domingo, septiembre 21, 2014

El Legado de Santo Toribio de Mogrovejo


PERÚ

El Legado de Santo Toribio de Mogrovejo

Eva Luz Dávalos
24/01/2011 Revista HUELLAS, Comunión y Liberación

El 2010 ha sido un año de mucha gracia. Una de la más importantes es que, con ocasión de la apertura de la celebración del Centenario de la presencia pastoral en la parroquia de nuestra ciudad, el padre Humberto Ayala y la pastoral educativa, a cargo de Irene, responsable de CL en Chosica, tomamos la iniciativa de exponer durante los días 29 a 31 de octubre la muestra sobre la vida de nuestro II Arzobispo en el Perú. La exposición había sido elaborada hace cuatro años por la Universidad Católica Sede Sapientiae de Lima.
Los integrantes de la pastoral educativa creemos que difundir la vida de Santo Toribio de Mogrovejo ha sido el modo mejor para abrir las celebraciones del centenario de la parroquia que lleva su mismo nombre. Ya teníamos la experiencia del año anterior, cuando 140 alumnos hicieron de guía para presentar la vida de San Pablo a través de la exposición titulada Camino a Damasco.
Llevar a cabo la exposición sobre Santo Toribio ha sido todo un reto. Cada uno tenía su tareas e Irene tenía que ocuparse de las gestiones. Sin embargo, por motivos familiares, quince días antes tuvo que viajar junto a su esposo a Guayaquil. Entonces tuvimos que asumir nosotros la organización y coordinar a los directores y profesores de formación religiosa de los ocho colegios que este año nos han acompañado en esta labor misionera.
Fue realmente conmovedor ver a más de 150 adolescentes, de entre 13 y 17 años, prepararse para ser guías de la exposición, y luego hacerlo cada colegio en el horario que le correspondía. El arquitecto Luis Villacorta vino a preparar tanto a los alumnos como a los maestros. Nos mostró la valiente labor misionera de Santo Toribio de Mogrovejo, a quien presentó como una mezcla de Indiana Jones y la madre Teresa, para llegar a los lugares más inhóspitos del Perú del siglo XVI, para anunciar quién es Cristo, bautizarlos y acompañarlos como buen pastor. "Santo Toribio no perdió su tiempo" en llevar la buena nueva a quien lo necesitara; defendió los derechos humanos de los indígenas y esclavos; aprendió y promovió el respeto y aprendizaje del quechua, aymara y todos los idiomas y dialectos existentes; promovió a través de la educación, el arte, la música, la pintura, la arquitectura y el canto, el amor de Cristo; se enfrentó a veces a los reclamos del virrey por su labor misionera. Conocer todo esto realmente ha sido evangelizarnos, primero los maestros, para luego comunicarles a nuestros alumnos. 
Antes, yo desconocía esta parte de mi historia. La he podido conocer a través de amigos que buscan la verdad y nos han acercado el legado de Santo Toribio para nuestra vida hoy. Uno de mis colegas, el profesor Jesús Arauco, estaba sorprendido y conmovido, luego nos contaba que esta exposición ha supuesto para él un reencuentro con la fe. 
Irene llegó a pocos días de la exposición para comprobar que todo estuviera listo. De ella aprendemos a "cuidar los detalles", la decoración y el salón. Nos ayudaron el profesor Julio y el profesor William; Enzo se encargó del sonido y la iluminación; los profesores Jesús, Javier, José Mario y Ulbert se encargaron de la preparación de los alumnos y una madre de familia, Mildred, participó desde el comienzo en la pastoral educativa. También participaron Martha y el señor Alvino, y todos los directores, profesores y padres de familia de los ocho colegios implicados. 
En la inauguración conocimos al padre Agustín, Superior de la casa de los Agustinos, un sacerdote español que, emocionadísimo, nos dijo: "En nuestra historia hemos tenido a tres santos que fueron llamados siendo laicos, san Agustín, san Ambrosio y santo Toribio de Mogrovejo. ¡Y vaya si estamos ante uno que con su vida comunicó el amor de Cristo en América!". 
En esa misma semana, mientras los noticieros comunicaban un caso dramático de bulling, en Chosica teníamos a más de 150 chicos de diferentes colegios que, con alegría, durante un fin de semana hicieron de guías contando la vida de Santo Toribio de Mogrovejo. Verlos realmente fue un regalo para aprender a mirar nuestra vida como Cristo la mira.


sábado, septiembre 20, 2014

Santo Toribio Mogrovejo: "SI TAN HERMOSA ES NUESTRA SEÑORA PINTADA (por Mateo Pérez de Alesio), QUÉ TAL SERÍA EN EL CIELO"

Les comparto un bello testimonio de Santo Toribio acerca de este célebre cuadro.

 

Ente los testigos que declaran en el proceso de beatificación, en septiembre de 1659, en el obispado de Trujillo, está Francisco Sánchez Nieto, natural de Trujillo, hijo de Rodrigo Díaz Nieto y de María Fernández y su ocupación es de arte de pintor, de 78 años, pintor.

 

Dice que conoció al Santo  "con ocasión de haberle confirmado en la doctrina de Ferreñafe que es de este obispado de Trujillo habrá 60 años poco más o menos y por haberle visto después muchas veces en la ciudad de Lima y haberle hablado una vez con ocasión de llevarle este testigo un lienzo de pintura de Nuestra Señora de Belén que le envió con este testigo el Maestro Mateo Pérez de Alesio que entonces se hallaba en la dicha ciudad de Lima y fue en presencia de dos estudiantes criados del dicho siervo de Dios"

 

Y especialmente sabe por haberlo visto yendo este testigo en cierta ocasión estando en la ciudad de Lima a llevar al dicho siervo de Dios Don Toribio una pintura de Nuestra Señora de Belén que le enviaba su Maestro Mateo Pérez  Alesio y dándosele al dicho siervo de Dios, el cual viéndola se puso a decir que si tan hermosa era Nuestra Señora pintada qué tal sería en el Cielo y que en esta ocasión vio este testigo que un pobre llegó a pedir una limosna al dicho siervo de Dios en presencia de dos criados suyos que estaban en hábito clerical de cuyos nombres no se acuerda y que no teniendo el dicho siervo de Dios otra cosa que darle le dio una fuente de plata encargándole el recato en llevarla pero luego fue visto el dicho pobre de la familia con que le dieron por orden de la señora doña Grimanesa Lazo, hermana del dicho siervo de Dios 40 o 50 pesos que le parece por el rescate de la dicha fuente". 

viernes, septiembre 19, 2014

CONFERENCIA La Inquisición en el Perú en tiempos de Santo Toribio. D. Fernando Ayllón, director del Museo


 Dr. Fernando Ayllón Dulanto

Director del Museo de la Inquisición y del Congreso del Perú


Conferencia 


La Inquisición en el Perú en tiempos de Santo Toribio

 

Miércoles 24 de septiembre del 2014


8.30 a.m.

 

Cátedra "Santo Toribio"

 

Aula VII

Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima

 

Ingreso Libre


miércoles, septiembre 10, 2014

PROMOCIÓN HUMANA Y SOCIAL EN LOS CONCILIOS Y SÍNODOS DE SANTO TORIBIO

PROMOCIÓN HUMANA Y SOCIAL EN LOS CONCILIOS Y SÍNODOS DE SANTO TORIBIO

 

Nuestra pretensión ahora será recoger tales cánones de promoción humana diseminados en los distintos documentos pero que nos ofrecen todo un programa de capacitación del indio en valores humanos como condición indispensable e inseparable de la evangelización: promocionar humanamente al indio. El deseo del Sínodo Limense de 1592[1] formula las intencio­nes de todas estas reuniones. "que se haga todo en mayor comodidad y beneficio de los indios"(c.28). Muchos de los títulos de las constituciones sino­dales o conciliares parecen estar sacadas de las recientes declaraciones de derechos humanos. El Concilio Provincial de Santo Domingo de 1622[2] titula así uno de sus aparta­dos: "Declara­ción del Concilio en favor de los indios" y continúa: "Para atender a la utilidad espiritual y corporal de los in­dios, declaramos que, no sólo lo tratado en esta sesión, sino también lo tratado en las otras sesiones de este Concilio que les pueda aprovechar, debe ser observado, con tal que no sea contrario a lo aquí dispues­to" (IX, 7).

 

Como muy certeramente destaca J.A. de la Puente, Mogrovejo fue un "obispo doctrinero, obispo con vocación de párroco" que "en la entraña de su acción apostólica" coloca "en primerísimo lugar, la incorporación del hombre andino a la fe cristiana y a la vida de la Iglesia", pero simultáneamente "se desarrolla el proceso de la formación del hombre peruano" y adquiere la noción de persona. Nuestro arzobispo empeñará su vida en esta misión. La visita permanente, los escritos sinodales, las cartas, los informes son buena muestra de ello. Y, lo más importante, es la sensibilidad especial que se vive en la arquidiócesis, tal como nos muestra el presente Memorial elaborado por el P.Francisco de Angulo en 1592, encaminado a informar de primera mano la cruda realidad los indios:

 

"Los españoles y encomenderos están tan apoderados y señores de los indios, que no hay esclavitud ni cautiverio en Berbería ni en galeras de turcos de más sujeción, porque, desde que nacen hasta que mueren, padres e hijos, hombres y mujeres, chicos y grandes sirven personalmente en granjerías exquisitísimas de los amos, sin alcanzar los pobres indios una camiseta que se vestir ni a veces un puñado de maíz que comer. Y así se van muriendo a grande prisa. Vª Sª, como metropolitano, podrá tratar con S.M. y con el Sr. Virrey saquen esta mísera gente de este cautiverio tan estrecho, quitándoles el servicio personal".

 

Estas denuncias y lo que él propiamente vio le llevará a elaborar todo un programa de lucha por los derechos humanos, de educación en valores, de desarrollo integral, que registra en los cánones de los concilios y sínodos.

 

 

1. Quitar los obstáculos

La primera tarea para construir el edificio pedagógico del educando, en este caso el indio, consiste en remover una serie de obstáculos que lo dificultan[3].

Al respecto, el P. Acosta, fiel secretario de Mogrovejo en el C3L, constata que

 "ni en la paz ni en la guerra, en el descanso ni en el trabajo, en la vida pública ni en la privada, nada son capaces de hacer sin que preceda el culto idolátrico; no se regocijan en sus bodas, ni lloran en sus entierros, ni dan o reciben banquetes, ni salen de casa, ni comienzan el trabajo, sin que acompañe el rito supersticioso"[4]

  Desde los tiempos del primer arzobispo, Loayza, se insiste en averiguar "dónde tienen sus guacas y adoratorios y hacer que los deshagan, poniendo en ellas cruces si los lugares son decentes para ello" (Instrucción sobre la doctrina (1545): E. LISSON La Iglesia de España en el Perú, I/4, 136.

En el C1L se mandó que "no solamente se ha de procurar hacer casas e iglesias donde nuestro Señor sea honrado, pero deshacer las casas que están hechas en honra y culto del demonio [...] todos los ídolos y adoratorios que hubiere en pueblos donde hay indios cristianos, sean quemados y derrocados; y, si fuere lugar decente para ello, se edifique iglesia o a lo menos se ponga una cruz". Se aboga por su destrucción de la idolatría (C2L, C.96) y se pide colaboración a los organismos civiles para acabar con ella. El C3L ordena la detención de indios hechiceros y que los "juntasen en un lugar...de modo que no pudiesen con su trato y comunicación infeccionar a los demás indios"(II, c.42).

Las extralimitaciones que sin duda se dieron por parte de las autoridades civiles en la aplicación de tales medidas, obligaron a Mogrovejo a dictar un canon en el Sínodo de 1586 en el que advierte a las justicias seculares que no conozcan de idolatrías por considerarlo injerencia en el campo eclesiástico(c.19). La segunda lacra que se pretende abatir será la borrachera[5], denunciada en el Sínodo de 1585 en estos términos:

"...hay entre los indios un abuso común y de gran superstición de sus antepasados en hacer borracheras y taquíes y ofrecer sacrificios en honra del demonio en los tiempos de sembrar y coger y en otros tiempos cuando por ellos se comienza algún negocio que les parece importante"(c.76)

Este mismo sínodo prohíbe el que se haga "azúa con jora y yuca"(c.46) (la chicha) por ser dañosa para la salud y causar muertes a los indios. Se impondrán fuertes sanciones, se prohíbe su fabricación y se pedirá al cacique su colaboración so pena de perder el cacicazgo (C3L, IV, 7).

 

2. Reducciones de pueblos

 Otro de los temas debatidos y de importancia capital para la evangelización correcta fue  someter a los indios a reducciones. Todos los misioneros coinciden en afirmar la necesidad de reunir a los indios para darles una formación política, humana y cristiana. El C3M llegó a formular en un canon: "los indios no vivan dispersos en  las soledades, sino que se reduzcan a pueblos numerosos y vivan en sociedad (...) de lo que depende la conversión de los indígenas y la reforma de costumbres"(Lib.1º, III). El Sínodo de 1588 se expresa en este sentido:

" Que los clérigos de las doctrinas den aviso a los virreyes y gobernadores de la necesidad que hubiere de hacer puentes, caminos y reducciones que convinieren hacerse en sus doctrinas para poder hacer la doctrina como corresponde"(c.26).

  El Sínodo de 1594 vuelve a insistir a los curas que "no permitan ni den lugar que se deshagan las reducciones de los pueblos de sus doctrinas"(c.2). Sin tener en cuenta los utópicos planteamientos de hombres como el P. Las Casas que defendían los derechos "a la libertad montaraz del indio, propugna y exige de los poderes públicos, las reducciones a pueblo como instrumento de civilización y doctrina".

 

3. Escolarización

De no menos importancia fue el problema de la escolarización. Así vemos como al calor del C3L surgen en Perú los colegios de Quito o del Sol, San Bernardo en Santa Fe de Bogotá, S. Francisco en Tucumán, Colegio del Príncipe en Lima y el de San Juan de Letrán para mestizos. En concreto en el C3L se dedica todo un capítulo al tema de la educación de los niños cuidando que sólo ése sea el objeto de la escuela como podemos ver en el siguiente párrafo:

"Tengan por muy encomendadas  las escuelas de los muchachos los curas de indios y en ellas se enseñen a leer y escribir y lo demás y principalmente que se abecen a entender y hablar nuestra lengua española y miren los curas que con ocasión de la escuela no se aprovechen del servicio y trabajo de los muchachos, ni les envíen a traer yerba o leña...enseñen también la doctrina christiana"(II, c.43).

Un problema capital que deben resolver para la escolarización es la lengua común. Continuamente se ordena la enseñanza en "la lengua del Cuzco, y en la Aimara"...pues les basta y aún les es muy mejor saberlo y decirlo en su lengua"(C3L, II, 6). Santo Toribio, siempre pragmático y detallista, impone como multa el tercio del salario al sacerdote que al cabo de un año no haya aprendido la lengua indígena (Sínodo de 1592) y ordena que los curas de indios aprendan la lengua de los indios en la Universidad o en la Catedral de Lima (c.12). Su sucesor, Lobo Guerrero, en el Sínodo de 1613 seguirá insistiendo en que enseñen a los indios en su lengua (lib.1º, tit.I, cap.II).

En el sínodo de 1591, Cusco, n.15: "Siendo tan necesario como lo es para que los indios se críen en policía cristiana, que en todos los pueblos haya escuela de niños y, estando encomendado y mandado por el Concilio Tercero de Lima a los curas de los indios que las tengan... mandamos que de aquí adelante...a los dichos muchachos se les enseñe la doctrina y costumbres cristianas, y leer y escribir y a los que mostraren buena voz les enseñan a cantar".

 

4. Formación humana

Con el término "policía" se designa toda una serie de valores humanos necesarios para civilizar, promocionar humana y socialmente a los indios. Abarcaba múltiples facetas: el habitar casas compartimentadas, la limpieza de sus viviendas, el aseo corporal, la urbanidad en el comer, el evitar la desnudez y el desaliño en el vestido, el saber gobernarse por sí mismos sin la dependencia servil del cacique o del encomendero, el preocuparse de la educación de los hijos, el prestar auxilios a enfermos y pobres, la enseñanza de la lectura y la escritura. El C3L destaca la vivienda digna

"En sus casas tengan mesas para comer y camas para dormir, que las mismas casas o moradas suyas no parezcan corrales de ovejas sino moradas de hombres en el concierto y limpieza y aderezo y las demás cosas, que fueren semejantes a estas, lo cual todo no se ha de ejecutar haziendo molestia y fuerza a los indios, sino con buen modo y con un cuidado y autoridad paternal"(C3L, V, 4)

el  vestido y la higiene: "poner particular diligencia en que los indios, dejadas sus costumbres bárbaras y de salvajes se hagan a vivir con orden y costumbres políticas, como es que a las iglesias no vayan sucios y descompuestos, sino lavados aderezados y limpios"(V,4)

Cusco 1591: "Que respeten a sus Padres y mayores, que anden limpios y duerman barbacoas y tengan limpieza  en sus casas" (XVII)

 

            5. Beneficencia

El P.Acosta, tan cercano en todo a nuestro Obispo, sentenciará:" Si tenemos sed de ganancias de almas no hay camino más compendioso que la beneficencia".En los sínodos y concilios se verá reflejada en:

a) Fundación y atención de hospitales

Aunque Carlos V ordenó a Pizarro la fundación de hospitales y el virrey Toledo publicó sus ordenanzas de 1575 en las que obligaba a los indios a tributar con un tomín de plata, apenas se habían construido en tiempos de Mogrovejo. Con motivo de su visita pastoral a Yungay donde celebra el III Sínodo, en 1585, impondrá a los párrocos la fundación de hospitales a costa del tomín (c.22).

Tal medida se recoge en la Recopilación de Leyes de Indias (lib.1º, tít.IV) y atenderá al indígena frente a riesgos imprevisibles. Para ello, fue necesario que el tomín saliese de las Cajas de Comunidad en poder de los corregidores. Así lo manifiesta en carta de 1589 a Felipe II:           "La causa de haberse hecho ha sido que la necesidad no daba más lugar, ni el dejarse de hacer se cumplía con el descargo de la conciencia de Vuestra Majestad y la obligación que tiene a que estos naturales sean tan favorecidos y amparados de su favor; me obliga, moviéndome a ello demás de lo dicho, la miseria, pobreza y calamidad en que estos miserables están puestos, que es tanta que si no es viéndolo en persona no se puede ni deja de entender"

Al conseguir en 1591 el cambio de situación de los bienes de hospitales por el Consejo de Indias, el prelado pasaba a intervenir en su administración tomando cuenta a los administradores y cobrando alcances. De este modo, el dinero comenzaba a invertirse en la finalidad que le otorgaba la ordenanza de Toledo. Los bienes patronados de hospitales serán bienes civiles y el Rey otorgaba al Arzobispo y a sus sucesores el derecho de intervención.

El Sínodo de 1592 será contundente:"Visitarán los hospitales de indios y de españoles; exigirán las cuentas a los administradores y corregidores y ecónomos, obligándoles con todo el rigor del derecho a intervenir estos bienes en lo necesario"(c.15). En su segunda visita general de 1593 los corregidores invierten el dinero del tributo en los hospitales ya fundados. Por esta razón, en el Sínodo de 1594, ordena que "los dichos corregidores de aquí en adelante no gasten ni distribuyan lo que pertenece a una iglesia y hospital en otros, sino que cada iglesia y hospital haya e goce de lo que fuere suyo y justamente le pertenece"(c.16)

De la lectura de los cánones sinodales se desprende el hecho de que el control administrativo se llevó escrupulosamente, sobre todo cuando la peste acometía las reducciones de pueblos.

 

            b) Obligaciones de los médicos  En el Sínodo de 1594 se advierte seriamente a los cirujanos que visiten todos los pueblos de indios: "Porque suele suceder que los cirujanos que son de las provincias de indios no visitan todos los pueblos que tiene la provincia donde son nombrados y señalados ni los hospitales que tienen a su cargo y llevan el salario de los bienes del dicho hospital por entero e estando obligados a visitar todos los pueblos de la Provincia acudiendo al bien y utilidad de los dichos indios, ordenamos e mandamos a los dichos corregidores no den ni paguen a los dichos cirujanos el salario de los pueblos y tiempo que no hubieren visitado y nuestros Visitadores haciendo lo contrario no se lo pasarán en cuenta en las visitas y rentas que les tomaren y se lo harán volver y restituir y meter en la caja de comunidad, donde se meten y ponen los pesos pertenecientes a los hospitales, de manera que los dichos cirujanos haya e cobren el salario que justamente les perteneciere y debiere"(c.17)

 

            c) Cuidado especial con los indios pobres

 El Sínodo de 1585 ordena que la tercera parte de los ingresos obtenidos de las penas sinodales " sea para los pobres de la misma parroquia"(c.2). Gran delicadeza y generosidad revisten los decretos que ordenan a los curas mendigar para os indios pobres. Así lo recoge el Sínodo de 1582: "Constituimos y mandamos que los curas pidan en sus parroquias los sábados y vísperas de Pascuas para los pobres vergonzantes, y en los lugares en donde hubiere Vicario pidan el Vicario y Cura juntamente, y en los demás se acompañen con la persona que les pareciese, y tengan cuenta y libro de la limosna que llega y como se distribuye para que haya cuenta y razón de ello, so pena que lo contrario haciendo serán castigados a nuestro albedrío"(c.13).

La práctica sigue vigente, enriquecida con interesantes matices: " Los curas de indios (...) pidan limosna todos domingos para los indios pobres de sus Parroquias, y la limosna que se recogiere se reparta entre los indios pobres, y tengan libros en que se asiente la dicha limosna y distribución de ella con día, mes y año, y la dicha distribución se haga ante los dichos nuestros curas, y ante los caciques e indios principales. Y asimismo mandamos que los curas de españoles pidan en sus parroquias todos los sábados del año y en las vísperas de Pascuas para los pobres vergonzantes"(c.2)

Tal preocupación no nos sorprende si consideramos la habitual munificencia del obispo que llega a repartir 128.OOO pesos a los pobres en el período comprendido entre 1584 y 1594.        

 

            6. Dignificación de la vida matrimonial

Aparecen continuas referencias a las costumbres de los naturales del Perú al institucionalizar su vida familiar. Buena muestra la ofrece el Sínodo de 1585: " Porque habemos entendido que en muchas partes y Doctrinas de este nuestro Arzobispado entre los indios hay una costumbre perniciosa de que antes que se casen se juntan primero y no se quieren casar diciendo que aún no se han pintado, ni se han conocido entendiéndolo en mala parte"(c.5O)

 

            a) Valoración del matrimonio prehispánico. El primero de los concilios limenses, de Jerónimo de Loaysa, formuló con claridad: " Porque la ley de gracia no deroga a la ley natural antes la perfecciona y entre los infieles, según se ha entendido por las diligencias que se han hecho, hay contrato matrimonial"(c.14) Para determinar la validez deberían examinar caso por caso en el bautismo de los indígenas.

            b) Catequesis sobre la doctrina cristiana matrimonial. Aunque se declara la capacidad para contraer matrimonio en virtud del derecho natural, se siente la necesidad de impartir una catequesis intensa sobre el matrimonio cristiano que corrige y sublima muchas de sus costumbres primitivas. Así se expresa el C2L, II, 6O: " se enseñe a los indios que el matrimonio entre cristianos es sacramento y se ha de tratar santamente y no marcharse con fornicación  y que es bien a los mozos y mozas casarlos con tiempo, antes que se estragen en pecados torpes".

            Los sínodos descienden a aspectos y detalles concretos en esta catequesis: "Los curas de indios de aquí en adelante tengan cuenta y muy particular cuidado de dar a entender y declarar a sus feligreses los impedimentos que impiden el matrimonio, y habiéndoseles dado bien a entender en las Iglesias, el tiempo que se amonestaren a los que se hubieren de casar, tengan asimismo después cuidado los dichos curas de examinar en particular a los caciques de la parcialidad de los que hubieren de contraer si tienen algún impedimento de los que se les han declarado" (Sínodo de 1585, c.28)

c) Investigaciones prematrimoniales y proclamas

La Iglesia equiparará el matrimonio de los indios con el de los españoles. No les dará un sacramento devaluado y, además de la catequesis, pondrá los medios oportunos para asegurarse de que los contrayentes son aptos para contraer el matrimonio. De este modo el C2L ordena que "los curas y demás indios sean advertidos de los impedimentos que entre cristianos hay para el matrimonio, y después se les pregunte en particular si tienen algún impedimento de los dichos indios que se dé su parcialidad se querían casar"(c.65)

Algún sínodo, con el fin de evitar posibles engaños, añade "otras (amonestaciones) particulares entre la semana en los días de Doctrina, por ser gentes los indios de poca capacidad"(1585, c.28).

d) Libertad para el matrimonio

Al luchar por crear un clima favorable a la libertad en el matrimonio, promoverán la condición de la mujer y la de los siervos indígenas. A tal fin, se establecen cautelas especiales y penas contra quienes intentasen coaccionarles. La amplitud de esta libertad abarcará desde el libre consentimiento matrimonial de los cónyuges hasta la libre elección de estado y la libertad para el uso del matrimonio ya contraído.

Así lo ordena el C3L:" Los esclavos y morenos, que quieren casar, o están casados, no sean impedidos de sus amos de contraer, ni usar de matrimonio, ni los esclavos ya casados se envíen o lleven o vendan en partes donde por fuerza han de estar ausentes de sus maridos, o mujeres perpetuamente o muy largo tiempo, que no es justo que la ley del matrimonio, que es natural se derogue por la ley de servidumbre, que es humana"(II,36)

 

7. Promoción social

El deseo del Sínodo de 1592 formula las intenciones de todas estas reuniones. "que se haga todo en mayor comodidad y beneficio de los indios"(c.28). Veamos alguna de sus manifestaciones concretas.

a) Protagonismo del indio

 Aparece claramente la intención de dar funciones relevantes a los indios en la tarea misional y civilizadora. Con  nombre de "fiscal","coadjutor","alguacil", se designan colaboradores directos del misionero, protagonistas del proceso. El Sínodo de 1585 indica a los curas de indios "señalen persona que tenga cuenta de los que fueren a misa y a la doctrina". El de 1586 dispone que tengan un padrón y libro donde anotar todos los indios " señalando personas en el padrón que cada una de ellas tenga cuenta con cierto número de indios para llamarlos y traerlos a Misa, de manera que cada uno dé cuenta al cura de los que tienen a su cargo (...) y señalando algunos fiscales para que no salgan de la Iglesia hasta que no se acabe la Misa"(c.4). La misma orden se da para el día de la doctrina.

            El Sínodo de 16O4 habla de "fiscales y otros ministros" como ayudantes del cura de indios para llamarlos a  "cada uno por su nombre por el padrón, haciendo allí cabeza algún indio señalado para esto que conduzca a los que están a su cuidado"(c.8).

            Otra forma de protagonismo es la concedida en cada pueblo parroquia de indios: " se señalase un padrino para los que se bautizan " por el ordinario del lugar, "el cual podrá también señalar más que uno, como viera convenir al número de gente, con tal de que los así señalados sean ciertos y tales que se les pueda encomendar la enseñanza de los hijos espirituales"(C3L, I, 1O)

b) Conocimiento personal

Se obligará a que el misionero conozca personalmente a sus indios, sobre todo mediante la participación en la liturgia y la administración de los sacramentos.

Se recomienda encarecidamente al obispo, "visitar sus distritos con verdadero afecto de padres", ya que "para conservarse el buen orden y disciplina eclesiástica, el principal medio y fuerza está en hacerse bien las visitas"- advierte el C3L (IV, 1).

Se desciende a detalles tan concretos como el que " totalmente se les quite a los indios el usar de los nombres de su gentilidad e idolatría y a todos se les ponga nombres en el baptismo cuales se acostumbran entre cristianos"(C3L,I,11), disponer de un "padrón para llamar a misa y doctrina a los dichos indios"(Sínodo de 1586,c.4), libros de bautizados y casados(1586,c.7), "que los curas envíen relación de los pueblos e indios que tienen a su cargo"(1592,c.2), "padrones de las confesiones de indios"(1584,c.1), "padrón y libro de todos los indios tributarios y demás ánimas de su doctrina"(1594,c.8)," que inscriban a todos los indios a los que se le ha administrado el viático y la extremaunción"(1594,c.41).

El Sínodo de Cusco de 1591 "para hacer los dichos padrones y reducir los indios ausentes a su doctrina, dentro de tres meses de la publicación de este sínodo, visitarán todos los curas de los dichos indios todos los guaycos y quebradaos, punas y pueblos viejos de sus curatos adonde residen indios, y a todos los reduzcan a sus doctrinas" (n.23)

c) Respeto a su integridad física

Entre los muchos atavismos de los indios figuran los sacrificios sangrientos, mutilación de algún miembro o su deformación mediante técnicas cruentas. El Sínodo de 1585  contiene la prohibición de la costumbre de amoldar las cabezas de los niños y de horadarle las orejas (c.74, c.75), tanto por estar vinculadas a prácticas idolátricas como atentar contra su propio derecho a una integridad física.

d) Sociolaboral

 El Sínodo de 1585 especifica distintas situaciones relacionadas con los derechos sociolaborales del indio: " Que nadie perturbe a los indios estando en la doctrina (...) so color de llevar los dichos indios a sus granjerías"(c.47). " Que ninguna persona compela a los indios a trabajar en las fiestas que ellos quisieren guardar, no estando obligados a ello"(c.52) " Que los indios de los obrajes vengan a la doctrina a las iglesias los días de obligación entre semana(...)Y donde los dichos obrajes estuvieren distantes en manera que no puedan acudir a la Doctrina los dichos días de obligación se les provea de sacerdote(...) para que los indios de los dichos obrajes puedan ir a trabajar a ellos, mandamos a los curas de indios digan la Doctrina muy de mañana para que los indios puedan ir a sus labores"(c.54)

El C3L establece el número de 3OO o incluso 2OO indios como número máximo para cada párroco, con el fin de evitar la masificación y sus inconvenientes. Se manda también que en las fábricas de paños, ingenios de azúcar o minas se les ponga un cura de indios adaptado a sus necesidades a tenor de las constituciones 3.13-14 que se ocupan del asunto.    

e) Respeto de sus derechos

De forma clara y rotunda el obispo de Mayorga exigirá a sus curas de indios que instruyesen a los naturales en las exenciones económicas, en sus privilegios y en sus derechos. Así lo formula el Sínodo de 1582: " tendrán particular cuidado los curas de indios, y Visitadores de dárselo a entender y declarárselo, y en particular cuando se hicieren las dichas visitas, para que entiendan lo que está proveído en su favor. Y los curas de indios tendrán cuidado de advertir a los indios de esto, y lo demás que está proveído en su favor, y no sean los dichos indios vejados, ni molestados en nada"(c.l9)

Uno de los primeros derechos en ser respetados trasciende a la ética de las acciones bélicas contra los indios. De este modo, se amonesta a " Que no vayan clérigos a conquistas de indios sin especial licencia. Entradas o conquistas nuevas a infieles no se deben tomar sin gran consideración y muy justificadas, pues va en ello la hacienda y libertad y vida de tantos hombres, y acaece muchas veces que por el arrojamiento y demasía de muchos se hacen en la guerra daños irreparables. Por tanto, ninguno de los clérigos que tienen doctrina de indios ni de otros cualesquiera, vaya a guerra contra indios ni a otras cualesquiera entradas, si no fuese con expresa licencia del obispo, so pena de caer en excomunión por el mismo caso, y de otras penas graves, en que sea castigado conforme a su culpa"(C3L,II,7)

 

f) Trato privilegiado y favorable

En virtud de su condición de "miserable" y "plantas nuevas en la fe" se le otorgarán privilegios especiales. Así lo manifiesta el C3L: " No ay cosa que en estas provincias de las Indias deban los prelados y los demás ministros(...) tener por más encargada y encomendada(...)que el tener y mostrar un paternal afecto y cuidado al bien y remedio de estas nuevas y tiernas plantas de la Iglesia(...) Y ciertamente la mansedumbre de esta gente, y el perpetuo trabajo con que sirven y su obediencia y sujeción natural podrían con razón mover a cualesquier hombres por ásperos y fieros que fuesen, para que holgasen antes de amparar y defender estos indios"(III,3).

El Sínodo de 1586 ordena que "los jueces y notarios no lleven derechos a los indios"(c.2O). El de 1592 que "los curas de indios no lleven derechos a los indios de los bautismos ni casamientos ni de otras cosas tocantes a ellos, ni les hagan fuerza en las ofrendas, ni sobre otros derechos"(c.8). Al referirse a los visitadores y oficiales recuerda que "está ordenado que los jueces ni notarios no lleven ningunos derechos a los indios así de títulos, provisiones, procesos ni otras cosas (...) está proveído que los visitadores no hagan condenación de dineros a los indios, sino que cuando fuere menester castigarlos con penas pecuniarias, lo remitan al Prelado"(c.19.

 

CONCLUSION

José de Acosta afirma rotundamente que sería inútil "enseñar lo divino y celestial a quien no cuida ni comprende lo humano". Del análisis de los textos conciliares y sinodales de santo Toribio concluimos su plena convicción de que para evangelizar de forma íntegra, había que acometer una paralela tarea de humanización. Sin minusvalorar la promoción espiritual, presente en todo momento en los cánones, nos hemos fijado casi exclusivamente en los aspectos puramente naturales. La conclusión que F. Armas Medina obtiene de su estudio sobre los misioneros del Perú en el siglo XVI, podemos aplicarla de lleno al programa educativo contenido en los documentos emanados del arzobispo Mogrovejo: " No bastaba, pues, con enseñar a los indios la doctrina. Simultáneamente, se les había de procurar un nivel de vida superior que los elevase a la categoría de hombres civilizados. Y, al mismo tiempo, les apartase de sus vicios y costumbres perniciosos para una conversión sincera. En consecuencia, el supremo esfuerzo del misionero fue la dignificación humana del indio, como medio de conversión".

Willi Henkel especialista en legislación sinodal subrayará que en "los concilios provinciales encontramos obispos solícitos en la defensa de los derechos fundamentales de los indios...En Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, apóstol de Suramérica, se encarna el ideal del obispo según el Concilio de Trento" (p.674)



[1] Sínodos diocesanos de Santo Toribio (1582-16O4) (Cuernavaca, CIDOC Fuentes 1, 197O)

 [2] C. de ARMELLADA "Actas del Concilio Provincial de Santo Domingo (1622-1623)" Missionalia Hispanica 27 (1970) 129-252

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

martes, septiembre 09, 2014

SANTO TORIBIO, ESPECIAL PROTECTOR DEL XX SÍNODO LIMENSE

Toda la Iglesia de Lima hoy se encuentra presente en esta Basílica Catedral de Lima, siendo domingo muchos sacerdotes están atendiendo en sus parroquias, en sus capellanías; pero en esta Basílica Catedral se han realizado a lo largo de la historia de la Iglesia en Lima momentos muy importantes. Quiero recordar y poner bajo su protección a mi querido antecesor Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo. Un hombre misionero, un pastor que organizó la Iglesia en toda Latinoamérica a través de los múltiples sínodos y concilios que convocó en un espíritu de obediencia al entonces Concilio de Trento, a él, patrono del Episcopado Latinoamericano y especial protector de este sínodo, le pedimos su poderosa intercesión para que nos guíe en espíritu de filial obediencia al Santo Padre Francisco.

También quiero recordar a antecesores míos en tiempos recientes, que también presidieron un sínodo en esta Iglesia de Lima. Al Cardenal Juan Landázuri Ricckets y al Cardenal Augusto Vargas Alzamora, sínodos que convocaron en el año 1950 y 1993 respectivamente. Que Dios los tenga en su gloria.

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani Arzobispo de Lima y Primado del Perú Inauguración del XX Sínodo Arquidiocesano Limense Basílica Catedral de Lima
Domingo, 7 de setiembre de 2014

sábado, septiembre 06, 2014

SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO: De la extensión del culto a Patrono del Episcopado Latinoamericano. Estudio y publicación de los documentos del Archivo Arzobispal de Lima Mario L. Grignani*

Este interesante artículo, lo pueden descargar de la Revista Studium Veritatis


SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO: 
De la extensión del culto a Patrono del Episcopado Latinoamericano. 
Estudio y publicación de los documentos del Archivo Arzobispal de
Lima. Mario L. Grignani*
Pontificia Universidad Urbaniana (Roma)
Resumen: En el Archivo Arzobispal de Lima se halla la correspondencia 
inédita de varios arzobispos y obispos latinoamericanos con el arzobispo de 
Lima, Farfán. El prelado de Lima en 1938 escribe a sus colegas invitándolos 
a elevar súplicas al Papa Pío XI para obtener la extensión del Oficio litúrgico 
y la Misa de Santo Toribio de Mogrovejo a la Iglesia universal; tal iniciativa 
episcopal colegial llevará a la concesión a dicho santo del título de Patrono 
del Episcopado Latinoamericano en 1983. El trabajo se fundamenta en el 
método propio de la investigación histórica y lo componen una introducción, 
* Mario L. Grignani, FSCB es doctor en Historia Eclesiástica por la Pontificia Universidad Gregoriana. Ha publicado La Regla Consueta de Santo Toribio de Mogrovejo y la primera organización de la Iglesia americana (Santiago de Chile: Ediciones UC, 2009); Tratado sobre el Orden, el Matrimonio y la Extrema Unción de San Carlos Borromeo. Introducción, traducción y edición bilingüe con notas por Mario Luigi Grignani (Lima: Fondo Editorial Universidad Católica Sedes Sapientiae, 2010); y «En pro de la Religión y de la dignidad humana. Las fuentes chilenas de la Encíclica "Lacrimabili statu Indorum" de Pío X y la solicitud pastoral de la Santa Sede», en Series: Teología y Vida. Vol. LIV (Pontifica Universidad Católica de Chile, 2013). Actualmente, es profesor encargado en la Facultad 
de Misiología de la Pontificia Universidad Urbaniana y profesor asociado en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. 

miércoles, agosto 27, 2014

SANTA ROSA DE QUIVES, CAPITAL DE LA SANTIDAD

Quives, capital de la santidad
Como saben Quives está camino a Canta, específicamente en el Km 63 de dicha vía. El padre de Santa Rosa, Gaspar Flores, arcabucero en la guardia del palacio del Virrey, fuenombrado administrador de un obraje situado en las cercanías de Quive en el que permaneció por espacio de cuatro años. Acerca de la condición socioeconómica de la familia, parece que nunca fue alta. Don Gaspar nunca alcanzó a tener una encomienda y tampoco participó en el grupo social alto de la ciudad. Sus ingresos a duras penas alcanzaban para mantener a su numerosísima familia. Un año antes de nacer Rosa, fue contratado como administrador de minas en Cajatambo en 1585. En 1595 fue contratado para administrar el obraje de Quives, donde trasladó a toda su familia. En 1598 sería la confirmación. Rosa comprobó y vio esa realidad. Cuando ella tenía 14 años, estando en Quives, los mineros fueron requeridos para duplicar la producción minera y establecieron dos turnos, uno de día y otro de noche. Se agravó tanto en 1600, que para que los mitayos mineros no perdieran tiempo en subir y bajar a los socavones, los retenían en el interior encerrándolos en el subsuelo desde el lunes por la tarde hasta el sábado por la tarde. Aunque hubo intentos de mejorar la situación por parte de autoridades como el virrey Conde de Lemos en 1600 los explotadores amenazaron con paralizar la producción minera y tuvo que dejar las cosas tal y como estaban. Consta que después de cuatro años de explotación, la mina de Quives se derrumbó.
La doctrina de Quives estaba al cuidado de los religiosos de la Merced. Rosa se dispuso a recibir el sacramento de la confirmación y, siendo su padrino el cura doctrinero del pueblo, Francisco González, recibió la unción sagrada de manos del virtuoso prelado". Tal sentir coincide con las escasas fuentes que recogen datos sobre el menester: Actas del Proceso de Beatificación, Diario de la Visita de Santo Toribio, primeras biografías de ambos santos) Veamos lo que hemos documentado por el momento. En el Auto del Cuestionario para el Proceso de Beatificación, de 5 de septiembre de 1617, en la pregunta tres se dice "hasta que siendo de edad de once años poco más o menos, el señor Don Toribio Mogrovejo, Arzobispo de esta ciudad, hizo órdenes de confirmación en el pueblo de Quivi, nueve leguas de esta ciudad y confirmó a la dicha santa niña en el nombre de Rosa de Santa María. Refuerza esta información el testimonio del Contador Gonzalo de la Maza, quien afirma afirma que "esto (el llamarse Isabel) duró hasta que el señor Arzobispo don Toribio Alfonso Mogrovejo lo confirmó" El padrino sería el cura de la doctrina don Francisco González, el mismo que aparece en la relación de curas prebendados de 30 de abril de 1602 presentados por el virrey. En  Quives se encuentran en la actualidad los Misioneros de Nuestra Señora de la Reconciliación y del Señor de los Milagros. En el jardín del Santuario se conserva una piedra de molino de la época utilizado para triturar los minerales en el obraje. En el altar interior se ha incrustado la piedra donde la santa se recluía para orar. Una de las hermanas de Santa Rosa llamada Bernardita que fue confirmada junta a ella murió en Quives y está enterrada a la entrada del templo.
Rosa vivió en Quives aproximadamente unos siete años a los 17 regresó a Lima y muere el 24 de agosto de 1617. En el Diario de la Visita del Santo Arzobispo, se menciona a Quives al resumir las leguas que el Arzobispo."Ha andado en esta visita que hizo saliendo de esta ciudad de los Reyes en 8 de agosto de 1601 años": De Lima a Carabaillo 4 (leguas); de Carabaillo a Yungas 6 (leguas); de Yungas a Quivi 1  La distancia es de 11 leguas Al referir a los "confirmados que Su Señoría confirmó en la visita que hizo este año de 1602 son los siguientes: Villa Carabayllo, 9 personas; de Quibi (los siete pueblos; doctrina de Quivi, 7 pueblos, como San Pedro de Yaco, Araguay, Visc, Santa Olalla, San Mateo), 557, de Canta 556 Guama, 648.
En 1598, tras vivir la Semana Santa en Lima, visita sus contornos y, tomando el camino del norte, se acerca el 12 de febrero de 1598 a Arrendó o Chancay y Canta.. Esta visita se completó como se indicó anteriormente con otras visitas apostólicas como la de 1601 por Canta, Huarochirí, Yauyos, Cañete, Junín, Ica.
Como recuerdo de este singular momento, tenemos varias esculturas, cuadros, retablos y hasta templos. Cabe mencionar el retablo esculpido en madera policromada en la casa solariega de Mayorga con el grupo escultórico que representa a Santo Toribio confirmando a santa Rosa de Lima y que está bordeado por diferentes casetones con relieves alusivos a los momentos más destacados de su vida.
Fue Monseñor E. Lissón, C.M. arzobispo de Lima, quien colocó la piedra de la restauración de la ermita el 31 de agosto de 1924. El templo donde fue confirmada por Santo Toribio Mogrovejo arzobispo de Lima y la misma casa fueron declarados monumentos históricos por Ley Nº 10403 del 23 de febrero de 1946. El conjunto recibió el nombre de santuario  Y no es para menos. Allí se produjo el encuentro del santo prelado Mogrovejo, patrono de todos los obispos de América Latina, con la primera y más grande santa de toda América, Rosa de Lima. Esto sucedió, no lo olvidemos en nuestra diócesis, en Carabayllo.

martes, agosto 12, 2014

CÁTEDRA DE SANTO TORIBIO 2013. Trabajos monográficos de los alumnos

FACULTA DE TEOLOGÍA PONTIFICIA Y CIVIL DE LIMA

Instituto Santo Toribio de Mogrovejo

  

CÁTEDRA DE SANTO TORIBIO 2013

TRABAJOS MONOGRÁFICOS elaborados por los alumnos y que obran en el I.E.T. como material de consulta bibliográfica

 

  1. Anaya Ramírez, Jesús Augusto: El Gran Borromeo de América. Págs. 16.
  2. Apaza Cuno, Wilber Jimmy: Fray Jerónimo de Oré y Santo Toribio de Mogrovejo, modelos de evangelización. Págs. 13.
  3. Arista Hidalgo, Roger Fernando: Oraciones, poemas e himnos en honor a Santo Toribio de Mogrovejo. Págs. 57.
  4. Bernardo Tello, Felicita: La oración, su importancia y necesidad en el sermonario del Tercer Concilio Limense. Págs. 72.
  5. Cabrera Vásquez, Dilmer: La personalidad de Santo Toribio de Mogrovejo y las razones de su apostolado.  Págs. 14.
  6. Chumacero Orrillo, Luis Alberto: Iconografía de Santo Toribo de Mogrovejo. Págs. 21.
  7. Dorrego Paolo: La metodología para la misión de Santo Toribio de Mogrovejo. Págs. 6.
  8. Espíritu Ventura, Marco: Cátedra de Santo Toribio de Mogrovejo. Págs. 9.
  9. Herrera Revelo, Yesica: Las lenguas indígenas en tiempos de Santo Toribio. Págs. 13.
  10. Julian Chircca, Alfonso. El clero seculara en tiempos de Santo Toribo. Pastor, III Concilio Limense y cartas. Págs. 34.
  11. Kasiyafumbi Nichata, Elías: Cátedra de Santo Toribio de Mogrovejo. Págs. 11.
  12. Lann Chang, Carlos:  Cátedra de de Santo Toribio de Mogrovejo. Págs. 8.
  13. Luján Mugaburu, Alfredo: Obra catequética de Santo Toribio. Págs. 19.
  14. Luján Pastor, Tatiana: Santo Toribio de Mogrovejo y su relación con los franciscanos. Págs.
  15. Monzón Contreras, Rollber: Santo Toribio, un ejemplo de promotor de vocaciones. Págs. 11.
  16. Muñoz Marrufo, Ángel: Santo Toribio de Mogrovejo y el Papa Francisco. "La cultura del encuentros". Págs. 17.
  17. Pérez Delgado, Luis Alonso: Santo Toribio y los concilios. Págs. 18.
  18. Pérez Rafael, Adher Iván: Visitas de Santo Toribio de Mogrovejo. Págs.
  19. Pérez Rojas, Manuel: La Perla de Obispo. Págs. 15.
  20. Rodríguez Alomías, Jesús: Tras las huellas de Santo Toribio de Mogrovejo.  Págs. 30.
  21. Sánchez Medina, Ronny Gustavo: Primeras relaciones entre la Santa Sede y el Perú en tiempos de Santo Toribio de Mogrovejo. Págs. 130.
  22. Villanueva Colchado, Juan: El Milagro de Santo Toribio en Macate. Págs. 14,
  23. Zamudio Morales, Gustavo Adolfo: La Bienaventurada María y Santo Toribio de Mogrovejo. Doctrina y culto mariano del Tercer Concilio Limense. Págs. 29.

viernes, julio 25, 2014

Siervo de Dios, Fray Luis López de Solís (Salamanca, 1534; Quito, 1606)

Siervo de Dios, Fray Luis López de Solís (Salamanca, 1534, Quito1606)

Luis López Solís

Personaje insigne

"Fray Luis López de Solís es una de las grandes figuras de la Iglesia quiteña, [que comprendía el Ecuador actual], así como uno de los miembros más insignes de la Orden Agustiniana en su siglo", escribía este servidor al estudiar la Acción Pastoral de este prelado. Lo corroboro para añadir que se distinguió por su sabiduría en la cátedra de Teología, por su prudencia y acierto en el gobierno de la Orden en Perú y en la organización pastoral del extenso obispado de Quito. Es por añadidura, siervo de Dios, cuyo proceso de beatificación y canonización se halla en Roma.

Nacimiento. Ingreso en la Orden

Nació este ejemplar personaje en la ciudad de Salamanca el año 1534, en el hogar formado por Francisco de los Ríos y María López de Solís. Optó por usar los apellidos maternos, como era frecuente en la época. Tuvo más hermanos, pues una sobrina carnal residió en Quito, casada con un secretario de nombre Cristóbal Macedo. En la célebre universidad de su ciudad natal siguió los estudios de Artes y a los 18 años entró en el noviciado del convento de San Agustín, donde emitió sus votos religiosos el 9 de mayo de 1553. En este cenobio, lleno de recuerdos de hombres santos, entre otros, San Juan de Sahagún, Santo Tomás de Villanueva, en aquellos momentos arzobispo de Valencia, San Alonso de Orozco, a quien debió conocer de paso por allí, además de leer algunos de sus escritos de espiritualidad. Aquí siguió los estudios teológicos dictados por algunos de aquellos grandes maestros agustinos de la época, entre los cuales debió de conocer al joven fray Luis de León.

Misionero voluntario para el Perú

Ordenado de diácono, se alistó para ir de misionero al Perú. Según los biógrafos, los superiores y maestros sintieron su decisión porque "tenían todos puestos los ojos en él y esperaban de sus virtudes, ingenio y gran juicio, efectos admirables". Ganó la Iglesia y la Orden en los nuevos reinos de Perú y Quito. Se embarcó en la llamada segunda barcada, de acuerdo a los cronistas, bajo la responsabilidad del P. Pedro de Cepeda, el 6 de febrero de 1558. Se cuenta una anécdota que tuvo lugar en Cádiz, mientras se dirigía al puerto. Un astrólogo le pronosticó que llegaría a Papa si se decidía a ir a Roma y si, por obediencia debía de ir a Indias, alcanzaría allí la suprema jerarquía. No tiene otro valor que el de la anécdota, que el interesado río con ganas, sin embargo, poco ante de morir fue presentado para arzobispo de Lima, sede primada del continente suramericano.

Tarea misionera, teológica y de gobierno

En Lima recibió la ordenación sacerdotal y pasó dos años de misionero en el Alto Perú (actual Bolivia) entre las tribus de los Uros, situados en las cercanías del lago Titicaca, provincia de Paria. Aprendió el difícil idioma de la indígenas, como primera medida para mejor evangelizarlos, promovió el desarrollo cultural de los indígenas, creó el pueblo de Challacollo, como centro misional, desde donde irradiaba la acción misionera y formación humana. Los superiores le destinan a la formación de los jóvenes profesos, mediante su docencia de Teología. En 1563, con solo 29 años ya fue nombrado definidor o consejero provincial, cargo que desempeñó en cinco períodos. Fue dos veces prior del convento de Chuquisaca ( actual Sucre), cuatro veces prior del convento de Lima y provincial en dos cuatrienios, la primera cuando sólo tenía 35 años.

A sus grandes dotes de gobierno dentro su Orden, reconocidas por todos, unió su preparación teológica, como lector, maestro y doctor en Teología, materia que explicó en la cátedra de vísperas de la Universidad de San Marcos de Lima, obtenida por oposición. Su autoridad teológica le valió ser escogido por Santo Toribio de Mogrovejo para asistir como asesor suyo en el célebre III Concilio Provincia de Lima de 1583. A otros dos concilios provinciales posteriores asistirá en calidad de prelado. Siendo Provincial, envió a Quito a los PP. Luis Álvarez de Toledo y Gabriel de Saona, dos puntales de primer orden, para fundar la Provincia de San Miguel de Quito donde los agustinos llevaban ya varios años ejerciendo su labor pastoral.

Obispo de Quito

El 1 de octubre de 1591 es preconizado Obispo de Asunción (Paraguay). No pudo tomar posesión porque, mientras esperaba las Bulas del Papa para ser consagrado, fue nombrado Obispo de Quito. Entre tanto, ….llegaban las citadas bulas pontificias, el Virrey le encomendó hacer la visita a la Audiencia de Charcas, cometido que realizó con el mayor fruto social y religioso. Consagrado obispo por Santo Toribio de Mogrovejo en Trujillo, siguió camino a Quito. Entre las primeras providencias pastorales, fundó el Seminario San Luis para la formación de sacerdotes, uno de los primeros y modelo, dotado de un selecto grupo de profesores de la Compañía de Jesús, a quien se lo encomendó. Poco después, adosado a éste, fundó otro colegio-seminario para indígenas con la idea conseguir sacerdotes celosos y evangelizadores, que supieran llegar al indígena y su cultura. Creó una serie de becas para aplicarlas con preferencia a los más pobres. Con el empeño de tener un clero bien capacitado, pidió con insistencia la creación de la Universidad, que conseguiría el agustino P. Gabriel Saona para el convento de San Agustín (Universidad de San Fulgencio).

El Prelado Solís se impuso a sí mismo la obligación de conocer todo su extenso obispado, que comprendía el actual territorio del Ecuador y alguna zona más. Para eso organizó una serena visita pastoral. Según los datos de la historia, llegó a todos los rincones, ya fuera de la dura montaña, del cálido clima de la costa o del oriente y proveía a las necesidades humanas y espirituales. Denuncia los males e injusticias, que encuentra y pone remedio. Al mismo tiempo comenzó la organización de su diócesis creando nuevas parroquias a fin de satisfacer las necesidades pastorales las ciudades, de los barrios y de los campos. Fomentó y proveyó de la atención a los santuarios, como centros de evangelización: El de Nuestra Señora Quinche, ante el cual el pueblo erigió más tarde una estatua en su memoria, el de la Virgen del Cisne, nuestra Señora de Guápulo y otros.

Una de las obras de mayor fruto para el gobierno de la parcela eclesial que le tocó cuidar fue la celebración de dos Sínodos diocesanos, en Quito en 1594 y en Loja, 1596. Sobre todo el primero de estos constituyó la base de la legislación de Ecuador en un largo periodo de su emancipación en gran parte del siglo XIX. Tanto en las actas de estos sínodos como en sus actitudes ordinarias, López de Solís se distinguió por la promoción humana de los naturales y defensa de los derechos humanos, que se dice hoy.

Como síntesis de la obra pastoral de Solís, podemos resumir su programa en dos de sus grandes opciones, la verdad y la justicia. La primera le lleva a organizar todo en torno al anuncio íntegro y fiel de la revelación y de la evangelización. La segunda a dar la cara por la defensa de los indígenas, de los pobres y los derechos de todos, incluidos los de la Iglesia frente a los abusos del poder civil.

Promovido al arzobispado de nueva creación de Charcas o La Plata (actual Sucre), de paso para ir a tomar posesión, muere en el convento de San Agustín de Lima, rodeado de fama de santidad en todo el Reino de Quito y en Lima, el 6 de junio de 1606.

Mensaje para el mundo de hoy

Dado que el proceso de beatificación de nuestro siervo de Dios está ya en Roma,podemos señalar alguno aspectos del mensaje que pude darnos para el mundo de hoy. En primer lugar es su generosidad al llamamiento de Dios, su humildad y servicio a los demás desde su puesto de pastor. Se distinguió en su vida por una opción clara por la verdad y la justicia, la defensa de los derechos humanos y su amor a Cristo presente en el culto y en cada uno de los hombres, sobre todo los más necesitados.

Félix Carmona Moreno, OSA

miércoles, julio 23, 2014

SOR MARÍA COCO Mogrovejo, Santo Toribio y el Monasterio de San Pedro Mártir de Mayorga

SOR MARÍA COCO Mogrovejo, Santo Toribio  y el Monasterio de San Pedro Mártir de Mayorga

La villa de Mayorga, a partir del siglo XVII, podría llamarse Mayorga de Santo Toribio de Mogrovejo. La compenetración espiritual del pueblo con su santo reviste caracteres tan entrañables que aquél parece mirarse en los ojos de éste. Ningún otro personaje mayorgano, por célebre que haya sido en las letras, la política o incluso el gobierno de la Iglesia, se halla tan cerca y tan dentro del corazón de los hijos de esta tierra. Admirado y venerado, es ejemplo de vida y título de gloria. Apropiándose una expresión bíblica que la liturgia aplica a María, cada mayorgano, a su modo, va diciendo a Santo Toribio: «eres el orgullo de nuestra raza».

Pero no corresponde a este libro detenerse en hacer memoria directa y laudatoria de la vida, heroísmo, dones y virtudes del santo, ni siquiera de su presencia devocional en la iglesia, hogares, instituciones y corazones mayorganos.

El objetivo de esta obra limita el campo a la reseña de algunos rasgos de su persona y santidad en cuanto que lo relacionan con otras vidas y figuras, más modestas ciertamente que la suya, pero grandes también en el amor, vinculadas al claustro de San Pedro Mártir; y esta reseña cabe hacerla bien por referencia al santo Toribio que hace el itinerario hacia la santidad (siglo XVI-XVII), bien por consideración al santo ya glorificado que mueve a su pueblo y al monasterio a realizar gestos de veneración y gratitud a Dios, acogiendo, por ejemplo, con gran amor sus reliquias (siglo XVII-XVIII).

1. TORIBIO Y MARÍA DE MOGROVEJO EN EL CAMINO DEL MÉRITO

En el archivo del convento se guarda sólo una carpeta con media docena de folios que son documentos relativos a la devoción y exaltación de santo Toribio, tras su muerte y beatificación. Se refieren concretamente al proceso de traslado de una valiosa reliquia del santo varón y obispo desde Lima al convento de San Pedro Mártir de Mayorga. Su fecha corresponde a finales del siglo XVII, es decir, a los años en que la Iglesia ya había reconocido el heroísmo de su vida y lo había presentado a la veneración de los fieles.

Esos documentos forman parte obligada de esta historia del monasterio. Pero reproducirlos escuetamente, sin reflejar el contexto familiar y espiritual previo, a partir del cual se producen, es privarles de todo su encanto. Por eso apetecerá al lector que se le traiga a la memoria brevemente un puñado de ideas y actitudes que, afectando principalmente al sacerdote y obispo, Toribio, y a su hermana, María Coco, religiosa dominica, centren adecuadamente su atención.

1.1.  María Coco y Toribio de Mogrovejo

Fueron los padres de Toribio, don Luis Mogrovejo (1504-1569), bachiller en Derecho y regidor perpetuo de la Villa desde 1550 a 1568 y doña Ana de Robledo y Morán (1508-1592), de ilustre familia de Villaquejida, provincia de León y diócesis de Oviedo, a 25 kms. de Mayorga. Se casaron en Villaquejida en 1534. Tuvieron 5 hijos: Luis, el mayor y el del mayorazgo (1535-1571),  Lupercio (1536-1587), Toribio -nacido el 16 de noviembre de 1538-, María Coco (1542-1618) religiosa dominica en el Convento "San Pedro Mártir" de Mayorga, Grimanesa (1545-1634) quien le acompañará a Perú con su esposo F. de Quiñones (1540-1605). Parece que tuvieron una hija más, Eufrosia, nacida en enero de 1547 y que falleció a los pocos días. Los restos de la familia Mogrovejo fueron enterrados en el convento de San Francisco, que estaba ubicado donde se encuentran actualmente las Escuelas, construidas desde el 27 de enero de 1930.

Son dos hermanos mayorganos que consumieron las mejores energías de su vida en la segunda mitad del siglo XVI.

Nació primero Toribio, en 1538; después su hermana, en torno a los años 1545-1550. Ambos eran de salud robusta y alcanzaron una edad admirable para el promedio habitual que se lograba en aquel tiempo. Él, fatigado del duro bregar misionero, apenas llegó a estrenar el siglo XVII, pues murió en 1606; en cambio ella dispuso al menos de 17 años para plenificar su entrega, ya que vivió por lo menos hasta el año 1617.

A ambos, como jornaleros de la Viña, se dedica este párrafo; no en forma de narración prolija de aconteceres que salpican la vida de cinco décadas sino más bien sorprendiéndolos en plena juventud, cuando se juegan el futuro en servicio a la iglesa y a la sociedad.

Nuestra mirada se detiene intencionadamente en un año clave y simbólico que afecta a los dos y los descubre en momentos cruciales. Es el año de 1578. En esa fecha suceden dos cosas:

        María Coco comienza a actuar, según los documentos de que disponemos, en pleno ejercicio de su responsabilidad como profesa solemne en el convento de San Pedro Mártir;

        y su hermano, el clérigo que sólo ha recibido Órdenes menores con vistas al futuro sacerdocio, es elegido y preconizado arzobispo para la ciudad y comunidad cristiana de Lima. Año crucial y feliz.

Un día, el 13 de junio de 1578, don Toribio, Inquisidor de Granada, recibe la noticia que cambiará el rumbo de su existencia: ha sido elegido para el episcopado, y se le ruega que acepte ser presentado al Santo Padre en orden a su confirmación-consagración. Don Toribio, sorprendido, acepta, y con ello da principio a un largo proceso que implicará sucesivamente varias cosas: periodo de confirmación, renuncia al servicio de Inquisidor, preparación personal y canónica para recibir gradualmente las sagradas Órdenes, hasta alcanzar el grado máximo, el episcopal. Este último acontecimiento sobrevendrá dos años más tarde, en 1580.

En lenguaje teológico debe decirse que don Toribio y Sor María alcanzan la plenitud de su consagración en torno al año 1578: ella en el silencio claustral, con dedicación al Amor hasta la muerte, y sin testigos externos de su obrar; él desplegando sus mejores dones para la causa del Reino de Dios a ojos vistas, desde la presidencia de una iglesia, la limeña.

No sabemos quién se adelantó al otro hermano, en 1578, para comunicar la noticia: pudo Ser Sor María quien anunció a Toribio, al ritmo de anteriores efusiones espirituales y fraternas, el gozo de su profesión solemne, sin retorno; y pudo ser también don Toribio quien manifestó, con temblor reverencial, su elección para presidir la iglesia de Lima.

Lo cierto es que, habiendo logrado cada uno la cumbre de su entrega, en vi- va experiencia de fe, cada cual esbozaba su peculiar sendero, sendero nuevo y distante. Hasta esa fecha, los caminos surcados por ambos fueron paralelos y en cercanía. Después de ella, las rutas aparecerán dispares y remotas, tanto que sólo la unidad de espíritu les mantendrá en íntima dependencia.

Como era previsible, ningún escrito de archivo pone ante nuestros ojos algo que la tradición afirma: el frecuente y profundo intercambio humano-espiritual entre Toribio y María, siendo él mayor y casi maestro, y ella más bien discípula. Pero cae de su peso la común vivencia de un cúmulo de hechos y verdades que los vinculan entre sí y con su madre.

Los dos, en efecto,

      compartieron infancia y juventud, yendo siempre por delante el herma no;

      los dos asumieron preocupaciones comunes en su juventud o primera madurez, dada la evolución de su hogar y la viudedad de su madre, do ña Ana Morán de Robledo, desde 1568;

        ambos compartieron ideales y sentimientos que hablaban de seguimiento de Cristo por vía de consagración sacerdotal o religiosa;

        y ambos gustaron sin duda el beneficio inestimable que supuso en su infancia-juventud la palabra y consejo de un gran maestro, su tío carnal, el doctor don Juan Alfonso († 1566).

Si consideramos la primera etapa de su andadura, infantil-juvenil, por el siglo XVI, nos es bien conocido el riguroso y selecto proceso de formación del clérigo y licenciado don Toribio; en cambio nos queda en total penumbra la formación recibida por Sor María, y es inútil gastar el tiempo en párrafos improvisados. A juzgar por las evidencias de la época, tenderíamos a pensar que la hermana recibió cultura sólo elemental, aunque suficiente. Una senda llevaba al magisterio, otra al discipulado.

Si seguimos avanzando en la segunda etapa del camino, cuando una y otro se sitúan en perspectiva humana y eclesial distinta, al estudioso le azuzan interrogantes de curiosidad humana y de valoración en fe, pues desearía conocer cómo se las hubieron los hermanos a la hora de pergeñar su futuro.

Los interrogantes al respecto pueden ser muchos, pero entre todos hay uno clave: ¿cuáles fueron los pensamientos que cruzaron la mente del clérigo que va para obispo, don Toribio de Mogrovejo, y la mente de la profesa solemne Sor María Coco, a medida que se acercaba la consagración episcopal de aquél, sabiendo que su carisma ministerial le proyectaba allende el mar?

Es bueno recordar algunos aspectos que son, al mismo tiempo, humanizadores de las personas y amoroso triunfo de la gracia. Don Toribio, antes que obispo, era hombre bueno y humilde, y hombre de familia. Designado para tan alta dignidad religiosa y social, sobre todo en su época, pensó en los suyos y acudió a su hogar y villa natal como hijo, hermano y amigo. Cuántas veces lo hizo no lo sabemos, pero sí nos consta que lo hacía sin ocultar quién era y colmado de gratitud y afecto.

Sólo después de consagrado obispo, y visitando la villa y familia en plan de despedida, parece que trató de ocultar su dignidad en mesones y pueblos, no en Mayorga, para evitar agasajos en el itinerario de Granada a Mayorga y de Mayorga a Madrid y Sevilla.

1.2. Don Toribio quiere tener consigo a su familia

Como hombre y obispo, don Toribio pensó, al menos en los años 1578- 1580, Y posteriormente entre 1581 y 1585, en no romper los lazos familiares sino mantenerlos con delicadeza.

Expresión de esa voluntad es un hecho fehaciente: quiso llevar a Lima consigo a sus familiares. ¿A cuántos? No lo sabemos.

          Su deseo fue secundado por la familia que formaron su hermana Grimanesa y don Francisco de Quiñones, e hijos; y también por algún sobrino proveniente de la rama de don Gonzalo de Mogrovejo. Pero eso no satisfacía plenamente las apetencias del nuevo obispo.

          Trató de que marchara también con él su madre. Esa es la fundada opinión del biógrafo del santo, don Vicente Rodríguez, que compartimos totalmente. Pero su madre no aceptó la oferta y prefirió permanecer en Mayorga donde contaba con tres amores muy estimados: el sepulcro de su marido, su casa-hacienda y su hija Sor María a la que dedicaba especial cuidado afectivo y económico.

          De lo que no teníamos noticia, hasta que descubrió la verdad el benemérito don Vicente Rodríguez'", es que pensara incluso en tener muy cerca de sí a Sor María Coco, la religiosa de San Pedro Mártir.

¿Cómo era posible esto en la mente de un obispo tridentino? Dos matices conviene subrayar para entender bien las cosas:

1.a Santo Toribio, al estilo de los grandes misioneros que se despedían de la tierra madre y de su familia, sin intención de retorno a ellas, pensaba que sólo podría tratarles con calor de familia a quienes se sumaran a su obra evangelizadora.

2.a En la Iglesia cabe muy bien mantener una fidelidad consagrada-religiosa, como la de Sor María Coco, incorporándose a comunidades contemplativas distintas de aquéllas en las que se emitieron los votos.

No es, por tanto, ninguna maravilla que don Toribio quisiera tener cerca de sí a su hermana monja, ni lo es el que gestionara la incorporación de ésta a algún monasterio de Lima, pues en esta ciudad ya había tres: el de Canónigas de San Agustín, el de la Concepción o el de Bernardas.

Lo importante históricamente es haber descubierto que don Toribio puso en ello notable empeño, desde 1578 a 1585 por lo menos. Así lo advierte don Vicente Rodríguez:

«La noticia referente a doña María Coco, monja, está en una carta del arzobispo don Toribio al Padre General de la Compañía, P. Aquaviva, de 3 de abril de 1585, por la que se desprende venía haciendo gestiones desde un principio. Había solicitado, en efecto, de la Santa Sede indulto para llevarse a Lima a su hermana, cambiando de convento y de Orden, pues los conventos de Lima no eran sino tres ...

Había interesado en ello al cardenal protector de la Orden dominicana, y tenía encomendado e! asunto, como todos los demás suyos cerca de la Santa Sede, a los Padres Jesuitas de la Curia General, y personalmente, al General, P. Aquaviva. En esta carta de 1585, de tan piadosa gratitud al Padre General por tantos buenos oficios en Roma, le agradece la merced de la última visita ad Limina realizada en su nombre y con poder suyo, y esta otra:

«Beso a Vuestra Paternidad muchas veces las manos por ello, y por la que V.P. me ha hecho en la solicitud de mi hermana la monja para poderla traer a estas partes, y de que se hará cerca de ello las diligencias posibles con el Emmo. Cardenal protector de la Orden» (A.R.S.I., Epp. Ext. 1, f. 142).

Leyendo el párrafo último entrecomillado, que corresponde al año 1585, cuando el obispo ya está en plena visita y organización de la archidiócesis, uno no sabe con exactitud a qué atenerse.

      ¿Fue el obispo quien forzó un tanto las cosas para tener cerca de sí a Sor María Coco, su hermana, y quien hizo todas las gestiones legales ante Roma para presionada amorosamente, sin contar para ello con su beneplácito ni el de la comunidad?

      ¿O sucedió más bien que ambos hermanos, previo acuerdo, solicitaron de Roma para Sor María el tránsito de Mayorga a Lima y su cambio de dominica a canóniga agustina, por ejemplo?

El texto es confuso, pues habla de «solicitud de mi hermana la monja para poderla traer a estas partes». No hay documentos complementarios que maticen la cuestión. La tradición conventual más verosímil carga las tintas diciendo que las gestiones comenzaron como obra directa del obispo, y que éste trató de facilitar el camino legal para que, posteriormente, informada la monja del placet romano, no tuviera argumentos canónicos en que apoyar su negativa. Pero en realidad todo son conjeturas.

Los hechos más claros son estos:

1)     Ni la madre de don Toribio ni su hermana Sor María salieron de Mayorga para Lima.

2)     Doña Ana de Robledo vivió muy cerca de su hija (a la que cuidó con su apoyo económico) y del convento de San Pedro Mártir, hasta su muerte acaecida en la casa solariega de Mayorga el año 1591.

3)     Sor María sólamente accedió a cambios y colaboraciones fuera de su convento cuando doña Ana ya descansaba en el Señor.

4)     Da la impresión de que Sor María Coco compartía dos afectos profundos: el de su madre y el de su hermano, pero dando primacía en intensidad al de su madre. Esta madre, aunque los documentos escritos no hablen demasiado, parece haber dotado a su hija con bienes copiosos.

5)     En la apreciación comunitaria se percibe cierto aroma de veneración a Sor María por ese gesto de permanencia en Mayorga, entendiéndolo como signo de fidelidad a sus compromisos de consagración como dominica. Y tal vez desde esa apreciación comenzó a tejerse la aureola de admiración y de santidad con que tradicionalmente se le honra.

1.3. Prestigio de Sor Maria Coco

Sor María Coco, a no dudado, es una personalidad de gran relieve en el monasterio y une a sus cualidades naturales, que le dan autoridad, rasgos de notable virtud. Cabe señalar cinco aspectos o manifestaciones de la misma:

1.° Mantiene espiritual conexión con su hermano y contribuye a la creación de cierto espíritu misionero en comunidad. Fruto de ese espíritu es la consiguiente veneración comunitaria al santo y a sus reliquias.

2.° Vive en disponibilidad, y cuando la muerte de su madre se lo permite, acepta colaboraciones con otros monasterios, como es el caso de la fundación del monasterio de Nuestra Señora de La Laura, en el año 1600, asumiendo un estatuto de vida austera, penitencial, de soledad, que dista mucho de la tradición dominicana contemplativa.

3.° Cuando el ensayo de vida casi ermitaña en La Laura parece poner en cuestión su identidad dominicana tradicional, opta por volver a su monasterio de Mayorga, previo acuerdo con sus superiores, en 1603.

4.° Su presencia en el monasterio de San Pedro Mártir es punto de referencia para numerosas vocaciones de jóvenes, que a veces llevan sus mismos apellidos, sobre todo en el siglo XVII.

5.° Su actuación como priora, a partir de 1603, no sabemos si por uno o por varios trienios, imprime un extraordinario dinamismo a la vida de la comunidad, tanto en su aspecto organizativo y espiritual como económico.

Es, por tanto, singular honor para el monasterio haber contado con esta religiosa, a través de la cual posiblemente se comenzó a vivir una espiritualidad que revise matices de doble presencia animadora: la de Santo Domingo y la de Santo Toribio.

 

(Tomado del libro: Real Monasterio de San Pedro Mártir de Mayorga del P.: Cándido ÁNIZ IRIARTE  Colección: MONUMENTA HISTORICA IBEROAMERICANA DE LA O. P.

Este libro es una síntesis de la historia de la Villa de Mayorga, población fronteriza de los antiguos reinos de León y Castilla, y de su evolución desde el siglo XII al XV, es decir, desde su población por Fernando II hasta su plena incorporación al señorío de los Condes de Benavente. Y es, sobre todo, el relato de la vida de un monasterio contemplativo dominicano, fundado por la Reina Catalina de Lancáster, esposa de Enrique III el doliente, en la Villa de Mayorga por el año 1394.

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