.
2.   ¿Reconocéis también que los siete sacramentos verdaderos y propios de la nueva ley, instituidos por Cristo, el supremo, a saber el bautismo, la confirmación, la eucaristía, la penitencia, la extremaución, el orden sagrado, el matrimonio, bien que no todos para todos, son necesarios para la salvación e indestructibilidad del género humano y que otorgan la gracia, así como que es una gran injusticia y pecado que se repitan el bautismo, la confirmación y el orden sagrado? Todos respondieron, así creemos y reconocemos.
3.   ¿Aprobáis, además, y recibís los ritos y costumbres de la Iglesia católica y romana en la práctica y administración de estos sacramentos? Respondieron,  aprobamos y recibimos.
4.   ¿Sostenéis, además, y aceptáis todas y cada una de las cosas que ha definido y declarado el sacro concilio tridentino acerca del pecado original y de su justificación? Respondieron, sostenemos y aceptamos.
5.   ¿Sostenéis también que en la liturgia de la misa se ofrece a Dios un sacrificio propio, verdadero y propiciatorio por los vivos y difuntos y que en el fructífero sacramento de la eucaristía, bajo la apariencia de las formas sensibles, está contenida verdadera y realmente la sustancia del cuerpo y la sangre de Cristo salvador, una con la divinidad? ¿Y también que toda la sustancia del pan se convierte en el cuerpo y la sustancia del vino en la sangre? Respondieron, así creemos y confesamos.
6.   ¿Confesáis asimismo que en cualquier forma y en cada una de sus partes se recibe total e íntegramente a Cristo y el verdadero sacramento? Respondieron, así creemos y confesamos.
7.   ¿Sostenéis, además, firmemente que hay un purgatorio donde las almas purgan temporalmente sus castigos, son limpiadas de sus pecados y ayudadas con los ruegos y sufragios de los fieles? Respondieron, sostenemos con firmeza.
8.   ¿Reconocéis, además, que hay que honrar e invocar a los santos que junto a Cristo reinan en el cielo y que ellos ruegan a Dios por nosotros y que hay que tener en gran honra y veneración sus cuerpos y reliquias? Respondieron, así creemos y confesamos.
9.   ¿Afirmáis, además, con decisión que hay que tener en alta estima las imágenes de Cristo el supremo y de su madre la virgen María y de todos los otros santos y rendir a cada una de éstas legítimo honor y culto? Respondieron, afirmamos decididamente.
10.              ¿Sostenéis, además, que la potestad de las indulgencias fue transmitida por nuestro señor Jesucristo a la Iglesia y que su uso efectivo es utilísimo y salvífico para el pueblo cristiano? Respondieron, sostenemos.
11.              ¿Aceptáis y abrazáis los ritos y tradiciones apostólicas y eclesiásticas y las restantes observaciones y constituciones de la santa Iglesia romana? Respondieron, aceptamos y abrazamos.
12.              ¿Aceptáis también las sagradas escrituras con la interpretación en que coincidieron de manera unánime los padres y con el sentido que siempre sostuvo y sostiene la santa madre Iglesia, a la que compete dar un juicio acerca del verdadero sentido e interpretación de las sagradas escrituras? Respondieron, aceptamos.

13.              ¿Reconocéis, además, que la santa Iglesia católica y apostólica es la madre y maestra de todas las Iglesias y juráis verdadero sometimiento y obediencia al romano pontífice y sucesor vicario de Cristo? Respondieron, reconocemos y prometemos

14.              ¿Aceptáis también todo lo definido por los sacros cánones y los concilios generales legalmente realizados y, especialmente, todo lo decidido, definido y declarado por el concilio tridentino que se celebró últimamente? ¿Condenáis, además, y anatematizáis todo lo que le sea contrario y a los herejes condenados por la Iglesia, particularmente todo lo condenado y anatematizado en el mismo concilio tridentino? Respondieron, aceptamos, anatematizamos y detestamos lo contrario, así como a todos los herejes.

De la misma manera, el obispo de Ciudad Imperial tomó del arzobispo la profesión de fe y la aceptación del concilio de Trento.
Una vez finalizada la ceremonia, se leyó el antiguo y probado canon del concilio toledano, tal como lo transmite el sínodo tridentino, sobre orden y modo de las mociones y el tratamiento de los temas en el sínodo, cuyo comienzo es: En el lugar de la bendición y se determinó que había que proceder así en todo los asuntos a tratar. Luego, este santo sínodo confirmó a los concurrentes que las reuniones iban a tener lugar en la sala capitular de esta iglesia catedral para que el que quiera demandar o proponer algo de utilidad pública sepa que es libre de hacerla en el lugar predicho.
Finalmente, se declaró, desde un lugar designado, que no se había perjudi­cado a nadie ni se iba a perjudicar a ninguno de los presentes ni de los ausentes.
Una vez actuado y decretado todo lo explicitado más arriba, los reverendí­simas preguntaron si estaban de acuerdo con todos y todos respondieron que sí.
Después de la primera sesión, el metropolitano y los otros obispos celebraron largas reuniones cotidianas en la sala capitular de la catedral. Hasta el momento de su deceso, el virrey estuvo también presente a menudo y, como es habitual; los procuradores eclesiásticos, teólogos y doctores delegados por el concilio, así como los superiores de las órdenes regulares y los oficiales del sínodo. En primer lugar se leyeron las actas y decretos de los sínodos provinciales anteriores y se tomó conocimiento de ellos de manera diligente, en segundo lugar, de las constituciones propias de las Iglesias y erecciones de templos. En esa ocasión muchas Iglesias, procuradores de ciudades y otras personas idóneas presentaron y leyeron escritos en los que se indicaba al sínodo qué es lo que a cada uno le parecía conveniente reformar y todo lo que se creyó digno de consideración y tratamiento maduro fue agitado intensa y detalladamente durante muchos meses por el celo, la consulta, la voz y la escritura de los teólogos y juristas.

En el mes de octubre del mismo año de 1582, D. Pedro Peña, obispo de Quito, llegó al sínodo y ocupó su lugar, participando unos días de las reuniones. Pero el 7 de marzo de 1583, se alejó de esta vida, atacado por una enfermedad grave y prolongada. Cinco días después, falleció también el muy preclaro varón D. Martín de Enríquez, virrey.  A comienzos del' mismo mes de marzo llegaron al sínodo los reverendísimos obispos D. Fr. Francisco Victoria, obispo tucumano, y D. Alfonso Granero de Avalos, obispo platense, quienes luego de hacer la correspondiente profesión de fe ocuparon sus sitiales y comenzaron a tomar parte de las decisiones.
Después de transcurrido un año de intensa labor en la solución de muchas y graves controversias, en el tratamiento de numerosos asuntos que se consideraban muy convenientes para el provecho y la reforma de toda la provincia y el reino indio, en la edición y versión de un catecismo en lengua indígena y en muchos otros problemas relativos a la salvación de los indios, se decidió finalmente, con el voto de todos~os padres, llevar a cabo la segunda sesión en el templo de esta iglesia catedral en el día de la asunción de la santa virgen María.
Por lo tanto, el día 15 de agosto de 1583, una solemne procesión avanzó hasta la iglesia, portando mitra y pluviales todos los prelados según la costumbre. El reverendísimo obispo de Tucumán celebró la misa según el rito pontificio y ~l padre José de Acosta de la Compañía de Jesús dio el sermón al pueblo. Una vez cumplida la costumbre de la Iglesia romana, los padres se sentaron en un sitio elevado y suntuosamente adornado y con la presencia del cabildo real, los procuradores eclesiásticos y las personalidades civiles, ante una concurrencia numerosa del clero y el pueblo, leyó el reverendísimo obispo tucumano los decretos que siguen.
¿Estáis de acuerdo, reverendísimos padres, con los decretos que se  leyeron? Todos respondieron que sí.
En fe de los cuales los abajo firmantes suscribimos
Yo, Fr. Francisco obispo de Tucumán, suscribí ratificando lo actuado.
Yo, Alonso, obispo de la Plata, suscribí ratificando lo actuado.
Yo, Alonso, obispo de la Santa Iglesia platense, suscribí ratificando lo actuado. Yo, Antonio de Valcázar, doctor, provisor y vicario general de esta ciudad y secretario del santo concilio provincial.
Yo, Toribio, arzobispo de los Reyes, suscribí ratificando lo actuado.
Yo, Fr. Antonio, obispo de la Imperial, suscribí ratificando lo actuado.
Yo, Sebastián, obispo de Cuzco, suscribí ratificando lo actuado.
Yo, licenciado Bartolomé Menacho, secretario del santo concilio.
Yo, Fr. Diego, obispo de Santiago de Chile, suscribí ratificando lo actuado.




[1] Los números  no figuran en el original, los he colocado yo para facilitar la lectura.

sábado, marzo 03, 2012

Santo Toribio de Mogrovejo en las Parroquias del Peru

SANTO TORIBIO ES TITULAR DE NUMEROSAS PARROQUIAS. OJALÁ SE COMUNIQUEN Y LO CUENTEN. AQUÍ, LAS DEL PERÚ

Arquidiócesis de Lima
Parroquia Santo Toribio de Mogrovejo (La Inmaculada)Av. La Colmena cuadra 3 s/n – Cercado de Lima


Arquidiócesis de Arequipa
Parroquia Santo Toribio de Mogrovejo
Av. Daniel Alcides Carrión 213, José Luis Bustamante y Rivero – Arequipa


Arquidiócesis de Huancayo
Parroquia Santo Toribio de Mogrovejo Plaza Principal Yauyos, Apdo. 245 – Huancayo


Arquidiócesis de Trujillo
Parroquia Santo Toribio de Mogrovejo
Esquina de Orbegozo con Independencia – Plaza Mayor de Trujillo


Arquidiócesis de Piura
Parroquia Santo Toribio de Mogrovejo (Lancones)Plaza de Armas s/n, Lancones – Piura


Diócesis del Callao
Parroquia Santo Toribio de Mogrovejo Mz. G1, Lt. 19, Parque 1, Urbanización El Álamo – Callao


Diócesis de Chachapoyas
Parroquia Santo ToribioJalca Grande – Chachapoyas, Amazonas

Diócesis de Chiclayo
Parroquia Santo Toribio de Mogrovejo Calle Santo Toribio de Mogrovejo 439 – Zaña – Chiclayo


Diócesis de Chimbote
Parroquia Santo Toribio de Mogrovejo A.H. La Balanza – Chimbote
Parroquia Santo Toribio de Mogrovejo
Plaza de Armas de Macate s/n – Chimbote


Diócesis de Chosica
Parroquia Santo Toribio Jirón Trujillo 590 – San Juan de Lurigancho


Prelatura de Huamachuco
Parroquia Santo Toribio de Mogrovejo Tayabamba


Prelatura de Moyobamba
Parroquia Santo Toribio Jirón Santo Toribio 921 – Rioja, San Martín

viernes, marzo 02, 2012

SANTO TORIBIO Y LA CATEDRAL DE LIMA según P. San Cristóbal

LA CATEDRAL EN TIEMPO DE SANTO TORIBIO
                                                                                   .
                                                                        Antonio SAN CRISTOBAL, CMF.
El título de este artículo implica al menos dos limitaciones de diversa índole entre la fábrica de la Tercera Catedral de Lima y la duración temporal del gobierno de Santo Toribio Alfonso en la Arquidiócesis de Lima: una de ellas se refiere a la participación que pudo haber tenido Santo Toribio en las obras de la construc­ción catedralicia; la segunda concierne a la coexistencia temporal de la presencia de Santo Toribio como Pastor de la Arquidiócesis limeña dentro del largo período de la duración de las obras para levantar por completo la Tercera Catedral de Lima. Ambas referen­cias tienen entre sí algunas correlaciones mediante las que se pue­de aclarar ciertos aspectos importantes acerca de la relación del Arzobispo Santo Toribio con los edificios de su Sede Arzobispal.

Se inició el gobierno episcopal de Santo Toribio Alfonso en la Arquidiócesis de Lima el día 16 de marzo el año de 1579, fecha de su nombramiento. Era una fecha temprana en la que todavía no estaba construida ninguna parte de la Tercera Catedral limeña; y ni siquiera estaban iniciadas las obras para levantarla. Esto implica que Santo Toribio tuvo necesariamente que tomar posesión de la Arquidiócesis en el edificio de la Segunda Catedral Limeña, y en ella celebraría las ceremonias litúrgicas basta el día 2 de febrero de 1604 que es cuando se consagró la primera parte de la Tercera Catedral: pu­do seguir usando la nueva Catedral durante su residencia en Lima hasta el día de su muerte el 23 de  marzo de 1606. Pero fueron más largos los períodos de su ausencia fuera de la capital virreinal para las visitas canónicas a la Sierra que los de su permanencia en Lima .
Ocupaba la Segunda Catedral de Lima todo el frente longitudi­nal de la Plaza Mayor comprendido entre el edificio del Palacio Episcopal y la calle Judíos, con una anchura que no sería mayor de la primera nave transversal de la Tercera Catedral actual. Se alzaba en una sola nave de planta g6tico-isabelina muy alargada, en la que se incorporaba atravesado un gran arco toral que separaba la capilla mayor de la nave de los fieles; y tenía como cubierta una armadura de par y nudillo a dos aguas labrada con madera; y posiblemente contaría con dos puertas de ingreso abiertas hacia la Plaza .Mayor.
Se conservan de la Segunda Catedral sede episcopal inicial de Santo Toribio los cuatro tableros manieristas de media talla tallados por Martín de Oviedo para el retablo de la cofradía de San Joseph de los carpinteros, que se conservan en los muros laterales de la capilla actual de esta misma advocación: tenemos: por seguro que fueron bendecidos por Santo Toribio; y también perdura el gran recuadro tallado de la Adoración de los Magos colocado ahora en la entrada a la Sacristía. Estas esculturas fueron testigos mudos de las celebración es litúrgicas de Santo Toribio en la Segunda Catedral.
Tuvieron comienzo los trabajos para levantar la Tercera Catedral de Lima el año de 1572 por el entonces Arzobispo limeño don Gerónimo de Loayza; pero los primeros años transcurrieron en labores preparatorias, y en la formulación y revisión de los planos hasta que llegaron a determinar el plano definitivo mediante el cual se realizarían las obras catedralicias. No se conservan documentos referentes a los trabajos proyectados en tiempo del Arzobispo Loayza; y tampoco se conocen documentalmente cuáles fueron las labores entonces realizadas. De igual modo tampoco se puede determinar la intervención directa que pudo haber tenido el Arzobispo Loayza en los trabajos preparatorios de la Tercera Catedral limeña.
Los trabajos constructivos efectivamente ejecutados para levan­tar la primera parte de la Tercera Catedral se realizaron durante los años transcurridos desde 1598 hasta los comienzos del año de 1604: es decir, coincidieron con el gobierno episcopal de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo. Podemos denominar las cuatro primeras naves transversales a contar desde el muro testero, construidas durante esta etapa, como "La Catedral de Santo Toribio"; aunque en realidad el edificio construido entonces sólo perduró hasta el terremoto de 1609, que lo tornó inviable y tuvo que ser modificado en la altura de la primera nave transversal y en el sistema de bóvedas para su recubrimiento. Pero estas modificaci6nes acaecieron después de la muerte de Santo Toribio.
Del sector catedralicio construido en tiempos de Santo Toribio Alfonso perdura la gran sacristía del Cabildo de los canónigos. No figura esta obra entre las que prosiguió el alarife Juan Martínez de Arrona a partir del año de 1615; y por otra parte está cubierta con bóvedas de arista del mismo tipo arquitectónico que las levantadas por Francisco Becerra sobre las cuatro naves transversales terminadas en 1604. En esta hermosa sacristía se revestiría Santo Toribio de los ornamentos litúrgicos para salir a bendecir la nue­va obra catedralicia en 1604; pero no pudo usar la gran cajonería de Jesús resucitado y los 14 apóstoles que es posterior a la muerte de Santo Toribio.
Nos preguntamos ahora cuál pudo ser la participación efectiva cumplida por Santo Toribio Alfonso en la construcción de aquella primera parte de la Tercera Catedral.
Hay que tener presente que la construcción de la Catedral de Lima estuvo a cargo del Real Patronato representado en el Perú por el Virrey juntamente con la Real Audiencia. Prueba clara de ello es el ejercicio directo cumplido por el Virrey en todas las reuniones y determinaciones efectivas para llevar a cabo la reconstrucción de La Catedral a partir del terremoto de 1609, que he analizado documentalmente en el libro sobre La Catedral de Lima[1] Del mimo modo intervendría el Real Patronato en la determinación de las obras catedralicias ejecutadas durante el período de 1598-1604.
Por lo pronto, la financiación de la gran catedral de Lima no corría por cuenta de la Iglesia, sea el Arzobispo o el Cabildo catedralicio, sino del Real Patronato, que impuso para sufragar los gastos algunos tributos a los encomendaros y a los indígenas enco­mendados del Virreinato.
El mismo Virrey nombraba al administrador de los fondos con los que se costeaba la ejecución de las obras catedralicias; y solía en­cargar esta función económica a alguna persona de su séquito, aun cuando "no reuniera las condiciones adecuadas para ejercerla. Ni el Cabildo Catedralicio, ni mucho menos e1 Arzobispo de Lima, intervinieron de algún modo en la gestión administrativa de los fondos económicos destinados a financiar la construcción de la Catedral de Lima. Lo único que pudo hacer el Cabildo metropolitano algunas veces fue... recurrir ante el Rey de España para quejarse de la ineptitud de los administradores económicos nombrados por el Virrey para favorecer a alguna persona de su entorno personal; como de he­cho recurrieron cuando la terminación de la portada principal de La Catedral se prolongaba mucho más tiempo del necesario, con perjui­cio de los indígenas tributarios que seguían aportando los recursos económicos para la obra[2]          También estaba bajo la jurisdicción del Virrey con la Real Audiencia la determinación de las características arquitectónicas de La nueva Catedral, y el nombramiento de los alarifes que la habían de construir. Podía el Virrey consultar estos aspectos con el Arzobispo y el Cabildo Metropolitano; pero no sabemos si recurrió al consejo de Santo Toribio, teniendo en cuenta  que las relaciones entre el Virrey y Santo Toribio no fueron muy cordiales como para que facilitaran la consulta acerca de aquellos asuntos que dependan de la jurisdicción del Real Patronato.
Es necesario tener en cuenta esta determinación de las competencias de las autoridades virreinales, porque durante el período de 1598-1604 en que se realizaron las obras de La Catedral en pleno período del gobierno episcopal de Santo Toribio Alfonso, se realizaron cambios importantes en cuanto a las características arquitectónicas de la Catedral en construcción suscitados por el re levo de los alarifes constructores. Estaban proyectadas y a punto de iniciarse su construcción las bóvedas para las nuevas naves catedralicias según los viejos cánones gótico-isabelinos de las bóvedas ­vaídas de crucería. En aquel momento de la construcción sustituye­ron a Andrés de Espinosa como alarife de las obras catedralicias por el maestro Francisco Becerra que desmontó las cimbras preparadas por Espinosa e introdujo en lugar de las bóvedas de crucería antes proyectadas las bóvedas de arista de diseño renacentista y más actualizadas. Pero el terremoto de 1609 dañó de tal modo las bóvedas fabricadas por Becerra que todas ellas debieron ser reconstruidas de nuevo por otras más consistentes.
Durante las consultas para la reconstrucción de las primeras bóvedas de las cuatro primeras naves transversales dañadas por el terremoto de 1609 declaraba el alarife Andrés de Espinosa lo siguiente: "es notorio el que tenía comenzado yo y puestas las cimbras en la primera nave que se derribó y en este inter volvieron a meter a Francisco Becerra por maestro mayor de suerte que lo quitó y ordenó el cerramiento sin parecer de nadie pues en tales cosas como estas siempre se han de determinar las cosas para que estén mejor y aprobarlas por los maestros que hubiere de la dicha facultad y por no haberlo hecho ha sucedido la. ruina y el gasto tan grande que se ha visto"[3].
El alarife Andrés de Espinosa sólo criticaba a su antagonista Francisco Becerra, fallecido en 1606, por la ruina producida en el terremoto de 1669. "Pero es evidente que Becerra, simple ejecutor de la obra, no podía cambiar el estilo de las bóvedas catedralicias por una simple decisión personal suya; porque ello sólo lo determinarían las autoridades virreinales, que también decretaron el cambio de los alarifes.
         Ahora bien, ¿ tuvo el arzobispo Santo 'Toribio .Alfonso de Mogrovejo alguna intervención en el cambio ahora señalado de los alarifes y en el cambio arquitect6nico de las bóvedas para la nueva Catedral acaecido durante su gobierno eclesiástico?
Evidentemente, si el Arzobispo de Lima hubiera intentado intentado introducir cambios en las obras de La Tercera Catedral, le hubiera salido al paso con toda energía el Virrey como representante del Real Patronato, y se habría producido el más violento enfrentamiento entre ambas autoridades virreinales, cosa que no han referido los histo­riadores. No sabemos si el Virrey consultó ambos proyectos con el Arzobispo don Toribio Alfonso de Mogrovejo antes de decretar el cambio arquitectónico en el estilo de las bóvedas y el relevo de los alarifes constructores. Considero probable que no se produjo tal consulta o bien porque el Arzobispo se encontraba fuera de Lima en visita pastoral, o bien por el prestigio personal del Virrey amparado en sus prerrogativas de representante del Real Patronato. santo Toribio se encontraría ante unos hechos consumados, de los cuales no se podía entonces prever las consecuencias desastrosas pa­ra la construcción de la Tercera Catedral limeña.
Cuando estuvo construida la primera parte de la nueva Catedral, pasó el edificio a la jurisdicción del Arzobispo de Lima, para el ejercicio del culto religioso. La modestia de Santo Toribio Alfonso le impedía reservar para su uso personal alguna capilla o dependencia de la nueva Catedral. Su sucesor inmediato, don Bartolomé Lobo Guerrero, adquirió para su enterramiento personal la capilla central adosada en el muro testero, que entonces estaba asentada detrás del presbiterio en el trásito abierto entre las dos naves laterales. En cambio, Santo Toribio Alfonso no dispuso de ninguna capilla catedra­licia para su enterramiento personal. La capilla que ahora ocupa se la adjudicaron mucho tiempo después de su fallecimiento.
Producido el fallecimiento del Arzobispo don Toribio Alfonso en la villa de Saña el día 23 de marzo de 1606, transcurrió todavía algún tiempo antes de ser trasladado su cuerpo mortal a la Catedral de Lima por él inaugurada. El Cabildo Metropolitano de los Reyes se ocupó del problema del traslado a Lima de los restos mortales de Sant o Toribio Alfonso en la reunión del día 2 de agosto de 1606, y el día 18 de septiembre del mismo año determinaron los canónigos el itinerario a seguir y los homenajes que le rendirían, como consta en el tomo tercero de las Actas del Cabildo, sin numeraci6n de folios.
El primer enterramiento de Santo Toribio Alfonso fue en una sepultura excavada en el piso d e la capilla mayor en la nueva Catedral. Ocupaba entonces aquel- presbiterio en la nave central sólo la tercera nave transversal a contar desde el muro testero. Algunos años más tarde se formó la gran bóveda sepulcral actualmente existente debajo de la antigua capilla mayor y que se prolongaba basta la capilla de San Bartolomé adosada al muro testero catedralicio. Una vez que existía esta dependencia sepulcral subterránea, destinada al enterramiento de los arzobispos, miembros del Cabildo catedralicio y Virreyes del Perú, trasladaron a ella los res tos mortales de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo; y las colocaron  en un  gran ni­cho vertical junto con los de su hermana doña Grimanesa de Mogrove­jo, el virrey don Antonio de Mendoza, y el arzobispo don Gonzalo de Ocampo, además de la famosa caja de terciopelo morado que contenía otra caja metálica menor con la calavera de Pizarro.
En el reconocimiento realizado el año de 1661, según la detallada descripción notarial, encontraron los restos de Santo Toribio Alfon­so dentro de una "caja pequeña que estaba cubierta de terciotelo carmesí tachonada con tachuelas doradas y guarnecida con pasamanos de oro y sobre la dicha caja dorada de ella formada una mitra episcopal que constantemente afirmaron los dos testigos ser del dicho siervo de Dios don Toribio". Encontraron también el corazón de Santo Toribio dentro de una caja de plomo cerra da con cua tro s ellos y las armas impresas del arzobispo don Pedro de Villagómez. Este fue el segundo enterramiento de Santo Toribio Alfonso en La Catedral de Lima, el que debió durar hasta su canonizaci6n.
El plano de  la Catedral de Lima levantado el 1 año de 1757 acerca de las obras de restauración posteriores al terremoto de 1746 señala con la letra M la "capilla de Santo Thoribio" en el mismo lugar que actualmente ocupa. Interpretamos que con motivo de la canonización del Santo le dedicaron esta capilla catedralicia[4]  Anteriormente la capilla actual de Santo Toribio era la capilla del Arcedia­no. Este es el tercer enterramiento de los restos mortales de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo en la Catedral de Lima que él consagró el año de 1604.
Publicado en REVISTA PERUANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA, Cuzco, 2006, pp.161-168




[1] Antonio SAN CRISTOBAL La Catedral de Lima. Estudios y documentos, Museo de Arte de la Catedral, Lima, 1996, cap. 1, págs. 7-30. '
[2] Ibíd. pp.244-245.
[3] Citado en Antonio SAN CRISTÓBAL Ibíd. 1.c, pág, 13[4] Banco de CREDITO DEL PERU, La Basílica Catedral de Lima,Lima, 2004, pág. 57.

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