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Santo Toribio de Mogrovejo II ARZOBISPO DE LIMA Y PATRONO DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO. Sergio ALVARADO SILVA, 2009

ALVARADO SILVA, Sergio “Santo Toribio de Mogrovejo. II Arzobispo de Lima y patrono del episcopado latinoamericano”. Vol. 14 Núm. 1 (2009): Consensus, 59-68. https://revistas.unife.edu.pe/index.php/consensus/article/view/1734  M. Sergio Alvarado Silva[1]

 

RESUMEN

 Este pastor insigne que se santificó en nuestra patria, mostró ser no sólo un ministro más, sino que procuró defender, valorar y  respetar los derechos de los nativos de su diócesis. Así mismo, basándose en sus conocimientos en derecho civil y aplicando lo enseñado por el Concilio de Trento, sin olvidar su profunda espiritualidad, supo aunar una vida de fe y cotidiana en el cumplimiento de la voluntad de Dios en el servicio a los demás de acuerdo a las exigencias que requería su contexto temporal.

Es por ello que empezamos con una breve biografía y que luego vemos su  método pastoral, es decir su plan de trabajo basado en el mismo Evangelio en las funciones de enseñar, santificar y gobernar como buen pastor obediente y fiel en el amor a Dios y al prójimo, a quienes mostró siempre un trato humano y digno en bien de su salvación.

Palabras clave: Pastor, tria munera, metodo pastoral, trato humano.

 RESEÑA BIOGRÁFICA.

e noble familia, Toribio Alfonso de Mogrovejo nació en Mayorga de Campos, hoy provincia de Valladolid, España, en 1538, hijo de Don Luis de Mogrovejo y de Doña Ana de Robledo. Estudió en Valladolid Gramática y Retórica y a los 21 años comienza a estudiar en Salamanca. En 1571 ganó una beca y fue a estudiar al Colegio de San Salvador de Oviedo. Se licenció en Cánones o Derechos y fue nombrado presidente del Tribunal de Granada; cuando el emperador Felipe II al conocer sus grandes cualidades le propuso al Sumo Pontífice Gregorio XIII, para que lo nombrara Arzobispo de Lima. Roma aceptó y envió el nombramiento.

 

Santo Toribio llegó al puerto de Paita, Piura, en Marzo de 1581 y partió hacia Lima. En Mayo del mismo año, a la edad de 42 años, hizo su entrada a la ciudad, y, desde San Lázaro, fue conducido bajo palio hasta la Catedral, que estaba en construcción. Su Arquidiócesis tenía dominio sobre Perú,  Ecuador, Colombia, Venezuela, Bolivia, Chile y parte de Argentina[2]. Medía cinco mil kilómetros de longitud, y en ella había toda clase de climas y altitudes.

 

Se dedicó con todas sus energías a lograr el progreso espiritual de  sus súbditos[3]. La ciudad estaba en una grave situación de decadencia espiritual. Los conquistadores cometían demasiados abusos y lo sacerdotes no se atrevían a corregirlos. El Arzobispo empezó a atacar de forma frontal y fuertemente todos los vicios y escándalos. A los pecadores públicos los reprendía fuertemente, aunque estuvieran en altísimos puestos.

 

Tres veces visitó su inmensa arquidiócesis de Lima, que comprendía desde Jayanca hasta Nazca. La mayor parte del recorrido era a pie, a veces en mula, por caminos casi intransitables, pasando de climas terriblemente fríos a climas ardientes. Eran viajes para destruir la salud del más fuerte. Muchísimas noches tuvo que pasar a la intemperie o en ranchos miserabilísimos, durmiendo en el puro suelo. Los preferidos de sus visitas eran los indios y los negros, especialmente los más pobres, los más ignorantes y los enfermos.

 

Durante su trabajo episcopal en Lima convocó y presidió el III Concilio Limense (1582-1583), al cual asistieron Prelados de toda Hispanoamérica, y en el que se trataron asuntos relativos a la evangelización de los indios. De esa histórica asamblea se obtuvieron importantes normas de pastoral, así como textos de catecismo en castellano, quechua y aymara (los primeros libros impresos en Sudamérica). Fundó el Seminario de Santo Toribio en 1590, en memoria del santo de su nombre, Obispo de Astorga, y hoy lleva el nombre del intrépido y misionero arzobispo; además fundó el convento de Santa Clara en los Barrios Altos donde actualmente se encuentra su corazón en una urna de vidrio que se expone solamente el día de la festividad del santo.

 

Santo Toribio no solo confirió los sacramentos, en especial la confirmación, a los indios sino también en renombrados personajes de la época como a Santa Rosa, San Martín de Porres y a San Juan Macías.

 

Cuando llegó una terrible epidemia gasto sus bienes en socorrer a los enfermos y él mismo recorrió las calles acompañado de una gran multitud llevando en sus manos un gran crucifijo y rezándole con los ojos fijos en la cruz, pidiendo a Dios misericordia y salud para todos.

 

Ya moribundo pidió a los que rodeaban su lecho que entonaran el salmo que dice: “De gozo se llenó mi corazón cuando escuché una voz: iremos a la casa del Seño. Que alegría cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor”

 

Las últimas palabras que dijo antes de morir fueron las del salmo 30: “En tus manos encomiendo mi espíritu”

 

El 23 de marzo de 1606, un Jueves Santo, agobiado por los trabajos y la austeridad de sus penitencias murió en una capillita de los indios, en Saña, donde estaba predicando y confirmando a los indígenas. Fue un inagotable misionero, gran organizador de la Iglesia Sudamericana y denominado Protector de los Indígenas.

 

Fue beatificado por el Papa Inocencio XI en 1679. Canonizado por Benedicto XIII en 1726 y en 1983 Juan Pablo II lo proclamó Patrono del Episcopado Latinoamericano.

 

MÉTODO PASTORAL DE SANTO TORIBIO

 

I.- Fidelidad Al Evangelio

1.- CUMPLIDOR FIEL DE LOS “TRIA MUNERA[4]

1.1 LA FUNCIÓN DE ENSEÑAR: MUNUS DOCENDI

 

Consciente de que la fe nace de la escucha de la Palabra (fides exauditu)[5] el santo Pastor dedicaba tiempo, en cuanto se lo permitían las circunstancias, a dar el alimento de la predicación a sus ovejas. Este aspecto tenía tanta relevancia que le llevó a aprender el quechua y proveer de instrumentos que facilitasen la mayor asimilación del mensaje evangélico en la propia lengua de los indígenas (catecismo), disponiendo que los sacerdotes aprendan dicha lengua o que proveyesen temporalmente de sacerdotes que conociesen ya la lengua para el ejercicio de la predicación. El conocimiento de la lengua de los indígenas llegará a ser una exigencia para la ordenación de nuevos sacerdotes. Además pide a los sacerdotes que prediquen con un lenguaje comprensible y adecuándose a la necesidad de los fieles.

 

1.2 LA FUNCIÓN DE SANTIFICAR: MUNUS SANCTIFICANDI

 

El deseo de llevar el don de salvación a tantas almas como se le había confiado, hizo que una de las prioridades de sus visitas fuese justamente proveer a os fieles de los sacramentos, especialmente del bautismo y la confirmación. Las regulaciones respecto a este tema son constantes como puede verse en las actas de los sínodos diocesanos. Se elaboraba patrones con la relación de bautizados, confirmados, matrimonios.

 

“La razón por la cual el santo Arzobispo se preocupa tanto de la existencia de parroquias para que sus fieles puedan recibir los sacramentos, implica la importancia que daba al munus sanctificandi, por estar convencido de la importancia de los sacramentos y de la liturgia en general como medio de santificación, como comunicación de la salvación”[6].

 

1.3 LA FUNCIÓNDE REGIR: MUNUS REGENDI

 

Organización canónica inmediata. A lo largo de su ministerio episcopal Santo Toribio fue conociendo cada vez más la realidad de su arquidiócesis, ya desde el comienzo con ocasión de sus entradas y visitas fue organizando y proveyendo de legislación adecuada a las necesidades de los fieles. Varios de los sínodos celebrados por Santo Toribio fueron realizados en medio de sus Visitas y en ellos se percibe una serie de preocupaciones recurrentes del Santo Pastor.

 

Las visitas pastorales le permiten conocer la realidad de la diócesis y gobernar mediante instrucciones dadas in situ[7], es decir, a partir de la constatación directa de las necesidades más urgentes se van generando estructuras y un ordenamiento jurídico adecuado a las circunstancias.

 

2.-ENCARNACIÓN DEL IDEAL DEL BUEN PASTOR

 

El Santo Arzobispo de Lima vivió para sus ovejas, les dio generosamente el alimento de la Palabra de Dios y de los sacramentos, las protegió de los lobos que querían sacar provecho del rebaño (nótese por ejemplo la cuidada legislación que protege a los indios contra los abusos de algunas autoridades), conocía a sus ovejas y sus ovejas lo conocían a él (justamente a través de las visitas), murió entregando sus últimas fuerzas por el bien de su rebaño (en Saña, en medio de su cuarta visita).

 

3.-PROFUNDA UNIÓN CON DIOS COMO FUENTE DE SU ENTREGA

 

En medio de las largas y fatigosas tareas que realizaba, el Santo Arzobispo encontraba siempre tiempo para el encuentro íntimo con Dios. Su generosa entrega encontraba su fuente en esa profunda vida de unión con Dios. “Sin mí no pueden hacer nada”, dijo alguna vez Jesús a sus discípulos. Estas palabras que nos hacen pensar en la insuficiencia humana para realizar la tarea de enormes proporciones que se encomendó a nuestro santo, a la vez nos insinúan el secreto de tan generosa entrega y de la eficacia de su ministerio: la unión con Cristo.

 

II.-Obediencia A La Iglesia

2.1.-         LEGISLACIÓN RELATIVA A LAS VISITAS PASTORALES

 

Es importante señalar que las visitas pastorales que realizó Santo Toribio estaban respaldadas por la legislación eclesiástica precedente heredada del Arzobispo Loayza y reglamentadas en muchos de sus aspectos particulares. La experiencia misma de las visitas realizadas personalmente, y no a través de terceros, confirmaría al santo Arzobispo que tal legislación era en muchos aspectos insuficiente[8]. Sin embargo, Santo Toribio conocía el ideal Obispo que la Iglesia había formulado hacía poco con ocasión del Concilio de Trento y tenía por delante el reto de responder a ese desafío y dar cauce a ese ideal.

 

2.2.-         FIDELIDAD A LAS DISPOSICIONES DE TRENTO

 

Gracias a Santo Toribio la Iglesia de Lima pudo gozar de una legislación que concretaba las disposiciones del Concilio de Trento[9].

 

Según los documentos de Trento una verdadera reforma de la Iglesia debía empezar por los Obispos: de su enmienda dependían la del clero y la de los fieles. En su condición de sucesores de los apóstoles debían ejercer su misión con santidad y celo apostólico, con sabiduría y buscando el bien de los demás, sabiendo guiarles paternalmente[10].

 

En este sentido el III Concilio Limense representa un momento de gran importancia. De él se derivan valiosas disposiciones sobre las Visitas y la Instrucción para Visitadores[11].

El Santo Pastor exhortó firmemente en este Concilio a los demás Prelados a realizar dicha visitas ellos mismo y no a través de visitadores, salvo casos urgentes[12].

 

2.3.-         RINDIENDO OPORTUNAMENTE CUENTAS DE SU MISIÓN

 

Las Visitas fueron un gran medio para el conocimiento, la organización y la atención pastoral de la Iglesia de Lima, Santo Toribio las preparó y realizó con esmero según las disposiciones de la Iglesia, pero en más de una ocasión tuvo que rendir cuentas de su actividad tanto al Rey como al Papa.

 

Se movió con libertad frente a la oposición de algunas autoridades, mostrando firmeza de carácter y profunda convicción de estar cumpliendo con lo que la Iglesia le pedía, pero sabiendo dar cuenta con transparencia y detalle del cumplimiento de su deber[13].

 

Debido a las calumnias y ataques del Virrey el Santo tuvo que sufrir incomprensión y muchas críticas en agravio de su honra. Llegó incluso a recibir la reprensión del Rey, debido a que se le acusó de ser autor de un Memorial al Santo Padre. El Santo se lamenta de la mala imagen que esta falsa información había transmitido al Rey y niega firmemente haber escrito o siquiera pensado tales cosas.

 

III.-Diálogo Pastoral

3.1.-         RELACIÓN CON LOS SACERDOTES

 

En los lugares en los que encontraba sacerdotes la Visita era una ocasión propicia para estrechar vínculos con ellos, para conocer sus inquietudes y necesidades. En el registro de las mismas se consignan datos relevantes sobre el estado de las Parroquias y sobre los sacerdotes que en ellas ejercían el ministerio. Con frecuencia se señala si el sacerdote sabía hablar la lengua de los indígenas o aún no.

 

Pero la Visita también era una instancia por la cual el santo pastor velaba por el buen cumplimiento de sus obligaciones y les animaba a ser pastores que buscan ante todo el bien de sus ovejas, dando la vida por ellas.

 

3.2.-         CONTACTO PERSONAL CON LAS OVEJAS

 

Hemos señalado anteriormente que Santo Toribio exhortaba firmemente a los demás Prelados a realizar ellos mismos las Visitas, pues el contacto personal es un elemento fundamental para el bien de las ovejas y también para el Pastor.

 

En cuanto lo era posible aprovechaba el tiempo que permanecía en los poblados para establecer vínculos personales con sus ovejas, aprender sus nombres, compartir con ellos, conocer directamente la situación en las que vivían, escuchar sus problemas y demandas, etc.

 

En todo momento evitaba dar la impresión de estar sirviéndose de sus ovejas y se alejaba de cualquier ostentación innecesaria. No aceptaba regalos de ningún tipo. No dejaba lugar sin visitar. No le frenaba el hecho de que se encontrase muy alejado, fuese de difícil acceso o fuese una sola persona la que lo necesitaba.

 

No permanecía más tiempo del necesario en el lugar de la Visita y pagaba siempre de su propio peculio los gastos de su estadía y los de su familia[14] para no ser gravoso a nadie.

 

3.3.-         CONOCIMIENTO DEL TERRENO DE EVANGELIZACIÓN

 

Las visitas toribianas fueron una instancia para llegar a un conocimiento más profundo de las condiciones geográficas y demográficas, del estado material de las parroquias, curatos o poblados de las instituciones eclesiásticas en ellas existentes (cofradías y hermandades)[15]. En el libro de visitas sus secretarios consignaban datos detallados sobre número de habitantes, los indios tributarios, las rentas que tenían la parroquia o el número de ganado, los obrajes, las minas, etc. También las cuestiones relacionadas con los sacramentos[16].

 

3.4.-         RESPUESTA A SUS OPOSITORES

 

Las fatigosas visitas pastorales fueron una muestra poderosa del sentido pastoral y del absoluto compromiso de nuestro santo con su grey, sin embargo, las prolongadas ausencias de la sede limeña le trajeron fuertes críticas y oposiciones. Enfrentó las oposiciones del Oidor Ramírez de Cartagena, del Cabildo, de los virreyes Fernando Torres y  Portugal y García Hurtado de Mendoza.

 

Siendo buen conocedor de sus deberos y derechos y con claridad de juicio supo dar respuesta oportuna y firme a las oposiciones que encontró de parte de sus críticos. Como Pastor fiel a su misión debe defender su derecho a realizar las Visitas y hacer respetar el derecho del rebaño a recibir la atención espiritual. Además hace respetar su buen nombre –tantas veces maltratado por sus detractores- por los canales adecuados con prudencia y firmeza.

 

ALGUNOS ASPECTOS DE LA PREOCUPACIÓN POR LOS NATIVOS EN SUS VISITAS PASTORALES

 

1.     La preocupación de Santo Toribio con el trato humano de los indios.

 

·       Una mirada objetiva debe llevarnos a percibir lo que el Papa Juan Pablo llamó de “luces y sombras” de la evangelización constituyente de América.

·       Ante esta situación, una de las grandes preocupaciones del Santo Toribio fue el trato que las personas llegadas del Viejo Continente debían dispensar a los indios.

·       “La mansedumbre de esta gente y el perpetuo trabajo con que sirven, y su obediencia y sujeción natural podrían con razón mover a cualquier hombre por áspero y fiero que fuese para que holgase antes de amparar y defender estos indios, que no perseguirlos y dejarlos vejar de los malos y atrevidos. Y así…a los curas y otros ministros eclesiásticos manda muy de veras que se acuerden de que son pastores y no carniceros y que como a hijos lo han de sustentar y abrigar en el seno de la caridad cristiana. Y si alguno por alguna manera hiriendo o afrentando de palabra, o por otra vía, maltratara algún indio, los Obispos y sus Visitadores hagan diligente pesquisa y castíguenlo con rigor”[17]

·       Cita incluso la posibilidad de la pena de excomunión mayor latae sententiae en caso de maltratos.

·       En una carta a Felipe III afirma: “Se me encarga (por Vuestra Majestad) procure poner cuidado y ordene que en las iglesias de este Arzobispado se tenga mucha cuenta con el buen tratamiento de los indios y que no reciban vejaciones de los doctrineros; en este Arzobispado, bendito Dios, el clero está muy reformado y hay poco o nada que corregir cerca de los susodicho, que no me ha dado poco contentamiento”[18]

·       Testimonio de un Notario público del Arzobispado de Lima, don Alonso Ramírez Berrio, que expresa muy bien la atención de Santo Toribio en el trato humano de los nativos: “El señor Arzobispo…ha sido protector y amparo de los indios y ha procurado con muchas veras su buen tratamiento, enseñanza y educación y que los sacerdotes no los maltraten y molesten ni tengan granjerías ni otras contrataciones; para lo cual con suma vigilancia y cuidado ha proveído Visitadores los mas honrados y de experiencia y aprobación que ha podido hallar, a los cuales ha podido hallar, a los cuales ha dado instrucciones…que (los naturales) alcancen su justicia contra los sacerdotes que les  hubieren hecho agravio; con lo cual…está este Arzobispado mejor y más reformado que todos los Obispados del reino”.[19]

·       Se preocupaba incluso del sueldo a que los indios tenían derecho por el fruto de su trabajo.

·       A lo largo de todas las notas en relación a sus tres Visitas Pastorales podemos percibir una serie de detalles que son expresión del gran cuidado que Santo Toribio tenía con los indios. La exigencia que hacía del trato humano con los nativos era fruto de su misma vivencia personal. El Arzobispo fue siempre un verdadero modelo de pastor y caridad hacia los indios. Ciertos detalles como por ejemplo: el apuntar y aprender el nombre de los indios, tener el cuidado de contabilizar el número de indios existentes en cada lugar visitado, pedir a los clérigo que hagan un padrón de los indios, nombrar a los indios y su familia (esposa e hijos), escuchaba el testimonio de la boca de los propios indígenas incluso cuando el Arzobispo necesitaba investigar el salario que el clérigo recibía, en algunos de los apuntes hace referencia a las “personas indias”. Todos estos pequeños detalles hablan del gran cuidado que el mismo Arzobispo dispensaba a los indios.

·       Preocupación de Santo Toribio con respecto a la vida digna que los indios deben tener.

·       Promueve a que los indios tengan un oficio para mejorar la condición económica: tejedores, hiladores, carpinteros y albañiles. Podemos también pensar en lo que el aprendizaje de una oficio puede hacer para que una persona se vuelva cada vez más humana, en un auténtico proceso de su civilización, por su escolarización.

·       El trabajo en las reducciones se hacía según un orden, según las leyes y las respectivas autoridades. En este sentido vemos al Arzobispo, el sacerdote, el notario, el escribano, el corregidor y justicia, el juez eclesiástico, el visitador general, el encomendero incluso los caciques (como autoridad nativa9. Eso habla de que los indios eran tratados con verdadero respeto.

·        El Concilio III Limense fue un importante instrumento para lograr un autentico trato humanos a los indios. “Uno de sus propósitos principales fue asegurar la defensa y cuidado que se debía tener de los indios. Luego de que los Padres conciliares manifestaron su dolor por el maltrato que a veces ellos recibían, amonestaron a todos, sacerdotes y funcionarios, que los considerasen como eran, hombres libres y vasallos de la Majestad Real. Los sacerdotes, por su parte, en el trato con ellos debían acordarse de que eran padres y pastores”.[20]

 

 

 

2.     La preocupación por la buena salud de los indios.

 

·       Sabemos  por la historia objetiva que gran parte de las muertes de los nativos fue consecuencia de las enfermedades traída por los europeos al continente americano. Los hospitales eran, por lo tanto, algo absolutamente necesario. A lo largo de sus Visitas Pastorales varias son las notas que demuestran que el Arzobispo velaba constantemente para que los nativos gozasen de toda la ayuda necesaria en el tema de salud.

·        Quizás sean la construcción y manutención de los hospitales el mejor testimonio del gran esfuerzo del Arzobispo por cuidar la salud de los indios. Él cuidó personalmente de este tema: trabajando en la construcción de los hospitales e incluso nombrando algunos hospitales que no tenían colchones y frazadas para los enfermos, tal su involucración personal con este proyecto.

·       Contexto: el Virrey Toledo había destinado un tributo especial, un tomín de plata ensayada, exclusivamente para la construcción de hospitales. Sin embargo no pocas veces estos recursos fueron mal utilizados, pues se quedaban guardados en las llamadas cajas de comunidad que estaban a cargo de los corregidores. Santo Toribio buscó el apoyo del rey para solucionar este problema.

·       Sus Visitas Pastorales fueron el medio adecuado para que Santo Toribio comprobara in situ la necesidad de la construcción de los hospitales y eso supuso un gran esfuerzo de su parte.

·       “Por eso el Arzobispo, en el incesante caminar de su visita general en los siete años, y simultáneamente al papeleo fue procediendo a la fundación de los hospitales de nuevo o rehabilitación de los antiguos deshechos, desoyendo reclamaciones de funcionarios, y sin vacilar en dar al paso (él tan cauto y comedido siempre) de saltar por encima de formulismos legales no muy claros y siempre de inferior categoría que las miserias de los pobres y enfermos de la población india”[21].

·       Para construir hospitales utilizó fondos eclesiásticos y de su propia hacienda.

·       A través de los Visitadores, revisaba incluso el trabajo de los médicos y cuando uno de ellos no visitaba los pueblos y hospitales como lo acordado indicaba que se les redujese el salario.

 

 

 

3.     La evangelización de los indios.

 

·       El mismo Santo Toribio, como parte de esta misión evangelizadora y aun mas como Arzobispo de Lima, se esforzó mucho en esta misión. Hay que destacar no solo su trabajo en la organización y guía como Pastor en la evangelización de los territorios a él encomendados, sino especialmente su testimonio personal como evangelizador: Al revisar sus Visitas Pastorales, el número de pueblos visitados, la cantidad de kilómetros recorridos uno no termina de maravillarse con la entrega tan generosa del Santo Arzobispo. Podemos decir que la Evangelización fue realmente su camino personal de santificación.

·       A lo largo de sus Visitas Pastorales vemos su preocupación al visitar cada pueblo en saber sobre la existencia de iglesias, cofradías y doctrinas.

·       El libro de las visitas nos relatan un ejemplo de su osadía para evangelizar: “Su Señoría Ilustrísima visitó toda la doctrina de Taulia donde es cura el P. Fray Francisco Cabezón, de la OM, la cual doctrina tiene muchos pueblos y en partes muy trabajosas donde es forzoso ir el sacerdote con mucho cuidado y recato por causa de los indios motilones y jeberos, que de ordinario salen a Laya y Po Su Señoría Ilustrísima visitó todos los dichos pueblos y paso con harto trabajo el dicho camino y peligro de su vida”[22].

·       Se preocupa mucho no solo con los indios que estaban en las distintas reducciones, sino que los sacerdotes llegasen también a los pueblos más alejados y de difícil acceso. Él mismo busca organizar ciertas reducciones, incluso cambiando los indios de las tierras donde vivían, para que pudiesen tener una mejor evangelización. Incluso llega a indicar que algunos indios no vuelvan a los antiguos pueblos donde vivían porque hay el peligro que regresen a sus prácticas paganas anteriores a su conversión.

·       Ayuda esencial de los misioneros: es impresionante percibir el cuidado y la atención que tiene Santo Toribio por sus sacerdotes. A lo largo del libro de sus visitas vemos por ejemplo como conocía a cada sacerdote por su nombre, como se enteraba de los trabajos que estaba haciendo, de cómo iba avanzando, de las dificultades que tenían, la preocupación de que perciban el sueldo o tengan otros recursos económicos para su sustento y el de las reducciones (cabezas de ovejas, ganado, cabras, puercos, yeguas, burros, pesos, telares, torno, ingenieros de azúcar, pesca, agricultura, viñas, minas), de que tengan casa y comida.

·       Otro elemento importante en relación a los sacerdotes era el aprendizaje de la lengua indígena. En el libro de visitas vemos como una constante el comentario de si el sacerdote hablaba la lengua indígena bien, más o menos  o no lo hablaba. Y eso es prueba como Santo Toribio estaba muy atento a este tema. Los curas debían ser evaluados en sus conocimientos de la lengua de los indios y del catecismo que debían enseñar y hacer sus prédicas: se ha de acomodar en torno a la capacidad de los oyentes el que quisiere hacer fruto con sus sermones o razonamientos; de modo llano, sencillo, claro y breve, de modo que su estilo sea fácil y humilde, no levantando, las cláusulas no muy largas, ni de rodeo, el lenguaje no exquisito, ni términos afectados, y más a modo de quien platica entre compañeros, que no de quien declara en teatros.

·       Aunque necesitaba de la ayuda de sacerdotes fue muy exigente y riguroso con las ordenaciones sacerdotales.

 

 

4.     La recepción de los sacramentos por parte de los nativos.

 

·       Conciencia del mandato del Señor: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”[23].

·       En esta labor Santo Toribio necesitó mucho de la ayuda de los sacerdotes. Incluso velaba para que los sacerdotes atendiesen sacramentalmente algunos pueblos cercanos a los suyos que no tenían clérigos.

·       El primer gran esfuerzo para la conversión de los nativos era la administración del sacramento del bautismo. A lo largo de todo el libro de visitas de Santo Toribio hay una constante preocupación por apuntar el número de nativos que son considerados las “personas de confesión”, es decir, de consignar el número de aquellos que habían sido bautizados.

·       Quizás el que nos llame más la atención sea el gran número de confirmaciones celebradas por el Arzobispo. El inmenso número de confirmados y el cuidado en apuntar cada una de las confirmaciones nos habla del celo pastoral del Arzobispo con este sacramento. Testimonio de don Bernardino Almansa, “siempre a su costa ha dado las velas y vendas necesarias a los indios para la confirmación, no consintiendo ni permitiendo jamás que a los indios se les llevase vela ni venda”[24].

·       Luego podemos también percibir su preocupación en relación al sacramento de la Eucaristía. Vemos al Arzobispo consagrados aras para su celebración, velando junto a los sacerdotes de manera especial por la celebración de la Misa de manera digna tales como: cáliz, paterna, vinajeras, bacinilla, cruz. Pero en el tema de la Eucaristía es importante señalar que no era un tema tan sencillo puesto que muchos consideraban que los indios no eran capaces de comprender tan gran misterio y que por una serie de prácticas pecaminosas muy arraigadas (como las borracheras, supersticiones, idolatrías y amancebamientos) no deberían recibirla. Aún más en una contexto histórico de gran devoción a la Eucaristía, donde incluso no se la recibía con mucha frecuencia. Pero Santo Toribio no se paralizó ante tal obstáculo, sino que más bien ante las quejas de muchos sacerdotes les exhortó a que se esforzasen aún más en la formación de los indios, para que entonces pudiesen comprender tan magno misterio y acercarse a la comunión.

·       La celebración de la Misa era para Santo Toribio un excelente medio de evangelización. Por ello se esforzó por alentar a los sacerdotes a tener una gran reverencia en las celebraciones eucarísticas. “Que todo lo que toque al culto divino se haga con la mayor perfección y lustre que puedan, y para este efecto pongan estudio y cuidados en que haya escuela y capilla de cantores y juntamente música de flautas y chirimías, y otros instrumentos acomodados a las iglesias. Porque es cosa sabida, se dice, que esta nación de indios se atraen y provocan sobremanera al conocimiento y veneración del sumo Dios con las ceremonias exteriores y aparatos del culto divino”[25].

·       Referencia a que incluso se celebrasen misas por las intenciones ofrecidas por los mismo indígenas.

·       El sacramento de la reconciliación también fue parte de la preocupación del Santo Arzobispo. En el libro de las visitas hay referencias a su atención a este sacramento. Y a través del Concilio III Limense también se esforzó en la administración de la confesión. Se publicaron también los llamados “confesionarios indianos” para ayudar tanto a los confesores en su labor como a los penitentes en todo aquello que debían confesarse (una especie de guía para la confesión).

·       Con respecto al sacramento del matrimonio no encontramos propiamente algún relato de que Santo Toribio haya celebrado matrimonios en sus visitas pastorales. Pero en el libro de las visitas sí encontramos varias referencias de los indios con sus esposas, lo que nos hace suponer que también fue preocupación de los misioneros ayudar a los indios, una vez bautizados, a que regularizasen su situación matrimonial.

·       Y en todo el tema sacramental el Arzobispo se preocupa también que los indios reciban los sacramentos sin que se les cobre nada. En una carta de Santo Toribio al Rey indica: “ordené lo mismo, añadiendo que ningún clérigo de doctrina pudiese llevar cosa alguna de los indios en razón de administración de los sacramentos...aunque los indios los ofrezcan y den de su voluntad”[26].

 

A modo de conclusión.

 

No podemos desentendernos ante las necesidades de nuestro prójimo ni mucho menos ser indiferentes, negligentes, insensibles o los marginemos. Este es un reto que todo cristiano esta llamado a cumplir desde sus posibilidades, perspectivas y estado de vida. Esto no significa permanecer en un idealismo o utopía, sino que hemos de procurar conocer nuestro entorno, nuestra realidad, nuestra situación como lo hizo el santo. Pero ello no significa ser conformista o huir o desentenderse ni dejarse absorber o llevar por la corriente. Sino el ser consciente de lo que pasa, nos pasa y desde allí ser valientes y honestos para enfrentar todo lo que se nos presente con valentía tanto en pensamientos y actitudes como en todo lo antropológico y social (“estar en el mundo sin ser del mundo” Ef 4, 1). Es así que hemos de tener un estilo de vida debida, es decir creer profundamente lo que se predica y vivir congruentemente lo que se cree y si no es así todo se desvirtúa y malinterpreta. Ya decía san Gregorio Magno: “Quien tiene la misión de decir cosas grandes, está obligado igualmente a practicarlas”.  Y el sucesor actual de santo Toribio nos recuerda: “... El Papa afirma que ahora el mundo está pidiendo que le mostremos a Cristo vivo. LA PREDICACIÓN TIENE QUE IR ACOMPAÑADA DEL EJEMPLO, PARA QUE LA GENTE VEA LA IMAGEN DE CRISTO EN CADA CRISTIANO. Nos lo dice a ti y a mi, a cada uno como si el mundo pagano, agnóstico o indiferente nos dijera: ENSÉÑAME QUE ERES CATÓLICO CON TU PALABRA Y ESPECIALMENTE, CON TU EJEMPLO, CON TUS OBRAS. SE TESTIGO VIVO DE LO QUE CREES... A todos nos dicen los que no tienen fe o la han escondido debajo de sus pecados: MUÉSTRAME A CRISTO, MUÉSTRAMELO CLARAMENTE, QUE YO PUEDA VERLO EN TUS OBRAS. ESO PIDE HOY EL MUNDO A GRITOS![27].

 

Así mismo oremos los unos por los otros para vivir las exigencias de la Doctrina Social de la Iglesia que nos invita a vivir la caridad, verdad, justicia, bien común y solidaridad para con los demás. Y que nuestros pastores tengan este espíritu de fidelidad al Evangelio como lo fue el patrono del episcopado latinoamericano.

 

Señor, tú has querido fortalecer a tu Iglesia en América mediante los trabajos apostólicos y el celo por la verdad de tu obispo santo Toribio; concede al pueblo a ti consagrado crecer constantemente de fe y dar auténticos frutos de santidad. Por nuestro Señor Jesucristo.[28]

Santo Toribio, apóstol del Perú, ruega por nosotros.

 

 

Referencias

 

CARD. JUAN LUIS CIPRIANI THORNE, Santo Toribio de Mogrovejo: modelo de evangelizador, Pontificia Comisión para América Latina, Librería Editrice Vaticana 2008. Y en Testigos vivos de Cristo,  Ed. Rialp S. A. Madrid 1999.

 

BENITO, Jose Antonio. La propuesta evangelizadora multicultural de las visitas pastorales de Santo Toribio. En: Actas del Congreso Académico Internacional Toribio de Mogrovejo Misionero, Santo y Pastor. Lima 2006

 

Libro de visitas de Santo Toribio Mogrovejo (1593-1605), Fondo Editorial, Lima, 2006.

 

PUIG, Esteban. “Cartas de Santo Toribio de Mogrovejo”. En: REVISTA

PERUANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA 9, Cuzco 2006.

 

RODRÍGUEZ, D.V., Santo Toribio de Mogrovejo Organizador y Apóstol de Sur-América, Tomo II, Instituto Santo Toribio de Mogrovejo, Madrid, 1962.

 

VILLEGAS, Juan. Aplicación del Concilio de Trento en Hispanoamérica. Cuadernos del Itu 3. Montevideo 1975.

 

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[1] Magister en Teología por la FTPCL; ex docente de la UMCH, UNMSM, UCSS y UNIFE; Actual docente del colegio SS.CC. Recoleta; Oficial Profesional de Reserva del Ejército Peruano; Colaborador de la Revista Magazine “Vivir bien”

[2] Téngase presente que aún no eran países o naciones constituidas como lo son ahora. Pues eran tierras que formaban parte de un mismo territorio. Es más, solamente existían dos diócesis, México y Perú.

[3] Estas tierras que habían sido conquistadas por la corona española nos veían como súbditos y como tales, teníamos la dependencia y reverencia hacia ellos.

[4] Se ha de recordar que Jesucristo fundó la Iglesia con un fin, el continuar con su misión, la salvación de los hombres. Ahora para conseguir este fin, la Iglesia ha recibido una misión “la misión de anunciar de anunciar el reino de Cristo y de Dios, e instaurarlo en todos los pueblos” (LG 5). Esta misión que Cristo dio a la Iglesia contiene un triple encargo o mandato, al que le corresponde una triple potestad, oficio o ministerio: a) al encargo de enseñar.. potestad de Magisterio o ministerio profético; b) al encargo de santificar… potestad de orden o ministerio sacerdotal; c) al encargo de gobernar… potestad de jurisdicción o ministerio pastoral.

[5] Cf, Rm 10, 17

[6] CARD. JUAN LUIS CIPRIANI THORNE, Santo Toribio de Mogrovejo: modelo de evangelizador, Pontificia Comisión para América Latina, Librería Editrice Vaticana 2008, p.419.

[7] Ibid, p. 422.

[8] Al tiempo de la celebración del III Concilio Limense, que fue poco tiempo después de su llegada al Perú, Santo Toribio tenía una idea básica de la realidad de la Arquidiócesis. Esta visión estaba basada en lo que había visto en su mismo viaje de llegada a Lima y en una breve visita de exploración hacia el sur que realizó con el preciso propósito de informarse sobre la situación real y la problemática que habría de tratarse en el Concilio. Cf. RODRÍGUEZ VALENCIA, Vicente Santo Toribio de Mogrovejo.

Organizador y Apóstol de Sur-América, Ediciones Jura San Lorenzo, Madrid, 1961, p.449.

[9] Cf. VILLEGAS, Juan. Aplicación del Concilio de Trento en Hispanoamérica. Cuadernos del Itu 3. Montevideo 1975, p.167.

[10] Cf. VILLEGAS, o.c., p 80.

[11] Cf. Ibid., p. 158.

[12] Cf. RODRIGUEZ VALENCIA, o.c., pp. 447-448.

[13] Cf. Ibid., p. 480.

[14] Cf. PUIG, Esteban. “Cartas de Santo Toribio de Mogrovejo”. En: REVISTA PERUANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA 9, Cuzco 2006, p. 71.

[15] Cf. BENITO, Jose Antonio. La propuesta evangelizadora multicultural de las visitas pastorales de Santo Toribio. En: Actas del Congreso Académico Internacional Toribio de Mogrovejo Misionero, Santo y Pastor. Lima 2006, p. 120.

[16] Cf. PUIG, Esteban, o.c., p. 70.

[17] Rodríguez D. V., Santo Toribio de Mogrovejo Organizador y Apóstol de Sur-América, Tomo II, Instituto Santo Toribio de Mogrovejo, Madrid, 1962, p.19.

[18] Allí mismo

[19] Allí mismo, p.21.

[21] Rodríguez, D.V., Santo Toribio de Mogrovejo Organizador y Apóstol de Sur-América, Tomo II, Instituto Santo Toribio de Mogrovejo, Madrid, 1962, p.47.

[22] Libro de visitas de Santo Toribio Mogrovejo (1593-1605), Fondo Editorial, Lima, 2006, p.123.

[23] Mt 28, 19.

[24] Rodríguez, D.V.,Santo Toribio de Mogrovejo Organizador y Apóstol de Sur-América, Tomo II, Instituto Santo Toribio de Mogrovejo, Madrid, 1962, p.26.

[26] Rodríguez, D.V., Santo Toribio de Mogrovejo Organizador y Apóstol de Sur-América, Tomo II, Instituto Santo Toribio de Mogrovejo, Madrid, 1962, p.23.

[27] Card. J. L. Cipriani T. “Testigos vivos de Cristo” Ed. Rialp S. A. Madrid 1999. pag. 53-54.

[28] Oración colecta del ritual propio de los santos del Perú.

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