miércoles, noviembre 30, 2011

EL CORAZÓN DE SANTO TORIBIO EN EL MONASTERIO DE SANTA CLARA



EL CORAZÓN DE SANTO TORIBIO EN EL MONASTERIO DE SANTA CLARA


Las estrechas relaciones entre santo Toribio y el Monasterio de Santa
Clara se debieron entre otras razones a ser el prelado el más decidido
valedor de la fundación, que se concretó en 1605. Fue decisivo el
apoyo del portugués Francisco Saldaña quien donó 14.000 pesos para la
obra. El 11 de agosto -fiesta de Santa Clara- de 1605 entraban las
fundadoras, religiosas de la Encarnación (Justina de Guevara, abadesa,
Ana de Illescas, Bárbola de la Vega e Isabel de la Fuente) a quienes
se unieron doce jóvenes más. Bien pronto, le siguieron numerosas
jóvenes, como una sobrina del arzobispo, Beatriz, hija de Luis de
Quiñones y Grimanesa Mogrovejo, que ingresó a los pocos meses, en
1606.

El monasterio de Santa Clara, que se intitulaba de Nuestra Señora de
la Peña de Francia, quedaba abierto, aunque el estreno oficial y
definitivo se hizo el 4 de enero de 1606, según consta en las memorias
del convento. Tanto en Salamanca como en Valladolid (parroquia de san
Martín) se encontró el Santo con la devoción a la Virgen de la Peña de
Francia. Parece ser que santo Toribio llevó esta advocación a Lima y
fomentó su culto entre el pueblo. Así lo manifiesta en la carta
escrita al Papa Clemente VIII, con motivo de su visita ad Limina de
1598: "Está en este monasterio una imagen de la Virgen de la Peña de
Francia, de mucha devoción para el pueblo, adonde acude mucho número
de gente y clérigos a decir muchas misas".

Como testimonio de su cordial afecto donó su corazón que aun hoy
guardan como preciada reliquia. Envuelto en un blanco lino y
amorosamente guardado en una pequeña y sencilla custodia de bronce
bañado en oro, desde cuando cesó de latir hace 400 años, el corazón de
Santo Toribio de Mogrovejo sigue presente entre nosotros, en la
iglesia del Convento limeño de Santa Clara, fundado por ‚l en Barrios
Altos, a pocas cuadras de la Catedral que lo tuvo como segundo
Arzobispo de Lima. Este corazón, que probó los esfuerzos del andar por
los caminos de la Cordillera, subiendo hasta m s de 4500 metros sobre
el nivel del mar y bajando luego al fondo de valles y quebradas
sobrecogedoras, para volver inmediatamente a alcanzar grandes alturas,
y así por leguas y leguas, año tras año, y que antes de la aventura
andina acompañó ardoroso al incansable misionero por los arenales del
desierto costero, ha dejado de latir. Pero ha sido escogido por Dios
para que permaneciera aquí, a nuestro lado, como la m s preciosa
reliquia de su gran apóstol, símbolo del indefectible amor con el que
sigue a cada uno de nosotros desde la Casa del Padre.Así lo recuerdan
en una canción original del propio monasterio, que con aire ingenuo y
rima fácil revelan un particular afecto por el que consideran su padre
protector:

Apóstol del Perú padre Toribio de Mogrovejo
a ti gloria y honor por tu entrega al servicio de tu grey.
Del clero tú te preocupaste un seminario tú fundaste
obispo tienes sacerdotes reconocemos tienes grandes dotes
A Dios con fe y gran esperanza serviste dentro de su pueblo
después el mismo te escogió para servirle como arzobispo
Tus manos andan encallecidas un monasterio tú fundaste
para que recen por los pobres por los que sufren y por los sacerdotes.
Tu corazón nos regalaste tu amor quedó en este suelo
que Dios por medio de tu mano bendiga al pueblo entero.

El sucesor en la silla arzobispal, colegial también de San Salvador de
Oviedo en Salamanca, natural de Castroverde de Campos (Zamora) y
sobrino del santo, Pedro Villagómez, tuvo la suerte de tramitar la
beatificación, para la que escribió una "Vida de Santo Toribio" en
verso heroico. En el Convento de Santa Clara de Lima, donde se
conserva su corazón, figuran estas sentidas palabras de su sobrino y
sucesor en la silla arzobispal: Al Corazón del Ilustrísimo y Revdo.
Sr. Toribio Alfonso Mogrovejo que debe ser adscrito por sus méritos
entre los dioses, sepultado en Lima en convento de Santa Clara.
Toribio mandó que su propio corazón fuese entregado a esta urna hasta
que (como un espíritu) alcance los astros.
Al que la villa de Mayorga engendró
noble por su sangre
Valladolid crió y educó.
Desde aquí (fue) acogido por los salmantinos
que se llaman del Colegio de Oviedo,
fue digno del honor de la toga,
en Granada fue inquisidor de la fe;
por el prudente Felipe es elegido
para regir al pueblo de Lima.
Gobernó con suave gobierno
la sede que le había sido entregada,
agradable para sus súbditos y piadoso
con los pobres. En concilio enseñó
el dogma de salvación a los peruanos
transformado en un espejo y en norma
de los pontífices.
Y fundó para enseñar a los niños la escuela
que el Sagrado concilio de Trento
había mandado erigir.
Construyó este monasterio
y consagró a las monjas
para que se dedicaran a Dios
de noche y los días malos.

De su preocupación por este sector cualificado del mundo religioso nos
habla la carta al Rey Felipe II en 1591, donde expone las necesidades
de los monasterios:
"(Las monjas)que dejaron el mundo y a sus padre y deudos y están
siempre encomendándonos a Dios en perpetua clausura y cerramiento,
privadas de los contentos y regalos de fuer, ocupadas en oraciones y
divinos oficios y no dándoseles lugar por orden y mandato mío a
admitir visitas de nadie sino fuere de padres y hermanos con expresa
licencia por escrito y a los padres y hermanos de mes a mes tan
solamente; atendiendo en esta parte al sosiego y quietud de las monjas
que yo tengo, he deseado y deseo ya que no sean molestadas ni
fatigadas con visitas inoportunas de clérigos ni legos" (Regla y
ordenanzas del Monasterio de la Encarnación T.III, p.628).

Francisco Echave y Assu en su obra La estrella de Lima convertida en
sol (230-8) nos revela íntimos y elocuentes datos: "El Monasterio de
Santa Clara, esclarecido más por su fundador el Beato Toribio que
amante de sus hijos los hizo herederos de su corazón, como de su
espíritu, sustenta más de 220 monjas de velo negro y por todas las
estrellas que brillan en este cielo de Clara, exceden el número de
mil. Esmérase en observancia y penitencia alentado de las ejemplares
señoras que han dejado en su muerte el buen olor de sus virtudes, como
son Sorores Angela Delgado, Úrsula de Jesús, Juana de Christo, María
de los Ángeles, Francisca de Alfaro, Mariana Machuca, Agustina de San
Francisco, Ana de la Cruz, Luciana Centeno y Úrsula de Cristo, morena.
Este Monasterio como los demás de esta ciudad están sujetos al
Ordinario".

F. Pini en su popular obra Padre de los pobres, santo y amigo de Dios
(Lima 1994) recoge de labios de la actual abadesa del Monasterio, cómo
aún hoy se profesa un gran afecto al jardín de este claustro virreinal
en el que la tradición popular ubica el encuentro de los jóvenes y
santos, la criolla Rosa de Lima y el mulato Martín de Porres. Allí se
venera también con especial afecto el Pozo de Santo Toribio en el
interior de la huerta. De igual modo, hay una casulla usada por el
santo y que cada año, en el día de su fiesta, viste el sacerdote que
preside la ceremonia

Igual recuerdo guarda el capellán de santa Clara de Lima, Juan Sánchez
de la Madrid, natural de Jerez de la Frontera. Como fuese campanero de
la Catedral, conversó con el arzobispo, quien le estimuló a que
aprendiese bien el catecismo y que sería bueno que se hiciera clérigo
para que desempeñase su función de campanero de cuadro con la más
firme tradición de la Iglesia.

Francisco de Saldaña, administrador del Monasterio de Santa Clara,
declarará en 1595: "este testigo le ha visto que hace una vida como un
apóstol y ha caminado con él cuando andaba en la visita y le veía el
modo con que visitaba y la caridad con que regalaba y acariciaba a sus
ovejas y él propio los iba a buscar y si estaba algún indio enfermo
que no podía acudir a la confirmación, iba él propio a su casa a
hacerle confirmar porque no le hiciese daño el salir fuera".

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