Y el santo prelado Mogrovejo, arzobispo de Lima, el 23 de marzo, hace 419 años, se murió cantando
José Antonio Benito (Doctor en Historia de América)
A 12.000 kilómetros de su Mayorga natal, con 68 años -desde los 40 en Perú- a sus gastadas espaldas, un hidalgo castellano se afana tambaleante a lomos de la mula "Volteadora" en llegar al pueblo de Saña, cerca del corazón de la cultura mochica, dominios del Señor de Sipán.
Aunque hace unos días, escribió desde Yauyos que sigue con las mismas fuerzas de mozo, como cuando salió desde Salamanca, lo cierto es que kilómetros antes, al llegar a Guadalupe, en el santuario de Nuestra Señora, comenzó a sentirse mal; sigue hasta Chérrepe y Reque, de donde se encaminó a Saña.
Le acompaña su fiel escudero Sancho de Ávila que pronto se ve ayudado de una abigarrada muchedumbre de españoles, mestizos, indios y negros que ven en el Arzobispo un "Taita", un padre, y al que tienden sus manos para bajarle de la mula y colocarle en unas angarillas.
Anochece en la antigua villa de Santiago de Miraflores, Toribio presiente la agonía en la humilde casa del párroco Juan de Herrera. El médico le advierte de su enfermedad mortal y procura aplacar sus dolores; Mogrovejo saca fuerzas de flaqueza y con sus ojos llenos de luz, exclama, recita el Credo, y entona el salmo: "¡ Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor!"
Da como recompensa al buen médico lo único que le quedaba, su mula, y recuerda a sus acompañantes el compromiso de honor con su cuñado y limosnero Francisco de Quiñones de repartir entre los pobres lo que se obtenga de la venta de sus vestiduras litúrgicas. La noche no quiere acabarse, cuando tarda en romper la aurora.
El enfermo sabe que es Jueves Santo, 23 de marzo de 1606 y pide ser llevado a la iglesia para recibir la Unción de Enfermos. Su capellán, Juan de Robles, con lágrimas en los ojos, no acierta a concluir. Toribio, más tranquilo, pide al prior agustino que taña el arpa. Fray Jerónimo Ramírez no se hace de rogar y acompaña el suave canto del agonizante: "A Ti, Señor, me acojo:... En tus manos encomiendo mi espíritu".
Y se durmió, sin apenas un murmullo, cuando despertaban las alondras de su tierra. Blancos, negros, indios y mestizos, microcosmos con todas las razas, lloran por el último vuelo de esta blanca paloma de paz que defendió su libertad y apostó por su hermandad.
La arquidiócesis de Los Reyes queda conmovida al conocer la noticia. El Cabildo de la catedral de Lima da cuenta al Rey Felipe III y el ¨Consejo de Indias del suceso, como puede verificarse gracias al magnífico portal de PARES: Carta del cabildo catedral de Lima a Su Majestad, avisando la muerte del Santo Toribio Alfonso Mogrovejo, arzobispo de Lima, acaecida el Jueves Santo, 23 de marzo de 1606, en la villa de Saña en santa visita[1]. Señor
La ocasión presente de tener el gobierno espiritual por fallecimiento del Arzobispos de estos Reinos nos obliga a hacerlo saber a Vuestra Majestad que fue a los 23 de marzo de este año fuera de esta ciudad, en la villa de Saña, distrito de este arzobispado, ejerciendo el oficio pastoral con el gran celo que tuvo siempre de sus ovejas y en edificación de ellas, acabó sus días tan santa y religiosamente como lo fue todo el discurso de su vida. Ha causado su muerte gran sentimiento por habernos faltado un espejo de prelados y así el consuelo que nos queda es la esperanza que tenemos de la merced que Vuestra Majestad ha de hacer a esta iglesia y reino y a nosotros en su nombre de presentar prelado experto y ejercitado en gobierno de iglesia, que llene este vacío de la calidad y partes que pide este puesto y con la brevedad que conviene y aunque la renta que tiene este arzobispado es tenue y corta para lo que pide una metrópoli como ésta donde son mayores las obligaciones que en otras partes, con todo eso esperamos de Vuestra Majestad nos ha de hacer merced de enviar el prelado tal que con su valor y autoridad pueda suplir la tenuidad de la renta y representar esta dignidad con la ostentación que merece, la cual en estas partes requiere ser mayor respecto de los naturales, plantas tan tiernas en la fe y que tanto se mueven a mayor veneración del culto divino con lo exterior para venir en consecuencia de lo interior ordenado a su salvación, sirviéndose Vuestra Majestad de impedir que el Prelado traiga consigo parientes, total reina del gobierno espiritual y ocasión de no hacerse tantas limosnas como se harían de que así resulta defraudarse a la iglesia y pobres lo que les es tan debido.
Esta sede vacante en su gobierno ha comenzado a proceder y procede con mucha paz y conformidad de los capitulares celosos en todo servicio de Nuestro Señor y de Vuestra Majestad Guarde Dios a Vuestra Majestad muchos y felices años
De Los Reyes, 20 de mayo de 1606
[1]ES.41091.AGI//PATRONATO,248,R.38 https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/description/126708
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