sábado, abril 22, 2017

SEMINARIO "HUMANISMO CRISTIANO Y REFORMA PROTESTANTE" (1517-2017) EN SALAMANCA

SEMINARIO "HUMANISMO CRISTIANO Y REFORMA PROTESTANTE" (1517-2017) EN SALAMANCA

Les comparto el programa del evento, así como el esquema de mi comunicación.

Santo Toribio Mogrovejo: obispo y reformador

 

Salamanca, 27 de abril 2017

José Antonio Benito Rodríguez.

Universidad Católica Sedes Sapientiae, Lima (Perú)

 

 

Santo Toribio en el Museo provincial de Salamanca, dependiente de la Consejería de Cultura y Turismo, destacó de su colección permanente, como 'Pieza del Mes' de agosto en el 2015 una presentación titulada 'Toribio de Mogrovejo: colegial, jurista, inquisidor, arzobispo, compuesta por dos obras y la portada del Catecismo del Tercer Concilio Limense, la primera publicación de la imprenta en el Perú.

La primera de las dos obras que destaca el Museo es la pintura de un milagro de Toribio de Mogrovejo, arzobispo de Lima, haciendo aparecer un manantial de agua para que las aldeas indígenas salvaran sus cosechas. Probablemente provenga del desaparecido Colegio Mayor de San Salvador de Oviedo, que, siendo el único santo salido de sus aulas, promovió fiestas, obras y publicaciones para difundir su fama (y la del Colegio).

La segunda es un mármol del escultor Luis Salvador Carmona (Nava del Rey, Valladolid 1708 - 1767), rescatado de las ruinas del Colegio de San Salvador de Oviedo, que muestra a la Virgen María y a San Bernardo de Claraval convenciendo a Toribio de que continúe con sus estudios y no ingrese en el convento del Císter. El mismo impulsor de la orden contemplativa le presenta la beca estudiantil.

A través de las obras se explica la carrera de un hijo de la nobleza local castellana que, a través de los estudios y de los contactos que realiza en la Universidad de Salamanca, entra en la administración real, es nombrado juez inquisidor en Granada y, sin ser sacerdote, es nombrado arzobispo de Lima, donde desarrolla una labor importante, como muestra la publicación de catecismo trilingüe (aymará, quechua y castellano) y la fundación del Seminario de Santo Toribio a imagen y semejanza de su colegio Mayor de Salamanca.

http://www.salamanca24horas.com/articulo/cultura/cultura-07-08-2015-el-museo-de-salamanca-acerca-la-figura-de-toribio-de-mogrovejo/20150807135810568063.html

SÍNTESIS de la COMUNICACIÓN

 

El objetivo del presente estudio es analizar la misión episcopal reformadora de Santo Toribio Mogrovejo al calor de las reformas propuestas por los concilios y sínodos limenses, como fruto del decisivo Concilio de Trento. A través de los cánones conciliares, las cartas personales, las primeras biografías y los testimonios del proceso de beatificación de Santo Toribio, puede pergeñarse su misión renovadora con el fin de forjar lo que el propio Mogrovejo calificó –consciente de la novedad y trascendencia de su contenido- como "nueva cristiandad de las Indias". Su talante pastoral reformista queda patente en su vida ejemplar, así como en la convocatoria y celebración de los concilios y sínodos, así como en sus visitas pastorales y la puesta en marcha de iniciativas netamente reformistas como el seminario conciliar "Santo Toribio", el impulso de la imprenta y publicaciones catequéticas, así como la promoción de un desarrollo integral en los nativos y una permanente evangelización hacia todos sus fieles.

1.      Santo Padre de la Iglesia de América

2.      La Santa Madre Iglesia

            3. La referencia del Concilio de Trento en 8 testigos

1. Doctor Fernando de Guzmán,

2. Lic. Francisco Rodríguez Santos

3. Br. Francisco Clavijo

4. Fr. Francisco de la Serna,

5. P. Fr. Gaspar de la Torre

6. Maestro  Fr. Gabriel de Zárate, provincial de OP,

7. Don Luis de Córdoba y Figueroa

8. Maestro  P. Fr. Hernando de Quirós, OP,

4. Figuras de la Iglesia: Madre, congregación, viña, gremio, plantación

a. Madre.

b. Viña y plantación

c. Gremio

d. Grey

e. Templo.

5. La Nueva Cristiandad de las Indias como la Primitiva

6. Una Iglesia en comunión y libre

7. Vida ejemplar conforme al Evangelio

8. La nada fácil reforma de los religiosos

9. Fidelidad a la misión de la Iglesia: conversión de almas y ejemplaridad en los oficios

10. Conclusión: La apetecida Reforma del Pastor

 

Acerca de su talante reformador, es ilustrativa la carta de 30 de abril de 1602, desde Lima, al Rey, a propósito del "buen tratamiento que debe darse a los naturales" concluye: "Bendito Dios, el clero está muy reformado y hay poco o nada que corregir cerca de lo susodicho que no me ha dado poco contentamiento y si algunos excesos hubiere de adelante se acudirá al remedio de ellos".

Quien fuese primer rector del Seminario de Lima y cuatro veces rector de la Universidad de San Marcos, Doctor Fernando de Guzmán, declarará en el proceso de 5.VII.1630, "que sabe y vio este testigo y entendió que el dicho arzobispo fue insigne en letras y saberes como tiene referido, llevó la beca del dicho colegio de san Salvador de Oviedo en Salamanca y era hombre que consultaba cosas muy delicadas del Santo Concilio de Trento a la Sede Apostólica y en esta ciudad los hombres graves y doctos que en ella había y se echó de ver en la celebración del concilio provincial del año de 83 aprobado por Su Santidad y mandado ejecutar y guardar por el Rey don Felipe II de buena memoria"


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miércoles, marzo 29, 2017

CONCILIO DE TRENTO: LA VERDADERA DEVOCIÓN A LOS SANTOS Y EL USO ADECUADO DE LAS IMÁGENES

TODO EL TEXTO DEL CONCILIO DE TRENTO: https://delacuadra.net/escorial/trento.htm

 XXV. El purgatorio
     - Reliquias e imágenes
     - Religiosos y monjas
     - Indulgencias, índice, &c.

LA INVOCACIÓN, VENERACIÓN Y
RELIQUIAS DE LOS SANTOS,Y DE LAS SAGRADAS IMÁGENES

Manda el santo Concilio a todos los Obispos, y demás personas que tienen el cargo y obligación de enseñar, que instruyan con exactitud a los fieles ante todas cosas, sobre la intercesión e invocación de los santos, honor de las reliquias, y uso legítimo de las imágenes, según la costumbre de la Iglesia Católica y Apostólica, recibida desde los tiempos primitivos de la religión cristiana, y según el consentimiento de los santos Padres, y los decretos de los sagrados concilios; enseñándoles que los santos que reinan juntamente con Cristo, ruegan a Dios por los hombres; que es bueno y útil invocarlos humildemente, y recurrir a sus oraciones, intercesión, y auxilio para alcanzar de Dios los beneficios por Jesucristo su hijo, nuestro Señor, que es sólo nuestro redentor y salvador; y que piensan impíamente los que niegan que se deben invocar los santos que gozan en el cielo de eterna felicidad; o los que afirman que los santos no ruegan por los hombres; o que es idolatría invocarlos, para que rueguen por nosotros, aun por cada uno en particular; o que repugna a la palabra de Dios, y se opone al honor de Jesucristo, único mediador entre Dios y los hombres; o que es necedad suplicar verbal o mentalmente a los que reinan en el cielo.

Instruyan también a los fieles en que deben venerar los santos cuerpos de los santos mártires, y de otros que viven con Cristo, que fueron miembros vivos del mismo Cristo, y templos del Espíritu Santo, por quien han de resucitar a la vida eterna para ser glorificados, y por los cuales concede Dios muchos beneficios a los hombres; de suerte que deben ser absolutamente condenados, como antiquísimamente los condenó, y ahora también los condena la Iglesia, los que afirman que no se deben honrar, ni venerar las reliquias de los santos; o que es en vano la adoración que estas y otros monumentos sagrados reciben de los fieles; y que son inútiles las frecuentes visitas a las capillas dedicadas a los santos con el fin de alcanzar su socorro. Además de esto, declara que se deben tener y conservar, principalmente en los templos, las imágenes de Cristo, de la Virgen madre de Dios, y de otros santos, y que se les debe dar el correspondiente honor y veneración: no porque se crea que hay en ellas divinidad, o virtud alguna por la que merezcan el culto, o que se les deba pedir alguna cosa, o que se haya de poner la confianza en las imágenes, como hacían en otros tiempos los gentiles, que colocaban su esperanza en los ídolos; sino porque el honor que se da a las imágenes, se refiere a los originales representados en ellas; de suerte, que adoremos a Cristo por medio de las imágenes que besamos, y en cuya presencia nos descubrimos y arrodillamos; y veneremos a los santos, cuya semejanza tienen: todo lo cual es lo que se halla establecido en los decretos de los concilios, y en especial en los del segundo Niceno contra los impugnadores de las imágenes.

Enseñen con esmero los Obispos que por medio de las historias de nuestra redención, expresadas en pinturas y otras copias, se instruye y confirma el pueblo recordándole los artículos de la fe, y recapacitándole continuamente en ellos: además que se saca mucho fruto de todas las sagradas imágenes, no sólo porque recuerdan al pueblo los beneficios y dones que Cristo les ha concedido, sino también porque se exponen a los ojos de los fieles los saludables ejemplos de los santos, y los milagros que Dios ha obrado por ellos, con el fin de que den gracias a Dios por ellos, y arreglen su vida y costumbres a los ejemplos de los mismos santos; así como para que se exciten a adorar, y amar a Dios, y practicar la piedad. Y si alguno enseñare, o sintiere lo contrario a estos decretos, sea excomulgado. Mas si se hubieren introducido algunos abusos en estas santas y saludables prácticas, desea ardientemente el santo Concilio que se exterminen de todo punto; de suerte que no se coloquen imágenes algunas de falsos dogmas, ni que den ocasión a los rudos de peligrosos errores. Y si aconteciere que se expresen y figuren en alguna ocasión historias y narraciones de la sagrada Escritura, por ser estas convenientes a la instrucción de la ignorante plebe; enséñese al pueblo que esto no es copiar la divinidad, como si fuera posible que se viese esta con ojos corporales, o pudiese expresarse con colores o figuras. Destiérrese absolutamente toda superstición en la invocación de los santos, en la veneración de las reliquias, y en el sagrado uso de las imágenes; ahuyéntese toda ganancia sórdida; evítese en fin toda torpeza; de manera que no se pinten ni adornen las imágenes con hermosura escandalosa; ni abusen tampoco los hombres de las fiestas de los santos, ni de la visita de las reliquias, para tener convitonas, ni embriagueces: como si el lujo y lascivia fuese el culto con que deban celebrar los días de fiesta en honor de los santos. Finalmente pongan los Obispos tanto cuidado y diligencia en este punto, que nada se vea desordenado, o puesto fuera de su lugar, y tumultuariamente, nada profano y nada deshonesto; pues es tan propia de la casa de Dios la santidad. Y para que se cumplan con mayor exactitud estas determinaciones, establece el santo Concilio que a nadie sea lícito poner, ni procurar se ponga ninguna imagen desusada y nueva en lugar ninguno, ni iglesia, aunque sea de cualquier modo exenta, a no tener la aprobación del Obispo. Tampoco se han de admitir nuevos milagros, ni adoptar nuevas reliquias, a no reconocerlas y aprobarlas el mismo Obispo. Y este luego que se certifique en algún punto perteneciente a ellas, consulte algunos teólogos y otras personas piadosas, y haga lo que juzgare convenir a la verdad y piedad. En caso de deberse extirpar algún abuso, que sea dudoso o de difícil resolución, o absolutamente ocurra alguna grave dificultad sobre estas materias, aguarde el Obispo antes de resolver la controversia, la sentencia del Metropolitano y de los Obispos comprovinciales en concilio provincial; de suerte no obstante que no se decrete ninguna cosa nueva o no usada en la Iglesia hasta el presente, sin consultar al Romano Pontífice.

SANTO TORIBIO MOGROVEJO, PROMOTOR DE LA RENOVACIÓN ECLESIAL (Mons. Domingo S. Castagna

SANTO TORIBIO MOGROVEJO

Exposición de monseñor Domingo S. Castagna, arzobispo emérito de Corrientes, en el marco del Año Sacerdotal (Junio de 2010)

 

          Improvisado y formidable Pastor. Hemos llegado a la conclusión del Año Sacerdotal. Para los pueblos de Latinoamérica el Arzobispo de Lima, Santo Toribio de Mogrovejo, encarna la auténtica imagen de la Iglesia Católica: misionera, cercana al pueblo humilde, particularmente representado por los indígenas, afroamericanos y mestizos. Laico virtuoso, abogado y profesor de leyes en la Universidad de Salamanca, atrae la mirada del Emperador Felipe II que lo propone al Papa Gregorio XIII para ser Arzobispo de Lima. Nombrado en marzo de 1579, recibe todas las órdenes sagradas en Granada y, de inmediato, la Ordenación episcopal en Sevilla. Ya instalado en su sede de Lima comienza su ardua y excepcional tarea pastoral. La jurisdicción que le corresponde abarca todo el dominio colonial español, desde la población de Lambayeque hasta la ciudad de Quito. Apenas llegado, comprueba un gran debilitamiento de la vida cristiana en la población; su antecesor había muerto seis años antes y, mientras tanto, algunos abusos se habían instalado en la sociedad sin una autoridad moral que los detuviera. A las excusas de los poderosos, que argumentan: "es la costumbre", el santo responde: "Cristo es verdad y no costumbre". En lo sucesivo es ésa la base normativa de su extraordinaria actividad pastoral y misionera.

          Ministerio y heroicidad de las virtudes. Es muy difícil lograr la síntesis de una vida como la de este formidable Pastor de la Iglesia. En mi ánimo está señalar su fisonomía de santidad, como lo he intentado en las semblanzas anteriores. La magnitud de su ministerio pastoral se identifica con la heroicidad de sus virtudes. El hombre, buen cristiano, concluye en el Santo Pastor que resulta ser. Es elegido con un método inapropiado, hoy afortunadamente desechado, me refiero al "derecho de patronato", que ejercen entonces algunos privilegiados monarcas, y que pretenden conservar los gobiernos ya emancipados del poder colonial. Toribio Alfonso de Mogrovejo y Robledo, exitoso profesor de la Universidad de Salamanca y cristiano muy virtuoso, después de su Ordenación, viaja al lejano Perú donde lo aguarda su sede. Asume como Arzobispo el 12 de mayo de 1581. Se dedica inmediatamente a restablecer la vida religiosa de sus fieles. Para ello recorre, durante 25 años, el enorme territorio de su jurisdicción, ausentándose de la sede por espacio de hasta seis años. Emprende a pie y, a veces solo, caminos geográficamente aún no señalados, con el riesgo de ser atacado por bandidos e indígenas poco amistosos.

          Activo Pastor. Su personalidad se manifiesta en la firmeza con que conduce su extensa Jurisdicción eclesiástica. El equilibrio, manifestado en las circunstancias históricas que enfrenta como Pastor, no dispone de otra explicación que su gran espiritualidad. Aquel hombre vigoroso, formado para hacer de la ley el instrumento válido del orden social, sabe hacer predominar la misericordia como expresión cabal de la verdad. El prestigio de la investidura recibida favorece su acción en bien de su pueblo, pero, no neutraliza los sinsabores provenientes de las intrigas políticas de entonces. Delante de Dios, y en servicio de su enorme grey, diseña un plan de acción pastoral que lo convierte en un santo andariego. Recorre la extensísima geografía colonial en penosos viajes, bautiza y confirma cerca de quinientas mil personas, entre ellas a Santa Rosa de Lima, San Martin de Porres y San Juan Macías. Se revela como intrépido defensor de la dignidad de los indígenas, frecuentemente maltratados por los colonizadores, y reclama con valentía que sean respetados sus derechos. Convoca y preside el tercer Concilio Limense (1582-1583) al que asisten prelados de toda Hispanoamérica y en el que tratan asuntos relativos a la evangelización de los indígenas. Su andar misionero produce adelantos viales de gran necesidad, construye escuelas, capillas, hospitales, conventos y funda el primer Seminario Americano en Lima (1591) que en la actualidad lleva su nombre.

          Al encuentro del pueblo. El Arzobispo Toribio de Mogrovejo extrae su extraordinaria vitalidad misionera de la santidad de su vida. De otra manera no hubiera sido lo que fue. Los testimonios de quienes lo conocieron dan cuenta de su extraordinaria vida de oración, de sus mortificaciones, de su dedicación a la gravísima tarea de Pastor que la Iglesia le encomienda. Deseo subrayar sus Visitas Pastorales de estilo netamente misionero. Su propósito de estar cerca del pueblo, principalmente de los indígenas y pobres, inaugura una forma pastoral que marca, en adelante, la acción evangelizadora de los principales agentes latinoamericanos: Obispos, sacerdotes, religiosos y laicos. Muy posteriormente a su tránsito, los ya numerosos Obispos de Latinoamérica celebran cuatro Conferencias episcopales que recogen fielmente el espíritu, el pensamiento y la práctica del Santo Arzobispo: Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida. Por ser quién fue, el Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II lo proclama Patrono del Episcopado Latinoamericano (1983). Ese celestial patronazgo indica, y lo indicará en lo sucesivo, un estilo pastoral de la Iglesia Latinoamericana animado por obispos misioneros, cercanos a los más pobres, testigos incorruptibles del Evangelio. Entre ellos se destacan algunos santos y mártires, históricamente muy cercanos a nosotros.

          Reivindicador de la santidad en la acción pastoral. En esta gesta apostólica, acreditada por la santidad de Toribio, junto a los obispos están los presbíteros, los diáconos y los misioneros laicos. La estabilidad y permanencia en ministerios de diverso orden contribuyen a la extensión y eficacia de la acción evangelizadora. Debemos agradecer al Concilio Vaticano II la recuperación de esta olvidada disciplina apostólica. Santo Toribio, como todos los sacerdotes santos, reivindica la necesidad de la santidad en el ejercicio del ministerio sagrado y en el de la misión universal de toda la Iglesia: la evangelización. Pero es el "estilo", inaugurado por el Santo, el que recobra su necesidad hoy. Incluye la formación inicial y permanente de los candidatos a las Órdenes sagradas y, de manera particular, de quienes son convocados a suceder a los Apóstoles mediante el servicio episcopal. La intención del Papa, al proponer a Santo Toribio como Patrono del episcopado latinoamericano, es presentar un modelo de vida apostólica a los obispos del joven Continente. Como aquel santo Pastor, los obispos de la actual Latinoamérica están desafiados por un territorio geográficamente enorme, a medio poblar, por el fenómeno de una pobreza escandalosa y de un subdesarrollo cultural, económico y político de difícil superación inmediata. Santo Toribio responde, en su tiempo, a esos desafíos, llevando el Evangelio a los más remotos lugares y presentando, con particular osadía pastoral, todas las exigencias emanadas de su anuncio y celebración. El buen Pastor no vacila en acompañar la vida del pueblo "en desarrollo", acosado por los conflictos causados por la injusticia, y dar cauce evangélico a su legítimo anhelo de libertad. Los incomodados, por la presencia dinámica del santo Obispo - eficaz formador de conciencias - procurarán acallarlo y desalentar sus extensas Visitas Pastorales, acudiendo a sus superiores de Roma y de España, con el fin de reducir y aguachentar su incansable acción misionera.

          El fin humilde de un grande. Cambian las circunstancias, pero, el hombre reedita la lucha por construir su historia y resolver los enigmas innegables de su vocación al amor y a la eternidad. La multisecular historia de la Iglesia registra el protagonismo de algunos santos que han orientado evangélicamente su marcha. Santo Toribio de Mogrovejo ha recogido las angustias y esperanzas del Continente Latinoamericano, confirmando proféticamente su identidad cristiana, nacido de la pobreza de Nazaret y envuelto en un prodigio mariano único y constante. No hay mucho más que decir en estas breves páginas. Prefiero concluir con el relato de su muerte, cerrando su última Visita Pastoral, como consta en los anales de la época: "A los sesenta y ocho años, Toribio de Mogrovejo cayó enfermo en la población de Pacasmayo, al norte de Lima, pero aún así continuó trabajando hasta el final, llegando a la ciudad de Saña en condición agonizante. Allí hizo su testamento en el que dejó a sus criados sus efectos personales y a los pobres el resto de sus propiedades. Murió a las tres y media de la tarde del Jueves Santo, el 23 de marzo de 1606, en el Convento de San Agustín". Fue canonizado el 10 de diciembre de 1726 por el Papa Benedicto XIII.

          Que el Santo Arzobispo de Lima interceda para que la gracia, que lo promovió a la santidad, logre una verdadera renovación en quienes debemos recoger su herencia y hacer del "Continente de la esperanza" una realización ejemplar de la caridad cristiana.

 

Mons. Domingo Salvador Castagna,arzobispo emérito de Corrientes

lunes, marzo 27, 2017

GIGANTESCA OBRA SOBRE LA HISTORIA DE LA IGLESIA DE AMÉRICA: http://jabenito.blogspot.com.es/2016/07/diccionario-de-historia-cultural-de-la.html

Amigos: Les comparto esta gigantesca obra dirigida por el P. Fidel González y en la que estamos colaborando numerosos historiadores

A consultarla, darla a conocer y, si puedes, envía nuevos artículos

JAB

 https://www.enciclopedicohistcultiglesiaal.org/diccionario/index.php?title=Especial:Newestpages&limit=150&namespace=-1

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  44. POBLAMIENTO; normatividad en la Tercera Junta Eclesiástica de México
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  53. MOGROVEJO; Pastor de la Misericordia (I)
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  56. EVANGELIZACIÓN; El escándalo del antitestimonio
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  59. TEOLOGÍA Y DERECHO; La presencia española en Perú
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  87. PERÚ; Erección y organización de la Iglesia
  88. PERÚ; Religiosidad popular en el siglo XVI
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  93. PERÚ; La evangelización en el contexto andino del siglo XVI
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  129. ARGENTINA; ambiente histórico-cultural a inicios del siglo XX
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  131. MARCHETTI JOSÉ (I). Sua vida no contexto do Brasil
  132. ANÓNIMOS EN LA BAV
  133. EVANGELIZACIÓN EN IBEROAMÉRICA: Documentación en la BAV y ASV
  134. TRADICIÓN Y MODERNIDAD; El laboratorio y la biblioteca
  135. TRADICIÓN Y MODERNIDAD; los Colegios Jesuitas del S. XIX
  136. PRENSA Y EDUCACIÓN EN EL MÉXICO DE CARLOS III
  137. MERCURIO VOLANTE
  138. LA GAZETA DE MÉXICO
  139. DIARIO LITERARIO DE MÉXICO
  140. SOCIEDADES FILARMÓNICAS EN MÉXICO
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  143. PÉREZ MARTÍNEZ ANTONIO JOAQUÍN (Puebla, 1763; Puebla, 1829) Obispo y Político
  144. JUNTA APOSTÓLICA DE 1526
  145. JUNTA APOSTÓLICA DE 1524; Catequesis y sacramentos
  146. DE LA CRUZ, SOR JUANA INÉS
  147. EUCARISTÍA; distribución a los indios
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  149. DIÓCESIS; Solicitudes de Creación
  150. DERECHO DE ASILO EN LAS IGLESIAS

viernes, marzo 24, 2017

LA OBRA DE SANTO TORIBIO EN LA EVANGELIZACION Y LA FORMACION DE LA CONCIENCIA NACIONAL EN EL PERÚ

LA OBRA DE SANTO TORIBIO EN LA EVANGELIZACION Y LA FORMACION DE LA CONCIENCIA NACIONAL EN EL PERÚ[1]

Víctor Andrés Belaunde

Hemos considerado como un sólo período en la conquista espiritual del Perú, el que va desde la llegada de los primeros misioneros y se extiende hasta el advenimiento de Santo Toribio. Esta etapa comprende los primeros viajes y excursiones misionadas, la fundación de los conventos, el establecimiento de las reducciones y de las doctrinas, la acción del primer Obispo (después Arzobispo) de Lima, y por último, la acción del Estado que encarnó Toledo. Este es el período heroico de la creación. Hemos visto cómo se destacan los problemas relativos a los regulares como doctrineros y los abusos de los curas y la jurisdicción de los Obispos. La obra emprendida exigía un nuevo impulso, no sólo para conservar y consolidar lo creado, sino para mejorarlo y difundirlo. Las dificultades vencidas surgían de nuevo, pareciendo insuperables. Las distancias y lo abrupto del territorio continuaban obstaculizando el progreso misional. Era muy difícil mantener el impulso heroico de los primeros días. Aparecían la mediocridad y el egoísmo inevitables en toda obra humana. El único factor antiguo definitivamente dominado fué la anarquía política, reemplazada por la afirmación de la autoridad estatal. que culminó en la obra del Virrey Toledo. Sus sucesores defendieron la Colonia de los peligros externos, mantuvieron el orden jurídico y prestaron a la Iglesia el apoyo necesario. Era indispensable que en este momento surgiera una personalidad genial bajo cuya inspiración se consolidara definitivamente la obra realizada.

Providencialmente apareció en la historia del Perú la egregia figura de Toribio de Mogrovejo. Elegido entre los seglares piadosos de elevada cultura, su elevación al Episcopado tuvo los caracteres de un llamamiento excepcional al cual él supo corresponder con la entrega y la oblación absoluta de un apóstol. Para su importante misión tuvo sobre todo Santo Toribio un sentido heroico de la vida, común a la élite española de su tiempo, y además del sello de verdadera autoridad, y de la inspiración de una auténtica cultura teológica y jurídica, ese quid divinum que diferencia a los santos de los demás mortales. Y como feliz culminación de todas estas raras prendas, poseyó la visión amplia y profunda de la enorme misión que el Papado y la Monarquía le confiaban. Pocas veces un hombre estuvo más preparado moralmente y mejor apercibido para llevar a cabo un glorioso destino.

Educado en el Colegio de San Salvador de Oviedo, en Salamanca, adquiere la mejor educación jurídica y teológica que podía darse entonces. Pasó luego como Inquisidor General a Granada, donde se distingue por su sabiduría y sagacidad, y, sobre todo, por su virtud. Ahí le sorprende el llamamiento del Rey que más parece haberse debido a una inspiración que a los consejos e influencias que obran en ocasiones semejantes. Siente como una súbita iluminación este llamamiento que él considera una misión que, por medio del Monarca, le confiere el mismo Dios, y se ~percibe al largo viaje que realiza preparándose con el mejor conocimiento de las tierras de los naturales y de la lengua de la región que debía gobernar espiritualmente. Montalvo, su insigne biógrafo, nos ha dejado, en páginas de sobria elegancia, a pesar del barroquismo dominante, los perfiles del Santo, cuando dice por ejemplo respecto de su humildad: "No era altivez aquella grave compostura, sino conocimiento de los que representaba; pedía reverencias cuando hacía veces de Dios, y sólo desprecios cuando hablaba por sí".58

 El nuevo Arzobispo se dio cuenta inmediatamente de que la catequización de los indios constituía la parte fundamental y original de su obra. Es cierto que la administración eclesiástica respecto de las ciudades hispánicas presentaba también problemas más graves que en las diócesis peninsulares; pero al fin, estos aspectos de la administración episcopal suponían una labor ordinaria y en vías de consolidarse. En cambio, el problema lleno de inquietantes complicaciones era el de la catequización de los indios. El Arzobispo vio claramente que ésta no podía efectuarse sin la utilización de los idiomas autóctonos. De aquí que sus primeros afanes se orientaran a componer catecismos en quechua y en aimara, "las lenguas más generales y usadas en estos tiempos" 59• Buscó la ayuda de los teólogos doctos y lingüistas expertos para que también hubiera conformidad en la doctrina cristiana en el lenguaje de los indios 60•

Naturalmente, esta idea fue aprobada por el Concilio Provincial que resumo. El Santo comprendió que, de modo general, la política seguida por los corregidores ofrecía obstáculo a la evangelización, y dirigió al Rey insistentes cartas delatando los abusos que cometían al obligar a los indios a trabajar y al retener los fondos de las comunidades que deberían emplearse en socorrer a los indios necesitados 61• En una palabra, Santo Toribio viene a confirmar la opinión de todos los misioneros sobre las trabas que presentaban los corregidores al bienestar de los indios. En dos empresas fundamentales se refleja la obra de Santo Toribio respecto de los indígenas. Primera, la convocación de los concilios para dar a la catequización mayor autoridad y armonía y cumplir además lo dispuesto por el tridentino; y segunda, la prolija visita del inmenso territorio diocesano. Santo Toribio convocó en 1583 el tercer Concilio diocesano, al que asistieron los Obispos de Quito, Charcas, Cuzco, Santiago y Tucumán. El Concilio luchó contra el grave inconveniente de las denuncias y reclamaciones presentadas contra el Obispo del Cuzco. Santo Toribio quiso que esas reclamaciones se tramitaran sin la presencia del Prelado acusado, pero a ello se opuso la mayoría de los Obispos; la actitud enérgica del Santo llegó a producir la intervención de la Audiencia de Lima.

A pesar del desmedro que para la autoridad del Concilio entrañaba este desacuerdo y la consiguiente demora de los trabajos, la tenacidad del Arzobispo logró la conclusión de éstos en los puntos que interesaban al programa del egregio prelado. Se aprobó la redacción de un solo catecismo; que los indios aprendiesen en su propia lengua las oraciones; que se les diera el Viático y la Comunión Pascual y que nada se les llevara por administrarles los Sacramentos. En cuanto a la instrucción de los indios, conviene transcribir lo ordenado por el Concilio en su canon 45: "Tengan por muy encomendadas las escuelas de los muchachos los curas de yndios y en ellas se enseñen a leer y escrivir y lo demás y principalmente que se abecen a entender y hablar nuestra lengua española y miren los curas que con occasion del escuela no se aprovechen del servicio y trabajo de los muchachos, ni les enbien a traer yerba o leña, pues encargan en esto sus conciencias con obligación de restituyr. Enseñen también la doctrina christiana a los niños y niñas, y no les ocupen en sus aprovechamientos, mas despidanlos temprano, para que vayan a sus casas, y sirvan y ayuden a sus padres, a los quales guarden respeto y obediencia". 62

Cabría también referirse a las prescripciones que establecen penas a los curas de indios que contratan y granjean con éstos; que disponen que los curas visiten los pueblos, por lo menos siete veces al año; que no dejen de dar el Santísimo Sacramento a los indios que, habiendo sido examinados, hallaren tener inclinación y deseo de la comunión; que los indios tengan libertad de casarse fuera de su ayllo; y que a cada parroquia no se le den ni señalen más de cuatrocientos indios tributarios. El estudio de las disposiciones del Concilio revela la más profunda preocupación por la evangelización, y el propósito de llevarla a cabo con toda eficacia, defendiendo al mismo tiempo los legítimos intereses de los indígenas. La obra del Concilio fue apoyada por memoriales que inspiró Santo Toribio. En uno de ellos denunció como abusivo el cobro de las tasas en plata que obligaba a los indios a buscarla alquilándose en distintos trabajos. Santo Toribio criticó severamente la mita que forzaba a los indios a dejar sus mujeres e hijos. En síntesis, puede decirse que por obra de los decretos del Concilio y del memorial en que se le apoyó, la Iglesia fue consecuente con la actitud de los primeros misioneros en la defensa de los aborígenes. La obra de este Concilio fue confirmada y completada por el de 1591. Se sujetó a los curas y religiosos al derecho común, de acuerdo con el Concilio de Trento y se prohibió la intromisión de legos, bajo uno u otro pretexto, en los asuntos eclesiásticos. 63

Respecto de las visitas diocesanas, causa asombro al historiador con~ temporáneo seguir el itinerario de Santo Toribio al viajar por su diócesis, atravesando desiertos, escalando montañas, pernoctando en punas y desafiando peligros sin cuento. Santo Toribio fue el paradigma del pastor ambulante; su ansia era conocer a todas sus ovejas para remediar sus necesidades. Hay que tener en cuenta que la arquidiócesis de Lima comprendía las dos terceras partes del Perú actual y que el Santo quiso visitar pueblo por pueblo, sin omitir ninguno. Recorrió más de seiscientas leguas, bautizó y confirmó miles de almas. La relación de su primera vi~ sita constituye el primer censo del Perú, pues indica respecto de cada pueblo el número de indios tributarios, y, en muchos casos, incluye da~ tos sobre las haciendas y ganados. La primera visita del Santo probó la realidad y trascendencia de la obra misional y doctrinera. Casi todos los pueblos tenían ya iglesia, casa cura, concejo, cárcel y hospital.

La lectura de la relación de esta primera visita lleva a concluir que se había producido la transformación estructural del Perú. Las comunidades y los pueblos -conservando sus caciques, habían entrado dentro de los cuadros de los concejos y corregimientos establecidos por la administración española. Las huacas, sepulturas y montículos habían sido sustituidos en gran parte por iglesias. Los pueblos y aldeas debe~ rían tener otra fisonomía, a causa de los nuevos edificios: templo, casa comunal y hospital. La visita del Arzobispo sirvió para mejorar la condición de las iglesias, para la continuación de las fundaciones, para la creación de hospitales y mejor funcionamiento de los existentes, y sirvió, sobre todo, desde el punto de vista moral, de vigilancia, estímulo, aliento y ejemplo para curas y feligreses. Un hálito de santidad y de fervor pasó por el territorio nacional en los viajes del Santo. La presencia del gran apóstol tenía que despertar la fe en los que no la tenían y avivarla en los indiferentes y tibios. Sobre esto tenemos un testimonio elocuente. El propio Santo nos dice 'cómo se extendía la caridad en los indios: "y de los indios se habrá junta~ do de limosna dos mil cabalgaduras poco más o menos, y mucha plata, ropa y maíz, ganado y trigo con tanta caridad, que yo he quedado admirado, yéndose muchos a buscar para dar limosna, diciendo que querían haden bien por sus almas. . . y se darían muchas gracias a Dios, de ver y entender la voluntad y el ánimo con que estos indios ofrecían la limosna y la inclinación tan santa que han tenido". 64

Sin embargo del carácter heroico de las visitas de Santo Toribio y de su insustituible valor, no sólo para el ambiente religioso del Perú, sino para el conocimiento en esa época de la realidad de nuestro país, fueron censuradas por el Virrey García Hurtado de Mendoza, el cual decía en su carta al Soberano: "Ni yo he visto al arzobispo desta ciudad ni esta xamas en ella y da por escusa que anda visitando su Arzobispado, lo qual tiene por de mucho inconveniente porque! y sus criados andan de ordinario entre los yndios comiéndoles la miseria que tienen y aun no sé si hacen otras cosas peores, de más de los inconvenientes que se sigue de que el arzobispo falte de su iglesia; y también se mete en todas las cosas del patronazgo y no hallo podernos averiguar con él para que los nombramientos derechamente como está obligado, y se entremete todo lo que toca a hospitales, fabricas de iglesias, y todas las demás cosas que son del patronazgo Real".65

Tanto por esta Carta como por la equivocada interpretación que se dio a unas letras de Santo Toribio enviadas a Roma, acerca de la provisión de Obispos, el Rey ordenó a Hurtado de Mendoza que se le amonestara, por Cédula de 29 de mayo de 1593, amonestación a la que, con toda humildad, se sometió el Santo, no sin escribir al Monarca, en carta de 10 de marzo de 1594, las emocionadas líneas que son su lapidaria biografía: " ... esperaba que los trabajos que he pasado des pues que vine a este reino que abra mas de doce años que han sido continuos, discurriendo por este distrito, visitando mis ovejas y confirmando y exerciendo el oficio pontifical por caminos muy travajosos y fragosos, con fríos y calores, y rríos y aguas no perdonando ningun travajo. aviendo andado mas de tres mili leguas y confirmando quinientas mili animas, y distribuyendo mi renta a pobres con ánimo de hacer lo mismo si mucha mas tuviera, aborresciendo al athesorar hazienda, y no desear verla para este efecto mas que al demonio; fueran de consideracion todas estas cosas antes los ojos de vuestra alteza como lo seran, entendiendo estas verdades que aqui digo". Más adelante expresa: "Y si a vuestra alteza le paresce que no soy merecedor de lo que tengo, dándome vuestra alteza y su santidad licencia para poderlo dejar y recogerme a alguna parte para quitarme de estas pesadumbres y cuidados, conservándose en esta parte la dignidad Arzobispal como fuere razón; lo hare de muy buena gana como la divina majestad se sirva y si no conviniere hacerse ansi ni servirse nuestro señor dello, no rrehusare el travajo aunque pase mas persecuciones; y esto represento a vuestra alteza con sentimiento y dolor y encarescimiento que por esto no sabré decir, deseando que nuestro señor alumbre el entendimiento a todos y perdone a lo que hubieren herrado y levantadme tan grandes testimonios, y referido cosas contra la verdad, y quales hayan sido sus intenciones buenas o malas Dios lo sabrá". 66

Esta carta produjo efecto en el ánimo del Rey, pues Don Felipe puso al margen de ella la nota siguiente: "Por la autoridad y decencia del prelado no conviene que el Virrey le dé en estrados la reprensión pública que aparece". 67

Quiso Dios premiar el celo del Santo permitiendo que muriese en plena obra en la soledad del pueblo de Zaña. Leemos con emoción en Montalvo los últimos momentos del Santo, nimbados de poesía y anunciadores de su glorificación. El 23 de marzo. Jueves Santo de 1606, al ritmo de los salmos, que acompañaba en el arpa Fray Jerónimo Ramírez, entregó el alma a su Creador el gran apóstol de la evangelización en el Perú. Respecto de su inmensa obra, vale la pena citar el testimonio de un documento producido a raíz de su muerte. Nos referimos a ·la Relación y Memorial de 1598, publicado por García lrigoyen, en que se dice que el Santo pasó: "predicando a los indios y españoles, a cada uno en su lengua, y confirmando mucho número de gente, que han sido más de seiscientas mil ánimas a lo que entiendo y ha parecido, y andado y caminado más de cinco mil leguas, muchas veces a pie, por caminos muy fragosos y ríos" 68•

Confirma su celo apostólico el proceso de beatificación. "En el amor del prójimo, fue ardentísimo el deseo de la salvación de las almas, no perdonando trabajo ni peligro, visitando y confirmando, predicando aún a los indios por su propia persona y socorriéndolos en sus necesidades y enfermedades a todos los pobres, dándoles largas limosnas, gastando en esto toda su renta con tanto desinterés que no sabía qué cosa era dinero ni codicia, hasta quitar de su propia persona y casa lo necesaria, porque no saliese de ella sin remedio la necesidad, sin decir a nadie mala palabra ni desabrida respuesta". 69

Y en el Decreto de beatificación se dice, hablando de las 1 virtudes del Santo: "Y en primer lugar, la del amor de Dios, no sólo llegar al grado de suficiente, sino aventajarse maravillosamente, de modo que la vida de dicho siervo de Dios se compuso de perpetua oración, o de establecer la fe católica en la nueva Cristiandad del Perú, con solicitud continuada, y en el continuo estudio de introducir la observancia en los decretos del Santo Concilio Tridentino; y en lo que toca al amor del prójimo no haberse concedido. asimismo, el siervo de Dios, lo que conocía ser necesario a los otros"70

NOTAS:

58 Francisco Antonio de Montalvo, El Sol del Nuevo Mundo (Roma, 1683), p. 271. ~9 Carlos García<> lrigoyen, Santo Toribio (Lima, 1906), IV, p. 11. 60 ibíd. .. p. 41. 61 /vid. • p. 34, 97. 128. 263. 62 La Iglesia de España en el Perú. Vol. 111. n. 12. p. 136.- Levillier (Organización de la Iglesia) ha publicado en extenso los cánones del Concilio de Santo Toribio. 63 Vargas ligarte, op. cit., p. 417. 64 García lrigoyen. op. cit., 11, p. 246. 65 Levillier, Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo (Madrid, 1920), p. 9-10; y en Organización de la Iglesia, l. p. 487. 66 Levillier, Santo Toribio, p. 13-14. 67 El Padre Leturia, en su magnífico trabajo sobre el Santo (Vid. Renovabis, 1945), cita los textos de Monseñor García lrigoyen y Levillier. 68 García Irigoyen, op. cit., p. 239. 110 Ibíd... III, p. 19. 70 Ibid. p. 53.



[1] V.A. Belaunde dictó el curso "La evangelización y la formación de la conciencia nacional en el Perú" en el Instituto Riva Agüero con cuatro conferencias publicadas en el BIRA  Boletín del Instituto Riva Agüero, PUCP. Nº1 Lima. 1951. http://www.acuedi.org/ddata/6019.pdf  Transcribo su texto sobre Santo Toribio pp.45-109, actualizado en su obra de madurez Peruanidad  Capítulo "La obra de Santo Toribio" pp.175-262 En Fondo del Libro del Banco Industrial del Perú, Lima 1983.

jueves, marzo 16, 2017

TODOS LOS SANTOS TORIBIO

TODOS LOS SANTOS TORIBIO

 

1.      Santo Toribio de Astorga fue un obispo del siglo IV que, de joven, estuvo en Jerusalén custodiando las reliquias de Jesucristo y que obtuvo permiso del Papa de la época para trasladar el brazo izquierdo de la Cruz de Cristo hasta Astorga. Combatió la herejía de Prisciliano.  Esta reliquia así como sus restos, una vez muerto, eran de enorme valor para la cristiandad. Es por ello que todo se trasladó hasta Liébana ante el inminente avance de la invasión de los musulmanes.

 

 

2.      Santo Toribio de Palencia fue un monje del siglo VI, que llegó a Liébana con la intención de vivir una vida sencilla, en conexión con la naturaleza y con Dios. Este monje, junto a sus compañeros construyó un oratorio que posteriormente se convertiría en templo de estilo románico en honor a San Martin de Turieno o, lo que es lo mismo, al monje francés San Martin de Tours. Fueron, así, los monjes de esta orden, los primeros pobladores del que se convertiría en un momento dado, en el principal centro de peregrinación de toda Europa. Es muy popular la romería en su honor en la ciudad de Palencia donde se reparte pan y queso para resarcirse de las piedras con que le recibieron sus enemigos. http://www.elnortedecastilla.es/20120321/local/palencia/verbenas-teatro-fuegos-artificiales-201203211017.html

 

3.      Santo Toribio de Liébana. Es posible que a mediados del siglo VIII, una vez consolidada la Reconquista en la zona de Liébana, se trajesen aquí (monasterio de San Martín de Liébana, que con el tiempo tomó el nombre de Santo Toribio de Liébana) los restos del obispo Toribio de Astorga y las reliquias del Lignum Crucis. Este año se celebra el Jubileo Lebaniego. http://www.jdiezarnal.com/santotoribiodeliebana.html

 

4.      Santo Toribio Mogrovejo. (Mayorga 1536-Lima 1606). Segundo arzobispo de Lima, confirmó a un millón de personas entre los que se encontró Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres, recorrió unos 40.000 kms en sus visitas pastorales, convocó y celebró tres concilios y 13 sínodos. Es el patrono del episcopado latinoamericano.


5.      Santo Toribio Romo. Nació en Santa Ana de Guadalupe, ranchería (actualmente, con 390 habitantes) que pertenece al municipio de Jalostotitlán, en la zona de Los Altos de Jalisco, el 16 de abril de 1900. En la aldea de Tequila, en el territorio de Guadalajara, en México, santo Toribio Romo, presbítero y mártir, que a causa de su condición sacerdotal fue asesinado en tiempo de la persecución religiosa (1928) contra los cristeros. Es patrono de los emigrantes. Fue canonizado el 21 de mayo de 2000 por el Papa Juan Pablo II.

6. Fray Toribio de Benavente, Motolinía Nació en Benavente (Zamora, España). Aunque es el único no canonizado de la serie, lo incluyo por su importancia. Su apellido era Paredes; adoptó el de su villa natal en la Orden franciscana y el apodo de Motolinía, «el pobrecillo», con que es más conocido en México, donde será un misionero y cronista ejemplar. Residió los últimos años de su vida en la capital, donde falleció en 1565.

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