viernes, marzo 16, 2018

Iglesia de San Pedro de Coayllo, de tiempos de Santo Toribio

http://www.limalaunica.pe/2018/03/iglesia-de-san-pedro-de-coayllo.html
Iglesia de San Pedro de Coayllo

A la altura del Km. 101 de la Panamericana Sur en el Distrito de Asia existe un desvío que nos lleva hacia el interior de la provincia de Cañete. Tomando ese desvío, por una pista asfaltada, llegamos a San Pedro de Coayllo, a unos 20 minutos en auto desde la Panamericana. Y es un viaje que vale la pena, porque al llegar, nos encontramos en su Plaza de Armas, frente a uno de los templos mas antiguos de la costa peruana, aunque en la actualidad no este en su mejor estado de conservación.


Construido a finales del siglo XVI por los dominicos, fue el mas importante templo de la doctrina católica en esta zona de Lima. De original diseño renacentista su magnificencia y tamaño estaba justificado al encontrarse cerca de un antiguo palacio inca desarticulado por los españoles. La Iglesia tenia que hacer sentir su poder y presencia, y ante la cercanía de un importante palacio administrativo del anterior gobierno (Palacio Inca de Uquira), ahora había que construir un gran templo, que mostrara el poder de Dios sobre las creencias de los naturales. A lo largo de sus mas de 4 siglos de existencia, tuvo obvios cambios y remodelaciones que le fueron añadiendo elementos arquitectónicos del periodo de intervención, como el barroco, neoclásico y moderno.

Dañado seriamente por el terremoto de 1974, hubo muchos esfuerzos para su recuperación, pero lamentablemente estos demoraron tanto que con el terremoto del año 2007 se cayó la bóveda y se derrumbo buena parte de su estructura. Su importancia radica en su antigüedad, en su valor arquitectónico y social como referente del pensamiento de cada época en que estuvo en su mayor esplendor. Se puede recuperar, pero para eso se necesita unión, visión y sobretodo ser consecuentes en este objetivo. El templo de Coayllo solo es uno de los atractivos de esta rica tierra que tiene muchos valores mas de índole patrimonial, histórica y turística.

Comparto algunas fotos complementando el video compartido al inicio.








Mapa para llegar a San Pedro de Coayllo:


Próximamente un nuevo articulo con mayor información histórica de este templo.

sábado, marzo 10, 2018

Santo Toribio de Mogrovejo: Obispo y reformador

"Santo Toribio de Mogrovejo: Obispo y reformador" Humanismo cristiano y Reforma protestante (1517-2017) / Miguel Anxo Pena González, Inmaculada Delgado Jara (coords.). -- Salamanca: Servicio de Publicaciones, Universidad Pontificia de Salamanca, 2018,  pp. 399-428

Santo Toribio Mogrovejo: obispo y reformador

 

SUMARIO

 

1.      Santo Padre de la Iglesia de América

2.      La Santa Madre Iglesia

3.      La referencia del Concilio de Trento

4.      Figuras de la Iglesia: Madre, congregación, viña, gremio, plantación

5.      La "Nueva Cristiandad" de las Indias como la de los primeros cristianos.

6.      Una Iglesia en comunión y libre

7.      Vida ejemplar conforme al Evangelio

8.       La nada fácil reforma de los religiosos.

9.       Fidelidad a la misión de la Iglesia: conversión de almas y ejemplaridad en los oficios

10.  Conclusión: La apetecida Reforma del Pastor

 

El objetivo del presente estudio es analizar la misión episcopal reformadora de Santo Toribio Mogrovejo al calor de las reformas propuestas por los concilios y sínodos limenses, como fruto del decisivo Concilio de Trento. A través de los cánones conciliares, las cartas personales, las primeras biografías y los testimonios del proceso de beatificación de Santo Toribio, puede pergeñarse su misión renovadora con el fin de forjar lo que el propio Mogrovejo calificó –consciente de la novedad y trascendencia de su contenido- como "nueva cristiandad de las Indias".

 Su talante pastoral reformista queda patente en su vida ejemplar, así como en la convocatoria y celebración de los concilios y sínodos, así como en sus visitas pastorales y la puesta en marcha de iniciativas netamente reformistas como el seminario conciliar "Santo Toribio", el impulso de la imprenta y publicaciones catequéticas, así como la promoción de un desarrollo integral en los nativos y una permanente evangelización hacia todos sus fieles.

El contexto vital de nuestro protagonista (1538-1606) cobra luz al descifrar las claves del "Humanismo cristiano y Reforma protestante" que dieron título y contenido a nuestro seminario. Para asomarnos a su mundo, el que tratamos de comprender, les comparto el fragmento de un sermón o conción de un obispo como Mogrovejo, que también vivió en nuestra Universidad de Salamanca, agustino y académico como Lutero; me refiero a Santo Tomás de Villanueva, quien se muestra preocupado por los problemas reales que tiene la Iglesia y las divisiones de los países católicos del momento:

«Hoy en cambio, recluida y encerrada en un ángulo de la tierra, por nuestros pecados, los turcos le han arrebatado una gran parte, a saber, el imperio de Constantinopla, Grecia, Tesalia, Macedonia, y ahora últimamente Rodas y Hungría. Y lo que queda de Europa está de tal manera corrompido y despojado de su decoro por la herejía de Lutero y de Calvino, que apenas la mitad se mantiene en la verdadera fe y en la obediencia al Papa. Pues sólo Italia, Francia en parte y España permanecen en la fe pura y sincera. Y aun esta pequeña parcela anda metida en discordias y desavenencias que, si Dios no lo remedia, se diría en que breve va a perecer. Porque toda ella se derrumba y se tambalea como una casa ruinosa, y como una nave que, rota su trabazón y perdido el gobernalle, se hunde en el mar. ¡Oh calamidad de la Iglesia, digna de compasión y de lamentos! ¡Oh suerte postrera, que debía acompañar con lágrimas de sangre!»[1]

 

1.      Santo Padre de la Iglesia de América

 

Abre sus ojos a mediados de noviembre de 1538, nueve meses después de que lo hiciese el prelado reformista por antonomasia Carlos Borromeo en el Castillo de Arona, al Suroeste del Lago Mayor que se abre al Norte de Lombardía. Uno y otro contemplan nieblas y cordilleras, lagos y montañas. Sus vidas discurrirán paralelas en idéntica misión. Han pasado 4 años de la fundación de la Compañía de Jesús una mañana de agosto en Montmartre, y dieciocho años de la excomunión de Lutero. Carlos en Europa, Toribio en América aceptarán el reto del Siglo luchando en el Viejo y el Nuevo Mundo por la Reforma anhelada por la Iglesia y el mundo. La villa de Mayorga le enseña gramática en el colegio de los PP. Franciscanos hasta los doce años, al tiempo que Calvino se instala en Ginebra, estalla la cuarta guerra francoespañola que acabará en la paz de Crepy, se descubren las minas de Potosí, y empieza la primera fase del Concilio de Trento. Los padres dominicos crean la primera Universidad de América en Santo Domingo y en la capital de su tierra natal, Valladolid, será consagrado obispo fray Jerónimo de Loaysa, en 1540.

 

Contaba 39 años cuando fue elegido como segundo arzobispo de Lima; debió interrumpir sus estudios de doctorado en derecho civil y canónico por la Universidad de Salamanca al ser nombrado juez inquisidor de Granada. Sin pasar por ningún seminario, fue ordenado diácono, sacerdote y obispo en un año, llega al Perú, donde desde el 1581 acomete la aventura de ser pastor de una de las diócesis más grandes del mundo, cuyo territorio se extendía del Océano Pacifico a la selva de la Amazonía y a los valles inaccesibles de los Andes, en un mundo en transformación y lleno de contradicciones. Efectivamente, la sociedad incaica del Tahuantinsuyo había sido conquistado hacía cincuenta años, sufriendo una metamorfosis con la presencia española que puso las bases de la nueva sociedad mestiza de la peruanidad.

 

Como actividad pastoral fundamental cabe destacar las tres visitas generales y las visitas apostólicas a lo largo de su vida, que suman unos 40.000 kms. a pie o en mula, sorteando todo tipo de adversidades naturales (fríos, calores, riadas, sequías...). En el marco jurídico del patronato y vicariato regio, debe superar adversidades como las provocadas por virrey de Cañete (Seminario, visitas...), el Cabildo Catedralicio en su intento de levantar el templo catedralicio, los propios inquisidores, los obispos en el Tercer Concilio Limense, los encomenderos, los corregidores, algunos doctrineros poco amigos de reformas, la disputa acerca de la posesión de dominios del arzobispado, la ubicación de los indios del Cercado de Lima en relación con la advocación de Nuestra Señora de Copacabana.

 

Fruto de su actividad legisladora y visitadora se "la mejor organización de la vida de la Iglesia, el conocimiento de la realidad del Perú, la permanente preocupación por la evangelización del hombre andino, la enseñanza de su vida ejemplar"[2].

 

Son varios los sermones y los testimonios que le otorgan el calificativo de "Padre de la Iglesia". Lo único que le faltó fue, lógicamente, la antigüedad de vida, ya que tan sólo se otorga este título a los nacidos antes del S. VII San Isidoro de Sevilla o San Juan Nepomuceno, considerados como últimos santos padres de Occidente y Oriente respectivamente.

 

Fue Bartolomé de Benavides, maestreescuela y arcediano, comisario general de la Santa Cruzada en los reinos de Indias, catedrático de nona de Teología en Real Universidad de San Marcos y últimamente obispo de Oaxaca, quien lo ponderó "en un sermón que predicó en esta santa iglesia a las honras de la Sra. Da. Grimanesa Mogrovejo, hermana del dicho siervo de Dios", en 1635 y que dedicó a Pedro de Villagómez, en aquel entonces obispo de Arequipa y visitador de la Audiencia de Lima:

 

"Esto dio aliento a mi corto caudal, en tan alto asunto, como predicar en las honras que VSI hizo en esta catedral a su santa tía y señora nuestra y hermana de aquel nuevo Crisóstomo y Español Ambrosio, el Ilustrísimo y santo señor Don Toribio Mogrovejo[19v] [...]día vendrá que esperamos sea breve cuando esta iglesia su esposa no en túmulos y obeliscos sino en tronos y tabernáculos colocará sus reliquias cuando como esperamos nos permita la Santa Sede Apostólica celebremos su beatificación y en este sitio y sea en Lima el Santo Don Toribio Mogrovejo como los Eugenios, Ildefonsos de Toledo, los Leandros e Isidoro de Sevilla, los Braulios de Zaragoza, los Ambrosios de Milán, los Chrisóstomos de Constantinopla[...]Lo mismo puede decir nuestro santo Prelado a los del Occidente donde fue nombrado de aquel santo y prudente Rey Don Felipe II a poner en estado el eclesiástico y dar forma como lo ha hecho en los concilios que celebró a las cosas de las iglesias, ¿qué le faltó de lo que tienen aquellos grandes padres Chrisóstomo, Ambrosio? Antigüedad, señor, no ser en su tiempo de ellos, lo que dice Niseno  le faltó a su hermano San Basilio para no ser igual a San Pablo...Pues lo que dijo Niseno entre Basilio y Paulo digo yo sin parecer atrevido entre Basilio y Toribio[3].

 

            Bernardo Díez de Alcocer, Fiscal general del Arzobispado desde 1596 y su fiel compañero en las visitas generales como camarero, notario, maestresala y cuidado de la casa, confesará por todos en el proceso de beatificación, en 1631: "y mientras el mundo durare le parece a este testigo que durare esta memoria y...que se ha quedado muy corto en esta declaración por lo mucho más que había que decir de la santidad y vida inculpable del dicho Santo arzobispo". De ello da buena cuenta el Sumario redactado por su sobrino Pedro de Villagómez en el proceso de beatificación:

 

Que en habiendo de juzgar…administró con grandísima rectitud e igualdad la justicia templada con la dulzura de la misericordia, hacía pesquisa del modo de vivir, principalmente de los eclesiásticos, a los que hallaba errados primero los corregía en orden a su salvación y después les ponía penas debidas conforme al modo de su culpa; y estas mismas cosas quiso y procuró con todo cuidado, que las guardasen sus oficiales[4].

 

Porque, efectivamente, pocos peruanos tan conscientes de su misión como este "santo padre" de la Iglesia de América, como lo definiese E. Dussel. Fiel a la consigna del Concilio de Trento de que el obispo fuese un espejo de humanismo y santidad para sus fieles, trazará una estela singular, no ahorrará trabajo ni fatiga hasta llegar a visitar el último rincón de su dilatada diócesis, convirtiendo sus encuentros, sus visitas pastorales, en jornadas familiares en las que se cimenta la futura convivencia peruana y americana, sobre la base de la dignidad personal y la proyección social[5].

 

Salamanca, en 1727, celebró su canonización por todo lo alto pues organizó un octavario solemne acompañado de cohetes artificiales y hasta dos corridas de toros en la Plaza Mayor. Así, el 21 de julio de 1727 –unos ocho meses después de la canonización habida en diciembre de 1726- Salamanca organizó todo un espectáculo académico y religioso, en el que participaron los colegios mayores, la Universidad, el clero secular y las órdenes religiosas en la iglesia de la Purísima. El rector del Colegio de Oviedo, Nicolás Guerrero, cronista de las fiestas, detallará cómo la estatua de santo Toribio, en hábito de colegial con la beca morada de terciopelo, salió en procesión precedida por las de san Juan de Sahagún y santo Tomás de Villanueva: "Con ser Salamanca la que dispone las más magníficas fiestas de España, preparó el Colegio de Oviedo una nunca vista...Parecía la plaza una encendida Roma"[6].

 

 

El 10 de mayo de 1983 le fue otorgado por parte del Santo Padre Juan Pablo II el título de Patrono de los obispos de América Latina[7]. De igual modo, ha sido propuesto como paradigma de los pastores del Perú y de América como se manifiesta en el mensaje pronunciado por el propio Santo Padre a todos los obispos del Perú: su gran tarea consistió en realizar, iluminado por el Concilio de Trento, la primera evangelización del Mundo Nuevo en cuatro dimensiones: Evangelización para la santidad, Evangelización para la unidad en la fidelidad. Evangelización para la dignidad de la persona. Evangelización en constante sintonía con la Sede Apostólica[8].

 

 

2.      La Santa Madre Iglesia

 

Para conocer su misión pastoral y reformadora es fundamental conocer su concepción eclesial, qué concepto de Iglesia tenía para quererla reformarla. El documento "Visitas de Santo Toribio" ofrece datos demográficos, sociológicos y económicos de gran valor, sin embargo, no nos informa del imaginario eclesiológico. El resto de documentos consultados, los textos que nos dan pistas acerca del concepto de iglesia, nos proporcionan información en relación a la vida de Iglesia ejemplar conforme al Evangelio, comparaciones con la Iglesia Primitiva como paradigma de la Reforma Católica, una Iglesia en comunión, protagonismo del obispo como Padre de la Iglesia de América, la consideración como nueva cristiandad de las Indias, su fidelidad en la misión de conversión de almas y ejemplaridad en los oficios; por último, se encuentran algunas figuras de la Iglesia tales como Madre, congregación, viña, gremio, grey y plantación.

 

Una de las primeras menciones de la Iglesia nos la muestra el P. Fray Pedro de Córdoba en su Doctrina cristiana para instrucción de los indios, 1544, 1548:

"Debéis saber que, así como los miembros hacen un cuerpo ayuntados unos con otros, y atados a la cabeza con las venas y nervios, así también muchas personas allegadas debajo de un señor hacen ayuntamiento que se llama cuerpo. Pues de esta manera todos los cristianos hacen un cuerpo, que es un ayuntamiento de fieles cristianos que se llama Cuerpo Místico. Estamos todos atados unos con otros con amor y caridad, que nos hemos de amar y socorrer unos con otros, si todos estamos atados a nuestro principio que es nuestra cabeza. Conviene a saber, a Nuestro Señor Jesucristo, con una fe y unos mandamientos, con un bautismo y con una ley y con unos artículos de la fe. Y este ayuntamiento se llama Iglesia. Esta Iglesia es gobernada por su cabeza, que es Jesucristo, y por el Espíritu Santo.

Debéis también saber que esta Iglesia es viva, compuesta y ayuntada de maderos y piedras vivas, que somos nosotros todos los cristianos...Pues cuando decís que creéis en la Santa Iglesia, entiéndese que creéis en el ayuntamiento de todos los cristianos que es la Iglesia, y que es gobernada por el Espíritu Santo y por Jesucristo, que es cabeza de toda la Iglesia, que son todos los cristianos" (Cap. Otras verdades cristianas, p.248)

 

 En la edición de 1548 se incluye un sermón dedicado a la "unidad de la Iglesia católica" en la que renueva la idea de cuerpo e incide en la universalidad:

"Y este ayuntamiento se llama Iglesia, la cual está por todo el universo mundo. Y a esta santa Iglesia que aquí al presente os declaro, da vida, rige y gobierna y ampara el Espíritu Santo. La cual no está muerta, mas antes está viva...Y  cuando el nuestro dulce y amoroso Redentor se partió de este mundo y subió allá al cielo...dejó en este mundo al glorioso San Pedro apóstol en su lugar y en su nombre...Y cuando el bienaventurado San Pedro murió, se congregaron y juntáronse los grandes sacerdotes y escogieron y levantaron otro en lugar del bienaventurado San Pedro...Y este Sumo Pontífice, que de esta manera es elegido y puesto, rige y gobierna, y dispone toda la santa Iglesia que está por todo el universo mundo y no hay más que uno solo en todo el mundo que es el nuestro muy Santo Padre, que se llama Sumo Pontífice"...Y el que no le obedece...no es verdadero cristiano mas hereje".

 

El célebre cronista mestizo Felipe Guamán Poma de Ayala[9], al hablar de la quinta edad del mundo desde el nacimiento de Nuestro Seño Jesucristo, dirá que "es buena para enmienda de vida para los cristianos e infieles y para confesarse los dichos indios...y es bueno de la visita general de la Santa Madre Iglesia". Al hablar de las autoridades dirá "Muy Santo Padre Papa...y nos humillamos a vuestra santa iglesia católica"[10]. Señalará como objetivo de su obra el que sirva "para ejemplo y conservación de la santa fe católica y para la enmienda de las erronías"[11]. Nos transmite una bella práctica "y el día lunes (se celebraba Misa) por la conversión de los infieles, de los que persiguen a la Santa Madre Iglesia, nuestra cristiandad"[12]. El mismo autor en el dibujo número 34 pone esta leyenda: "Quinta edad del mundo. Pontifical de Roma. Del primer gobierno del catedral y silla principal del gobierno de la Santa Madre Iglesia de Roma, del Papa, Sumo Pontífice de la Cristiandad"[13] y en el número 38, "trabajos y peligros de la Santa Madre iglesia de Roma...y así se entabla la cristiandad en más, y la fe se guarda, y hase de guardar en el mundo".

 

Por su parte, el teólogo, antropólogo y misionero, José de Acosta dirá: "Sin Cristo, la Iglesia ni puede existir, ni aun siquiera concebirse. Llámala Iglesia o Ley cristiana o comunidad de los fieles: si el indio no conoce a Cristo, no puede conocer el misterio de la Iglesia"[14].

 

 

            3. La referencia del Concilio de Trento

 

El teólogo arzobispo Javier del Río Alba concluye su tesis doctoral sobre el autoconcepto de la Iglesia en Perú durante el siglo XVI, afirmando que la noción predominante de Iglesia en tiempos de Santo Toribio es la heredada de la Edad Media pero con los rasgos propios de una tendencia apologética derivada del siglo XVI[15]:

"La noción y la imagen de Iglesia que prevalecieron en la evangelización fundante del Perú, están íntimamente vinculadas a las de Europa...en consecuencia, podemos afirmar que la autocomprensión de Iglesia que tuvieron los primeros evangelizadores estuvo influenciada fundamentalmente por tres aspectos vigentes en la Cristiandad española de la primera mitad del siglo XVI: el método apologético de la escolástica renovada, los contenidos eclesiológicos de los catecismos pretridentinos; la imagen de Iglesia delineada por el Concilio de Trento y por la renovación teológica y espiritual que se dio en la Península Ibérica en los siglos XV y XVI"[16].

 

Tanto el primero, como el segundo y el tercer Concilio limense mandaron que se enseñase a los indios que para alcanzar la salvación debían ser incorporados a la Iglesia a través del bautismo, estar en gracia de Dios, recibir los sacramentos correspondientes y guardar los mandamientos[17]. Sin embargo, en la doctrina prescrita en las constituciones de los dos primeros concilios no se dio definición de iglesia ni se mencionaron para nada los vínculos de pertenencia a ella. Por el contrario, los documentos pastorales emanados del III Concilio de Lima, eco de los emanados del Concilio de Trento- definieron la Iglesia como «congregación de todos los fieles cristianos que tienen la verdadera fe y doctrina, cuya cabeza es Jesucristo y su Vicario en la tierra el Sumo Pontífice»[18].

 

 En el desarrollo de la doctrina eclesiológica, estos documentos siguieron la célebre triple fórmula de San Roberto Belarmino: unidad de fe, de sacramentos y de régimen. A través de los contenidos catequéticos de los instrumentos pastorales limenses –catecismos, sermonarios, confesonarios-, no se pretendió presentar teológicamente la esencia de la Iglesia sino los vínculos de pertenencia a ésta, porque era lo que más se resaltaba en las circunstancias históricas en las que se dio la evangelización fundante. Los autores del Tercer Concilio Limense estuvieron principalmente interesados en establecer con claridad quiénes forman parte de la única y verdadera Iglesia de Cristo. Al incluir en la definición de Iglesia la unidad de régimen o estructura orgánica, quedó expresamente rechazada la idea de dos iglesias postulada por los protestantes: una visible y otra invisible. De este modo, se trató de precaver cualquier posible brote herético en las comunidades cristianas que comenzaban a nacer en el Perú virreinal. El método usado en las catequesis para los indios, predominantemente apologético, responde al puesto que se le dio a la eclesiología a partir de la Contrarreforma.

 

La doctrina transmitida a los indígenas define a la Iglesia como congregación o conjunto de creyentes y, en fidelidad a la conocida enseñanza del apóstol san Pablo de considerar la Iglesia como un organismo vivo, "cuerpo de Cristo", la vincula a Cristo como Cabeza, y al resto de los fieles como miembros. Tal conexión o vínculo con Cristo se manifiesta de modo externo y visible mediante la obediencia a su Vicario o representante actual en la Tierra, el Sumo Pontífice, que ha recibido de El toda la potestad en la tierra. La permanencia en la Iglesia – por tanto- requiere la perseverancia en la unidad de fe, de sacramentos y de régimen.

 

La Iglesia del siglo XVI se reunió en Concilio, en la ciudad de Trento (Italia) para tratar, entre otras cosas, puntos concretos de la doctrina cristiana que la herejía protestante había negado, así como medios concretos para corregir la disciplina y renovar la Iglesia. Veamos testimonios elocuentes del proceso de beatifación en que se vincula la santidad de Toribio con el Concilio de Trento:

 

1. Doctor Fernando de Guzmán, 62 a,  Maestrescuela, 5.VII.1630, f.30v 9a. pregunta, dijo que sabe y vio este testigo y entendió que el dicho arzobispo fue insigne en letras y saberes como tiene referido, llevó la beca del dicho colegio de san Salvador de Oviedo en Salamanca y era hombre que consultaba cosas muy delicadas del Santo Concilio de Trento a la Sede Apostólica y en esta ciudad los hombres graves y doctos que en ella había y se echó de ver en la celebración del concilio provincial del año de 83 aprobado por Su Santidad y mandado ejecutar y guardar por el Rey don Felipe II de buena memoria [40]

2. Lic. Francisco Rodríguez Santos (18.VII.1631), "al cual vio, trató y comunicó muchas veces, y siendo cura de indios de la doctrina de Ocros, del arzobispado de Lima presbítero, sacristán mayor, 80 años, visitado 3 veces por el santo como párroco de Ocros (125v)

 [130] fue muy gran letrado en los derechos y amigos de letrados y personas virtuosas y era muy aficionado a leer y estudiar y pasar el Santo Concilio de Trento, de manera que le tenía de memoria y consultaba a la Sede Apostólica muchas dudas de cuyas declaraciones se observan hoy día"

3. Br. Francisco Clavijo, clérigo, de Lima, 52 a (401v) [404] consagró aras en el dicho pueblo [Lanpian], confirmó más de 300 almas, trabajando mucho sin desayunarse y luego ordenó asimismo muchos religiosos de las órdenes de Señor Santo Domingo, san Francisco y la Merced y de la Compañía y a este testigo de sacerdote, habiendo hecho todo escrutinio necesario conforme a lo dispuesto por el Santo Concilio de Trento y después de haber trabajado en esto con gran caridad y amor como buen pastor

4. Fr. Francisco de la Serna, catedrático de prima de vísperas de Teología, en la Universidad en propiedad, Prior y Provincial de OSA, de Huánuco, obispo de Paraguay y Popayán, 50 a (415). Le conoció desde que tuvo uso de razón y le confirmó de joven y le trató y le comunicó muchas veces [422v]"Fue observantísimo en guardar el Santo Concilio de Trento y bulas apostólicas en materia de órdenes"

5. P. Fr. Gaspar de la Torre, provincial y comendador de la ONS Merced, 50 a (432) [439] Y los que él ordenaba habían de tener las partes y requisitos que pide el dicho Concilio y breves apostólicos."

6. Maestro  Fr. Gabriel de Zárate, provincial de OP, calificador del Santo Oficio, obispo de Huamanga [556]"era varón docto en el derecho canónico y en el mayor cuidado de su gobierno. No perdía hora de su estudio y revolver de libros los cuales tenía marginados y glosados y en especial el Concilio de Trento que no le dejaba de las manos y así lo sabía casi todo de memoria"

7. Don Luis de Córdoba y Figueroa, natural de Córdoba, 45 años, (6.III.1632

[628] Fundó asimismo un colegio seminario que no le había en esta ciudad conforme a lo dispuesto por el Santo Concilio de Trento que le costó mucho gasto y trabajo su fundación donde se crean los patrimoniales de este arzobispado y estudian y de él han salido y salen muy buenos sujetos para la enseñanza de los indios que ha sido obra pía para los pobres y de mucha importancia y ejemplo para que los haya en los demás obispados de este Reino[19].

8. Maestro  P. Fr. Hernando de Quirós, OP, prior del convento Santo Domingo de la Recoleta, 46 a, (16.III.1632)   [652] Y así mismo siendo este colegio seminario conforme a lo dispuesto en el santo concilio de Trento en esta ciudad donde no le había del cuan han salido muy aventajados sujetos para doctrinas y beneficios y cátedras y audiencias y acuden al servicio de la Santa Iglesia católica"

 

4. Figuras de la Iglesia: Madre, congregación, viña, gremio, plantación

 

Puede ilustrarnos para profundizar en diversos aspectos de la Reforma en fijarnos en los términos usados para designar a la iglesia.

 

a. Madre. Bastaría con citar los testamentos de la época para comprender que el cristiano tiene un sentimiento filial hacia la Iglesia a la que considera como Madre. Me viene a la mente la expresión de Santa Teresa de Jesús cuando al morir dirá: "Al fin, muero hija de la Iglesia". Lo podemos constatar en una plática contenida en el Tercer Concilio Limense en la que refiere cómo por el bautismo el hombre se hace hijo de la Iglesia.

"Plática breve en que se contiene lo que ha de saber el que se hace cristiano y la ley de Dios es muy santa y muy justa y lo que toda ella enseña es que honres y ames a Dios sobre todas las cosas y hagas con tu prójimo lo que tú querrías que hiciesen otros contigo. Todo esto y otras muchas cosas maravillosas enseñó Dios por su palabra la congregación de los cristianos y que se llama santa Iglesia cuyo hijo te haces por el bautismo y así has de estar firme y determinado de creer y obedecer todo lo que la santa iglesia de parte de Dios te enseñare y mandare"[20].

El Dr. Javier del Río Alba[21] rescata dos significados de la figura "Madre": el nuevo nacimiento realizado por el bautismo le lleva a participar de la vida divina;  en este sentido la Iglesia engendra a los hombres en Cristos mediante la Biblia y los sacramentos. El segundo significado tiene que ver con la "Jerusalén de arriba" y la "Mujer" del Apocalipsis, en que se manifiesta también la unión de Cristo con la Iglesia comprada con la unión conyugal.

 

b. Viña y plantación.  Para el P. Las Casas los naturales de Indias serían los viñadores de la última hora anunciados en el Evangelio[22]. La misión de los evangelizadores será procurar la conversión de los indios para introducirlos en la viña y de este modo participar con ellos en la última cosecha.

En una carta del jesuita Bartolomé Hernández, confesor del virrey Toledo, a D. Juan de Ovando, Presidente del Consejo de India, desde Lima, el 19 de abril de 1572, se exponen las cualidades de los jerarcas de la iglesia indiana: "Los que hubieren de venir por Obispos y por canónigos y dignidades de las Iglesias catedrales importa sumamente que sean gente aventajada y celosa de las almas y de letras suficientes y los Obispos que sean hombres de gobierno y de quien se crea que han de ser trabajadores en la viña del Señor".

 

El Tercer Concilio Limense, refiriéndose al cuidado que debe tener la Iglesia en la predicación del Evangelio, afirma:

"pero más especialmente corre esta obligación en estas partes donde ha sido Dios Nuestro Señor servido de plantar en su iglesia estas tiernas plantas de los indios. Los cuales así por ser del todo menos en nuestra fe, como por tener el entendimiento más corto y menos ejercitado en cosas espirituales, tienen suma necesidad de ser cuanto sea posible ayudados con el buen modo y traza de los que les enseñan, de suerte que la diligencia y destreza del maestro supla la rudeza y cortedad del discípulo" [23]

 

Y continúa el mismo concilio: "No hay cosa que en estas provincias de las indias deban los Prelados y demás ministros, así eclesiásticos como seglares, tener por más encargada y encomendada por Cristo… que el tener y mostrar un paternal afecto y cuidado al bien y remedio de estas nuevas y tiernas plantas de la Iglesia". Y después de señalar ciertas calidades nativas del indio, como la "mansedumbre de esta gente… y su obediencia y sujeción natural" dice: son "hombres libres y vasallos de la Majestad Real a cuyo cargo los ha puesto Dios y su Iglesia".[24]

El P. José de Acosta usa la misma figura bíblica, en De procuranda indorum salute: «mientras no veamos a los obreros sudar fuerte por Cristo, no podemos acusar a la tierra de estéril...no es el que siembra y otro el que siega (...] es bien posible que sea ahora el tiempo de sembrar la semilla y algún día en el futuro el de recoger la cosecha»`. El teólogo limense termina recordando: «De Dios es cultivar el campo, de Dios es edificar; y ni el que planta significa nada ni el que riega tampoco; cuenta el que hace crecer, o sea, Dios" (I, 17, 4)

Los cristianos no son puros obreros que trabajan en la viña sino son protagonistas de la misma viña; y, aún más, son parte de la viña misma, creación y obra del mismo Dios. La incorporación a Cristo pro medio del bautismo hace de todos los cristianos una sola plantación con Cristo y, al mismo tiempo, trabajadores de la viña a favor de los hombres.

Tal figura la emplea el P. Fr. Rodrigo de Anaya, 15.IX.1631, de Saña, mercedario, que fue confirmó por Mogrovejo: "Fue muy abstinente varón y muy penitente y no cuidaba de regalos ni comodidades y parecía que milagrosamente se sustentaba según trabajaba con la viña del Señor y era pública y notoria la fama que había que no dormía jamás en cama sino que la noche toda la pasaba en oración y dormía muy poco y nunca se le oyó palabra descompuesta ni de enojo con nadie porque era muy manso de corazón y muy humilde y paciente en sufrir trabajos de los cuales salía muy contento y sosegado y asimismo sabe que fue varón humildísimo y con serlo tanto fue gravísimo en representar su autoridad y dignidad y defendía las inmunidades de la iglesia y sus fueron y la jurisdicción eclesiástica con grandes veras sin atender a respetos humanos sino solo al descargo de la conciencia [287]

 

c. Gremio. En ocasiones se vincula la santidad de vida, con el celo de almas, tendente únicamente a "traer al gremio de la Iglesia". Es la bella expresión ofrecida por el  Capitán Juan de Reinoso, natural de la ciudad de Valladolid, de los reinos de España, 65 años, vecino de Lima. (283) [284], sobrino del arzobispo de México Diego Romano, y a quien visitó a la cárcel de Lima salvándole de una inminente condena: "Era celosísimo de la salvación de las almas, pues por una se ponía a riesgo de la vida, como se vio en muchas ocasiones visitando su arzobispado y caminando por caminos los más ásperos y rigurosos que entiende que hay en lo descubierto, careciendo de comida y de regalo, andando a pie, por caminos y laderas de pantanos y sierras y aguas y ríos que si no era con favor de cielo no se podía andar y entro en parajes tan remotos o que confinaban con indios de guerras con harto riesgo de su persona los cuales caminos ha visto este testigo que son malísimos por sólo por convertir almas y traerles al gremio de la iglesia y diciéndole que se guardase de aquellos indios de guerra en la provincia de Moyobamba, decía que no le harían [284v]nada, que por Dios más que aquello se había de pasar y deseaba dar la vida por Dios y ser mártir y este testigo siendo corregidor de la ciudad de Chachapoyas pasó por los parajes y lugares por donde este dicho Sr. Arzobispo anduvo confirmando y predicando y convirtiendo indios a la fe y que no oía otra fama más de que era un santo y varón apostólico y le veneraban como tal por todas aquellas provincias y que caminaba por temples rigurosísimos y no le apellidaban sino el santo".

Será el doctor Pedro Muñiz, Deán de la Catedral, en octubre 1594: "él ha sido el primero, que ha entrado en muchas montañas y lugares, donde ni se ha esperado ni esperará ver prelados, caminando en muchas partes a pie, por ser imposible hacerlo a caballo, yendo como buen pastor a los desiertos y despoblados a buscar los indios escondidos para bautizarlos y reducirlos al gremio de la santa madre Iglesia, y confirmando hasta hoy más de quinientas mil personas"[25].

En un relevador reglamento para los maestros de escuela de fines de siglo XVI[26] se nos ofrece el concepto de Iglesia como "gremio", recogiendo el sentir de la sociedad de entonces cuando en su artículo 12 se insta a enseñarles las prácticas elementales de vida cristiana y a proyectarse en la sociedad, guardando los Mandamientos y pidiendo por la jerarquía eclesial: "y por todo el pueblo cristiano para que todos sirvan a Dios guardando su ley y por la reducción de los herejes a la Iglesia Romana y por la conversión de todos los infieles del gremio de ella y de esta manera se salven pues fuera de ella ninguno puede agradar a Dios ni salvarse. El artículo 16 prescribe que "todos recen cada día el rosario de Nuestra Señora y sean muy devotos de ella".  Por su parte en el número 28 se exhorta que "antes de acostarse cada uno se hincare de rodillas y rezara las cuatro oraciones y la confesión general y acabado diga yo creo y tengo todo lo que cree y tiene la Santa Madre Iglesia Romana y protesto de vivir en esta santa fe católica". En el 16 se concluye que "todos los recen cada día el Rosario de Nuestra Señora y sean muy devotos e ella y de los demás santos.

 

d. Grey. El término "grey", "rebaño", "pastores" será usado para aplicar a la Iglesia y a los obispos, sucesores de los apóstoles, quienes apacientan el redil del Señor que es la iglesia. Su misión será la de buscar a las ovejas que no son del redil y conducir a todos para lograr "un solo rebaño y un solo pastor".

El P. Acosta usa la imagen al referirse al Papa: "Porque a él fue confiado en la persona de Pedro el redil del Señor y a él fue encomendada toda la grey cristiana. Le pertenece, por tanto, no sólo apacentar a las ovejas ya reunidas, sino también a las dispersas y descarriadas, y aun buscar a las que todavía no son ovejas"[27]. Los padres conciliares denominan en el "Proemio" de los catecismos del Tercer Concilio Limense que los obispos "pastores que son de esta grey de Jesucristo"[28] ,

 

e. Templo. No he encontrado ninguna definición implícita ni explícita del concepto de iglesia en el valioso volumen del Libro de las Visitas[29]. El término, que invariablemente, aparece en cada página, se refiere al templo físico o bien a la institución eclesial, como en el siguiente ejemplo para el año 1599. "En Pisco, en el pueblo de los indios 90. En este dicho pueblo, en la iglesia de los españoles 34. En esta dicha iglesia otros 80. En el dicho pueblo de Pisco, en la iglesia de los indios otros 26. En el este dicho pueblo en la iglesia de españoles otros 15. En el pueblo de Chincha otros 91. En el convento de Chincha otros 48. En la estancia y chácara de Arroyo otros 28. En el pueblo de Santiago de Lunaguaná 126. En el pueblo de Pacama 25. En el pueblo de Picamará 22. En el pueblo de Pacarán otros 17. En el pueblo de Cañete 4. En el dicho pueblo otros 54. En el pueblo de Coaillo 66. Total 1222"[30].

 

5. La "Nueva Cristiandad" de las Indias como la de los primeros cristianos.

 

Hay una conciencia clara de que la Iglesia del Perú es una realidad nueva y peculiar. He aquí la parte del texto del decreto del Tercer Concilio Limense que subraya la necesidad misionera: "Es cosa muy clara y cierta que ninguna Iglesia ni provincia tiene tanta necesidad de este saludable remedio como esta nueva Iglesia de las Indias en la que es menester criar con gran miramiento nuevas plantas del Evangelio para que se pueda extender y propagar la fe de Cristo".[31]  Así lo manifiesta su sobrino y arzobispo de Lima, Pedro de Villagómez Carta pastoral de exhortación e instrucción contra la idolatría de los indios del Arzobispado (Capítulo 40, folio 4v).

"En el cual fueron los primeros y más principales obreros los señores arzobispos Don Fray Jerónimo de Loaysa y Don TAM de sancta memoria que con la gracia de Dios y con el auxilio que les dieron los gloriosos progenitores del Rey Nuestro Señor (que Dios guarde) y en su nombre los señores virreyes de aquellos tiempos y esta Real Audiencia de Lima, nos dejaron plantada la fe en esta nueva iglesia y asentada la forma de su gobierno espiritual con tan santas y convenientes leyes como las que hicieron y pusieron en plática".

Es la idea expresada también por el dominico arequipeño Fr. Juan de Figueroa, visitador general de las provincias de Parinacocha y Condesuyos del Cuzco, así como de los conventos y doctrinas de la ciudad de Arequipa, quien el 5 de mayo de 1659, declara: "Sabe que la fama, estimación y reputación del dicho siervo de Dios don Toribio fue de santo y de amigo suyo y que era tenido comúnmente por un prelado de la primitiva iglesia y comprada a san Hilario y a san Martín ... Y que procuró que la iglesia nueva de los indios se fundase con toda firmeza conforme a la verdadera y santa iglesia romana [II, 17v]"

El Licenciado Gregorio Montero, presbítero sacristán mayor de la parroquia de Señora Santa Ana, de la villa de Arajal del arzobispado de Sevilla, 77 años, escuchó en 1605 de Don Pedro Muñiz, deán, y los sacerdotes Cristóbal Sánchez de Ranedo y Juan de Robles que "muchas veces puso a riesgo su vida por la salud de sus ovejas principalmente en las visitas de su arzobispado, el cual andaba de continuo sin descansar ni estar jamás de asiento en un lugar procurando principalmente en que la iglesia nueva de los indios se fundase firmemente conforme a la verdadera y santa iglesia romana y que se formase la disciplina eclesiástica y que asimismo recibía con agasajo y benignidad a los hijos pequeños de los indios y los enseñaba la cartilla de la fe cristiana"[32].

Esta "nueva iglesia" que se quería implantar en Perú para ejecutar la Reforma, debía ser como la del propio Cristo y los primeros cristianos, señalando en Mogrovejo un modelo de obispo al estilo de "la Primitiva Iglesia". Así lo subraya el cuestionario elaborado para recoger declaraciones en el proceso de beatificación:

"El Deán y Cabildo de esta Sancta Iglesia metropolitana de Los Reyes, en aquella vía y forma que más haya lugar de derecho, decimos que habiendo tenido por prelado al Ilmo. Sr. Don Toribio Alfonso Mogrovejo más tiempo de 24 años, se experimentó en su vida y costumbres un verdadero ejemplo de santidad y un dechado de Prelados de la Primitiva Iglesia"[33].

 

Lo explicita el dominico limeño P. Fray Antonio Rodríguez de Lima, quien le conoció desde que entró en 1581 hasta que partió para la última visita, donde le trató y comunicó "llevando papeles de su padre que fue José Rodríguez, limosnero del dicho Sr. Arzobispo y por este camino juzgo que era uno de los más reformados prelados que había en la iglesia, estampa viva de los de la primitiva porque lo primero conoció en él una valor y pecho apostólico con que se opuso a todos superiores jueces de este reino en defensa de la jurisdicción eclesiástica y pobres indios sin temer ni deber en llegando a este punto como se vio en los sucesos que le pasaron con el virrey Marqués de Cañete y Audiencia Real y que aquí hubo de verse su santidad grande".

 

6. Una Iglesia en comunión y libre

 

Que la Iglesia sea "Una" constituye la primera nota de las cuatro asignadas a la Iglesia católica, junto a "santa", "católica" y "apostólica". Como fruto de la caridad hace posible la unión entre sí de los diversos miembros que, a pesar de la diferencia de raza, lengua y ofrecen al mundo una única familia en medio de un mundo dividido. La comunión se expresó en la unión permanente con Roma por parte de los obispos, quienes cumplen con exquisita fidelidad la normativa vaticana. Celebración de sínodos y concilios, ejecución de la visita pastoral, fundación de seminarios, correspondencia con la Santa Sede...

 

Tanto el Segundo Concilio Limense como el Tercero se iniciaron con la aceptación de los decretos del concilio de Trento. La distancia geográfica no fue obstáculo para la comunión. Un detalle bien práctico que expresa la comunión con Roma fue la contribución a la Bula de la Santa Cruzada. Santo Toribio la favoreció en varias ocasiones. Además, defendió la obligación de que los bautizados pagasen los diezmos como deber de fe puesto que "la comunión de bienes materiales es un aspecto de la comunión de los santos".

 

De la idea que se tenía de la jerarquía aparecen menciones de la Iglesia, señalando su escalonamiento. Así, el sevillano Juan Sánchez de la Madrid, presbítero capellán del monasterio de Santa Clara, desde el 14 de febrero de 1659 "que ha entendido que la causa de haberlo trasladado de la iglesia de la ciudad de Saña a esta Santa Iglesia metropolitana de Lima fue por traerlo a su propia iglesia más principal y que el haberlo mudado de la primera sepultura que aquí tuvo a la capilla de San Bartolomé fue mientras se acababa la bóveda grande del altar mayor donde hoy está y esto último lo sabe porque así lo vio".

 

El Licenciado Diego de Ávila, beneficiado y vicario de la villa de Arnedo, y que le conoce por el trato y comunicación de 20 años "sabe este testigo que fue muy gran defensor de la iglesia y que se mostró en algunas ocasiones de gran valor sin reparar en respectos humanos ni potestades seculares por hacer guardar las inmunidades de la iglesia como vio que lo hizo con Juan Ortiz de Zárate, corregidor del Cercado y "persona de estimación en la ciudad de los Reyes y amparado del Marqués de Cañete", subraya la fina aplicación del derecho canónico del prelado "pues habiéndole descomulgado sobre haber ahorcado a un mancebo a quien había la iglesia y sacó de ella llegó hasta poner cesacio a divinis y con todo valor llevó tan por sus fines la cosa que valiéndose de las armas de la iglesia y sentenciado a los culpados de la dicha sentencia apelaron a Roma de lo sentenciado y por Su Santidad no solamente vino confirmado lo hecho por el dicho señor arzobispo sino agravadas las penas en mucho más de lo que el dicho señor arzobispo había sentenciado a los dichos culpados".(I, 840).

 

Es bien explícito el Sumario…en la Causa de la Beatificación y Canonización que dedica el número 63 a inquirir acerca del "Cuidado y celo en reformar la disciplina eclesiástica" preguntando "Si saben que así en el principio de su gobierno, como en el principio de su gobierno como en el discurso de él, su principal cuidado fue que el campo de la Iglesia, que con la malicia de los tiempos se hallaba de forma y lleno de espinas silvestres se redujese a la cultura de la santa religión, que la disciplina eclesiástica ya casi olvidada, se restituyese a su primera lustre, que todos enmendasen sus vidas y depravadas costumbres y volviesen al camino verdadero del Señor". Don Gerónimo Ordoñez de Pineda responde "que luego que llegó a esta ciudad y arzobispado el siervo de Dios Don Toribio, su principal intento y cuidado fue establecer el gobierno de su iglesia que aun no estaba bien formada por haber sido a los principios de la conversión de esta gentilidad y que en cuanto a los españoles a haber habido muchas guerras y embarazos con las conquistas".  Por su parte, Iván Delgado de León, responderá "que sabe por haberlo oído decir generalmente que el dicho siervo de Dios Ton Toribio, así en el principio de su gobierno, como en el discurso de él, cuidó grandemente, que la Iglesia, que con la malicia de los tiempos estaba descaecida, se redujese a la Religión y disciplina eclesiástica y asimismo que todos enmendasen sus vidas y malas costumbres" [34].

 

7. Vida ejemplar conforme al Evangelio

 

            La autocomprensión de los protagonistas de la evangelización fundante –Toribio entre ellos- abarcaba la conciencia de que como cristianos cabales debían vivir acordes con el Evangelio, recurrir a los sacramentos, practicar la devoción mariana, peregrinar a los santuarios, encomendarse a los santos y ejercitar la caridad Así lo manifiesta el Bachiller José de Armas y San Martín, presbítero, que declara en 1658, al ser demandado por el Tribunal del Proceso de Beatificación que "todos los años ha confesado y comulgado cuando lo manda la Santa Madre Iglesia. Lo ponen de manifiesto los testigos del proceso de beatificación de Santo Toribio.

            Así Diego Morales declara que "siempre andaba cuidando de la honra de Dios y que en nada fuese ofendido, y sentía sumamente cuando oía jurar a alguna persona y le reprendía y decía no juréis, vuestra palabra sea sí sí, no no, no ofendáis a tan gran Señor; y muy ordinariamente decía: reventar y no hacer un pecado venial; y así este testigo nunca jamás le vio ni oyó pecado mortal ni venial, ni imperfección chica ni grande, todo era dado a Dios y embebido en él" (I, 167v).

            Su sobrina Mariana de Guzmán Quiñones: "Muchas veces le oyó decir esta testigo al dicho siervo de Dios "reventar y no hacer un pecado venial" (II, 523). Lo compendió el cuestionario formado para los declarantes; por ejemplo la número  4. La sinceridad y candidez de su ánima fue tanta que en alma tan limpia nunca cupo mala sospecha de nadie ni creía mal que le dijesen de otro, antes volvía por todos y les defendía con modo santo y discreto".

D. Alonso de Carrión, secretario del Cabildo y Regimiento de Lima, 66 a [ folio 595]: "vio y conoció al Señor Don Toribio Alfonso Mogrovejo desde el año de 84 hasta que murió y le trató y comunicó en esta ciudad y en el valle de Jauja en este arzobispado y anduvo en su compañía algunos días visitando aquel valle y en la provincia de Tarcama ...En lo segundo que él andaba en las visitas era lo que Dios mandaba y lo que estaba a su cargo para enseñar y atraer a la fe cristiana a los bárbaros e idólatras bautizándolos y confirmándolos y reduciéndolos a que se confesasen y que aunque se ponía en tan graves peligros de mudanzas de temples, de odio de enemigos, de caminos que son los más peligrosos de todo el mundo por ser tierra doblada y de muy grandes ríos y se sujetó a despeñaderos como muchas veces estuvo en peligro de muerte y esto hacía por Dios y por cumplir con su obligación y para dar ejemplo que se debe dar a los prelados que tienen [folio 619] a su cargo almas… En lo tercero de las órdenes, él no hacía otra cosa más que de guardar el Santo Concilio de Trento [folio 619v]".

 

El Maestro Fr. Antonio de la Calancha OSA, definidor dos veces, y rector del colegio de san Ildefonso de Lima, prior del convento, de Trujillo, y de esta dicha ciudad, impreso en Barcelona 1638, Chronica moralizada del Orden de San Agustín Libro 2, c.3, n.8, f.328: libro 3, capítulo 39, nº3, folio 740, columna primera: "Pues ¿qué diremos de aquel Santo varón DTAM, arzobispo de Lima o Arzobispo de la primitiva iglesia, cuya santidad y vida apostólica alabará este Perú, llorando su memoria y cantando sus virtudes? Entró en Lima el año de 1581 por marzo y gobernó 25 años este inculpable varón"[35].

 

8. La nada fácil reforma de los religiosos

 

Aunque sólo se permitió pasar a Indias a los religiosos misioneros y fueron en general bastante celosos no faltaron los problemas con los obispos. En la arquidiócesis de Lima tenían los religiosos cuarenta y dos conventos fuera de la capital, distribuidos en los puntos estratégicos del territorio poblado; tenían, además, la mayor parte de las doctrinas de indios del arzobispado. En la capital tenían sus monasterios o conventos, que eran centros de ministerios apostólicos entre españoles e indios y casas de formación de sus alumnos para el apostolado específico de su Orden. En total  tenía Santo Toribio en su diócesis más de mil religiosos, entre frailes conventuales, misioneros libres y doctrineros.

Sin embargo, no le faltaron a Santo Toribio contiendas de jurisdicción con las Órdenes religiosas, aunque siempre buscó la colaboración y el entendimiento con ellas, como tuvo ocasión de manifestarlo con los hechos. De este hecho de colaboración dependió en gran parte el éxito del difícil Concilio III de Lima de 1583. En todos sus conflictos internos aparece el pastor, siempre unido a los religiosos que representaron a las Órdenes en el Concilio; nada hizo sin el parecer y apoyo de los religiosos. Una de ellas y no la menor fue la jurisdicción exenta de los religiosos en la cura de almas y en la administración de los sacramentos. Y en todas las jornadas del laborioso Concilio el santo arzobispo fue prodigando caridad y amistad con aquellos religiosos que eran provinciales y los superiores de los conventos de Lima.

También los religiosos supieron defenderle y aprobar su conducta ante las autoridades virreinales y ante el mismo rey. El Comisario de San Francisco, P. Jerónimo de Villacarrillo, sale en defensa del arzobispo ante el rey:

No podía venir cosa más a propósito en estos tiempos y nuevas tierras que tenerle a él por Arzobispo y pastor... se ha ejercitado desde que vino en muchas y santas obras, merecedoras de que vuestra sacra Majestad se las agradezca con nuevos favores y mercedes... Es persona, por sus muchas virtudes, capaz de todo y con quien Vuestra Majestad puede estar confiado se descarga su Real conciencia" (LISSON, III, 305-306).

En su carta al Papa en 1598 le da cuenta de la declaración de los cardenales sobre el Concilio de Trento "en que se resuelve que los frailes que están en las doctrinas, se dice vivir extra claustra, y poder ser corregidos y castigados en conformidad de lo proveído por el Santo Concilio de Trento, por los Ordinarios; y asimismo, recibí un despacho ó breve ejecutorial de cierto juez apostólico, que con mucho rigor mandaba se cumpliese y ejecutase lo ordenado y declarado por la dicha congregación de los cardenales cerca de lo susodicho".  Como varios religiosos apelaron y podrían gozar de inmunidad en desmedro de los indios, solicita "la dicha declaración y ejecutorial para el bien y utilidad de los naturales, porque no pudiendo proceder contra los frailes que están en doctrinas y saliendo con lo que pretenden, será ocasión de no saber el Prelado cómo viven y cómo acuden á lo que están obligados, teniendo tratos y contratos, y compeler á los indios á ofrecer por fuerza y á tener sementeras y otras granjerías, ocupando á los indios en ellas contra su voluntad y que hacer castigos indebidos á los dichos indios y de no tener los Concilios provinciales y sinodales de este arzobispado, ni catecismo, ni sermonario, ni confesionario, hecho por el Concilio Provincial que está ordenado se tenga por los curas, y de hacer ausencias de sus doctrinas y de no administrar los santos sacramentos y otras muchas cosas que pueden ocurrir, y ofrecerse aunque no se haya de presumir tal cosa de ellos, por tener como tengo á los religiosos en buena opinión y es razón tenerse por todos"  Con el escrito "los frailes que estuviesen en las doctrinas, puedan ser visitados, corregidos y castigados por los Ordinarios, en cuanto al oficio de curas y administración de los santos sacramentos, asimismo de moribus et vita, pues se dice, vivir extra claustra, conforme á la dicha declaración; para que de esta manera se allanen y reconozcan á los Ordinarios y se les descargue la conciencia, y Dios Nuestro Señor se sirva y se haga el fruto que se pretende y cesen las dichas ocasiones… guardándose en esta parte lo proveído por el Santo Concilio de Trento[36].

 

9. Fidelidad a la misión de la Iglesia: conversión de almas y ejemplaridad en los oficios

 

Se comprueba con las preguntas propuestas a los testigos que declararían más parte en el proceso de beatificación:

"De la caridad y amor a Dios pues no se le conoció culpa mortal ni imperfección grave y siempre tuvo celo de la honra de Dios y culto divino y conversión de las almas, siendo acérrimo de su Iglesia en los oficios que tuvo de Inquisidor apostólico y arzobispo"[37].

Sigue el artículo 25: "Que en la Inquisición de Granada se mostró acérrimo defensor de la Fe que profesa la Santa Iglesia Romana y de la jurisdicción eclesiástica y de la autoridad apostólica, enseñando al descubierto y públicamente los preceptos de la Doctrina cristiana y cuidando continuamente con todas sus obras su enseñanza y guarda y desarraigando los contrarios vicios de las herejías y las supersticiones condenadas, sin dejar jamás sus acostumbradas obras de caridad con el prójimo n.80 Fue acérrimo defensor de la Fe siendo Inquisidor."

 

 "Si saben o han oído decir que el dicho siervo de Dios guardó puntualmente lo Mandamientos de la ley Divina y preceptos de la Iglesia, fue celador de la salud de las almas y de la gloria de Dios"[38].

 

Tal es el testimonio que dio el Dr. Fernando de Guzmán, quien fue rector del Seminario y tres veces rector de San Marcos:

"siempre tuvo gran celo de la honra de Dios y culto divino procurando siempre la conversión de las almas, siendo siempre acérrimo defensor de su iglesia, no faltando a ella los días que se hallaba en esta ciudad de fiestas y domingos de cuaresma y días que el Santo Concilio de Trento dispone procurando siempre que el culto divino y ceremonias de la misa se guardase inviolablemente con gran puntualidad con lo cual daba grande ejemplo a los ministros de la iglesia y acudían a su obligación sin [32]haber falta en nada y los domingos y fiestas por la mañana, sin faltar ninguno hallándose en esta ciudad,  predicaba en la puerta de la iglesia a los indios en su lengua y a los españoles [sic]que se llegaban en las [sic] edificación y devoción de los que le oían, procurando siempre la mayor honra y gloria de Dios y dando ejemplo como tan santo dado a todos".

 

Por su parte, Mariana de Guzmán y Quiñones, sobrina del santo, hija de Francisco de Quiñones y Grimanesa Lazo de Mogrovejo, y viuda del señor Don Juan de Loaysa y Calderón, oidor de Lima, declaró: "Y en especial sus hermanos le persuadieron a que lo aceptase, y le reconvenían diciendo que si deseaba ser mártir (que así siempre lo decía)...aquélla era buena ocasión de serlo; y que así aceptase el dicho oficio. Con que por este fin aceptó...y por echar de ver que convenía para exaltación de la Iglesia y conversión de los indios infieles de este Reino y para la salud de las almas de ellos". (II 417-519)

 

http://jabenito.blogspot.com.es/2017/04/el-hereje-lutero-la-luz-de-santo-tomas.html

 

            10. Conclusión: La apetecida Reforma del Pastor

 

Acerca de su talante reformador, comparto para concluir tres ilustrativos textos: Una carta al Rey, el testimonio del proceso de beatificación de un colega de sus años de Salamanca, su propio relato de las visitas pastorales.

 

La carta es de 30 de abril de 1602, desde Lima, al Rey, a propósito del "buen tratamiento que debe darse a los naturales" concluye: "Bendito Dios, el clero está muy reformado y hay poco o nada que corregir cerca de lo susodicho que no me ha dado poco contentamiento y si algunos excesos hubiere de adelante se acudirá al remedio de ellos"[39]

 

            El hecho de vida que ilustra el talante del obispo y reformador Mogrovejo es el encuentro tenido con el Licenciado Gregorio de Arce de Sevilla, natural de Suances de Nava (Palencia), con 54 años de edad en 1631, momento de declarar en el proceso, relator de la Real Audiencia de los Reyes, Gobernador, corregidor y justicia mayor de Huancavelica. Le trató en Salamanca, en el Colegio Mayor de Oviedo, "donde tuvo gran noticia de su virtud, letras y santidad...y habiendo venido este testigo a esta tierra salió a recibir al dicho Sr. Arzobispo cuatro leguas de esta ciudad que venía de visitar y después de haberle saludado le dio el dicho recaudo y embajada y salió el dicho Sr. Arzobispo con este testigo al campo". Transcribo íntegramente esta conversación pues revela los sentimientos más íntimos del Licenciado Mogrovejo, herido en lo más profundo de su orgullo, precisamente en lo que más le dolía, ya que si de algo se ufanaba era de "servir a Dios y al Rey":

 

Y le dijo que en su nombre satisficiese a los dichos consejeros, lo primero que él era fiel cristiano y obediente en primer lugar a los mandatos apostólicos y que aunque fuese martirizado que ojalá se viese en ello había de hacer lo que le ordenase el Pontífice y que el Rey era mal informado por que lo que pedía hacía repugnancia al Estado Eclesiástico.

En lo segundo que él andaba en las visitas era lo que Dios mandaba y lo que estaba a su cargo para enseñar y atraer a la fe cristiana a los bárbaros e idólatras bautizándolos y confirmándolos y reduciéndolos a que se confesasen y que aunque se ponía en tan graves peligros de mudanzas de temples, de odio de enemigos, de caminos que son los más peligrosos de todo el mundo por ser tierra doblada y de muy grandes ríos y se sujetó a despeñaderos como muchas veces estuvo en peligro de muerte y esto hacía por Dios y por cumplir con su obligación y para dar ejemplo que se debe dar a los prelados que tienen a su cargo almas y que allá no sabían la distancia que había en este arzobispado por tener más de 200 leguas y muchos millones de indios que entonces había y parece que Dios ha sido servido que después que les faltó este pastor y pasto espiritual han ido en tanta disminución que ya no hay la cuarta parte; entró en los indios de guerra e infieles con peligro notable de la vida por ser belicosos los indios y por los temples rigurosísimos e iba con tanto ánimo que otrosí daba a entender le ayudaba el Espíritu Santo a pasar peligros y caminos donde nunca jamás había pasado nadie".

            Declara que, al ver lo poco que comía, se atrevió a decirle que "mirase lo que hacía porque era disminuir su salud y sustento", a lo que el Arzobispo respondió: "que ya tenía la naturaleza habituada a ello"[40].

            Acerca de su visita pastoral nada tan entrañable y palpitante como una carta dirigida al Rey con motivo de su tercera visita en abril de 1603:

 

"Salí habrá 8 meses en prosecución de la visita de la provincia de los Yauyos, que hacía 14 años que no habían ido a confirmar aquella gente, en razón de tener otras partes remotas a que acudir y en especial al valle asiento de Huancabamba, que hará un año fui a él, donde ningún prelado ni visitador ni corregidor jamás había entrado, por los ásperos caminos y ríos que hay. Y habiéndome determinado de entrar dentro, por no haberlo podido hacer antes, me vi en grandes peligros y trabajos y en ocasión que pensé se me quebraba una pierna de una caída, si no fuera Dios servido de que yéndose a despeñar una mula en una cesta, adonde estaba un río, se atravesara la mula en un palo de una vara de medir de largo y delgado como un brazo de una silla, donde me cogió la pierna entre ella y el palo, habiéndome echado la mula hacia abajo y socorriéndome mis criados y hecho mucha fuerza para sacar la pierna, apartando la mula del palo, fue rodando por la cuesta abajo hacia el río y si aquel palo no estuviera allí, entiendo me hiciera veinte pedazos la mula. Y anduve aquella jornada mucho tiempo a pie con la familia y lo di todo por bien empleado, por haber llegado a aquella tierra y consolado a los indios y confirmándolos y el sacerdote que iba conmigo casándolos y bautizándolos, que con 5 ó 6 pueblos de ellos tiénelos a su cargo un sacerdote que, por tener otra doctrina, no puede acudir allí si no es muy de tarde en tarde y a pie, por caminos que parece suben a las nubes y bajan al profundo, de muchas losas, ciénagas y montañas.

…Confinan estos indios de este valle de Huancabamba con mucho número de indios infieles, gente que me dicen son pacíficas y que vienen a aquel valle a pedir bautismo, espero en Dios ha de ser de muchos y grandes efectos la asistencia de sacerdote propio y conversión de aquellos indios.

Ahora, siendo Dios  servido, voy a la provincia de Jauja, a entrar en otros Andes, tierra muy escabrosa donde se ha de ir a pie y hay indios que los tienen cargo religiosos de aquella provincia que los van a visitar algunas veces que así mismo confinan con gente infiel y han venido algunos a bautizarse y poblarse con cristianos. Vuestro Virrey me ha pedido le dé aviso del estado de aquella tierra, gente y doctrina, con deseo que los sacerdotes que estuvieren en aquellos Andes sean personas muy virtuosas y desinteresadas que traten y regalen a aquellos indios para viendo esto los infieles y el amor del padre acudan a hacerse cristianos y los bautizados los vayan atrayendo con suavidad y los curas asimismo de que entiendo Nuestro Señor se ha de servir mucho...y andando mucho número de leguas con cuya presencia han recibido sumo contentamiento las ovejas. Dios me dé fuerzas para trabajar en esta su viña, las cuales tengo de presente como cuando salí del Colegio Mayor de Oviedo en Salamanca, sin tener achaques ni enfermedades algunas que lo impidan. A Nuestro Señor las gracias por todo"[41]

 

            Queda patente su anhelo de reforma en la consecución de un clero renovado. Constata que una auténtica reforma estaba basada en la santidad de vida, iniciada en el Colegio Mayor Oviedo. Queda reflejado el marco jurídico del Patronato Regio y vemos el afán de Toribio por servir tanto a Dios y al Papa, como al Rey y Virrey. Su faceta pastoral y reformista queda manifiesta en la celosa visita hasta las periferias de su dilatada diócesis.

 

BIBLIOGRAFÍA

BENITO RODRÍGUEZ, José Antonio

1990. "La promoción humana y social del indio en los concilios y sínodos americanos" Revista De Estudios Histórico-jurídicos Ediciones Universitarias de Valparaíso (Chile), pp.299-328

1991. "La promoción humana y social del indio en los concilios y sínodos de Santo Toribio" Actas del IV Congreso Nacional de Americanistas "Castilla en América" (Caja España, Valladolid, t. III, pp.279-294

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VILLAGOMEZ, Pedro de Sumario y memorial ajustado de las probanzas que por deposiciones de testigos e instrumentos se han hecho por el Ilmo. Sr. D. Pedro de V...en la causa de beatificación y canonización



[1] Conción 87, Jueves del primer domingo de Cuaresma. Obras completas t. II, pp. 557 y 559). Citado en: F.J. Campos:  Santo Tomás de Villanueva y Lutero (La Ciudad de Dios (San Lorenzo del Escorial), 229 (2016) 467-501

 

[2] PUENTE CANDAMO, José Agustín de la "Santo Toribio y la formación del Perú" en Historia de la Evangelización de América Pontificia Comisión para América Latina, Ciudad del Vaticano, 1992, pp.831-840.

[3] Quinto cuaderno del Proceso de beatificación

[4] Sumario y memorial ajustado de las probanzas que por deposiciones de testigos e instrumentos se han hecho por el ISD D. Pedro e Villagómez, arzobispo de los Reye y demás Señores Jueces Apostólicos en la Causa de la Beatificación y Canonización del Siervo de Dios el IS Don Toribio Alfonso Mogrovejo, arzobispo que fue de esta ciudad.  Art.56, En Lima, en la Imprenta de Juan de Quevedo y Zárate. Año de 1662. 135 pp.

[5] DUSSEL, E. El episcopado latinoamericano y la liberación de los pobres (1504-1620) (México 1979).

[6] GUERRERO, N. Antonio El Fénix de las becas Salamanca 1728

[7] Mario L. Grignani, Profesor de Historia de la Iglesia, Pontificia Universidad Urbaniana (Roma) ha preparado un interesante estudio titulado "Santo Toribio de Mogrovejo: de la extensión del culto a Patrono del Episcopado Latinoamericano. Estudio y publicación de los documentos del Archivo Arzobispal de Lima" para la revista STUDIUM VERITATIS de la Universidad Católica Sedes Sapientiae, Lima.

[8] Lima, Conferencia Episcopal, 2 de febrero de 1985

[9] Nueva Crónica y Buen Gobierno. Edición y prólogo de F. Pease, FCE, Lima 1993, p.11, Presentación

[10] Ibídem p.12.

[11] Ibídem p.17.

[12] Ibídem p.23.

[13] Ibídem p.34.

[14] De procuranda indorun salutem. CPC XXIV, CSIC, Madrid 1987 II, 47). V, 4, 6.

[15] "Doctrina sobre la Iglesia en los documentos pastorales del III Concilio Límense" Revista Peruana de Historia Eclesiástica , Cuzco, N. 9, 2006,  p. 102

[16] La Iglesia naciente en Perú (Aspectos eclesiales y eclesiológicos de la Evangelización fundante en tiempos de los primeros concilios limenses –1551-1600- Pontificia Universitas Gregoriana, Facultad de Teología, Roma 2001, p. 184...

[17] C1L, Constituciones de los naturales, 31; C2L, Constituciones para los indios, 33: R. VARGAS UGARTE, Concilios Limenses, I, 31‑32.176; Doctrina cristiana, Suma de la fe católica, 466. La diferencia entre el I Concilio Limense y los dos siguientes es que aquél exoneró de la enseñanza explícita de estos contenidos, a los indios que estuvieran en peligro de muerte, a los rudos y a los ancianos, mientras que el II y III Concilios mandaron que se enseñase siempre.

[18] Catecismo breve, 469; Catecismo mayor, 478.

[19] Véase mi obra 2016 El Seminario de Santo Toribio en la Historia (1590-1972) (Su trayectoria vital) Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, Lima, 388 pp. Del Seminario saldrán ejemplares sacerdotes que, formados en la brega pastoral y en contacto personal con el arzobispo, accederán a los puestos claves de la organización eclesiástica peruana e, incluso, más allá de los límites del virreinato, tal como sucede con varios obispos: Bernardino de Almansa, de Santo Domingo; Carlos Marcelo Corne, Trujillo; Juan de la Roca, Popayán; Feliciano de Vega, México; Pedro de Valencia, La Paz; Alonso de Peralta, Charcas. El caso del primero es paradigmático: comienza como secretario arzobispal en la visita pastoral, luego como doctrinero de indios en Huarochirí, hasta llegar a ser arzobispo de Santo Domingo.

[20]Constituciones sinodales establecidas por el Ilmo. Señor Don Toribio Alfonso Mogrovejo, Arzobispo de la Ciudad de los Reyes, del Consejo de Su Majestad, año de 1583, por el mes de marzo Libro V p.72.

[21] "Doctrina sobre la Iglesia en los documentos pastorales del III Concilio Límense" Revista Peruana de Historia Eclesiástica , Cuzco, N. 9, 2006,  101-124

[22] Historia de las Indias I, 79 (Madrid) 1957 236, Mt 20, 1-16.

[23] Proemio a los Catecismos. J.G. Monumenta Catechetica Hispoamericana II, 455

[24] Ibídem

[25] Sumaria información que en el año de 1595 hizo el Deán don Pedro Muñiz, en vindicación del Ilmo. Sr. don Toribio Alfonso Mogrovejo, para vindicarlo de injustos cargos que se le hicieron (C. García Irigoyen II, p.60).¡Error! arcador no definido

[26] BUSTO, J. A. Del "Un curioso reglamento para los maestros de escuela".  En Revista del BIRA, II, 139-50

[27] De procuranda indorum salute, III, 2, 1

[28] C3L, Proemio. En J.G. Durán Monumenta Catechetica Hispanoamericana, II, 455.

[29] Libro de visitas de Santo Toribio  (1593-1605) (Colección Clásicos Peruanos, Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial 2006, pp.450+ Introdu. LVI) Transcripción, introducción y notas de José Antonio Benito

[30](Libro de visitas (1593-1605):195v)

[31] Ibídem

 

[32] Primero cuaderno original de las informaciones que por autoridad apostólica han hecho en la Ciudad de los Reyes Jueces el Ilmo. y Rvdo. Sr. Dr. D. Pedro de Villagómez, arzobispo de dicha ciudad y las dignidades y 4 canónigos más antiguos de esta dicha ciudad, notario actuario el Br. Pedro del Arco y diputado el Br. Bernardo de Zela despacháronse los trasuntos de estas informaciones a 25 de noviembre del año de 1660.

[33] Primer cuaderno original de la causa de la beatificación del Arzobispo de Lima Don Toribio Alfonso Mogrovejo. 842 pp. Introducción

 

[34] En Lima, en la Imprenta de Juan de Quevedo y Zárate. Año de 1662. 135 pp

 

[35] Quinto cuaderno del Proceso de beatificación

[36] Relación y memorial que se envía á Su Santidad [Clemente VIII] por el arzobispo de Los Reyes de las provincias del Perú, don Toribio Alfonso Mogrovejo, en conformidad del motu  proprio, de la santidad de Sixto Quinto de feliz recordación, en que se encarga y ordena, que los prelados den cuenta y razón á. los romanos pontífices, de todo el oficio pastoral, y de todas las cosas que en manera alguna, pertenecieren al estado de sus iglesias, para la disciplina del clero y pueblo, y salud de las almas, que les está encargadas  (GARCÍA IRIGOYEN, C. Santo Toribio  Lima 1904, II, pp.238-254).

[37] Primer cuaderno original de la causa de la beatificación del Arzobispo de Lima Don Toribio Alfonso Mogrovejo. 842 pp. Pregunta n.2

[38] Sumario y memorial ajustado de las probanzas que por deposiciones de testigos e instrumentos se han hecho por el ISD D. Pedro e Villagómez, arzobispo de los Reye y demás Señores Jueces Apostólicos en la Causa de la Beatificación y Canonización del Siervo de Dios el IS Don Toribio Alfonso Mogrovejo, arzobispo que fue de esta ciudad.  En Lima, en la Imprenta de Juan de Quevedo y Zárate. Año de 1662

[39] Lissón IV, nº 992, p.451, Patronato 248, R.33

 

[40] Primer Cuaderno del Proceso de beatificación, ff. 615-619 (v)

[41] Santa Inés, 18 de abril de 1603: Lissón IV, n.1034-bis, pp.488-490


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