domingo, mayo 06, 2018

SANTO TORIBIO EN SAN FRANCISCO DE LIMA

SANTO TORIBIO, LOS FRANCISCANOS Y SU CORAZÓN EN SANTA CLARA

 

26 de abril 2018-José Antonio Benito

 

  1. QUE NO SE NOS MUERA NUESTRO DON QUIJOTE SIN MANCHA
  2. LA TRASCENDENCIA HISTÓRICA DEL "SANTO PADRE" DE AMÉRICA
  3. ESTIMA Y APOYO DE SANTO TORIBIO A LAS ORDENES RELIGIOSAS.
  4. SUS RELACIONES CON LOS FRANCISCANOS

5. EL MONASTERIO DE SANTA CLARA

  1.  SANTA CLARA: CORAZÓN HECHO "POLVO ENAMORADO"

Les comparto el esquema de la charla impartida en San Francisco de Lima. En el templo principal, en el retablo de San Francisco Solano, se conserva una escultura de Santo Toribio. En el Museo se cuenta con la única imagen de Santo Toribio, que muestra al santo joven. La pintura es parte de uno de los cuatro retablos procesionales ubicados en las cuatro esquinas del claustro principal.

Agradezco la gentileza de una de las historiadoras responsables del Museo, Leslie Tucno

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El Papa Francisco, que pasó junto al Museo de San Francisco, les habló a los obispos del Perú compartiendo nuevamente su devoción por Santo Toribio, destacando de él su parresía, su celo evangelizador, su afán de tender puentes y cruzar la otra orilla, buscando a los lejanos y dispersos en el territorio, acercándose a las orillas de otras culturas, la orilla de la caridad, la de la formación sacerdotal, la de la unidad, la orilla definitiva, la de la eternidad.

 

EL MONASTERIO DE SANTA CLARA

Se fundó por decisión de Santo Toribio de Mogrovejo. El primero que se fundó de esta Orden fue en el Cuzco, sin embargo las primeras monjas que integraron el monasterio de Lima no provenían de éste, sino del convento de las religiosas agustinas de Lima. Promotor de la fundación fue el portugués Francisco de Saldaña, quien lo solicitó a Santo Toribio. Este pidió y obtuvo los permisos y licencias del rey Felipe II y del Papa Clemente VIII, para llevar a efecto la fundación. La bula de su fundación fue otorgada por el mismo Papa algo más tarde, el 31 de agosto de 1596.

El rey de España, enterado de que la fábrica del monasterio iba lentamente, despachó cédulas mandado a los señores virreyes que favorecieran esta empresa, como lo hicieron el Marqués de Cañete, don García Hurtado de Mendoza y don Luis de Velasco. El mismo fundador, don Francisco Saldaña dio su hacienda y se ofreció de por vida como esclavo al convento.

Cuentan también que en varias ocasiones el mismo santo arzobispo cargó sobre sus hombros las piedras que sirvieron para levantar la iglesia, dejando en una de ellas impresa la imagen del sombrero que llevaba puesto. En 1602, después de recibida la autorización del Papa Clemente VIII, se fueron a vivir a la nueva casa algunas religiosas agustinas, aunque todavía sin clausura ni vida conventual organizada. Sería en 1605 cuando el provisor y vicario general don Miguel Salinas, por orden del arzobispo de Lima dada desde San Jerónimo de Pampas el 11 de julio, ordenara la clausura para estas religiosas, en vísperas de la fiesta de Santa Clara, que se celebraba el 12 de agosto.

La ceremonia de inauguración se realizó el domingo 10 de agosto de 1605 con una solemne procesión iniciada en el monasterio de la Encarnación y que culminaría en el naciente monasterio de Santa Clara. El monasterio de Santa Clara, que se intitulaba de Nuestra Señora de la Peña de Francia, quedaba abierto, aunque el estreno oficial y definitivo se hizo el 4 de enero de 1606, según consta en las memorias del convento. Adoptaron la regla de Santa Clara, aunque pasaban a depender de la obediencia del arzobispo de Lima.

Santo Toribio, alma y corazón de esta obra, no pudo disfrutar mucho de ella, pues fallecía dos meses después el 23 de marzo de 1606 fuera de Lima, en la Villa de Saña. El número de religiosas fue en aumento continuo y a los diez años de fundado el monasterio ya contaba con 17 monjas profesas de velo negro; posteriormente, en 1630 escribía el cronista Salinas y Córdova  que este monasterio no era inferior a los más famosos de España: con 160 religiosas de velo negro, 37 de velo blanco, 33 novicias, 18 donadas y 120 esclavas. Así había prendido en Lima la llama franciscana de pobreza y alegría en las clarisas de esta ciudad. En este convento quiso entrar santa Rosa de Lima; en él vivió una de las sobrinas del Santo, Beatriz, hija de doña Grimanesa, la hermana que siempre acompañó a Santo Toribio.

Entre los altares que existen en la iglesia, se ostenta uno dedicado a SANTO TORIBIO, su fundador. Al enterarse del fallecimiento del santo, pidieron y obtuvieron que su corazón fuera sepultado en su iglesia, dentro de una caja de plomo cubierta por rica madera..

 

CORAZÓN HECHO "POLVO ENAMORADO"

Al contemplar esta preciada reliquia de Santo Toribio no podemos menos que pensar en los latidos cordiales de este misionero gigante, padre de América, que recorrió el Perú de arriba abajo, de costa a sierra y selva, y que derrochó amor misericordioso por todos los rincones de la arquidiócesis más dilatada del planeta, Lima.

La visita nos informa que el corazón fue enterrado debajo de la peana del altar mayor del lado del Evangelio; después de algunos años, se sacó la caja en que estaba el corazón, y se puso en la pared de la iglesia al mismo lado del Evangelio en un nicho, y arco hecho de ladrillos, debajo de una tumba, y encima un capelo de dicho siervo de Dios, forrado en tafetán verde. Con motivo de tener que derribar la iglesia antigua para fabricar la "lustrosa y grande que el día de hoy tiene nuestro Monasterio y también la dicha pared, arco y nicho, (que en aquella sazón era esta testigo abadesa) Pedro de Villagómez, Arzobispo, que al presente es de esta ciudad, hizo sacar la dicha caja, y le quitó la que tenía de madera, y lo puso en otra, que para aquel efecto estaba dispuesta, y la encerró en un confesionario que entonces caía en la iglesia antigua, debajo del coro, y mediante la dicha fábrica nueva, vino a quedar después dentro de la clausura y en la sacristía interior de este Monasterio, donde al presente está encerrado con la llave, que el dicho señor Arzobispo don Pedro de Villagómez le puso y se llevó". Queda claro por tanto que el corazón –a diferencia del de Santa Teresa- que aun hoy conserva su forma original, hoy no es más que polvo y tierra resultado de la putrefacción de la víscera al ser enterrado. Sin embargo, ese "polvo enamorado" se presenta envuelto en un blanco lino y amorosamente guardado en una pequeña y sencilla custodia de bronce bañado en oro.

Da testimonio la Madre María Magdalena Vélez Roldán; figura como abadesa en 1661 en la visita al corazón la madre. Ana Manrique.

Como testimonio del cordial afecto de Santo Toribio Mogrovejo hacia las Religiosas Clarisas de Barrios Altos, en Lima, donó su corazón que aun hoy guardan como preciada reliquia. Envuelto en un blanco lino y amorosamente guardado en una pequeña y sencilla custodia de bronce bañado en oro, desde cuando cesó de latir hace 400 años, sigue presente entre nosotros, en la iglesia del Convento limeño de Santa Clara, fundado por él en Barrios Altos, a pocas cuadras de la Catedral.

Este corazón, que probó los esfuerzos del andar por los caminos de la Cordillera, subiendo hasta más de 5000 metros sobre el nivel del mar y bajando luego al fondo de valles y quebradas sobrecogedoras, para volver inmediatamente a alcanzar grandes alturas, y así por leguas y leguas, año tras año, y que antes de la aventura andina acompañó ardoroso al incansable misionero por los arenales del desierto costero. Así lo recuerdan en una canción original del propio monasterio que, con rima fácil, revelan un particular afecto por el que consideran su padre protector:

Apóstol del Perú  padre Toribio de Mogrovejo

a ti gloria y honor por tu entrega al servicio de tu grey.

…Tus manos andan encallecidas un monasterio tú fundaste

para que recen por los pobres por los que sufren  y por los sacerdotes.

Tu corazón nos regalaste tu amor quedó en este suelo

que Dios por medio de tu mano bendiga al pueblo entero.

 


1 comentarios:

José Antonio Benito dijo...

Título: Retablo Procesional - San Francisco y Santo Domingo interceden por el mundo
Época: s. XVII
Dimensiones: 450 x 394 x 60cm. Gentileza Museo San Francisco

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