lunes, marzo 27, 2017

GIGANTESCA OBRA SOBRE LA HISTORIA DE LA IGLESIA DE AMÉRICA: http://jabenito.blogspot.com.es/2016/07/diccionario-de-historia-cultural-de-la.html

Amigos: Les comparto esta gigantesca obra dirigida por el P. Fidel González y en la que estamos colaborando numerosos historiadores

A consultarla, darla a conocer y, si puedes, envía nuevos artículos

JAB

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  42. DERECHOS DE LOS INDIOS; la controversia Sepúlveda-Las Casas
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  44. POBLAMIENTO; normatividad en la Tercera Junta Eclesiástica de México
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  46. EVANGELIZACIÓN; La transfiguración del mundo prehispánico
  47. FUNDACIÓN DE AMÉRICA
  48. ESCRITURA Y EVANGELIZACIÓN
  49. CONTINENTE DE LA ESPERANZA
  50. SANTA MARIA DE GUADALUPE; La Primera Misionera
  51. CARIDAD EN LA CRISTIANDAD INDIANA
  52. MOGROVEJO; Pastor de la Misericordia (II)
  53. MOGROVEJO; Pastor de la Misericordia (I)
  54. SALVADOR; (Bahía) - Arquidiocese
  55. IDOLATRÍA Y EVANGELIZACIÓN
  56. EVANGELIZACIÓN; El escándalo del antitestimonio
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  58. SEÑOR DE LOS MILAGROS; Devoción en Perú
  59. TEOLOGÍA Y DERECHO; La presencia española en Perú
  60. DE BRY THEODOR; Obras en la Biblioteca Apostólica Vaticana (BAV)
  61. DE BRY: Empresas inglesas en Norteamérica
  62. LEYENDA NEGRA: Las publicaciones de Thedor De Bry
  63. PERÚ; El Tercer Concilio Limense y la Cristiandad indiana
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  65. SÃO PAULO; (São Paulo) – Arquidiocese
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  72. JUNDIAÍ; (São Paulo) – Diocese
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  74. GOVERNADOR VALADARES; (Minas Gerais) – Diocese
  75. GOIÂNIA; (Goiás) – Arquidiocese
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  86. PERÚ; Elementos de la religiosidad popular
  87. PERÚ; Erección y organización de la Iglesia
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  92. PERU; Loayza y la evangelización
  93. PERÚ; La evangelización en el contexto andino del siglo XVI
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  135. TRADICIÓN Y MODERNIDAD; los Colegios Jesuitas del S. XIX
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viernes, marzo 24, 2017

LA OBRA DE SANTO TORIBIO EN LA EVANGELIZACION Y LA FORMACION DE LA CONCIENCIA NACIONAL EN EL PERÚ

LA OBRA DE SANTO TORIBIO EN LA EVANGELIZACION Y LA FORMACION DE LA CONCIENCIA NACIONAL EN EL PERÚ[1]

Víctor Andrés Belaunde

Hemos considerado como un sólo período en la conquista espiritual del Perú, el que va desde la llegada de los primeros misioneros y se extiende hasta el advenimiento de Santo Toribio. Esta etapa comprende los primeros viajes y excursiones misionadas, la fundación de los conventos, el establecimiento de las reducciones y de las doctrinas, la acción del primer Obispo (después Arzobispo) de Lima, y por último, la acción del Estado que encarnó Toledo. Este es el período heroico de la creación. Hemos visto cómo se destacan los problemas relativos a los regulares como doctrineros y los abusos de los curas y la jurisdicción de los Obispos. La obra emprendida exigía un nuevo impulso, no sólo para conservar y consolidar lo creado, sino para mejorarlo y difundirlo. Las dificultades vencidas surgían de nuevo, pareciendo insuperables. Las distancias y lo abrupto del territorio continuaban obstaculizando el progreso misional. Era muy difícil mantener el impulso heroico de los primeros días. Aparecían la mediocridad y el egoísmo inevitables en toda obra humana. El único factor antiguo definitivamente dominado fué la anarquía política, reemplazada por la afirmación de la autoridad estatal. que culminó en la obra del Virrey Toledo. Sus sucesores defendieron la Colonia de los peligros externos, mantuvieron el orden jurídico y prestaron a la Iglesia el apoyo necesario. Era indispensable que en este momento surgiera una personalidad genial bajo cuya inspiración se consolidara definitivamente la obra realizada.

Providencialmente apareció en la historia del Perú la egregia figura de Toribio de Mogrovejo. Elegido entre los seglares piadosos de elevada cultura, su elevación al Episcopado tuvo los caracteres de un llamamiento excepcional al cual él supo corresponder con la entrega y la oblación absoluta de un apóstol. Para su importante misión tuvo sobre todo Santo Toribio un sentido heroico de la vida, común a la élite española de su tiempo, y además del sello de verdadera autoridad, y de la inspiración de una auténtica cultura teológica y jurídica, ese quid divinum que diferencia a los santos de los demás mortales. Y como feliz culminación de todas estas raras prendas, poseyó la visión amplia y profunda de la enorme misión que el Papado y la Monarquía le confiaban. Pocas veces un hombre estuvo más preparado moralmente y mejor apercibido para llevar a cabo un glorioso destino.

Educado en el Colegio de San Salvador de Oviedo, en Salamanca, adquiere la mejor educación jurídica y teológica que podía darse entonces. Pasó luego como Inquisidor General a Granada, donde se distingue por su sabiduría y sagacidad, y, sobre todo, por su virtud. Ahí le sorprende el llamamiento del Rey que más parece haberse debido a una inspiración que a los consejos e influencias que obran en ocasiones semejantes. Siente como una súbita iluminación este llamamiento que él considera una misión que, por medio del Monarca, le confiere el mismo Dios, y se ~percibe al largo viaje que realiza preparándose con el mejor conocimiento de las tierras de los naturales y de la lengua de la región que debía gobernar espiritualmente. Montalvo, su insigne biógrafo, nos ha dejado, en páginas de sobria elegancia, a pesar del barroquismo dominante, los perfiles del Santo, cuando dice por ejemplo respecto de su humildad: "No era altivez aquella grave compostura, sino conocimiento de los que representaba; pedía reverencias cuando hacía veces de Dios, y sólo desprecios cuando hablaba por sí".58

 El nuevo Arzobispo se dio cuenta inmediatamente de que la catequización de los indios constituía la parte fundamental y original de su obra. Es cierto que la administración eclesiástica respecto de las ciudades hispánicas presentaba también problemas más graves que en las diócesis peninsulares; pero al fin, estos aspectos de la administración episcopal suponían una labor ordinaria y en vías de consolidarse. En cambio, el problema lleno de inquietantes complicaciones era el de la catequización de los indios. El Arzobispo vio claramente que ésta no podía efectuarse sin la utilización de los idiomas autóctonos. De aquí que sus primeros afanes se orientaran a componer catecismos en quechua y en aimara, "las lenguas más generales y usadas en estos tiempos" 59• Buscó la ayuda de los teólogos doctos y lingüistas expertos para que también hubiera conformidad en la doctrina cristiana en el lenguaje de los indios 60•

Naturalmente, esta idea fue aprobada por el Concilio Provincial que resumo. El Santo comprendió que, de modo general, la política seguida por los corregidores ofrecía obstáculo a la evangelización, y dirigió al Rey insistentes cartas delatando los abusos que cometían al obligar a los indios a trabajar y al retener los fondos de las comunidades que deberían emplearse en socorrer a los indios necesitados 61• En una palabra, Santo Toribio viene a confirmar la opinión de todos los misioneros sobre las trabas que presentaban los corregidores al bienestar de los indios. En dos empresas fundamentales se refleja la obra de Santo Toribio respecto de los indígenas. Primera, la convocación de los concilios para dar a la catequización mayor autoridad y armonía y cumplir además lo dispuesto por el tridentino; y segunda, la prolija visita del inmenso territorio diocesano. Santo Toribio convocó en 1583 el tercer Concilio diocesano, al que asistieron los Obispos de Quito, Charcas, Cuzco, Santiago y Tucumán. El Concilio luchó contra el grave inconveniente de las denuncias y reclamaciones presentadas contra el Obispo del Cuzco. Santo Toribio quiso que esas reclamaciones se tramitaran sin la presencia del Prelado acusado, pero a ello se opuso la mayoría de los Obispos; la actitud enérgica del Santo llegó a producir la intervención de la Audiencia de Lima.

A pesar del desmedro que para la autoridad del Concilio entrañaba este desacuerdo y la consiguiente demora de los trabajos, la tenacidad del Arzobispo logró la conclusión de éstos en los puntos que interesaban al programa del egregio prelado. Se aprobó la redacción de un solo catecismo; que los indios aprendiesen en su propia lengua las oraciones; que se les diera el Viático y la Comunión Pascual y que nada se les llevara por administrarles los Sacramentos. En cuanto a la instrucción de los indios, conviene transcribir lo ordenado por el Concilio en su canon 45: "Tengan por muy encomendadas las escuelas de los muchachos los curas de yndios y en ellas se enseñen a leer y escrivir y lo demás y principalmente que se abecen a entender y hablar nuestra lengua española y miren los curas que con occasion del escuela no se aprovechen del servicio y trabajo de los muchachos, ni les enbien a traer yerba o leña, pues encargan en esto sus conciencias con obligación de restituyr. Enseñen también la doctrina christiana a los niños y niñas, y no les ocupen en sus aprovechamientos, mas despidanlos temprano, para que vayan a sus casas, y sirvan y ayuden a sus padres, a los quales guarden respeto y obediencia". 62

Cabría también referirse a las prescripciones que establecen penas a los curas de indios que contratan y granjean con éstos; que disponen que los curas visiten los pueblos, por lo menos siete veces al año; que no dejen de dar el Santísimo Sacramento a los indios que, habiendo sido examinados, hallaren tener inclinación y deseo de la comunión; que los indios tengan libertad de casarse fuera de su ayllo; y que a cada parroquia no se le den ni señalen más de cuatrocientos indios tributarios. El estudio de las disposiciones del Concilio revela la más profunda preocupación por la evangelización, y el propósito de llevarla a cabo con toda eficacia, defendiendo al mismo tiempo los legítimos intereses de los indígenas. La obra del Concilio fue apoyada por memoriales que inspiró Santo Toribio. En uno de ellos denunció como abusivo el cobro de las tasas en plata que obligaba a los indios a buscarla alquilándose en distintos trabajos. Santo Toribio criticó severamente la mita que forzaba a los indios a dejar sus mujeres e hijos. En síntesis, puede decirse que por obra de los decretos del Concilio y del memorial en que se le apoyó, la Iglesia fue consecuente con la actitud de los primeros misioneros en la defensa de los aborígenes. La obra de este Concilio fue confirmada y completada por el de 1591. Se sujetó a los curas y religiosos al derecho común, de acuerdo con el Concilio de Trento y se prohibió la intromisión de legos, bajo uno u otro pretexto, en los asuntos eclesiásticos. 63

Respecto de las visitas diocesanas, causa asombro al historiador con~ temporáneo seguir el itinerario de Santo Toribio al viajar por su diócesis, atravesando desiertos, escalando montañas, pernoctando en punas y desafiando peligros sin cuento. Santo Toribio fue el paradigma del pastor ambulante; su ansia era conocer a todas sus ovejas para remediar sus necesidades. Hay que tener en cuenta que la arquidiócesis de Lima comprendía las dos terceras partes del Perú actual y que el Santo quiso visitar pueblo por pueblo, sin omitir ninguno. Recorrió más de seiscientas leguas, bautizó y confirmó miles de almas. La relación de su primera vi~ sita constituye el primer censo del Perú, pues indica respecto de cada pueblo el número de indios tributarios, y, en muchos casos, incluye da~ tos sobre las haciendas y ganados. La primera visita del Santo probó la realidad y trascendencia de la obra misional y doctrinera. Casi todos los pueblos tenían ya iglesia, casa cura, concejo, cárcel y hospital.

La lectura de la relación de esta primera visita lleva a concluir que se había producido la transformación estructural del Perú. Las comunidades y los pueblos -conservando sus caciques, habían entrado dentro de los cuadros de los concejos y corregimientos establecidos por la administración española. Las huacas, sepulturas y montículos habían sido sustituidos en gran parte por iglesias. Los pueblos y aldeas debe~ rían tener otra fisonomía, a causa de los nuevos edificios: templo, casa comunal y hospital. La visita del Arzobispo sirvió para mejorar la condición de las iglesias, para la continuación de las fundaciones, para la creación de hospitales y mejor funcionamiento de los existentes, y sirvió, sobre todo, desde el punto de vista moral, de vigilancia, estímulo, aliento y ejemplo para curas y feligreses. Un hálito de santidad y de fervor pasó por el territorio nacional en los viajes del Santo. La presencia del gran apóstol tenía que despertar la fe en los que no la tenían y avivarla en los indiferentes y tibios. Sobre esto tenemos un testimonio elocuente. El propio Santo nos dice 'cómo se extendía la caridad en los indios: "y de los indios se habrá junta~ do de limosna dos mil cabalgaduras poco más o menos, y mucha plata, ropa y maíz, ganado y trigo con tanta caridad, que yo he quedado admirado, yéndose muchos a buscar para dar limosna, diciendo que querían haden bien por sus almas. . . y se darían muchas gracias a Dios, de ver y entender la voluntad y el ánimo con que estos indios ofrecían la limosna y la inclinación tan santa que han tenido". 64

Sin embargo del carácter heroico de las visitas de Santo Toribio y de su insustituible valor, no sólo para el ambiente religioso del Perú, sino para el conocimiento en esa época de la realidad de nuestro país, fueron censuradas por el Virrey García Hurtado de Mendoza, el cual decía en su carta al Soberano: "Ni yo he visto al arzobispo desta ciudad ni esta xamas en ella y da por escusa que anda visitando su Arzobispado, lo qual tiene por de mucho inconveniente porque! y sus criados andan de ordinario entre los yndios comiéndoles la miseria que tienen y aun no sé si hacen otras cosas peores, de más de los inconvenientes que se sigue de que el arzobispo falte de su iglesia; y también se mete en todas las cosas del patronazgo y no hallo podernos averiguar con él para que los nombramientos derechamente como está obligado, y se entremete todo lo que toca a hospitales, fabricas de iglesias, y todas las demás cosas que son del patronazgo Real".65

Tanto por esta Carta como por la equivocada interpretación que se dio a unas letras de Santo Toribio enviadas a Roma, acerca de la provisión de Obispos, el Rey ordenó a Hurtado de Mendoza que se le amonestara, por Cédula de 29 de mayo de 1593, amonestación a la que, con toda humildad, se sometió el Santo, no sin escribir al Monarca, en carta de 10 de marzo de 1594, las emocionadas líneas que son su lapidaria biografía: " ... esperaba que los trabajos que he pasado des pues que vine a este reino que abra mas de doce años que han sido continuos, discurriendo por este distrito, visitando mis ovejas y confirmando y exerciendo el oficio pontifical por caminos muy travajosos y fragosos, con fríos y calores, y rríos y aguas no perdonando ningun travajo. aviendo andado mas de tres mili leguas y confirmando quinientas mili animas, y distribuyendo mi renta a pobres con ánimo de hacer lo mismo si mucha mas tuviera, aborresciendo al athesorar hazienda, y no desear verla para este efecto mas que al demonio; fueran de consideracion todas estas cosas antes los ojos de vuestra alteza como lo seran, entendiendo estas verdades que aqui digo". Más adelante expresa: "Y si a vuestra alteza le paresce que no soy merecedor de lo que tengo, dándome vuestra alteza y su santidad licencia para poderlo dejar y recogerme a alguna parte para quitarme de estas pesadumbres y cuidados, conservándose en esta parte la dignidad Arzobispal como fuere razón; lo hare de muy buena gana como la divina majestad se sirva y si no conviniere hacerse ansi ni servirse nuestro señor dello, no rrehusare el travajo aunque pase mas persecuciones; y esto represento a vuestra alteza con sentimiento y dolor y encarescimiento que por esto no sabré decir, deseando que nuestro señor alumbre el entendimiento a todos y perdone a lo que hubieren herrado y levantadme tan grandes testimonios, y referido cosas contra la verdad, y quales hayan sido sus intenciones buenas o malas Dios lo sabrá". 66

Esta carta produjo efecto en el ánimo del Rey, pues Don Felipe puso al margen de ella la nota siguiente: "Por la autoridad y decencia del prelado no conviene que el Virrey le dé en estrados la reprensión pública que aparece". 67

Quiso Dios premiar el celo del Santo permitiendo que muriese en plena obra en la soledad del pueblo de Zaña. Leemos con emoción en Montalvo los últimos momentos del Santo, nimbados de poesía y anunciadores de su glorificación. El 23 de marzo. Jueves Santo de 1606, al ritmo de los salmos, que acompañaba en el arpa Fray Jerónimo Ramírez, entregó el alma a su Creador el gran apóstol de la evangelización en el Perú. Respecto de su inmensa obra, vale la pena citar el testimonio de un documento producido a raíz de su muerte. Nos referimos a ·la Relación y Memorial de 1598, publicado por García lrigoyen, en que se dice que el Santo pasó: "predicando a los indios y españoles, a cada uno en su lengua, y confirmando mucho número de gente, que han sido más de seiscientas mil ánimas a lo que entiendo y ha parecido, y andado y caminado más de cinco mil leguas, muchas veces a pie, por caminos muy fragosos y ríos" 68•

Confirma su celo apostólico el proceso de beatificación. "En el amor del prójimo, fue ardentísimo el deseo de la salvación de las almas, no perdonando trabajo ni peligro, visitando y confirmando, predicando aún a los indios por su propia persona y socorriéndolos en sus necesidades y enfermedades a todos los pobres, dándoles largas limosnas, gastando en esto toda su renta con tanto desinterés que no sabía qué cosa era dinero ni codicia, hasta quitar de su propia persona y casa lo necesaria, porque no saliese de ella sin remedio la necesidad, sin decir a nadie mala palabra ni desabrida respuesta". 69

Y en el Decreto de beatificación se dice, hablando de las 1 virtudes del Santo: "Y en primer lugar, la del amor de Dios, no sólo llegar al grado de suficiente, sino aventajarse maravillosamente, de modo que la vida de dicho siervo de Dios se compuso de perpetua oración, o de establecer la fe católica en la nueva Cristiandad del Perú, con solicitud continuada, y en el continuo estudio de introducir la observancia en los decretos del Santo Concilio Tridentino; y en lo que toca al amor del prójimo no haberse concedido. asimismo, el siervo de Dios, lo que conocía ser necesario a los otros"70

NOTAS:

58 Francisco Antonio de Montalvo, El Sol del Nuevo Mundo (Roma, 1683), p. 271. ~9 Carlos García<> lrigoyen, Santo Toribio (Lima, 1906), IV, p. 11. 60 ibíd. .. p. 41. 61 /vid. • p. 34, 97. 128. 263. 62 La Iglesia de España en el Perú. Vol. 111. n. 12. p. 136.- Levillier (Organización de la Iglesia) ha publicado en extenso los cánones del Concilio de Santo Toribio. 63 Vargas ligarte, op. cit., p. 417. 64 García lrigoyen. op. cit., 11, p. 246. 65 Levillier, Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo (Madrid, 1920), p. 9-10; y en Organización de la Iglesia, l. p. 487. 66 Levillier, Santo Toribio, p. 13-14. 67 El Padre Leturia, en su magnífico trabajo sobre el Santo (Vid. Renovabis, 1945), cita los textos de Monseñor García lrigoyen y Levillier. 68 García Irigoyen, op. cit., p. 239. 110 Ibíd... III, p. 19. 70 Ibid. p. 53.



[1] V.A. Belaunde dictó el curso "La evangelización y la formación de la conciencia nacional en el Perú" en el Instituto Riva Agüero con cuatro conferencias publicadas en el BIRA  Boletín del Instituto Riva Agüero, PUCP. Nº1 Lima. 1951. http://www.acuedi.org/ddata/6019.pdf  Transcribo su texto sobre Santo Toribio pp.45-109, actualizado en su obra de madurez Peruanidad  Capítulo "La obra de Santo Toribio" pp.175-262 En Fondo del Libro del Banco Industrial del Perú, Lima 1983.

jueves, marzo 16, 2017

TODOS LOS SANTOS TORIBIO

TODOS LOS SANTOS TORIBIO

 

1.      Santo Toribio de Astorga fue un obispo del siglo IV que, de joven, estuvo en Jerusalén custodiando las reliquias de Jesucristo y que obtuvo permiso del Papa de la época para trasladar el brazo izquierdo de la Cruz de Cristo hasta Astorga. Combatió la herejía de Prisciliano.  Esta reliquia así como sus restos, una vez muerto, eran de enorme valor para la cristiandad. Es por ello que todo se trasladó hasta Liébana ante el inminente avance de la invasión de los musulmanes.

 

 

2.      Santo Toribio de Palencia fue un monje del siglo VI, que llegó a Liébana con la intención de vivir una vida sencilla, en conexión con la naturaleza y con Dios. Este monje, junto a sus compañeros construyó un oratorio que posteriormente se convertiría en templo de estilo románico en honor a San Martin de Turieno o, lo que es lo mismo, al monje francés San Martin de Tours. Fueron, así, los monjes de esta orden, los primeros pobladores del que se convertiría en un momento dado, en el principal centro de peregrinación de toda Europa. Es muy popular la romería en su honor en la ciudad de Palencia donde se reparte pan y queso para resarcirse de las piedras con que le recibieron sus enemigos. http://www.elnortedecastilla.es/20120321/local/palencia/verbenas-teatro-fuegos-artificiales-201203211017.html

 

3.      Santo Toribio de Liébana. Es posible que a mediados del siglo VIII, una vez consolidada la Reconquista en la zona de Liébana, se trajesen aquí (monasterio de San Martín de Liébana, que con el tiempo tomó el nombre de Santo Toribio de Liébana) los restos del obispo Toribio de Astorga y las reliquias del Lignum Crucis. Este año se celebra el Jubileo Lebaniego. http://www.jdiezarnal.com/santotoribiodeliebana.html

 

4.      Santo Toribio Mogrovejo. (Mayorga 1536-Lima 1606). Segundo arzobispo de Lima, confirmó a un millón de personas entre los que se encontró Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres, recorrió unos 40.000 kms en sus visitas pastorales, convocó y celebró tres concilios y 13 sínodos. Es el patrono del episcopado latinoamericano.


5.      Santo Toribio Romo. Nació en Santa Ana de Guadalupe, ranchería (actualmente, con 390 habitantes) que pertenece al municipio de Jalostotitlán, en la zona de Los Altos de Jalisco, el 16 de abril de 1900. En la aldea de Tequila, en el territorio de Guadalajara, en México, santo Toribio Romo, presbítero y mártir, que a causa de su condición sacerdotal fue asesinado en tiempo de la persecución religiosa (1928) contra los cristeros. Es patrono de los emigrantes. Fue canonizado el 21 de mayo de 2000 por el Papa Juan Pablo II.

6. Fray Toribio de Benavente, Motolinía Nació en Benavente (Zamora, España). Aunque es el único no canonizado de la serie, lo incluyo por su importancia. Su apellido era Paredes; adoptó el de su villa natal en la Orden franciscana y el apodo de Motolinía, «el pobrecillo», con que es más conocido en México, donde será un misionero y cronista ejemplar. Residió los últimos años de su vida en la capital, donde falleció en 1565.

martes, marzo 14, 2017

LA CAPILLA DE SANTO TORIBIO EN EL COLEGIO MAYOR DE OVIEDO DE SALAMANCA

LA CAPILLA DE SANTO TORIBIO EN EL COLEGIO MAYOR DE OVIEDO DE SALAMANCA

 

Tomado de NIEVES RUPEREZ ALMAJANO  LA CAPILLA DEL COLEGIO DE OVIEDO. TEMPLO DE LA CIENCIA Y DE LA VIRTUD. AEA,(Anuario de Estudios Americanistas, Sevilla) LXXV, 2002, 300, pp. 397 a 405. (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://archivoespañoldearte.revistas.csic.es

 

 

 Los datos esenciales sobre las figuras que ornamentaban el exterior de la capilla del Colegio de Oviedo nos los ofrece don Nicolás Antonio Guerrero Martínez en una extensa publicación dedicada a relatar los festejos celebrados con motivo de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo en 1727[1].  En ella no pierde ocasión de ensalzar al Colegio en el que residía como huésped, y la capilla dedicada al santo era una construcción al alcance de todas las miradas de la que aquel podía enorgullecerse. De hecho su «soberbia torre» o cimborrio constituía el principal símbolo de identidad de este Colegio Mayor en el espacio público de la ciudad.

 

A falta de un conocimiento completo de sus características estructurales, estéticas y formales,

que sólo podemos intuir por los rasgos que nos proporciona ese mismo autor y las condiciones de obligación contenidas en dos escrituras, nos consta la elevada inversión que supuso su fábrica, que debió superar los 25.000 ducados. Casi la mitad de esta cantidad fue aportada por don Melchor de Navarra y Rocafull, Duque de Palata, antiguo colegial de Oviedo y virrey de Perú de 1681 a 1689. Fue él quien consiguió de la iglesia de Lima una reliquia del brazo del entonces beato para su Colegio; junto con la reliquia le envió doce mil ducados para «que con menos dificultad pudiese prevenir templo en que con más ornato se adorase» y una lámpara de mil ochocientas onzas de plata que luciese a los pies de «su santo hermano»[2].

 

Es difícil saber por los testimonios que tenemos si la idea de edificar la capilla partió de esta donación o si, como parece más probable, esta vino a secundar con generosidad una decisión

que había tomado ya el Colegio de Oviedo. Lo que está claro es que se trata de una construcción

de nueva planta, concebida desde un principio como una «urna» o «trono del santo», es decir, un lugar especial dedicado preferentemente a honrar a su santo colegial y a exponer sus reliquias a la veneración de los fieles[3] sin relación con la capilla existente y muy por encima

de las necesidades religiosas de los colegiales.

Sin embargo, bien porque la dotación prometida por el duque de Palata no se hiciese efectiva

de modo inmediato, bien porque se considerase insuficiente para las pretensiones del Colegio

de Oviedo, endeudado en esas fechas por las obras de ampliación de su hospedería[4], el inicio de la nueva capilla se pospuso todavía varios años, hasta 1694. Parece que entonces el Colegio no escatimó gastos, sumando a lo ofrecido por el duque de Palata otras cantidades entregadas voluntariamente o exigidas a los antiguos colegiales y el dinero de sus propias rentas, con las que avala la imposición de varios censos que proporcionan la liquidez necesaria para hacer frente a los pagos.

La nueva construcción, con acceso independiente desde el exterior, se debió levantar junto

a la fachada principal del viejo colegio, en la que destacaban como primordial adorno los «hermosos balcones de la rectoral». La existencia de una pequeña plazuela abierta delante potenciaba su visibilidad y proporcionaba al conjunto un mayor empaque. Como es sabido, tanto el proyecto como la ejecución de esta capilla fueron encargados a José de Churriguera. La propia figura del tracista se convierte al cabo de pocos años, olvidados los problemas reales que ocasiona la fábrica, en uno de los argumentos principales para acreditar el mérito de la obra. Señala Guerrero que en ella «quiso ostentar todo su ingenio aquel mejor Archimedes, que el que asombró al mundo, don Joseph de Churriguera, cuya habilidad pasmando a las naciones, ha sabido ostentar, que quantos afamados ingenios vocea en la arquitectura nuestra Europa no pueden competirle, por más que se desvelen». Con notable exageración acaba llamándole

el «Vitrubio de nuestros tiempos», o lo que es lo mismo, el arquitecto por antonomasia equiparable con aquel por su destreza y conocimientos arquitectónicos.

 

Estos epítetos estaban respaldados, sin embargo, por un edificio singular, que carecía de término comparación en la ciudad, en el que José de Churriguera pudo desarrollar su creatividad sin mayor limitación que el espacio disponible, no demasiado amplio. Del resultado no solo se benefició el Colegio de Oviedo, que adquiere una imagen monumental renovada, más en consonancia con su influencia y poder reales sino también el propio artista cuyo reconocimiento fue prácticamente unánime en ese momento. Con esta iniciativa el Colegio de Oviedo se adelantó en su afán de sobresalir al resto de los mayores, que a lo largo del XVIII van entrando a competir en este mismo juego de las apariencias.

 

El hecho de que José de Churriguera cite expresamente esta capilla como uno de sus principales

méritos a la hora de optar a la vacante de aparejador mayor de las Obras Reales en 1698, no deja duda sobre la autoría del proyecto arquitectónico. Pero en él jugaba también un papel fundamental la escultura. Esta se concentraba esencialmente en el exterior del templo y lo más probable es que Churriguera recibiese indicaciones precisas por parte de los colegiales sobre la iconografía de tipo alegórico que debía aparecer, si bien debieron dejarle cierta libertad para disponerla y concretarla, como veremos.

 

José de Churriguera trazó una capilla de «arquitectura romana y limpia, toda bien labrada de

cantería», con presbiterio semicircular, articulada en los ángulos con pilastras cajeadas provistas

de capiteles compuestos. Desconocemos si el tipo de planta utilizado era longitudinal o bien central, en razón de su finalidad acorde con el simbolismo asociado tradicionalmente a estas formas  pero en ella sobresalía, tanto interior como exteriormente, una media naranja apoyada en un ochavo de cantería y cubierta con un ligero chapitel provisto de linterna y aguja.

 

Al exterior la capilla estaba adornada por dos «corredores» de piedra, uno en el arranque

mismo del ochavo y el otro dispuesto «al quadrado», lo que podría inducir de nuevo a suponer

una planta central. Los «corredores» se coronaban por doce «bellas estatuas de las ciencias de

cuerpos naturales sobre sus pedestales bien guarnecidos». Cada una llevaba el distintivo que

permitía identificarlas sin error. Las ciencias representadas fueron las siguientes:

 

1.      La Gramática con un libro en la mano izquierda y en la diestra una vara.

2.      La Lógica con un «libro sin juego, ni manecillas y un clavo que le atraviesa».

3.      La Filosofía con un libro abierto en la mano.

4.      La Geometría con un cuerpo geométrico irregular en la diestra.

5.      La Astronomía con dos globos en la mano y a los pies.

6.      La Retórica con una figura en la mano siniestra apuntándola con el índice la derecha.

7.      La Astrología con una esfera en la mano y elevada la vista.

8.      La Aritmética con un papel en las manos y en él diversidad de números.

9.      La Música con un violón rodeado de cifras.

10.  La Metafísica con una culebra en la mano diestra, un sol en el pecho, y en la cabeza una

11.  corona.

12.  La Arquitectura con un compás en la mano, reclinada sobre una columna jónica, a quien

13.  rodean algunas trazas.

14.  Y la Cosmografía con un cuadrante y un papel en la mano.

 

El programa iconográfico se completaba con tres esculturas más situadas en las hornacinas

que se abrían en la fachada. En el centro, sobre el arco de la puerta que daba acceso al interior,

una estatua de piedra de Toribio Alfonso de Mogrovejo vestido con manto y toga; a ambos lados las estatuas de la Teología y la Jurisprudencia, alusivas no sólo a los estudios del beato —licenciado en cánones y buen teólogo— sino también a la formación esencial de los colegiales de Oviedo, cuyas becas inicialmente estaban previstas para nueve teólogos y nueve canonistas.

 

No es nuevo el empleo de representaciones de las ciencias en edificios dedicados al estudio, particularmente en las bibliotecas, de las que es un ejemplo excepcional la real biblioteca

del monasterio del Escorial[5]  Sin embargo, antes de fines del siglo XVII no es frecuente encontrar este tipo de motivos en un exterior, y lo que aún resulta más llamativo del caso que nos ocupa es que esta iconografía enteramente profana aparezca en la capilla[6], desvirtuando

o al menos olvidando por completo el sentido religioso del templo, para configurar una imagen enaltecida y en cierto modo «sacralizada» de la institución a la que pertenece: el Colegio de Oviedo.

Un repertorio figurativo similar —ciencias impartidas en el edificio junto con los monarcas fundadores o protectores de la institución— se utiliza pocos años después en la fachada monumental que levanta la Universidad de Valladolid en 1715; las diferencias existentes no impiden considerar que la fuente de inspiración inicial pudo ser el programa iconográfico abordado en la capilla del colegio salmantino. No hay que olvidar que las trazas para aquella fachada fueron dadas por el carmelita fray Pedro de la Visitación, que coincidió en Salamanca con José de Churriguera y permaneció en la capital charra después de concluida esta capilla[7] . También la portada principal del colegio de mareantes de San Telmo en Sevilla, emprendida por Leonardo de Figueroa en 1721, incorpora representaciones de las disciplinas enseñadas en el mismo[8] y esta alusión referencial a la función está presente en los programas decorativos proyectados para otros edificios docentes en fechas más tardías[9]

Según estas realizaciones posteriores, en especial la de Valladolid, cabe interpretar que el Colegio de Oviedo está en gran medida suplantando o al menos atribuyéndose un papel que correspondía a la Universidad de Salamanca, en clara rivalidad con ella, desde el momento en que se muestra a los ojos de todos como garante no sólo de la Teología o de la Jurisprudencia, las dos disciplinas primordiales de la Universidad salmantina del Antiguo Régimen, sino también de todo el saber, representado simbólicamente por una gran diversidad de ciencias que corresponden a otras tantas cátedras impartidas en aquella. A esta interpretación da pie también Guerrero al anotar brevemente que santo Toribio se «adornó con la Ciencia, que en mi colegio aprendió, su grande alma»[10]

Además de las dos Facultades mayores, destacadas por el lugar privilegiado que ocupan en la fachada, estaban bien ilustradas las cátedras de Artes y Humanidades a través de las alegorías de la Filosofía y de las siete Artes Liberales que integraban el Trivium y el Quadrivium medieval (Gramática, Retórica, Lógica —en lugar de la Dialéctica—, Aritmética, Música, Geometría y Astronomía). Comparativamente llama la atención la sobre valoración de algunas disciplinas frente al peso real que tenían en la Universidad. De este modo, si puede resultar comprensible la representación de la Metafísica, materia obligada en la facultad de Artes y calificada por Ripa como «la reina» de todas las ciencias que pueden alcanzarse con las luces naturales es más sorprendente que aparezcan la Astrología y la Cosmología, que podían considerarse citadas a través de la Astronomía o de las disciplinas matemáticas. Todas ellas estaban englobadas en una única cátedra, que si bien tuvo momentos de esplendor en otro tiempo presentaba ahora signos evidentes de decadencia. Pero todavía es más llamativo la presencia de una alegoría específica de la Arquitectura, que aparece así claramente reconocida como ciencia, al mismo nivel que otras enseñanzas liberales, tal como defendía en el plano teórico la literatura artística.

 

La inquietud intelectual y la dedicación al estudio que preside toda la vida de Toribio Alfonso de Mogrovejo, podía justificar el motivo de las ciencias como tema central de la capilla a él dedicada, imágenes simbólicas que, como acabamos de decir, reflejan también los distintos saberes de una universidad tradicional, de los que el Colegio de Oviedo se presenta como depositario. Lo que ya no resulta tan probable es que los colegiales de Oviedo, juristas y teólogos que aspiraban a los altos cargos de la administración del Estado y de la Iglesia [11] tuviesen especial interés en destacar el carácter científico, y con ello la nobleza, de la arquitectura.

Cabe pensar que la idea de representar esta «ciencia» se debió a la iniciativa de José de Churriguera. De este modo resaltaba el aspecto intelectual —científico—, de su propio trabajo, expresado gráficamente en las trazas que rodeaban a la figura, frente a la actividad puramente mecánica de los encargados de ejecutarlas. Documentos escritos posteriores muestran que poseía una conciencia profesional nada artesanal, apoyada en una sólida formación teórica autodidacta, y que participó activamente en el debate abierto para establecer la condición liberal de las artes, en especial de la Escultura y Arquitectura, utilizando argumentos similares a los de su coetáneo Ardemans ^^. Pudo ser también él —una vez discutido con el cliente el programa decorativo— quien, en último caso, decidiese las personificaciones concretas de las Ciencias que iban a culminar las balaustradas, lo que explicaría la aparente arbitrariedad de la elección. No deja de ser curioso que muchas de ellas vengan a simbolizar los conocimientos teóricos que según Vitrubio debían adornar al arquitecto, reiterados también de una u otra manera por todos los tratados de los siglos xvi y xvii que Churriguera pudo tener a su alcance: competente en geometría y aritmética, lector de filósofos, entendido en música, ilustrado en jurisprudencia, perito en astrología y en los movimientos del cosmos, versado en historia y en gramática, documentado en medicina°, etc.

 

Independientemente de la mayor o menor intervención del artista en el repertorio iconográfico, el resultado final sería el mismo: el Colegio de Oviedo, y en concreto su capilla, se exhibe públicamente como palacio o templo de las ciencias, pero no sólo eso. Presidiendo la fachada de la capilla —como ya señalamos— aparecía el titular de la misma: el entonces beato Toribio de Mogrovejo, pero no como arzobispo de Lima, sino como colegial, modelo ejemplar de todos los hijos de esta Casa en los que la formación científica estaría inseparablemente unida a una vida virtuosa, favorecidas ambas por el Colegio. Esta vinculación entre ciencia y virtud resulta más patente por ser la capilla, y no otras dependencias del colegio, la destinataria de esta iconografía en principio profana, justificada en este caso por la propia vida del santo, ejemplo de una y otra. Sabiduría y piedad serían también las obligaciones que competen a los colegiales, y la imagen —más ajustada a los primeros años fundacionales[12]— que de sí mismos quieren transmitir en este tiempo frente a una opinión general bien distinta[13].

 

La bondad de la dedicación al estudio que ocupa a los colegiales, vuelve a remarcarse mediante la representación, en una pintura situada sobre la tribuna, de un suceso acaecido a Toribio de Mogrovejo durante su estancia en el Colegio de Oviedo: la aparición de la Virgen poniéndole sobre los hombros la beca de colegial en presencia de San Bernardo[14] que acaba por resolver sus dudas entre permanecer en el mismo o hacerse cisterciense. Este tema también será el motivo central del bajorrelieve realizado por Luis Salvador Carmona para el retablo de mármol proyectado en 1756[15].

El interior de la capilla estaba adornado además con una rica decoración en relieve trabajada tanto en piedra como en yeso. Destacaban los cuatro escudos de las pechinas y las cuatro tarjetas del anillo, que se encargó de terminar Joaquín de Churriguera en 1699, junto con los modillones de la cornisa o las sartas de las pilastras[16]. Además de esto, en los cuatro lienzos principales, como síntesis de la heroica vida del santo, se dibujaron o pintaron los «geroglyficos más comprehensivos de sus glorias»: un báculo y una mitra, símbolos del arzobispado que ocupó, y una beca y un bonete, alusivos a su condición de colegial. Sin embargo, el foco principal de atracción era sin duda el presbiterio, donde estaban dispuestas la reliquia y una efigie del santo sobre un altar fabricado al tiempo que el resto de la capilla, como consta documentalmente[17] . Dado que José de Churriguera dirigía la obra y eran reconocidas sus dotes como escultor, él sería el autor de esta imagen. Se trataba de una escultura en madera policromada que satisfizo plenamente al Colegio. Según la descripción que de ella ofrece Guerrero, resaltaba sobre todo su naturalismo. Su rostro, de apacible serenidad, dirigía su atención a un libro que llevaba en la mano derecha, en alusión tanto a su estudiosa vida como a su labor de enseñanza, mientras con la izquierda sostenía el bonete. Santo Toribio estaba, pues, representado con la indumentaria de colegial, con manto y beca, como no podía ser menos partiendo la iniciativa de unos individuos orgullosos de su privilegiada condición y para los que el traje era la «más propia gala de su virtud»[18]

Si antes el arquitecto de la capilla podía ser un nuevo Vitrubio, esta «primorosa» imagen acreditaba al escultor como el Fidias de nuestros tiempos. En cualquier caso la calidad de la obra artística, arquitectónica o escultórica, si prestigiaba a su autor y le podía beneficiar social y económicamente, sobre todo atestiguaba de manera evidente el nivel social superior del comitente.

 

 

COMPLEMENTO DEL ARTÍCULO otro de la misma autora NIEVES RUPEREZ ALMAJANO

 

"José Benito de Churriguera en Salamanca (1692-1691" Anuario del Departarnento de Historia y Teoría del Arte, U A.M.. Vols. IX-X. 1997-1998


FOTOS DEL MUSEO PROVINCIAL DE SALAMANCA. Imagen del Salvador del antiguo colegio y la aparición de San Bernardo a Santo Toribio

 

 

[1]Guerrero Martínez Rubio, N.A., El phénix de las becas, Santo Toribio Alphonso Mogrovejo... Salamanca, viuda de Gregorio Ortiz, 1728. Mogrovejo fue canonizado el 10 de diciembre de 1726 pero la noticia no llegó al Colegio hasta el 14 de enero de 1727.

[2] Guerrero Martínez, ob. cit., libro I, pág. 25, libro O, pág. 59.

 [3] El Colegio se ocupó posteriormente de ir incrementando estas reliquias con otros huesos y la mitra con que había sido

enterrado el santo obispo. Esta se la proporcionó don Gonzalo Vaquedano a través de las gestiones de don Sebastián García

Romero, del Consejo de Castilla, que la remitió a su colegio en 1718, después de que otros dos colegiales de San Bartolomé

y del Arzobispo hubiesen hablado a aquel de la capilla «que para monumento de la fama de nuestro Santo» había

erigido el Colegio de Oviedo. Guerrero Martínez, ob. cit., libro segundo, págs. 61-62. Después de la canonización logró

un hueso del brazo y otro de una costilla. Archivo Diocesano de Salamanca (A.D.S.), Caja Colegios Mayores y Menores.

 [4] El presupuesto inicial de esta obra, que consistía sobre todo en la ampliación de algunas dependencias del Colegio en la zona suroccidental, destinada a hospedería, era algo inferior a 70.000 reales. Se comenzó en agosto de 1675 pero dio lugar a un largo pleito que se alargó hasta los años 90. Para hacer frente al gasto el Colegio impuso sobre sus rentas diversos censos por valor de 6.000 ducados. A.H.P.S., Prot. 5336, ff. 146 y ss. Archivo de la Universidad de Salamanca (A.U.Sa.), Fondo universitario, leg. 2344, ff. 111 y ss. Cf. Rupérez, pág. 212.

 [5] « El tema de su decoración pictórica son las siete Artes Liberales —el Trivium y el Quadrivium—, presididas por la Filosofía y la Teología situadas en los testeros. Taylor, René, Arquitectura y magia. Consideraciones sobre la idea de El Escorial. Madrid, Siruela, 1992, pp. 37 y ss. Bustamante García, Agustín, «Imágenes de la Sabiduría: La decoración de la biblioteca escurialense», en Cuadernos de Arte e Iconografía, tomo VI, num. 11, 1993, pp. 338-346

.[6] •'' Hoy en día se pueden ver representaciones de la poesía, la filosofía, la teología, la ciencia, la religión y la elocuencia en la fachada norte de la capilla de la Sorbona, pero se trata de estatuas del siglo XIX. 

[7]Martín González, Juan José, «La fachada principal de la Universidad», en Historia de la Universidad de Valladolid. Valladolid, Universidad, 1989, pp. 673-681. Fray Pedro de la Visitación estaba al frente de la obra de la iglesia que construía su Orden en Salamanca. En ese tiempo dio trazas también para otros edificios —el convento de Santa Clara, los cuarteles...— y fue solicitado para emitir diversos informes periciales —entre otros por el Cabildo de la catedral—, dada su buena fama. (A.H.P.S, Prot. 4787, fol. 427, A.D.S., Actas capitulares, libro 45, fol. 482).

[8] Las esculturas corrieron a cargo de un equipo de escultores dirigido por Pedro Duque Cornejo entre 1731-1733. Cf. Falcon Márquez, Teodoro, El palacio de San Telmo. Sevilla, 1991. Del mismo autor, «Jesucristo como modelo en el programa iconográfico del palacio de San Telmo de Sevilla», en Cuadernos de Arte e Iconografía, tomo IV, níim. 7, 1990, pp.256-261

[9] A título de ejemplo, la fachada de la nueva Universidad de Santiago proyectada por Miguel Caaveiro en 1798, que no llegó a realizarse, incluía la representación de motivos alegóricos de las ciencias para que quedase patente «el destino del edificio». VV.AA., El patrimonio histórico de la Universidad de Santiago de Compostela. Universidad de Santiago, 1995, tomo I, p.52

[10] Guerrero Martínez, ob. cit., libro El, pág. 4.

[11] Entre los que habitaban el Colegio en el momento de edificar la capilla podemos señalar a don José de Arce y Arrieta que fue presidente de la Chancillería de Granada, don Marcelo Santos de San Pedro, que ocupó un oficio en la Inquisición, don Bartolomé Henao y Larreategui, que llegó a la presidencia de la chancillería de Granada, don Francisco Francos y Monroy, que ocupó cátedras cursatorias de Leyes, Instituta y Digesto, antes de ser nombrado catedrático de Vísperas de Leyes en 1698, ocupando al año siguiente la alcaldía del crimen de la Chancillería de Valladolid; don Francisco Henao de Larreategui, catedrático de una de las cursatorias de Cánones, y después de Sexto y de Vísperas, siendo promovido en 1699 a la alcaldía del Crimen de la Chancillería de Valladolid. Don Francisco Márquez de Bracamonte y Montalvo, catedrático de las cursatorias de Cánones, Sexto, Vísperas y Decreto, hasta que en 1697 fue promovido a fiscal de la Chancillería de Valladolid. Don Sebastián García Romero, catedrático de Vísperas de Cánones y de Decreto, fue promocionado sucesivamente a la Chancillería de Valladolid, al Consejo de Castilla y a un oficio de la Inquisición. Don Manuel de Junco y Cisneros, obtuvo la cátedra de Decretales y llegó a ser consiliario del Consejo Real de Castilla. Don Lope de la Vega Trelles, catedrático de Víspera de leyes, doctorado en 1794, siendo promovido al año siguiente a fiscal de la Chancillería. Don Pedro Martínez Canseco que fue Magistral de Valladolid. Don Juan Antolino Azogue y don Juan González ocuparon una cursatoria de Artes en el 96 y 99. Esperabé Arteaga, E., Historia pragmática e interna de la Universidad de Salamanca. Salamanca, Impr. Nuñez Izquierdo, 1917, tomo II, pp. 565, 572, 578, 596, 609, Fernández Catón, J.M., «El Colegio Mayor de San Salvador de Oviedo de la Universidad de Salamanca. Catálogo de sus colegiales», en Rev. Studium Legionense,

núm. 1, 1960, pp. 259-329. Carabias Torres, A., «Excolegiales mayores en la administración española y americana durante el reinado de Felipe V», en Estudios de historia social y económica de América. Universidad de Alcalá, núm. 7 (1991), pp. 55-93.

[12] -'" Por su régimen de vida, dedicación al estudio y selección moral los colegios mayores se han considerado el precedente de los seminarios tridentinos. De hecho el Colegio de Oviedo sirvió de modelo y patrón para el primero de estos seminarios que fundó Santo Toribio en Lima. Rodríguez Valencia, Vicente, Santo Toribio de Mogrovejo. Organizador y apóstol de suramérica. Madrid, CSIC, 1956, tomo I, pág. 104.

[13] En el sermón que predicó el colegial de Oviedo don Gregorio Nieto en 1727 señala al respecto que en el colegio no sólo se aprendía —«como algunos creen»— vanidad, soberbia y, cuando más, cuatro letras mezcladas con mucha ridícula ceremonia, lo que nos indica cual era el sentir más extendido. Guerrero Martínez, oh. cit., libro III, pág. 199.

[14] Guerrero Martínez, ob. cit., libro primero, pág. 29, Libro segundo, págs. 182, 212. Esta versión muy difundida por el Colegio fue la que acabó prevaleciendo frente a otra primitiva en la que aparecía el santo de rodillas en el suelo en hábito de colegial mayor, y en el plano superior san Bernardo poniéndole la beca y santo Toribio de Liébana, su santo homónimo, dándole la bendición. Cf. Rodríguez Valencia, ob. cit., tomo I, pág. 99. Sin embargo, la iconografía más frecuente del santo lo representa vestido de prelado y rodeado de pobres a los que reparte limosna (Schenone, H.H., Iconografía del arte colonial. Buenos Aires, Fundación Tarea, 1992, vol. II, pág. 765).

[15] Rodríguez G. de Ceballos, A. y Nieto González, J.R., «Aportaciones a Simón Gabilán Tomé», en A.E.A., num. 213

(1981), pp. 31, 35-36. Durante la ocupación francesa de la ciudad el duque de Ragusa quiso que se salvase de la destrucción

el altar y las columnas, lo que ha permitido que se conserve este relieve pese a sus mutilaciones. Se encuentra en el

Museo de Bellas Artes de Salamanca (Gallego de Miguel, Amelia, Museo de Bellas Artes de Salamanca. Salamanca, 1975,

pág. 19).

[16] Guerrero Martínez, libro segundo, pág. 60: «adornó por dentro el friso de la cornisa, lienzos, y pilastras, entre calles,

pechinas, y recinchos de la media naranja de hermosas delicadas targetas, y molduras de media talla». Este autor coincide

plenamente con lo refleja la escritura de obligación contraída por Joaquín de Churriguera. A.H.P.S., Prot. 3040, ff. 589r.-

592v.

[17] ' En la información que ofrece el Colegio en 1695 para imponer un censo dice que «está haziendo y redificando de nuebo la capilla... en la qual y su altar, que de nuebo asimismo se a de fabricar, se a de poner la reliquia de santo Thoribio de Mogrobejo,... y la echura del santo de talla de cuerpo entero y otras cosas, para que esté dicha capilla con toda dezencia». A.U.Sa., leg. 2344, fol. 190r.

 [18] Guerrero Martínez, oh. cit., libro II, pág. 90, tomo III, pág. 8 y 29-31. Dice textualmente este autor en la más extensa de sus alusiones: «las facciones del rostro tan perfectas, que podían asombrar a Praxiteles, la atención cuidadosa, con que guiaba los ojos a las hojas de un bien formado libro, que era empleo discreto de su diestra hazía dudar, si era acción verdadera con que enseñaba, o representación de su estudiosa vida, vivificado al parecer su rostro con el color mas propio, ...con tal ayre apuró su noble habilidad el diestro artífice en la perfecta formación de esta acabada estatua, que aun el alma, que no podía darle, parece que no le falta a su hermosura representada en la viveza grande, con que imita las acciones naturales, ...: lo cierto es, que aunque su insigne autor no huviera publicado su acreditada ciencia en otra obra, que en la de esta primorosa efigie de nuestro santo, podía elevarse a Fidias de nuestros tiempos, pues se advirtió tan ajustada a las reglas de su noble arte, que no las desmentía la distancia, siendo así, que en más celebres estatuarios fue desayre infeliz este tropiezo. Aumentaba a sus primores magestad el nuevo adorno con que se dexó ver en el trage mas propio de nuestro amor, que si con el hecho los fundamentos de su virtud, razón era, le sirviese de,gala a su celebridad, ...»

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