lunes, julio 29, 2019

HART, S. Edición crítica del Segundo Proceso Apostólico de Santa Rosa de Lima, Palermo 1670

HART, S.

Edición crítica del Segundo Proceso Apostólico de Santa Rosa de Lima
"Rosa a Sancta Maria III Ord. S. Dominici: Supplementa Proc." (1670). Congr. Riti Processus 2208, Archivum Secretum Vaticanum
Lima: Cátedra Vallejo. 2019, 152 pp

Biógrafo de César Vallejo y Gabriel García Márquez, nos sorprendió gratamente a cuantos nos dedicamos a la historia de la religiosidad del Perú, con dos libros fundamentales en el 2017 sobre Rosa de Lima, su biografía Santa Rosa de Lima (1586-1617). La evolución de una santa. (Traducción de Nadia Stagnaro. Lima: Cátedra Vallejo, 368 pp) y Edición crítica del Proceso Apostólico de Santa Rosa de Lima (1630-1632): Congr. Riti Processus 1573, Archivum Secretum Vaticanum. (Lima: Cátedra Vallejo, 782 pp). La "bomba" del primero fue argumentar que el más importante biógrafo de la santa limeña, Leonardo Hansen, no existió, sino que fue un pseudónimo usado por el dominico inglés Fray Vincent Torre, con el fin de evitar la persecución en Inglaterra. Su gran mérito fue brindarnos una nueva biografía que incorpora como fuente los dos procesos apostólicos (el de Lima 1630-32) y el de Palermo (1670).

La presente obra –como reza su título- es una edición crítica del Segundo Proceso Apostólico de Santa Rosa de Lima, el seguido en Palermo (Italia) en 1670 e incluye las nueve declaraciones del manuscrito, "Rosa a Sancta Maria III Ord. S. Dominici: Supplementa Proc. (1670): Congr. Riti Processus 2208", que se encuentra en el Archivo Secreto Vaticano.

Como explica el autor, se ha optado denominar al texto "segundo" Proceso Apostólico porque este conjunto de declaraciones sobre los milagros ocurridos en Palermo fue importantísimo para el éxito de la Causa de Rosa de Santa María.

La obra contiene una interesante "Introducción" (9-36), con una sucinta síntesis biográfica (9-12); le sigue una descripción del proceso ordinario de beatificación durante los años 1617-1618 (13); continúa el primer proceso apostólico limense de 1630-1632 (14), un apasionante relato acerca de "la pausa y el lobby previo para reanudar el caso de la canonización de Rosa 1634-1663" (15-17); se debe al decreto, Coelestis Ierusalem, de Urbano VIII, de 5 de julio de 1634, por el cual prohibió el inicio del procedimiento para establecer la santidad hasta que hubieran transcurrido 50 años desde la muerte de la persona en la que se buscaba la candidatura. La causa se reabre en 1663-1667 (18-21) y logra el decreto de beatificación con el Papa Clemente X en 1670. La clave de la presente obra se nos da en "el segundo proceso apostólico de Palermo de 1670" (23-26) que nos explica cómo tratan de resolver los problemas aducidos por miembros del Tribunal como Petrus Franciscus de Rubeis, el Cardenal Azzolino y Joannes Migetius que básicamente tenían que ver con los testimonios científicamente válidos para la medicina del momento acerca de la condición del paciente antes y después de la curación, que había llevado a rechazar 91 de los 119 pretendidos milagros recogidos en el proceso de Lima. Para resolver la cuestión, acometen un nuevo proceso, el de Palermo que llevará a presentar nueve declaraciones de dos milagros.

En el último apartado "esta edición" (27-36) el autor nos da cuenta de su modus operandi, su opción –que agradecemos- de traducir del italiano al español las nueve declaraciones, facilitándonos –en breve resumen extraído del latín al español- las anotaciones introductorias de cada deposición. Por último, nos enfatiza el valor de las declaraciones por varias razones: Nos dan una visión privilegiada de la diferencia entre una Causa de Canonización antes del edicto de Urbano VIII en 1634 y después (más exigente en la evidencia médica); demuestra la alianza hispano-italiana a través de Sicilia; a diferencia de los 188 testigos de procesos anteriores, Santa Rosa nunca les habla directamente; aquí, sí, en el de Serafino Puglisi; en cuatro lugar, sorprende la práctica devocional ritual en el uso de aceite de una lámpara que colgaba en la capilla de Rosa en la iglesia de Santa Rita en Palermo y que logró la curación de la hija Francisca Cibasa al aplicar el aceite a su cuello.

La segunda parte (39-130) ofrece la traducción al español del original italiano y que corresponde los con diez apartados, el primero dedicado a cuestiones preliminares (miembros del tribunal, tiempo, lugar, cuestionario, testigos) y los nueve restantes a los declarantes: Serafino Puglisi, Benedetto Plaza, M.A. Muscia, Alberto Morana, Isidoro Ballesteros, Angela Cibasa, Francisca Cibasa, Giuseppe Casata, don Alessio Giarruto

Cierra el libro una precisa y abundante bibliografía (131-139). Además, en anexo, se brinda los facsimilares de la primera deposición (142-151).

Felicito al autor por acometer un acucioso trabajo de investigación en las fuentes básicas para seguir completando la biografía de la santa más estudiada y trascendental de América. Tanto su renovada biografía como las fuentes de los procesos de beatificación son indispensables para quienes pretendan un preciso y estudio en profundidad de Rosa.  

Gracias y felicitaciones a la editorial Cátedra Vallejo por asumir con tanto esmero la edición de las tres obras de S. Hart sobre la universal santa de Lima.  

jueves, julio 18, 2019

PREMIO CÁTEDRA SANTO TORIBIO 2019 estudia la relación de Santo Toribio con los Mercedarios del Perú

PREMIO CÁTEDRA SANTO TORIBIO 2019

 

El alumno CAMILO LUCIANO LECHUGA HANCCO, mercedario, del curso CÁTEDRA DE SANTO TORIBIO 2018, ha sido galardonado con el PREMIO SANTO TORIBIO 2019, destinado a premiar al mejor trabajo monográfico de los alumnos participantes en el Curso. Su investigación lleva por título "Los Mercedarios en la época de Santo Toribio de Mogrovejo (1581-1606) estudiando la presencia de los frailes mercedarios en América y de modo especial en la tierra de los Incas.

Su espíritu redentor supo adaptarse a las necesidades del nuevo mundo, como bien se expresa en la figura de Fr. Diego de Porres. De la misma manera se presenta la expansión y por ende tarea evangelizadora en la ciudad de Lima  entre los años de 1591-1606, época en que Santo Toribio dirigió con su cayado la Iglesia de la ciudad de los Reyes.

De igual forma, hay que señalar el influjo que se tuvo en los Concilios Limenses, gracias a la participación y pericia del P. Nicolás de Ovalle. Cabe notar la intensa actividad doctrinal que se tuvo en las tierras del Arzobispado de Lima, mediante los diversos frailes que cumplieron con verdadero espíritu redentor la tarea encomendada, dar el Evangelio a los nativos de las nuevas tierras, como medio de redención de las almas.

El diploma le fue entregado en la clausura del curso por parte del Director de la Cátedra y del Instituto de Estudios Toribianos, Dr. José Antonio Benito, quien felicitó al alumno y animó a todos a seguir investigando con ciencia y conciencia. 

sábado, junio 29, 2019

MARTÍNEZ COMPAÑÓN DECLARÓ A SANTO TORIBIO PATRONO DE TRUJILLO

Toribio Alfonso Mogrovejo y Baltasar Jaime Martínez Compañón son dos prelados gigantes, en la faceta espiritual, humana, cultural, social, peruanista. Los dos recorrieron sus diócesis y ayudaron a forjar un Perú más humano y pleno. Los dos tiene a Salamanca como alma mater, los dos son apasionados por sus fieles peruanos. El primero fundó el seminario más importante de América, el segundo fue rector en tiempos de la Ilustración. El primero fue santo, el segundo lo nombró patrono de la diócesis en la que falleció. Ahora que andamos afanados por el Bicentenario para mirar y caminar con buen rumbo, tenemos dos referentes ejemplares. 

Les comparto la imagen del óleo de la sacristía de la Catedral de Trujillo y datos del Archivo Arzobispal de Trujillo.


En el Archivo Arzobispal de Trujillo, sección "Comunicaciones" se custodia el "Expediente referente a la Declaración del Glorioso Santo Toribio Alfonso Mogrovejo como patrono principal general de la diócesis de Trujillo:

-          Auto de 19 de diciembre de 1789 del Ilmo. Baltasar Jaime Martínez Compañón, obispo de Trujillo en el que hace la dicha declaración.

-          K-2-1 Expediente iniciado por el Ayuntamiento de Trujillo, el Cabildo, Cleros Secular y Regular, Alcaldes y Regidores de los pueblos del Obispado, pidiendo se erija como Patrono Principal de la Diócesis de Trujillo con sus provincias y lugares a STM  Transcribo uno de ellos, el del Padre. D. Francisco Simeón de Polo, cura rector y vicario en la ciudad de Santiago de Miraflores de Zaña, parezco ante Vuestra Señoría Ilustrísima y digo que, siendo cierto que la Majestad de Dios ostentó su grande poder y liberal magnificencia en el glorioso señor STAM colmándole de bendiciones desde que entró al mar borrascoso de esta vida mortal en el año de 1538, parece que con especialidad quiso manifestar en este varón santo su grandeza, para dar a este nuevo Reino del Perú la luz que necesitaba como recién salido de las tinieblas del gentilismo; pues movido del superior influjo el ánimo del Rey Felipe II, el año de 1578 le presentó para el Arzobispado de Lima, metrópoli de este mismo Reino, en cuya virtud se celebró la entrada en su Iglesia Santa el año de 1581, tiempo en que por no haberse dividido entonces este obispado de Trujillo de aquella silla, logró estar felizmente a su gobierno tributando al Señor la gloria y el honor que le son debidos por la piedad con que le dio un Prelado Ilmo. Para crédito de la religión que profesamos para quitarnos el horror al camino de la cruz para empeñarnos al amor de la verdad para darnos un ejemplo seguro y preciso a nuestra santificación y para asegurarnos en él un protector y abogado por cuyo medio lleguen a sus misericordias nuestras súplicas y oraciones [vuelta]

-          Por esto mismo [roto] conocido el Santo los designios de Dios se empeñó en favorecer y [sic] este obispado en los dos tiempos de su visita, haciendo mayor fuerza y eficacia en sus representaciones para dirigirlo que así alcanzásemos de pronto aquellos socorros espirituales y temporales de que nos hacemos con la inmediación al Pastor y de que lograra en los 25 años de su feliz gobierno los que con tanta dicha se numeraron en su grey. Mas por estos beneficios y muchos más en que cada uno tuvo su porción no nos contaríamos privilegiados en las gracias del Señor si no hubiese determinado como determinó que en la ciudad de Zaña, cabeza de una de las provincias de este obispado fuese trasladado a la suerte de su Criador a los 23 de marzos de 1606, día en que él mismo predijo su muerte y en que claramente confesaron todos su santidad, siendo los primeros zañeros a quienes la tierra y el cielo dieron señales visibles de la felicidad con que aquella alma santa se presentaba ante el trono de la Suma Trinidad, para que en ella librase todas sus esperanzas porque en cierto modo se hicieron sus paisanos, siempre que en su muerte nació para vivir eternamente bienaventurado; la tierra se estremeció a la misma hora de su tránsito feliz, el sol se eclipsó y en aquella primera noche se vio en el cielo una cruz roja que predicaba los mayores consuelos a los que llorando la ausencia de su pastor, manifestaba trasladado a la gloria de su patrono, por medio del cual al contacto de su virginal cuerpo que en [sic] vivísimo olor del que [folio 2]

-          Repetía salud los enfermos de raras dolencias

-          Aun no ve con este Ilmo. Sr. Que si es común la gloria a este Reino por razón de haber merecido acumulase el santo méritos en parte de estas Indias meridionales debe ser especial y solemne excedente la de esta ciudad y obispado por haber echado en él todo el resto de sus fuerzas en las últimas de su vida. Como que se convidaba para ser particularmente patrono y protector de los que vivimos separados del arzobispado y bajo el amparo y dirección de Vuestra Señoría Ilustrísima dignísimo obispo de esta diócesis de Trujillo.

-          Por estas razones y la de haber tenido arbitrio esta ciudad y obispado en tantos años para pedir por Patrono y Abogado Universal de él a Santo alguno de cuantos la sabia providencia ha recibido como tributo público y digno de su Iglesia militantes en quienes el mismo nos asegura emplea las delicias de su amor. Parece muy conforme a las determinaciones del cielo que Vuestra Señoría Ilustrísima se sirva nombrar y mandar publicar al Sr. STAM patrono universal de esta su diócesis a cuyo soberano patrocinio debemos poner las esperanzas que nos llevan hacia la Patria Celestial y pedir con ruegos lo más conveniente. Así, como obligado pido rendidamente a Vuestra Señoría Ilustrísima se digne declararle patrono y abogado de la grey que hoy le está encomendada para fervorizar la caridad y devoción que tengo al santo en los cultos que le son debido y para por este medio logre también VSI los mejores programas en los establecimientos y disciplina que nos proporciona para la felicidad espiritual.

-          Pido y suplico que con atención a […]y devoción que esta ciudad y obispado tiene al Sr. Santo Toribio y a las obligaciones en que quedamos todos constituidos por las circunstancias precedidas al tránsito feliz de su alma pura, se sirva declararlo patrono universal del obispado que desde luego estamos prontos a ponerlo por tal, asegurando nuestros deseos, nuestras esperanzas y los intereses que lleva consigo la materia para cada uno en particular y para toda la diócesis en general.

-          18 de mayo de 1786. Firma de Francisco Simeón, presbítero, Moradores y vecinos

 

Acogiendo el sentir popular de las autoridades civiles y religiosas, así como del pueblo fiel, el ilustrado Baltasar Jaime Martínez Compañón lo proclamó 19 del mes de diciembre de 1789 patrono de todo el episcopado en razón de 

"su admirable santidad y virtudes y porque designado por Dios para gobernar esta diócesis antes de que se desmembrase del Arzobispado de Lima, llenó con tan fervorosa caridad y celo las partes de su apostólico ministerio y oficio, recorriéndolo personalmente dos veces, no hubo en sus valles, sierras, ni montañas lugar alguno por pequeño, distante y áspero que fuere a donde no llegase y que no ilustrase con su presencia, doctrina, sudores y santos ejemplos y por haberla constituido y hecho patria suya, acabando la preciosa carrera de sus días en la ciudad de Zaña en donde falleció y finalmente para que al paso que por medio se rinda al Santo el distinguido culto que por tantos títulos le es debido se arraigara y avivara más en el ánimo de los suplicantes y de su posteridad la devoción hacia él y la confianza de su patrocinio y protección". Para concretar se dedicó el 27 de abril como fiesta de primera clase, celebrando además la octava, con la  "obligación de oír misa y abstenerse de las obras serviles el día primero de dicha fiesta toda suerte de gentes sin distinción...perpetuamente para españoles como para indios y demás castas de ambos sexos del obispado concediendo...indulgencia plenaria a todos ..."

GREGORIO DE MOLLEDA, OBISPO DE TRUJILLO, POSTULADOR DE LA CANONIZACIÓN DE SANTO TORIBIO

En el Museo de las Carmelitas (también en la Catedral) hay un gran óleo de Gregorio de Molleda), nacido en Lima, seminarista en Trujillo, postulador de la causa en Roma y a quien cupo en suerte el logro de la canonización de Santo Toribio el 7 de octubre de 1726. Nació en Lima en 1692. Fueron sus padres don Juan de Molleda, de la Orden de Santiago, y doña Juana de Clerque. Estudió la gramática en el Seminario San Carlos y San Marcelo de Trujillo por venir con su padre como corregidor de Trujillo. Colegial de San Martín. En abril de 1724 visitó Roma, donde pidió al Papa Benedicto XIII la canonización del Beato Toribio Alfonso Mogrovejo. Esta súplica la reiteró con la intercesión de 51 cardenales y consultores de la Sagrada Congregación de Ritos. Contaba 32 años cuando logró en Roma la bula de canonización el 10 de diciembre de 1726. Nombrado obispo de Isauria in partibus infidelium, el 26 de septiembre de 1725 continuó como asistente al solio pontificio de Benedicto XIII y de Clemente XII, hasta que Felipe V lo propuso por obispo de Cartagena de Indias en 1736. Ahí construyó una iglesia que dedicó a Santo Toribio. Tomó posesión de la Sede de Trujillo el 4 de diciembre de 1741 por poder y personalmente 29 de enero de 1743. En 1745 entregó el curato de Lamas a los misioneros jesuitas de Mainas. Por su bondad se ganó la estima de sus diocesanos. Rigió el obispado durante cinco años, hasta 1748 en que fue promovido a la diócesis de La Plata o Charcas. Aquí estuvo durante ocho años más, dificultado por la enfermedad que le privaba del recto uso de sus facultades. Murió el 1 de abril de 1756. Dotó ahí una Misa con sermón el día de Santo Toribio, con un capital de 3.000 pesos con 150 créditos. En la Monografía de la Diócesis de Trujillo por el Centro de Estudios de Historia Eclesiástica del Perú Tomo I, Trujillo, Imprenta Diocesana, 1930, se destaca la trascendencia de su misión y el interés del Libro de la Visita que emprendió el Ilmo. Sr.Dr. Gregorio de Molleda y Clerque, provincia de Huamachuco en 1747.

 

miércoles, junio 12, 2019

DAMMERT BELLIDO, José “El Arzobispo visita Cajamarca”

DAMMERT BELLIDO, José "El Arzobispo visita Cajamarca" Revista Teológica Limense, Vol. XII, 1978-2, pp.205-211

http://repositorio.pucp.edu.pe/index/bitstream/handle/123456789/131411/Dammert.%20El%20Arzobispo%20visita%20Cajamarca.pdf?sequence=1&isAllowed=y

SANTO TORIBIO EN EL CONVENTO SAN ANTONIO DE LOS PP. FRANCISCANOS DE CAJAMARCA

Mons. José Dammert Bellido nos comparte cómo el Arzobispo Santo Toribio dejó instituidas las Cofradías del Santísimo Sacramento y de las Ánimas del Purgatorio, la primera en la iglesia parroquial y la segunda también "en todos los demás pueblos de la Provincia". Consagró tres campanas en el citado Convento y bendijo varias imágenes, entre ellas de la Madre de Dios y de Santa Apolonia en su ermita. Además dejó licencia "para que hagan otras tres ermitas en este valle de Cajamarca: las dos ¡unto al Pueblo, y la otra a una legua del pueblo en unos baños calientes que están en el propio valle" (Traslado de la fundación del Convento de Son Antonio de Cajamarca. .1756, publicado en "Revista Histórica", Limo 1906, reproducido en Chóvez A liaga IV, Lima 1958, 228-9; M onografía cit. I 205-7)

Artículo "El Arzobispo visita Cajamarca" Revista Teológica Limense, Vol. XII, 1978-2, pp.205-211

http://repositorio.pucp.edu.pe/index/bitstream/handle/123456789/131411/Dammert.%20El%20Arzobispo%20visita%20Cajamarca.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Foto cortesía de Rubén Enzian

jueves, mayo 30, 2019

MANUEL GIGANTO SE NOS FUE CON SANTO TORIBIO

MANUEL GIGANTO SE NOS FUE CON SANTO TORIBIO

Gracias a su devoción por Santo Toribio, yo comencé –en 1991, con motivo de mi primer viaje al Perú- a recopilar material para lo que considero LA MAYOR COLECCIÓN DOCUMENTAL SOBRE SANTO TORIBIO en su casa de Tudela y que fructifiicó en sus dos monumentales obras.

Tuve la suerte de visitarle en dos ocasiones y siempre dedicamos horas a nuestro Santo. Claro que su opción por Villaquejida es incuestionable; lo que me queda es su pasión y fervor por el santo que le llevó a dedicarle miles de horas a recopilar material para dar a conocer su vida y obra.

Ofrezco mi oración por el eterno descanso de su alma y envío mi más sentido pésame a su esposa e hijos, especialmente mi gran amigo e hijo suyo, Josemari. Gracias a él, les puedo compartir una emocionada semblanza de su vida y su misión.


https://jabenito.blogspot.com/…/un-libro-giganto-de-santo-t…
https://jabenito.blogspot.com/…/manuel-giganto-completa-su-…
http://ietoribianos.blogspot.com/…/manuel-giganto-expone-50…
 

https://www.facebook.com/joseantonio.benitorodriguez?_

 

UNA VIDA DE PELÍCULA. SEMBLANZA A UN PADRE EJEMPLAR

Suele decirse que casi todo o buena parte de lo que somos humanamente se lo debemos a nuestros padres: aficiones, hábitos, valores, cualidades físicas... Incluso en la fe, al menos los primeros pasos. Nosotros hemos tenido la fortuna de haber nacido en una familia con fe y de la que somos deudores y debemos ser transmisores.

Manuel, mi padre, había pedido muchas veces a San José, patrono de la buena muerte, esa gracia. Y así se la concedió: estos últimos meses que ya no podía ir a la misa diaria, le traían la comunión diaria a casa. Incluso el último día, el sábado pasado 6 de abril, la mañana, comulgó semiconsciente. Después ya se fue apagando, sin dolores y sin medicación alguna, como una vela que se agota en el candelabro. Murió en casa a las 1:15 h de la madrugada del domingo 7, rodeado de mi madre y los cuatro hijos que estábamos rezando el rosario y otras oraciones. Conscientes todos del momento, aceptando con naturalidad la muerte que es un tránsito necesario para encontrarnos con Dios. ¿Qué mejor muerte se puede pedir a San José y a Santo Toribio? Sobre el pecho una estampa del Cristo de Villaquejida y otra de la Virgen. En el ataúd, además, una estampa de Santo Toribio y un rosario en las manos. 

 

Ahora nos toca pedir, por intercesión de Santo Toribio, que el Señor lo lleve pronto a su compañía plena en el cielo. 

Creo que sabes que mi padre tiene una vida de película: nació en una familia sencilla y con muy pocos medios económicos en Algadefe, pueblo próximo a Villaquejida. Con un tesón ejemplar, compaginando desde la infancia el trabajo y el estudio por las noches, fue saliendo adelante y ocupando profesiones de lo más variadas: delineante, gestor de seguros... capataz agrícola, perito agrícola, profesor del PPO, Director de la oficina de Empleo. Se casó con mi madre que era de Villaquejida, un pueblo a 8 km del suyo, y ahí descubrió a Santo Toribio cuyo ejemplo de vida le cautivó. Le sorprendió siempre la poca transcendencia que se le daba pese a la importancia que tuvo en la evangelización de América y en su transformación y desarrollo en todos los sentidos. 

Tenía cualidades singulares como la constancia. Escribió varios libros para enseñar Fruticultura (era profesor de esa materia en el PPO). Sus cursos por los pueblos y ciudades (años 60 y 70) eran un éxito y había que hacer selección de inscritos pese a que eran de 7 a 11 de la tarde/noche durante los cinco días de la semana y cinco meses seguidos. Siempre había médicos, secretarios de Ayuntamiento, monjes, monjas a las que el obispo libraba esas horas de la clausura y que querían también aprender. Con muchos mantuvo una amistad singular. Era habitual que en las inauguraciones y clausuras de los cursos estuvieran presentes los alcaldes, gobernadores civiles, obispos... Ya ves, era un caso muy singular y muy valorado en el PPO, tanto que tuvo trato personal con dos o tres ministros de Trabajo, incluso comiendo en su casa. Sin embargo, siempre rehusó ocupar cargos públicos en ayuntamientos u otras administraciones políticas.

En fin, una vida de película por múltiples motivos. Con 46 años, tras una operación en la columna vertebral que resultó mal, quedó tetrapléjico y desahuciado. Contra todo pronóstico médico (había docenas de frailes, monjes y monjas rezando por él) sobrevivió y se recuperó en gran parte. Quedó con muletas, dolores y otras molestias sin fin, pero vivo. Y ahí retomó con tenacidad el estudio de Santo Toribio además de la dirección de la Oficina de Empleo, la familia, la vida de piedad...

Este domingo, le tocó el último paso: el encuentro definitivo con el Corazón de Jesús, de quien era tan devoto. Ese Corazón tan inmenso que nos espera a todos y que debemos dar a conocer en este mundo tan necesitado de su Amor. 

Un abrazo grande. Que Santo Toribio nos ayude a seguir su ejemplo apostólico.

 

José María Giganto

 

 

martes, mayo 14, 2019

SANTO TORIBIO A LA LUZ DE LAS LÍNEAS PASTORALES DEL PAPA FRANCISCO. P. Carlos Rosell

SANTO TORIBIO A LA LUZ DE LAS LÍNEAS PASTORALES DEL PAPA FRANCISCO[1]

Muy estimado Monseñor Carlos Castillo, Arzobispo de Lima y Gran Canciller de la FTPCL.

Queridas autoridades, profesores, alumnos y trabajadores.

Permítanme hoy hacer la lección inaugural con el título de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo a la luz de las líneas pastorales del papa Francisco. En primer lugar, quisiera aclarar que no pretendo hacer grandes especulaciones teológicas, sino simplemente mi intención es resaltar la figura del Santo Arzobispo de Lima haciendo conexión con algunas ideas centrales sobre la pastoral de la Iglesia y que con insistencia nos presenta el Santo Padre. Me atrevo a decir con audacia que, si Santo Toribio de Mogrovejo viviera, nos diría lean la Evangelii gaudium, documento programático del papa Francisco. Quisiera remarcar cinco puntos de las enseñanzas de Papa y que me parecen muy vinculados con la vida del Santo Arzobispo de Lima.

1. Ir a lo esencial, Cristo.

El papa Francisco en su primera homilía nos hablaba de ir a lo esencial. ¿Qué es lo esencial? Es Cristo. Al respecto, afirmaba el santo Padre: "Podemos caminar cuanto queramos, podemos edificar muchas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, la cosa no funciona. Acabaremos siendo una ONG asistencial, pero no la Iglesia, Esposa del Señor. Cuando uno no camina, se para. ¿Qué ocurre cuando no se edifica sobre las piedras? Sucede lo que les pasa a los niños en la playa cuando construyen castillos de arena: todo se viene abajo, carece de consistencia. Cuando no se confiesa a Jesucristo, me viene a la memoria la frase de León Bloy: «Quien no reza al Señor, reza al diablo». Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del diablo, la mundanidad del demonio"[2].

En algunas ocasiones, el papa Francisco ha remarcado que debemos vivir des-centrados. ¿En qué consiste este descentramiento? Es el descentramiento bueno que necesita la Iglesia, por tanto, cada bautizado, y que se concreta en dejar de ser nosotros el centro, es decir erradicar la autoreferencialidad y poner a Jesús en el centro con toda la radicalidad posible. Nos pregunta el Papa: "¿Pongo verdaderamente a Cristo en el centro de mi vida? Porque existe siempre la tentación de pensar que estamos nosotros en el centro… ¡Cristo es nuestra vida! A la centralidad de Cristo le corresponde también la centralidad de la Iglesia: son dos fuegos que no se pueden separar: yo no puedo seguir a Cristo más que en la Iglesia y con la Iglesia"[3].

Quien ha centrado su vida en Cristo está en camino de santidad. Esto lo sabía muy bien el Santo Arzobispo de Lima. Él era consciente que el protagonista de su vida tenía que ser Jesucristo. Ir a lo esencial, Cristo, hay que concretarlo caso contrario nos quedaríamos solo con una frase hecha. ¿Cómo concretó Toribio Alfonso de Mogrovejo la centralidad de Cristo? En primer lugar, tratando a Cristo, no hay otro camino. 

El Santo obispo sabía muy bien que, sin oración, todo se derrumba. Por eso, lo primero que hacia al levantarse era su oración personal. "Satisfecha esta obligación bajaba por camino reservado de la casa arzobispal a la Catedral, donde celebraba la Misa, con tanta devoción y ternura, como pide aquel divino misterio. Acabado el Santo Sacrificio discurría por todo el templo y sacristía, haciendo de rodillas oración en cada uno de los altares y notando con singular advertencia el aseo, adorno, y culto sagrado, de que fue toda su vida no más atenta que celoso. Hechas estas piadosas visitas se volvía alegre a su palacio, sin permitir que ningún ministro de la Iglesia lo acompañase, y entrando en su oratorio, puesto de rodillas, empleaba dos horas en oración mental".

La piedad eucarística de Santo Toribio de Mogrovejo era ejemplar. "Se sabe que el Santo Arzobispo fue devotísimo del Santísimo Sacramento y procuraba que en las doctrinas de los indios se pusiese Sagrario para que les diese el viático a los indígenas y comulgasen en pascua de resurrección. También este testigo afirmó que ante el argumento de hallarlos incapaces de entender lo que es recibir la Comunión, el Santo respondía: háganles capaces los curas, instruyéndoles toda la Cuaresma para que puedan entenderlo"[4].

2. Ir a las periferias.

Ir a lo esencial, Cristo, nos lleva a ir a las periferias porque allí tocamos la carne de Cristo. El papa Francisco usa mucho la palabra "periferias". Es una palabra que dice bastante y que trae consigo grandes exigencias para la misión de la Iglesia. Las periferias, por ejemplo, son aquellos lugares apartados del centro de las grandes urbes y donde las condiciones de vida son infrahumanas. Pero, también, están las periferias existenciales, es decir son los ámbitos de la vida humana donde campea el sufrimiento, la soledad, el dolor y la discriminación. Todas las periferias, tanto geográficas como existenciales, deben ser iluminadas por el Evangelio.

Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo fue a las periferias. ¡Cómo no sorprendernos al conocer que recorrió alrededor de 40,000 kilómetros de su jurisdicción!  Él mismo dirá en una carta al Papa Clemente VIII: "Después que vine a este Arzobispado de los Reyes de España, por el año de ochenta y uno, he visitado por mi propia persona y estando legítimamente impedido por mis visitadores, muchas y diversas veces, el Distrito, conociendo y apacentando mis ovejas, corrigiendo y remediando lo que ha parecido convenir y predicando los domingos y fiestas a los indios y españoles, a cada uno en su lengua y confirmando mucho número de gente… y andando y caminando más de cinco mil y doscientas leguas, muchas veces a pie por caminos muy fragosos y ríos, rompiendo por todas las dificultades y careciendo algunas veces yo y mi familia de cama y comida, entrando a partes remotas de indios cristianos que de ordinario traían guerra con los infieles a donde ningún prelado y visitador había llegado"[5].

El Santo Arzobispo de Lima vivió en las periferias pues no fue un pastor atornillado a su sede, sino que se convirtió en un verdadero peregrino. Era consciente que como Pastor tenía que llegar a los rincones más alejados de su diócesis. Ir a las periferias era su pasión, pero para iluminarlas desde la luz del Cristo, la única luz que puede dar sentido a la vida de los hombres. Tenemos que ir a las periferias. Esto exige necesariamente salir de nuestro egoísmo, de nuestra comodidad. Todo ello implica una verdadera metanoia, un cambio de mentalidad, para convencernos que ir a las periferias forma parte de la naturaleza misma de la Iglesia pues ella es misionera.

3. Sentir el gusto espiritual de ser Pueblo.

Sabemos que el papa Francisco ha bebido de la llamada teología del pueblo, expresión propia de la reflexión teológica argentina[6]. Esta charla no es el momento para hablar de esta teología. Pero sí conviene decir que una de las imágenes que más usa el papa Francisco es la de Pueblo de Dios, y que al igual que Cuerpo de Cristo, tiene profundas raíces bíblicas. En efecto, la Iglesia es el Pueblo que peregrina. Nosotros debemos sentir el gusto espiritual de ser Pueblo de Dios. Esto exige necesariamente vivir la cercanía con los hermanos que comparten nuestra fe y que nos ayudan a caminar con Cristo. La expresión clásica sentire cum ecclesia, es sentire cum populo.

Nos decía el Santo Padre: "La Palabra de Dios también nos invita a reconocer que somos pueblo: «Vosotros, que en otro tiempo no erais pueblo, ahora sois pueblo de Dios» (1 Pe 2,10). Para ser evangelizadores de alma también hace falta desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente, hasta el punto de descubrir que eso es fuente de un gozo superior. La misión es una pasión por Jesús, pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo. Cuando nos detenemos ante Jesús crucificado, reconocemos todo su amor que nos dignifica y nos sostiene, pero allí mismo, si no somos ciegos, empezamos a percibir que esa mirada de Jesús se amplía y se dirige llena de cariño y de ardor hacia todo su pueblo. Así redescubrimos que Él nos quiere tomar como instrumentos para llegar cada vez más cerca de su pueblo amado. Nos toma de en medio del pueblo y nos envía al pueblo, de tal modo que nuestra identidad no se entiende sin esta pertenencia"[7].

Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo sintió el gusto espiritual de ser Pueblo. Este gusto solo es posible cuando se conoce a Pueblo, es el gusto que brota de conocer a la gente sencilla que expresa su fe con naturalidad.

Sentir con el pueblo nos lleva a hablar de la inculturación del Evangelio. No se trata de diluir, aguar o deformar el mensaje de Cristo en una cultura. De lo que se trata es de expresar el mensaje salvífico con un lenguaje tal que sea entendido por una cultura concreta. Esto lo comprendió el santo Arzobispo y fruto del III Concilio Limense es el llamado Catecismo trilingüe, verdadera joya catequética. En efecto, dicho Concilio se marcó la tarea de: "editar un catecismo especial para toda esta provincia. Todos los indios deberán aprenderlo según su capacidad y, por lo menos, los niños saberlo de memoria y repetirlo los domingos y los días festivos en las reuniones públicas de la Iglesia o recitarlo en parte, según parezca oportuno para el provecho de otros".

Es así que el año 1583, Santo Toribio publicó esta obra excepcional, que fue el primer libro impreso en el Perú. El Catecismo trilingüe, escrito en castellano, quechua y aymara fue un instrumento de suma importancia para la evangelización. En este excelente trabajo guiado bajo Santo Toribio es de justicia resaltar la labor de teólogos como el Padre José Acosta, sacerdote jesuita. Asimismo, intervinieron especialistas en quechua y aymara. Es un hermoso ejemplo de trabajo en conjunto.  

Hay que resaltar que Santo Toribio de Mogrovejo se preocupó de conocer las costumbres de sus fieles, y aprender las lenguas propias para poder comunicarles con claridad el Evangelio. El entonces Papa Benedicto XVI lo resaltaba así: "El profundo espíritu misionero de santo Toribio se pone de manifiesto en algunos detalles significativos, como su esfuerzo por aprender diversas lenguas, con el fin de predicar personalmente a todos los que estaban encomendados a sus cuidados pastorales. Pero era también una muestra del respeto por la dignidad de toda persona humana, cualquiera que fuere su condición, en la que trataba de suscitar siempre la dicha de sentirse verdadero hijo de Dios" [8]

Nosotros tenemos que sentir del gozo de ser parte del Pueblo de Dios. Quienes tenemos el ministerio sagrado no podemos permanecer, por decirlo en expresión coloquial del papa Francisco, en una situación de "balconeo", hay que saber lo que está pasando con la gente, solo así podremos iluminar desde el Evangelio las inquietudes más profundas del hombre de hoy.

4.  Dejarse sorprender por el Espíritu.

El papa Francisco habla mucho de no tener miedo a las sorpresas del Espíritu Santo. Es necesaria una verdadera apertura a la acción del Paráclito para dejarnos conducir por sus inspiraciones. Nunca estará de más enfatizar el protagonismo del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia y de cada uno de los bautizados. Gracias al Espíritu Santo en la Iglesia se vive una hermosa diversidad en la unidad.

Al respecto, el papa Francisco señala: "La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos, planificamos nuestra vida, según nuestros esquemas, seguridades, gustos. Y esto nos sucede también con Dios. Con frecuencia lo seguimos, lo acogemos, pero hasta un cierto punto; nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones; tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos. Pero, en toda la historia de la salvación, cuando Dios se revela, aparece su novedad —Dios ofrece siempre novedad—, trasforma y pide confianza total en Él: Noé, del que todos se ríen, construye un arca y se salva; Abrahán abandona su tierra, aferrado únicamente a una promesa; Moisés se enfrenta al poder del faraón y conduce al pueblo a la libertad; los Apóstoles, de temerosos y encerrados en el cenáculo, salen con valentía para anunciar el Evangelio. No es la novedad por la novedad, la búsqueda de lo nuevo para salir del aburrimiento, como sucede con frecuencia en nuestro tiempo. La novedad que Dios trae a nuestra vida es lo que verdaderamente nos realiza, lo que nos da la verdadera alegría, la verdadera serenidad, porque Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien. Preguntémonos hoy: ¿Estamos abiertos a las "sorpresas de Dios"? ¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta? Nos hará bien hacernos estas preguntas durante toda la jornada"[9].

Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo se dejó sorprender por el Espíritu Santo. ¿Cómo explicar la extraordinaria labor del Pastor sin la docilidad al Espíritu? Se habla que tenía el don de lenguas, pero no olvidemos que la lengua más importante es el lenguaje del amor.

Una sorpresa del Espíritu Santo para Toribio Alfonso de Mogrovejo fue su misma elección. Son las sorpresas que trae el Paráclito. El corazón humilde de Toribio se muestra visiblemente en la carta que el santo dirigió al Papa. El 15 de abril de 1580 le escribe al Papa Gregorio XIII lo siguiente en señal de gratitud: "He recibido un peso mayor del que pueden sostener mis hombros y que haría temblar a los hombros angélicos. Me hallo indigno de este cargo. Pero confiando en Dios y poniendo en Él mi cuidado no he tardado en aceptar. Que el mismo Dios ayude mi buena voluntad y me conceda sus gracias para que mi corazón lo mismo que mis acciones tengan en Él comienzo y termino". ¡Qué hermoso acto de fe! El futuro Santo Arzobispo de Lima, en ese momento sabe muy bien que el peso que llevará como Pastor de una porción del pueblo de Dios es enorme, pero al mismo tiempo, es consciente que "si Dios está con nosotros, quién contra nosotros" (Rm 8,31). Al igual que lo hizo Toribio Alfonso de Mogrovejo no tengamos miedo de abrirnos a las novedades que el Espíritu Santo abre en las diversas y legítimas vivencia de la fe.

5. El valor de la pobreza

El Papa Francisco nos ha dicho: "quiero una Iglesia pobre y para los pobres". Y remarca que la pobreza es para un miembro de la Iglesia, una categoría teológica y no ideológica. En otras palabras, la pobreza es configuración con aquel que "siendo rico, por nosotros se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza" (2 Co 8,9). En este sentido, se puede afirmar que Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo fue un pastor pobre que amó y se solidarizó con los pobres.

En la vida del Santo Arzobispo de Lima no se conoce el lujo, el boato, y la superficialidad. No fue un sacerdote, por usar una expresión coloquial, de "etiqueta" o de "coctel", sino un pastor pobre que había puesto su corazón en Cristo. En eso consiste la virtud de la pobreza, en colocar a Cristo en el primer lugar de nuestros amores, porque se sabe que Él es la verdadera riqueza. Se narra que "su comida era escasa y su cama una tabla con su alfombra, y todo lo demás de su vida responde a esto, y no hará a sabiendas un pecado venial por todas las monarquías del mundo… Es tan pobre en su persona que toda su recamara no vale ni dieran por ella cuatrocientos ducados"[10]. Santo Toribio sabía muy bien que los preferidos del Señor son los más necesitados. Por eso, cuando ayudaba a un pobre decía: "¡Oh pobre que me enriqueces! ¡Oh desnudo que me vistes! ¡Oh hambriento que me hartas!"[11]. Y cuando le llamaban la atención por ser demasiado generoso con los menesterosos, el Arzobispo afirmaba: "Ahí le dimos a un pobre de Cristo".

La pobreza que vivió Alfonso Toribio de Mogrovejo fue real y no aparente. Se desprendió de todo, porque quiso vivir con y como Cristo, quien fue todo para Él. Así, incluso se despojó de necesidades básicas para ayudar al otro. "… un día, estando en el pueblo de Nepeña, ante el asombro de los que le acompañaban, le encontraron zurciendo la sotana. Alegre y sonriendo como un niño que ha sido sorprendido en alguna de sus travesuras infantiles, dijo sin abandonar la aguja: No importa nada que un Arzobispo remiende su vestido, porque el roquete lo tapa todo… Mejor es ahorrarlo para darlo de limosna a los pobres"[12]. Qué duda cabe que la vivencia de la pobreza evangélica es un factor contundente de la credibilidad de la Iglesia.  

Antes de terminar mi modesta intervención quisiera enfatizar que nunca estará de más resaltar entre nosotros la figura del Santo Arzobispo de Lima, los santos no pasan de moda porque reflejan a Cristo, quien es el mismo ayer, hoy y siempre (Hb 13,8). Asimismo, les invito a todos para que como institución universitaria tomemos conciencia que estamos involucrados en la misión de la Iglesia y las luces que nos da el papa Francisco son una valiosa ayuda para salir a comunicar el gozo del Evangelio.  Muchas gracias.

Dr. P. Carlos Rosell de Almeida, Rector de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima



[2] S.S. FRANCISCO, Homilía. 14-03-2013.

[3] S.S. FRANCISCO, Homilía a la Compañía de Jesús. 31-07-2013.

[4] Actas Proceso de Beatificación I, f.491.

[5] Memorial sobre el oficio pastoral de Toribio Alfonso de Mogrovejo.

[6] Un buen artículo al respecto: J.C. SCANNONE, El papa Francisco y la teología del Pueblo en Razón y Fe (2014), t.271, n.1395, pp.31-50.  

[7]  S.S. FRANCISCO, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n.268.

[8] BENEDICTO XVI, Mensaje con motivo del IV centenario de la muerte de Santo Toribio de Mogrovejo. 24-04-2006.

[9] S.S. FRANCISCO, Homilía de Pentecostés. 19-03-2013.

[10] E. PUIG, o.c., p.34.

[11]  E. PUIG, o.c., p.35.

[12]  E. PUIG, o.c., p.36.

domingo, abril 28, 2019

Santo Toribio de Mogrovejo: El Proemio del Tercer Catecismo y sus Avisos para la transmisión de la fe. Mario Grignani

Santo Toribio de Mogrovejo: El Proemio del Tercer Catecismo y sus Avisos para la transmisión de la fe

Mario Grignani

 "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes… yo estoy con ustedes". Estas palabras de Jesús de Nazaret, que abren el primer capítulo de la reciente Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, probablemente son las mismas que animaron a Toribio Alfonso de Mogrovejo (1538-1606), mientras atravesaba el océano Atlántico y parte del Pacífico (la Mar del Sur) rumbo a Perú.

El idioma quechua, que empezó a estudiar durante el viaje usando la Primera Gramática Quichua escrita por Fr. Domingo de Santo Tomás, sin duda lo inició a hablar en el camino que desde el puerto de Paita recorrió caminando hasta Lima; aquí, en la Ciudad de los Reyes, entra el 11 de mayo de 1581, como su segundo arzobispo, acogido por el pueblo limeño, que festejó la llegada del nuevo pastor. Y así va a ser durante los veinticinco años de su episcopado limense, caracterizado por el compromiso radical para con su pueblo y con la naciente sociedad cristiana andina y americana. Canonizado en 1726, los títulos que los biógrafos le atribuyen atestiguan su labor pastoral, evangelizadora y social llevada a cabo sin ahorrarse ninguna fatiga. Y si P. Juan Francisco de Valladolid, el Procurador de la causa de beatificación y canonización de Mogrovejo, lo define "hermano y compañero, e imitador en todo de Nuestro San Carlos Borromeo" [1]el Concilio Plenario Latino Americano lo considera "totius Episcopatus Americani luminare maius" [2]Hace treinta años el beato Papa Juan Pablo II le otorga el título de "Patrono del Episcopado Latinoamericano" [3], señalándole como el modelo de obispo en América Latina, y en 2006, cuarto centenario de su muerte, el Papa Benedicto XVI se refiere al llamado Catecismo de santo Toribio que demostró ser un instrumento extraordinariamente eficaz para instruir en la fe a millones de personas durante siglos, uniendo así desde lo más hondo, por encima de cualquier diferencia, a cuantos se identifican por tener «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo» (Ef4,5)" [4].

Un fundamental rasgo de la pasión apostólica de Toribio de Mogrovejo se halla justamente en la predicación e instrucción cristiana. Es sabido que predica en lengua quechua y un poco en aimara —los principales idiomas indígenas— para que los nativos puedan entender en sus lenguas la Buena Noticia de Cristo. Su inteligente esfuerzo de adaptación amorosa para con los indígenas en el contexto cultural de su arquidiócesis, lo que hoy en día llamaríamos "inculturación", se extiende a todas las regiones del virreinato español del Perú (desde Panamá hasta la Imperial de Chile) gracias a la impresión de un libro que busca responder a las exigencias de la experiencia misionera: el Doctrina Christiana y Catecismo para la instrucción de los Indios (DCCII). Este texto, si bien su redacción es ordenada por los obispos reunidos para la celebración del III Concilio Provincial de Lima (1582-1583), es también conocido como el Catecismo de Santo Toribio, debido a que le corresponde al Metropolitano de Lima la responsabilidad última, expresada en la firma que debe poner en cada impresión, junto a las de los jesuitas "Padre Rector [del colegio en Lima] o del Padre Maestro José de Acosta" (Provisión real, Lima el 12 agosto de 1584: DCCII, 10).

La transmisión de la fe en Cristo por medio de la predicación e instrucción es pues central en la obra; justamente en este aspecto se quiere hacer hincapié por medio de este aporte de índole histórica. Por ello, después de una presentación general del Doctrina Christiana, se expone una particular sección, el Proemio del Sermonario, para concluir con algunas reflexiones.

1. El Doctrina Christiana y Catecismo para la instrucción de los Indios

El catecismo ordenado por el III Concilio de Lima se imprime en esa misma ciudad entre 1584 y 1585; el título completo reporta su composición y su función: Doctrina Christiana y Catecismo para instrucción de los Indios y de las demás personas, que han de ser enseñadas en nuestra sancta Fe. Con un Confesionario, y otras cosas necessarias para los que doctrinan, que se contienen en la página siguiente. Compuesto por Avctoridad del Concilio Prouincial, que se celebró en la Ciudad de los Reyes, el año de 1583. Y por la mizma traducida en las dos lenguas generales, de este Reyno, Quichua, y Aymara. Impresso con licencia de la Real Audiencia, en la Ciudad de los Reyes, por Antonio Ricardo primero Impressor en estos Reynos del Piru. Año de M. D. LXXXIIII años [5].

Es el primer libro impreso en América del Sur y su impresión es materialmente posible por la presencia en Lima del impresor Antonio Ricardo y la concesión otorgada por el rey Felipe II. Lo componen tres partes, que responden a diferentes exigencias surgidas en el trabajo misional, que constituyen un verdadero corpus documental:

I. Doctrina Christiana, Catecismo breve y Catecismo Mayor (1584);
II. Confesionario (1585);
III. Tercero Cathecismo o Sermonario (1585).

Ya en un primer acercamiento se puede observar que se trata de una obra excepcional: de la experiencia misional desarrollada a la sombra de los Andes, a los cincuenta años del inicio de la nueva etapa de la historia del Continente y a los veinte años de concluirse el Concilio Ecuménico de Trento, se imprime un catecismo con sus complementos pastorales [6] escritos en los tres idiomas principales de los inmensos territorios de ese entonces: el español, el quechua y el aimara. Con el Doctrina Christiana se crea además la escritura de esos idiomas, pasando de una transmisión de forma mnemónica y oral (mediante los quipus) a una forma escrita. La fijación por escrito por parte de los misioneros y cronistas de la primera hora ha sido un fundamental aporte para la conservación de sus antiguas tradiciones en esos momentos convulsionados por los eventos históricos. En nuestro caso, es al jesuita padre José de Acosta que se le debe el texto en español del Doctrina Christiana.

Junto a los decretos del mismo concilio provincial, el Doctrina Christiana es un instrumento fundamental desde diferentes puntos de vista: la predicación evangélica, la formación catequística, la administración de los sacramentos, el conocimiento de las creencias religiosas indígenas, el aprendizaje de la lectura e incluso la "justicia social" que las precisas preguntas de los confesores buscan asegurar. Es necesario recordar que en la mente de los obispos que lo ordenaron y de los religiosos misioneros que lo redactaron y tradujeron, el texto halla su razón de ser en la labor misionera y se sitúa "en el punto de encuentro del dogma, de la moral, de la concepción de la Iglesia y del hombre, con su preocupación de fortificar la religión y la piedad popular, el catecismo es el lugar privilegiado de la historia del pueblo de Dios" [7].

El texto es además una fuente primaria del inmenso esfuerzo religioso y cultural llevado a cabo en ese momento, marcado por muchos interrogantes y dificultades surgidos en la acción misionera, por las difíciles y traumáticas relaciones entre indios y españoles derivadas de la conquista, y de los españoles entre sí mismos a raíz de la lucha por el poder; un esfuerzo que busca poner las bases antropológicas de la nueva sociedad americana y la defensa de los indios, afirmando la dignidad humana de todos los hombres.

2. El Proemio del Tercer Catecismo o Sermonario

La parte más amplia de la obra es la tercera, el Tercero Cathecismo y Exposición de la Doctrina Christiana por Sermones; comúnmente llamado Sermonario, representa "una valiosa pieza catequética compuesta de treinta y un sermones" [8]. Con un Decreto firmado en julio de 1584, Toribio de Mogrovejo aprueba el Sermonario, y si por un lado no se impone su uso (algo que sí se dispuso para el Doctrina Christiana y el Confesionario), por otro, se subraya su gran utilidad para la predicación y enseñanza a los indígenas.

Dos son las partes que componen el Proemio: "Del modo que se ha de tener en enseñar y predicar a los Indios" y "Del intento de este tercero catecismo, o sermones sobre la doctrina christiana, y del fructo que se puede sacar dellos".

Del modo que se ha de tener en enseñar y predicar a los Indios

Esta primera parte está destinada a los sacerdotes y predicadores para ayudarlos en su ministerio, en la predicación y en la instrucción de la catequesis.

En efecto, el "desconocimiento de las lenguas indias, junto a la negligencia de algunos en el cumplimiento de este oficio y la falta de adaptación a las características psicológicas de la nueva feligresía, obstaculizaban continuamente la marcha de la evangelización. Y precisamente para poner eficaz remedio a estas carencias pastorales, al predicador se le ofrece un texto donde pueda inspirarse. El cual reúne los dos requisitos indispensables para poder 'predicar con gran provecho' al auditorio: la adaptación de los contenidos de la fe a sus capacidades y el empleo de su misma lengua" [9].

El Proemio reconoce que a menudo se descuida esta norma porque hay quienes "excediendo de la capacidad y necesidad de los oyentes, se ponen a predicar a indios cosas exquisitas o en estilo levantado, como si predicasen en alguna corte o universidad; y en lugar de hacer provecho hacen gran daño, porque ofuscan y confunden los cortos y tiernos entendimientos de los indios" (DCCII, 353).

Esta es una de las causas del poco fruto de la predicación. El método no es adecuado y hay que corregirlo.

Por esto, se dirigen específicamente a los que tienen la misión de predicar, cuatro importantes Avisos, que constituyen los elementos básicos en la predicación y en la catequesis.

Primer Aviso: "Y siendo (como son) los indios gente muy nueva y tierna en la doctrina del Evangelio, y lo común de ellos es no ser de altos y levantados entendimientos, ni enseñados en letras, es necesario, lo primero, que la doctrina que se les enseña sea la esencial de nuestra fe, y la que es de necesidad saberla todos los cristianos. Esto llama el Apóstol [san Pablo] elementos, o A.B.C. de la doctrina de Dios" (DCCII, 353-354).

Segundo Aviso: "No se debe enfadar el que enseña a indios de repetirles en diversas ocasiones los principales puntos de la doctrina cristiana, para que las fijen en su memoria y les sean familiares" (DCCII, 354).

Tercer Aviso: "El tercer Aviso es del modo de proponer esta doctrina y enseñar nuestra fe: que sea llano, sencillo, claro y breve, cuanto se compadezca con la claridad necesaria. Y, así, el estilo de sermones o pláticas para indios requiere ser más fácil y humilde, no alto ni levantado; las cláusulas no muy largas, ni de rodeo; el lenguaje no exquisito, ni términos afectados; y más a modo de quien platica entre compañeros, que no de quien declama en teatros. Finalmente, el que enseña ha de tener presente el entendimiento del indio a quien habla, y a su medida ha de cortar las razones, mirando que la garganta angosta se ahoga con bocados grandes" (DCCII, 355).

Cuarto Aviso: "El cuarto Aviso, y el más importante, es que de tal manera se proponga la doctrina cristiana, que no sólo se perciba, sino que también se persuada. Y aunque ésta es propia obra del Espíritu Santo, cuyo es abrir los oídos del corazón y levantar el alma para que asienta a cosas que están sobre todo nuestro entendimiento, y no conformes a nuestro apetito, pero ayudan mucho las buenas razones y eficacia del que predica o enseña. Pues, aunque no podamos ofrecer evidencia de estos misterios, podremos bien mostrar que son muy creíbles y dar satisfacción de nuestra fe, como dice la Escritura" (DCCII, 356).

Finalmente, se hacen dos reflexiones cuya finalidad es la de enmarcar los elementos pedagógicos enunciados en los Avisos en el contexto de la experiencia humana leída a la luz de la fe: la primera recuerda la necesidad de la oración y la segunda lo que podríamos describir como un conocimiento afectivo.

Acerca de la oración se dice que "el predicador que desea imprimir la Palabra de Dios en otros por sermones, la imprima primero en sí por oración" (DCCII, 357).

Del intento de este tercero catecismo, o sermones sobre la doctrina christiana, y del fructo que se puede sacar dellos

La segunda parte pretende indicar la motivación que está a la raíz del Sermonario e indicar aquel particular "estilo" para predicar con buenos resultados: "Es menester que esta misma doctrina se les propusiese a los indios en tal modo, que no sólo la percibiesen y formasen concepto de estas verdades cristianas, sino que también se persuadiesen a creerlas y obrarlas como se requiere para ser salvados. Y para esto es necesario diferente estilo. Y ha de ser como sermón o plática del predicador, y tal que enseñe y agrade, y mueva a los oyentes, para que así reciban la doctrina de Dios y la guarden" (DCCII, 358).

El estilo al cual se hace referencia es el narrativo, que según la experiencia se ha revelado como "el mejor modo de catequizar" (DCCII, 359). El método narrativo tiene la ventaja de comunicar las verdades de la fe justamente por medio de la narración de los acontecimientos con los que Dios intervino en la historia de su pueblo (Antiguo Testamento y Nuevo Testamento); de tal forma, el fiel se ve introducido en una historia particular, en la tradición viva de la historia de la salvación y de la Iglesia.

Reflexiones conclusivas

Impulsados por las palabras pronunciadas por el Papa Francisco en el "Congreso Internacional sobre la Catequesis" (Roma, 26 de septiembre de 2013) y por su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium acerca de la evangelización, hemos querido volver a considerar un texto que ha contribuido de manera especial a la transmisión y educación en la fe en nuestro continente latinoamericano. En particular el Proemio del citado Sermonario encierra algunas notas que delinean los elementos metodológicos que deben orientar a los predicadores, misioneros y catequistas a la hora de dar a conocer el acontecimiento salvífico de Jesucristo. A manera de conclusión destacamos algunos elementos clave:

1. El Doctrina Christiana es un orgánico y sistemático manual de catequesis nacido de la historia de la Iglesia americana; aunque no contenga imágenes, se presenta a nuestros ojos como una obra de arte por la belleza de su impresión y por ejemplificar aquella convicción del Papa san Gregorio Magno de que el "arte de las artes" es justamente la cura pastoral, entendida aquí en su más amplio sentido como misión evangelizadora.

2. A la hora de la transmisión de la fe, cuyo contenido central es la Persona de Cristo, la caridad en el Proemio se traduce en señalar aquellos factores que no hay que descuidar si se quiere anunciar con éxito: comunicación elemental; predicación comprensible; contenidos esenciales, completos y orgánicamente presentados; repetición sistemática; paciencia y humildad del predicador; necesidad de la oración. Radicadas en las categorías educativas de la época, las indicaciones de los Avisos subrayan la necesidad de una ascesis personal, sin la cual a los misioneros no les será posible conocer el ambiente en el que operarán.

3. Los elementos pedagógicos son elaborados a la luz de las cartas y predicación paulina, de la reflexión catequética de los Padres de la Iglesia (san Gregorio Magno, san Gregorio Nacianceno y sobre todo san Agustín con su De catechizandis rudibus), de la tradición cristiana española y de los acontecimientos adquiridos por los misioneros en su experiencia directa con los indígenas.

4. Se busca "acomodar" todo a la capacidad de los oyentes. Si bien al lector moderno le parece hallar un "matiz paternalista", sin embargo en ese momento el estilo narrativo resulta ser "el mejor modo de catequizar" porque los contenidos que "están sobre todo nuestro entendimiento" se presentan en una historia humana y por ende más cercanos y comprensibles. "Acomodar" no significa eliminar el uso de la razón, sino provocarlo en los oyentes, así como también el afecto.

5. En el Proemio se afirma que el autor de la obra misionera de la Iglesia es aquel que "abre los oídos del corazón y levanta el alma" de los hombres, el Espíritu Santo. La evangelización, como conversión y acogida del Evangelio de Cristo, es una experiencia personal presidida por la "Fuerza de lo Alto" que acontece y despliega todas sus posibilidades históricas cuando aparece el hombre que la lleva a la práctica. El Doctrina Christiana ha podido dar los frutos esperados por un renovado impulso misionero debido a la presencia y la acción evangelizadora y pastoral de un santo, Toribio de Mogrovejo. Efectivamente, como ha escrito el historiador Bedouelle, "es la santidad de los catequistas que ha hecho la fuerza del catecismo".


Notas:

[1] Carta de P. Juan Francisco de Valladolid al Cardenal de Milán Alfonso Litta (Roma, 26 marzo 1672), en Archivio Storico Diocesano di Milano, Carteggio Ufficiale, 89.
[2] Decretum de Consecratione Concilii Plenarii Americae Latinae Sacratisimo Cordis Iesu et Immaculatae Virginae Mariae, in Acta et decreta Concilii Plenarii Americae Latinae, Romae: Ex Typographia Vaticana MDCCCXCIX, 4.
[3] Juan Pablo II, Sanctus Turibius Episcopus Limanus episcoporum Americae Latinae Patronus confirmatur, Romae, die x mensis Maii, anno Domini MCMLXXXIII, en: AAS, LXXV, Pars I, Romae: Typis Polyglottis Vaticanis CDDDDLXXXIII, 808-809.
[4] Benedicto XVI, Carta en ocasión del IV centenario de la muerte de santo Toribio de Mogrovejo, Vaticano: 23 de marzo 2006.
[5] Se usa la siguiente reimpresión: Doctrina Christiana y Catecismo para instrucción de los Indios, facsímil del texto trilingüe del Corpus Hispanorum de Pace, XXVI-2, Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1985. Para una más fácil consultación se puede usar la impresión hecha por durán, Juan G., Monumenta catechetica hispanoamericanaSiglo XVI-XVII, II, Buenos Aires: Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina 1990. Con respecto del III Concilio Provincial de Lima es oportuno señalar: Concilium Provinciale Limense, Celebratum in Civitate Regum Anno MDLXXXIII, Auctoritate Sanctissimi D. N. Sixti V Romae recognitum atque in hunc modum probatum. Iussu Catholici Regis Nostri Philippi II, Hispaniarum et Indiarum Domini, Typis excusum, atq. ad Indos transmissum. Madriti, apud Petrum Madrigal: Anno MDXC.; Vargas ugarte, Rubén, Concilios Limenses (1551-1772), I y III, Lima: Tipografía Peruana 1951-1954; lisi, Francesco L., El Tercer Concilio limense y la aculturación de los indígenas sudamericanos, Acta salmanticensia, estudios filológicos, 233, Salamanca: Universidad de Salamanca 1990.
[6] Cfr. durán, Juan G., El Catecismo del III Concilio Provincial de Lima y sus complementos pastorales (1584-1585), Buenos Aires: Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina 1982.
[7] Bedouelle, Guy, Nascita del catechismo, en Communio ["Catechesi e catechismi"] 67 (1983), 52.
[8] Romero Ferrer, Raimundo, Estudio teológico de los Catecismos del III Concilio Limense, Pamplona: Universidad de Navarra 1992, 99.
[9] Durán, Monumenta catechetica…, 603.

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