viernes, noviembre 20, 2020

DE GUADALUPE DE PACASMAYO AL CIELO Los últimos pasos del arzobispo itinerante Santo Toribio Mogrovejo

          DE GUADALUPE DE PACASMAYO AL CIELO

 

Los últimos pasos del arzobispo itinerante Santo Toribio Mogrovejo

 

Mogrovejo será un caminante empedernido, tanto que llegará a decir de él su primer biógrafo Antonio León Pinelo:

 

"Fue su vida una rueda, un movimiento perpetuo, que nunca paraba. Y si la del hombre, es milicia en la tierra, bien mereció el título de soldado de Cristo Señor Nuestro, pues nunca faltó a lo militante de su Iglesia, para conseguir el premio en la triunfante, que piadosamente entendemos que goza"[1].

 

Este apelativo de "rueda en continuo movimiento" llevó al crítico virrey Marqués de Cañete a denunciar ante el Rey que nunca estaba en Lima. El calificativo nos recuerda al que le dieran por las mismas calendas a Teresa de Jesús "fémina inquieta y andariega". Le servirán al prelado para mantener un contacto directo con los sacerdotes y sus fieles; a nosotros nos aporta valiosísimos datos para una radiografía del Perú: censos de población, tipos de cultivos y ganados, condición y calidad de los doctrineros, comportamiento de los corregidores, trato recibido por los indios, situación y distancia de los caminos, condiciones meteorológicas, menú de los acompañantes del obispo, estudio etnográfico, estado del proceso evangelizador...

 

Su fiel secretario el jesuita José Acosta, padre de la moderna antropología, nos dirá que los caminos que recorrían eran "más bien para los gamos y las cabras que para los hombres". Las cabañas donde solían morar "más son corrales de ovejas y establos que moradas dignas de la especie humana". Las tres grandes visitas pastorales, generales o formales, fueron emprendidas a continuación de los concilios provinciales limenses de 1583-4, 1591 y 1601.

 

Dentro de su actividad pastoral, descuellan sus visitas, en las que conviven con los párrocos doctrineros, se hace acompañar de sacerdotes y laicos comprometidos, que hicieron de estos viajes jornadas de familiar amistad. Algo se deja traslucir en su carta dirigida al Rey Felipe II, desde Trujillo, el 10 de marzo de 1594:"...sin atender a más que al servicio de Nuestro Señor [...]visitando mis ovejas y confirmando y ejerciendo el oficio Pontifical por caminos muy trabajosos y fragosos, con fríos y calores, y ríos y aguas, no perdonando ningún trabajo, habiendo andado más de tres mil leguas y confirmado quinientas mil ánimas, y distribuyendo mi renta a pobres con ánimo de hacer lo mismo si mucha más tuviera, aborreciendo el atesorar hacienda...". Recoge un testigo que animaba a sus servidores diciéndoles que irían "como unos reyes, con nuestros bordones y alpargatas". De hecho, en los procesos de beatificación, de 1631 y 1659, los testigos declaran invariablemente con sumo gozo el haber tenido la suerte de hablar con su Arzobispo, quien les confirió el sacramento de la confirmación.

 

La primera la iniciará nada más llegar a Lima, en 1581, hacia el sur, hasta Nazca. Poco después visitará la zona de Huánuco y, acabado el Concilio III Limense, en 1584, emprende una visita de 6 años de duración por Cajatambo, Yauyos, Huarochirí, Huánuco, Ancash, Chachapoyas, un recorrido de 10.000 kms y medio millón de fieles atendidos, volviendo a Lima en sólo dos ocasiones. En Cajatambo tuvo que excomulgar al corregidor Alonso de Alvarado por su mala gestión; éste apeló a la Audiencia de Lima que le apoyó. A pesar de ver iglesias derruidas y constatar las injusticias cometidas por los corregidores que no invertían el dinero de las Cajas de Comunidad en los hospitales de indios como se puntualizaba en un memorial de 22 puntos de los doctrineros de Pira (Huaylas), nunca desmayó en su empresa. En febrero de 1589 visitó fugazmente la provincia de Trujillo para presentarse en octubre de 1590 en Lima para el concilio provincial. En siete años, recorrió 11.000 kms., dejando su vajilla de plata como limosna en alguno de los poblados andinos y, lo más importante, con riesgo de su vida por las dificultades que tuvo que tuvo que sortear.

 

La segunda gira la realizará desde 1593 a 1598, recorre 7.500 kms, Ancash-cerca de Chavín-, Trujillo, Lambayeque, Cajamarca, Chachapoyas, Moyobamba, Chancay, Ica, atiende 350.000 fieles; conservamos un precioso documento, el "Diario" de la visita. La inicia el 7 de julio de 1593, en la doctrina de Carabayllo, hoy englobada en la Gran Lima hacia el kilómetro 32. De aquí se dirige hacia Aucallama, en el valle de Chancay, Palpa y Huaral, para continuar por Huacho y Huaura. El 24 de julio estaba ya en Totopón, junto al río de la Fortaleza o Pativilca, de donde continuó a Cajacay. De aquí pasó al Callejón de Huaylas, se desvió a Casma y, por la costa, se dirigió al norte hasta Jayanca. Vuelve hacia Pacasmayo, sube a Cajamarca, de donde por Pallasca, penetra en Huaylas llegando a Llamellín en febrero de 1595. Varía de rumbo, pasa a Chachapoyas para volver a Huamachuco y ascender de nuevo a Cajamarca y Chachapoyas. En 1598, tras vivir la Semana Santa en Lima, visita sus contornos y tomando el camino del norte, visita el 12 de febrero Arnedo o Chancay, Canta, Huarochirí, Ica y el 11 de enero de 1599 se detiene en la llanura de Huayurí.  Su presencia en Quives coincide con la morada en el poblado de la familia de Santa Rosa de Lima a quien confirma. Como recuerdo de esta entrañable efeméride se ha acondicionado un santuario de espiritualidad y una ermita dedicada a la infancia de la popular santa limeña. Esta visita se completó con varios viajes apostólicos como el de 1601 por Canta, Huarochirí, Yauyos, Cañete, Junín, Ica.

          La tercera de 1601 a 1604 la comenzó el 8 de agosto de 1601. Recorrió las Provincias de Canta, Huarochirí, Yauyos, Cañete y nuevamente Ica. En septiembre está en Sisicaya, Chorrillos. En este viaje llegará a la frontera de infieles al valle de Huancabamba y donde atravesará peripecias sin cuento. El Diario nos da cuenta de Carabayllo, Canta, Huamantanga, San José, Cauzo, Bombón, Paucartambo, San Miguel de Ullucmayo, Vico y Pasco, San Rafael y Las Yaras. En 1602, retrocede por la misma ruta y permanece hasta pasada la Semana Santa en Lima. Posteriormente , en abril de 1602, toma la ruta hacia Junín y Huánuco, por Sisicaya, chorrillos, Yauyos, Carabayllo (Quivi, Canta, Guama), Naupa en Tarma, Pueblo de Guanisque, Santiago de Vitis, San Pedro de Pinos, Atunyauyos, Santo Tomingo de Cochalarano, San Francisco de Huanta, Tupi, San Francisco de Anco, , Cajamarca de la Nasca, Palpa, Lurín, Chancha, Cañete, Coayllo, Santa Inés, Santiago de Carampoma, Asiento de la Asunción, San Marcelo de Huánuco, San Juan de Maturana, San Dimían, San Lorenzo de Quinti, Repartimiento de Jauja, Hananguaca, Luringuana , Pueblos de Andes (Cochangua, Santo Domingo de Paucarbamba, Andamarca, Santiago de Comas, Uchubamba…), Tarma, Santa Ana de Pampas, San Jerónimo de la Oroya, Vilco y Palco, San Juan de Odores, San Juan de Huaylas, Pueblo de San Agustín, Cauzo, San Juan de Paucarbamba.. Regresa por Cajatambo y Chancay en 1604. Acabó de visitar minuciosamente la Catedral, inventariando sus bienes. Parece que marchó con el presentimiento de no volver a la Ciudad de Los Reyes. Así lo refiere su secretario Diego de Morales, quien recoge las palabras de despedida del santo a su hermana Grimanesa: "Hermana, quédese con Dios, que ya no nos veremos más".

 

Después de descansar por un breve tiempo en Lima, reinició su Visita Pastoral el 12 de enero de 1605[2]. Parte de Carabayllo, por Ancón, Huacho, Palpa, Aucallama. El 4 de febrero llega a Villa de Carrión, el 22 a La Barranca, el 4 de marzo en Lapuca con Totopán, Laupaca y Pativilca. Siguiendo el curso del río Pativilca, el 19 de marzo en San Bernardo de Yamor, el 23 en San Andrés de Pariacoto. El 1 de abril está en San Pedro de Cochabamba y Huaylas El 2 de mayo en Santa Cruz de Lacalamarca y san Rafael de Cancha. Más adelante llega a Reuay, Sucha, Santiago de Cajamarca, San Juan de Huertas y Cotaparaco.  El 4 de agosto está en marca, el 17 en San Cristóbal de Roca y San Pedro de Ticllos. El 20 en San Miguel de Curpanqui, el 23 en San Agustín de Cuxi y San Cristóbal. El 27 en San Francisco de Cajamarca y San Juan de Pomallatay; el 9 en San Cristóbal de Raón, y el 31 en Santo Domingo de Juangri. El 2 de septiembre llega a San Juan de Parín, el 5 a San Pedro de Hacas, Quisca, San Juan de Machaca, Mayos; el 7 en Paraín y Maravia; el 11 de octubre visita Nuestra Señora del Rosario de Huarmey, Yungay, Casma, Quiquis. El 22 está en San Francisco de Parquín, Llaután, Santaelices, Enepeña, Santa. A fines de noviembre está llegando a Churubal Chiriganda. El 4 de diciembre visita Chao y Guañape. La última mención reflejada en el diario es la visita a la Estancia de don Jerónimo Mina Quispi, cacique de Umbal el 13 de diciembre.

 

          Tras recorrer las provincias de Chancay y Barranca y, seguir el curso del río Pativilca, giró hacia la derecha y visitó algunos distritos de Cajatambo; de aquí pasa al callejón de Huaylas y, bajando a la costa por Casma, se dirige al norte hacia los valles de Pacasmayo y Chiclayo. Corre el mes de marzo de 1606 y se encuentra en el pueblo de Nuestra Señora de Guadalupe de Nepeña[3].

 

          El presente santuario nada tiene que ver con el de Tepeyac, en México, y todo con el de Extremadura. Según el cronista Calancha (agustino) el santuario fue iniciativa del capitán Francisco Pérez Lezcano, oriundo de Sevilla y vecino de Trujillo (Perú). Como fuese difamado y encarcelado, y en vísperas de morir, hizo voto de ir en peregrinación al santuario de Guadalupe de Extremadura y traer copia de la imagen allí venerada con el fin de rendirle culto en el Valle de Pacasmayo. Al conmutársele la pena y verse libre de la cárcel, cumplió su promesa y en 1562 entronizó la imagen traída desde España que entregó con la ermita levantada a los Padres Agustinos. Después de ofrecer terrenos y rentas abundantes a los mismos religiosos agustinos, fue construido un templo más suntuoso con su monasterio que fue recibido por Fray Luis López de Solís el 6 de junio de 1563.

 

          El cronista P. Francisco de San José, en su obra Historia Universal de la Primitiva y Milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe (Madrid 1743) concluye su emotiva historia con estas palabras: "Esta es la Virgen de Guadalupe Nuestra Señora en el Perú y Valle de Pacasmayo, en donde quiso la Madre de Dios por la copia de su primitiva imagen se erigiese un nuevo Guadalupe, haciendo dichosísimos por su medio a los peruanos, como por la de Guadalupe de México había hecho a la Nueva España, para que sin la fatiga de tantas leguas, como hay por tierra y agua hasta este primer Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, gozasen lo espléndido de sus favores en frecuencia de insignes maravillas, y de uno hasta otro polo se celebrase su nombre Santa María de Guadalupe".

 

          En estos lares -según atestiguó el Licenciado Asensio Sáenz Gallano por haberlo escuchó a Alonso García Masueco- obró un milagro el taumaturgo Toribio. Éste es el relato: A. García tenía flujos de sangre "por lo que estaba desahuciado sin esperanza de salud y estando de esta suerte llegó el dicho siervo de Dios Don Toribio que prosiguiendo su visita estaba en este pueblo de Nuestra Señora de Guadalupe de Nepeña y diciéndole su enfermedad y lo mucho que padecía de ella y el riesgo en que se hallaba, el dicho siervo de Dios Don Toribio le tocó los pechos por encima de la vestidura, que era el lugar donde tenía la herida, diciendo que se consolase, que no sería nada y que sanaría, e instantáneamente, luego que se apartó de la presencia del dicho siervo de Dios Don Toribio se halló sano y cerrada la herida. Lo cual así el mismo Alonso García Masuecos como los dichos caciques (don Pedro y don Francisco Sui Sui y Don Juan Guamán) se lo contaron a este testigo muchas veces por milagro que Dios había obrado por medio del dicho su siervo".

 

Contamos con el entrañable testimonio del sacerdote Julián de la Torre y Escobar, Deán y Comisario de Cruzada de Trujillo, quien declara en 1632, que tiene 60 años y que conoció al Santo confirmando en Cajamarquilla:

 

"y vio este testigo que sabiendo que estaba una ranchería de indios apartada del pueblo donde visitaba fue personalmente verlos y a saber si estaban confirmados y hallando a un indio muy enfermo y sabiendo que no estaba confirmado, hizo traer reservado y allí en el rancho donde estaba el indio enfermo, de rodillas porque no podía entrar de otra manera el dicho Sr. Arzobispo le confirmó y consoló.

Y el día antes que cayese malo de la enfermedad de que murió, saliendo del convento de Guadalupe con todos los frailes y el Prior para caminar después de mediodía estando presente este testigo preguntó si era hora de caminar y le respondieron que sí, que ya corría la marea. Dijo: "No digo de eso sino para la otra vida y por hacer desecha con una boca de risa les contó lo que a un prior de San Agustín el Viejo  le había sucedido en Toledo, que oyó una voz que le decía que ya era tiempo de caminar y pidiendo una vela al compañero y que se la encendiese volviendo a decirle "noches que me dice que es tiempo de caminar había dado su espíritu a Dios diciéndole "Pas tecum"con que se despidió de los frailes y otro día por la mañana amanecería malo de un corrimiento a un pie de que dentro de doce días murió y así tiene por cierto este testigo" que sabía la hora de su muerte"[4].

 

          Parece que fue aquí cuando comenzó Mogrovejo a sentirse mal. Por esta razón sigue hasta Chérrepe y Reque, de donde se encaminó a Saña, la víspera de su muerte. Así nos lo indica el Licenciado Juan Niño de Velasco, de 62 años de edad, sacerdote, cura beneficiado de la iglesia parroquial de Zaña, que lo conoció justamente cuando le llevaron enfermo del pueblo de Reque. Da testimonio de que "murió en esta ciudad de Saña en una casa que entonces era del vicario Juan de Herrera Sarmiento que dista de la plaza dos cuadras y adonde de ordinario ha estado una cruz puesta en el mismo lugar por haberse arruinado con el tiempo los edificios de ella y que sería por el año de 1606 a lo que se acuerda, día de Jueves Santo en la tarde […] estando se predicando el mandato en esta iglesia mayor con opinión y gran fama de santo y amigo de Dios...Fue sepultado en la iglesia mayor de esta ciudad en el presbiterio del evangelio sobre el cual lugar el día de hoy está colgado un capelo verde que dice este testigo y todos los demás de esta ciudad ser del dicho siervo de Dios Don Toribio y que pasado un año poco más fue trasladado el dicho cuerpo difunto a la ciudad de Lima porque este testigo se halló presente cuando sacaron el dicho cuerpo del lugar donde estaba depositado y que ha oído decir le pusieron en la iglesia catedral de ella".

De modo entrañable lo recreó el Papa Francisco en su visita al Perú, el 18 de enero del 2018:

"Y a Santo Toribio le llegó el momento de cruzar hacia la orilla definitiva, hacia esa tierra que lo esperaba y que iba degustando en su continuo dejar la orilla. Este nuevo partir, no lo hacía solo. Al igual que el cuadro que les comentaba al inicio, iba al encuentro de los santos seguido de una gran muchedumbre a sus espaldas. Es el pastor que ha sabido cargar «su valija» con rostros y nombres. Ellos eran su pasaporte al cielo.

Y fue tan así que no quisiera dejar de lado el acorde final, el momento en que el pastor entregaba su alma a Dios. Lo hizo en un caserío, junto a su pueblo y un aborigen le tocaba la chirimía para que el alma de su pastor se sintiera en paz"[5].

 



[1] LEÓN PINELO, Antonio de Vida del Ilustrísimo y Reverendísimo D. Toribio Alfonso Mogrovejo, Arzobispo de la ciudad de los Reyes. Madrid 1653. Lima 1906. p.68

[2] Algunos consideran sólo tres visitas generales, siempre después de los concilios; otros, ven en este reinicio una nueva, por lo que serían cuatro las visitas.

[3] Agradezco a la arquitecta Patricia Navarro-Grau las presentes fotografías. Dios quiera logre poder restaurar tan valioso monumento.

[4] Archivo Arzobispal de Lima. Actas del Proceso de Beatificación. Libro I, ff. 758v-761v

 

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