[Manuscrito: Del uso del Dr. Juan Antonio Martín del Pozo]. Biblioteca Nacional del Perú X 209.22; M 86. Ej.4. Digitalizado por José Antonio Benito Rodríguez. Se ha actualizado la grafía de las palabras que resultan raras u obsoletas. Para la traducción del latín he contado con el apoyo del P. Ángel Peña Benito, OAR, y el latinista José Miguel García a quienes agradezco muy cordialmente. Se han obviado las citas del texto que figuran en los márgenes.
La Bula de Canonización se recibió en Lima en la primavera de 1727 con una solemne procesión presidida por el arzobispo Diego Morcillo yendo todos los asistentes en mulas muy bien enjaezadas. El mes de mayo se celebró un solemne octavario en la catedral que terminó el domingo 22 con la solemne procesión en que fue conducida la imagen del santo con más aparato y concurso de fieles si cabe que con motivo de la beatificación.
SERMÓN PANEGÍRICO que en las solemnes fiestas que consagró esta santa metropolitana Iglesia de Lima por la canonización de su grande arzobispo Santo Toribio Alfonso Mogrovejo predicó el Excmo. e Ilmo. Sr. M. D. Fray Diego Morzillo Rubio de Aruñón, del Consejo de S.M., Virrey, Gobernador y Capitán General, que fue en propiedad en estos Reinos del Perú, obispo de Nicaragua y de la Paz, arzobispo de las Charcas y actualmente de la Metrópoli de Lima y que dedica con el más reverente afecto a la Católica Majestad de Nuestro Gran Monarca D. Felipe V. Con Licencia en Lima, Año de 1729.
1 v [en blanco]
[2] SEÑOR,
En la Misa que el Vicario de Cristo celebra para declarar la canonización de los santos hay tres circunstancias u ofertorios muy especiales. Asiste el Orador que envía el Rey Nuestro Señor: este hace tres súplicas a Su Sanctitas, instanter, instantias, instantissime[1], para que se signe de declarar, goza de la Bienaventuranza el Santo, de quien se habla, que fue en la ocasión última Santo Toribio Mogrovejo, ofreciendo en nombre de S.M. di/
[2v] ferentes avecillas; estas vuelan a Vuestras Reales manos, dejando mi corazón lleno de desconsuelos por no poder seguirlas; aunque pidiendo a Dios continuamente por Vuestra Real Persona y con dichas circunstancias camina el papel adjunto que prediqué el primer día que se celebró la Canonización dichosa a instancias de U. Real M. de Santo Toribio Mogrovejo. Todo (Señor) se encamina a lograr la dicha de llegar a Vuestras Reales Manos, mientras yo quedo rogando con fervorosas ansias. Guarde Dios a Vuestra Real Persona con mayeros y más dilatados Reinos como la Cristiandad ha menester. Lima, 20 de julio de 1729
Fr. Diego Arzobispo de Lima
[3] RETRIBUCIÓN GRATULATORIA QUE POR EL VENERABLE Cabildo de la Santa Iglesia Metropolitana de Lima ofrece al Excmo. Sr. Don Fray Diego Morcillo Rubio de Aruñón, su dignísimo Arzobispo, el Doctor Don Bernardo de Zamudio y las Infantas, Caballero del Orden de Santiago, Doctor y Decano en ambos Derechos y Rector que fue de eta Real Universidad de San Marcos, Examinar sinodal de este Arzobispado, Comisario Subdelegado general de la Santa Cruzada y Arcediano de esta Santa Iglesia Metropolitana de la misma Ciudad de Lima, Corte de este Reyno del Perú.
EXCELENTÍSIMO E ILUSTRÍSIMO SEÑOR.
Hallándome por honra superior a mis méritos en la dignidad de Arcediano de esta Santa Iglesia, la cual reconoce por su más apreciable y prospera fortuna la de verse honrosamente gobernada/
[3v] por la feliz dirección de V[uestra] Excelencia se advertía mi cortedad igualmente empeñada en la debida obsequiosa congratulación, que por parte de este Ilustre Cabildo y por la de mi afectuoso rendimiento, debía ofrecer mi veneración al sagrado respecto de la soberanía de Vuestra Excelencia Así por manifestar la revierten estimación y aprecio que hace este noble y docto congreso del agrado y valor que debe a su grandeza, más elevada con su benignidad, como pro desatar las prisiones, en que ha puesto a la admiración el fervoroso celo, con que ha celebrado V. Excelencia el nuevo culto de su aclamado Antecesor Santo Toribio Alfonso, y los realces de ingenio y elocuencia con que dio su admirable Oración el más decoroso y autorizado lustre a tan plausible solemnidad el día primero de la octava en que la celebró esta Santa Iglesia.
Y aunque solo al afecto juzgó Ausonio (Auson in Panegyric) que se debía encomendar el desempeño de una obligación pues la nobleza de la voluntad del más calificadas pruebas con lo que siente que con lo que dice: Quod solum igitur nostri opus est, gratias ago. Verum ira ut apud Deum fieri amat, sentiendo copiosius, quam loquendo[2], siendo este el frecuente y general refugio a que siempre se conduce y acoge el desmayo en la silla de manos del respeto; se aplicó Séneca con declarada oposición a excluir de este crédito a esta muda elocuencia de las almas enseñando que se haga por el favor que se recibe y agradece, publica acción de gracias “Accipienti adhibenda concio est”[3], y que hospedar al agradecimiento en tan ahogada pieza como es el camarín del silencio, más estrecho y sin aire cuando más falto de comunicación, no es vergüenza ni enco/
[4] gimiento, sino un cierto género de negar la obligación “Quidan furtive agunt gratias: in angulo. Non est ista verecundia, sed inficiendi genus”[4].
Y fuera menos disculpable el silencio, cuando, sin costear los colores, se halla dibujado en el lienzo del capítulo 22 del Apocalipsis todo el sagrado asunto que motiva el elogio. Un torrente de luz desatado de la Silla de Dios en raudales de vital resplandor descendió a hacerse nueva lumbre a los ojos de la Águila de Pathmos: (Apocalipsis 22, 1) Et ostendit mihi fluvium aquae vitae, splendidum tanquam crystallum, procedentem de Sede Dei[5]. Un ángel intima este precepto. El que ya se halla declarado por Santo por el Sagrado Oráculo de la Supresa silla se santifique nuevamente, Qui Sanctus est sanctificetur adhuc[6]. Y esta acción dice un docto expositor que significa la elegante y publica aclamación con que se extiende y manifiesta la santidad: Id est: Sancta Veritas innotescat publica commendatione[7]. Y que esto es lo que manda ejecutar el Supremo oráculo. Et hoc ita fieri praecipit Dominus de Sede[8].
El Ángel, que profiere la alabanza del santo a cuyo aplauso se dedica, dice que es de su misma profesión: Conservus tuus sum[9]. Y VE que es digno sucesor del glorioso Arzobispo, a quien declara santo el que es también sucesor de san Pedro y Vicario de Christo, se ofreció a predicar sus glorias en su iglesia aclamando su declarada santidad con estilo igualmente claro y sólido como el cristal: splendidum tanquam crystallum[10]. De cuya preciosidad, engastada hermosamente en la pureza del más subido y resplandeciente oro se pudo formar su mejor diadema, como corona puesta sobre su propia mitra en señal de su santi/
[4v] dad y en gloria de su huevo honor y culto al modo que lo ejecutó la Suprema Deidad para manifestar al mundo los más sublimes créditos y aplausos de la heroica virtud del Sumo sacerdote Aarón: Corona aurea supra mitram expressa signo Sanctae Veritatis gloria honoris[11]. Ya da más ajustada proporción a la elegante Oración de Vuestra Excelencia dividida diestramente en tres discursos con la Corona elevada sobre la Mitra del Sumo Sacerdote lo que añade a esta noticia la erudición de Flavio Josefo advirtiendo que esta misma corona constaba de tres órdenes: Tunc aurea corona triplici ordine circumdabat[12].
Y es constante que de eta tan discreta alabanza le resulta al santo un honor que puede añadir gloria accidental a la que goza eterna, siendo esta elegante Oración de Vuestra Excelencia declaración y augmento de su felicidad, en el sentido en que de la de otro insigne Príncipe lo escribió la elegancia de Plinio: Nam hic supremus falicitatis eius cumulus accessit laudator excelentissimus, orator eloquientissimus[13].
En ella se admiró el vigoroso y valiente espíritu de V. Exc como en todas sus obras y acciones, docto, suave, cortesano, eficaz, grave, ardiente y sublime; transparentándose estas ilustres calidades en la hermosa claridad con que su natural elocuencia enseña, deleita, mueve, advierte, persuade y corrige, que es todo lo que del gran Padre San Gerónimo pondero Desiderio, historiando su vida: ¿Quis docet apertius? ¿Quis delectat urbanius? ¿Quis movet efficacius? ¿Quis suadet gravius? ¿Quis hortatur ardentius? ¿Quis recenset sublimius?[14]
El mismo santo y máximo doctor escribió en alabanza del Libro que en aplauso del Emperador Teo-
[5] dosio publicó san Paulino, lo que debe aplicarse el sermón que en gloria de su venerado antecesor Santo Toribio predicó Vuestra Excelencia “ipsum genus coloquii praesumet; cum tulliana luceat puritate, crebrum est in sententiis praeterea magna est reum consequentia alterum pendet ex altero”[15]. Y concluye: “Felix Theodosius qui a tali Christi oratore laudatus”[16].
Y aun pudo ser obsequiosa expresión del empeñado afecto de este ilustre cabildo, la de aplaudir en tan suntuosa solemnidad por la más gloriosa aclamación de cuantas consiguió nuestro santo Arzobispo, la que resulta de la luz, que le copia en la ejemplar y religiosa vida de Vuestra Excelencia en que se ve una imagen formada en el espejo de la que hoy merece su alabanza y con ella la pública y común veneración; pudiéndose decir a Vuestra Excelencia más dignamente que el cortesano Plinio a su Trajano, que elevando a las estrellas a su glorioso antecesor y padre no por honra propia, sino por la que juzga deberse a quien venera por celeste numen, con ninguna otra acción, aunque entre todas se enumere la de ofrecerle alabanzas, aras, y sacrificios, más le acredita, santifica y exalta que con ser Vuestra Excelencia quien es; pues el único y cierto indicio de divinidad es el buen Sucesor, como los que ha tenido nuestro santo en su dichosa silla, que hoy es excelso trono de la heroica virtud de Vuestra Excelencia: “Tu sideribus patrem intulisti, non in honorem tuum; sed quia deum credis. Sed, licet illum aris, pulvinaribus, flamine colas, non alio tamen magis deum et facis et probas quam quod ipse talis es. In principe enim una itemque certissima divinitatis fides est bonus successor”[17]. Y concluir exclamando con el mismo elegante panegirista, para ponderar la con
[5v] conformidad y proporción, concordia y consonancia que tiene VE con toda la alabanza de nuestro adorado y aplaudido Santo: “At Principi nostro quanta concordia, quantusque concentus omnium laudum, montisque gloriae contigit”[18].
En opinión de algunos, el Fenix, es ingeniosa fábula. Y sin duda lo juzgaron así porque no conocieron a Santo Thoribio o ignoraron a VE pues siendo aquel Pájaro prodigioso, sacerdote del sol, sagrado y fiel ministro del oráculo délfico y como presidente o prelado superior entre las demás aves de los bosques y celebrándole Lactanciano con uno y otro título: “Antites nemorum luci veneranda sacerdos et sola arcanis conscia phoeve tuis”[19].
Vuelve a renacer en otro fénix nuevo que con diestra voz canta en honor y elogio del primero cuando expone y ofrece sus reliquias en la Ciudad de Heliopolis al gran Templo del Sol como refiere Aquiles Tacio en su “Leucippe paterni corporis partes revelat, laudatoris munere fungitur[20].
Todas las referidas circunstancias concurren con tal viveza en ambas copias de esa ave peregrina que vuela en la región de los prodigios que al formarlas parece que sirvieron de pinceles sus plumas, siendo no menos digno de reparo que también se llama Fenix una estrella que alumbra nuestro Polo Antártico según advierte Gerónimo Vital: “Phoenis etiam dicitur in caelo sidus ad Polum Antarcticum”[21] y Vuestra Excelencia siguiendo el esplendor de las virtudes de Thoribio, debe a su imitación sus mayores aciertos en las gloriosas acciones, que hora son honra de nuestro siglo y después serán envidia de los venideros/
[6] Observando la discreción de VE en esa imitación el consejo de san Jerónimo que persuada al generoso empeño de aspirar a conseguir el mérito de la virtud del apostólico prelado de quien se goza el honor de la dignidad: “Apostoloci viri honorem possidens, habere nititur meritum”[22]. Y a este glorioso efecto extiende Vuestra Excelencia los aplausos de su venerado antecesor, para encender con el aire de su alabanza el ardor de su imitación, como decía la elegancia de san Pedro Damiano: “Fortis viri praeconia ad amorem imitationis animum accendunt”[23]
Y si consiguió nuestro Santo su mayor alabanza con el docto sermón de V. Ex. que hizo resplandecer con la luz de su elegancia la grandez de su virtud pues como dijo el Doctor Angélico: “Laus est sermo elucidans magnitudinem virtutis”[24]; también logró Vuestra Excelencia el general aplauso con que siempre ha embargado todos los asombros de la admiración su admirable elocuencia a la cual definieron algunos sabiduría para hablar copiosa y diestramente y otros virtud, con que la voluntad rige al discurso y la lengua para decir con adorno, claridad y hermosura lo verdadero y justo, agradable a Dios y útil a los hombres, como lo advierte nuestro gran político Solórzano en sus “Emblemas Reales”: “Eloquentiae curam, studium adjungimus quam copiose loquens sapientia a quibusdam definire appellative solet. Ab aliis, virtus, qua voluntas mentem, linguam regit ut vera recta, Deo grata, hominibus salutaria perspicue et ornate dicat”[25].
Y el siempre discreto Casiodoro[26], alegando para autorizar el propio argumento a Cicerón[27] con el título de Maestro de la misma elocuencia, afirma que /
[6v] “con la sabiduría de un perfecto orador no solo se eleva superiormente su dignidad sublime, sino que se acredita por gloria digna del mayor aprecio si de mover los ánimos, persuadir los ingenios, atraer las voluntades y aprisionar los albedríos, inclinando a su arbitrio los afectos”: “Nihil stabilius videtur quam posse dicendo tenere hominum mentes, allicere voluntates, impellere quo velit, unde autem velis adducere[28].
Y esto sin duda fue lo que intentó significar la docta antigüedad con las sabidas fábulas de Ansion y Orfeo los cuales, con la diestra dulzura de sus voces y sonora armonía de sus acordes instrumentos, no sólo atraían a los vivientes racionales sino también a las aves y fieras y aun se hacían canoro imán de los troncos y riscos. Los triunfos de Hércules fueron menos plausibles que las blandas prisiones con que sujetaba su dirección las voluntades. Por esto su más celebre pintura le describía con luciente adorno y aspecto majestuoso y grave, pero afable y alegre llevándose tras sí crecidas tropas de hombres aprisionados de sus labios.
Esta destreza y magisterio en la Oratoria Sagrada consiguió Vuestra Excelencia desde su floreciente juventud uniendo al relevante empleo de calificador en la Suprema y general Inquisición, el de predicador del Rey en la Capilla de su Real palacio pues desde entonces empezó a fatigar los hombros de la fama el dulce peso de amena elegancia y atractiva elocuencia, llevándose la suave armonía de sus sermones, atonidos los oídos y admirando entonces aquellos gravísimos consejos discreto orador que después habían de elogiar dos veces aclamado Virrey. Todo esto dijo el florido Claudiano:/
[7] “Iam tunc canicies animi: tam dulce loquendi pondus, attonitas sermo qui duceret aures”[29]. Y después: “amplissima sedes orantem stupuit, bis laudatura Regentem”[30]. Y que del mismo modo se habían de aplaudir dos veces, obispo meritísima de las santas iglesias de Nicaragua y de la Paz y otras dos dignísimo arzobispo de La Plata y de Lima, duplicándose igualmente sus gloriosos asertos en las dos altas cumbres del gobierno político y sagrado y aumentando sus ínclitas acciones a los esclarecidos timbres de estrellas, lunas y águilas (blasones de su escudo) por nuevo lustre, y adorno a su cimera, cuatro mitras, dos palios, dos bastones, enlazándose con ramas y hojas de olivas y laureles, copioso número de plumas y clarines, con que la fama esparce la aclamación de su nombre, y el rumor de su aplauso por los términos del Mundo.
Y si a las más remotas distancias se extienden los claros esplendores de Vuestra Excelencia ya se ve cuanto más esforzado y activo será el golpe de luz con que brillan más inmediatos sus reflejos en el limpio cristal de la mayor autoridad, estimación y decoro de este ilustre cabildo, atendiendo la grandeza y favor, Vuestra Excelencia, no solo a sus honores y privilegios sino también a sus alivios y consuelos. Y como el sol es alma del mundo, Vuestra Excelencia se acredita sol de este eclesiástico hemisferio y si aquel luminar mayor mereció la presidencia y gobierno del día, porque no resplandece para sí mismo, sino para los hombres. Vuestra Excelencia es digno dueño de la soberanía que goza, porque, honrando tan generosamente /
[7v] mente a sus favorecidos prebendados, ejecuta el discreto dictamen de mi Gran Padre San Bernardo, que empleando su dulzura en persuadir a los que se hallan en la superior cumbre de la Sagrada Dignidad que dignamente goza Vuestra Excelencia les dice: “Ad hoc vos Deus in summitate posuit ut tanto maiori Ecclesia suae utilitati vivatis, quanto in maiori auctoritate praeestis”[31].
Vuestra Excelencia (Señor Excmo.) hace corresponder a la elevación del lugar la eminencia del honor queriendo que participemos de su luz los que vivimos a sombra de su protección. Y esta afabilidad de Vuestra Excelencia se hace honrada servidumbre de nuestras voluntades, pues como escribe el Ilustrísimo Castillo: “Affabilitas Bresulis obedientiam subditorum captat eos in servitutem redigit voluntariam”[32], consiguiendo siempre la suavidad lo que no alcanza a lograr la violencia, como dice el discreto Casiodoro: “Frequenter quod arma nequeunt oblectamenta suavitatis imponunt”[33].
Todas estas excelsas calidades han concedido el Cielo a Vuestra Excelencia para el más decoroso lustre de su iglesia y el más noble cautiverio de nuestros reverentes y afectuosos ánimos que ya encogen las plumas, postradas al desmayo reverente de no poder esparcir el animoso vuelo por aquel extendido ámbito que ilustraron las elevadas voces de Vuestra Excelencia de cuya superior elegancia dirán con la de Symmaco: “Nos in agendis gratias humiles reptamus, postquam omnis facundia recesse capit tua, et tui nominis decus”[34] Y mal pudiera mi desaliento remontarse a la esfera de su aplauso, cuando para él apenas hallara dignas expresiones la dulzura de Orfeo. Y así diré solo a Vuestra Excelencia lo que a su Antemio el discreto Sidonio:/
[8] Dicere digno non datur eloquio nec si modo surgat Averno
Qui canta flexit scopulos, digistisque cannoris
compulit auritas ad plectrum currere sylbas[35].
Pero advertido nuestro rendimiento de que en la importante y amable Vida de Vuestra Excelencia consiste nuestra mayor fortuna, es el continuo empleo de nuestras oraciones y sacrificios pedir a Dios con incesantes ruegos, nos guarde a Vuestra Excelencia tan dilatados y felices años, como le pide, y ha menester esta ilustre metrópoli y esta Regia Ciudad, Corte de este Reino, 15 de julio de 1729
Excmo. E Ilmo. Señor
B.L. M. de Vuestra Excelencia Ilma., su más rendido Capellán
Doctor D. Bernardo de Zamudio
[8v]
[9]AFECTUOSO OBSEQUIO DEL REVERENDISIMO PADRE Maestro Fray Francisco Gutiérrez Galiano, Calificador del Santo Oficio, Examinador Sinodal de este Arzobispado, Maestro, Doctor y catedrático que fue de Filosofía, de Teología Moral y de Sagrada Escritura y es de Prima de Teología Escolástica en la Real Universidad de San Marcos y después de Secretario, Visitador, Comendador del Callao y Rector del Colegio de su Patriarca San Pedro Nolasco, Provincial de esta Provincia de Lima, del Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced Redención de Cautivos.
Al Excmo. E Ilmo. Señor D. Dr. Fr. Diego Morcillo Rubio de Auñón, Arzobispo de los Reyes.
Excmo. Señor
Hase dignado Vuestra Excelencia De mandarme que diga mi sentir sobre el primoroso panegírico que con destreza suma e incomparable energía hizo diciéndolo y
[9v] haciéndolo dijo Vuestra Excelencia en el día primero de la festiva octava, que esta ilustrísima y santísima metropolitana de los reyes, religiosa y regiamente magnífica, dedicó a la solemne canonización de su buen pastor Santo Toribio Alfonso Mogrovejo.
Afortunado me gozo en tanta honra, que he recibido de la benéfica dignación de Vuestra Excelencia Afortunado dije, mas no digno porque excede a todo mérito mío que la soberana graciosa elección de Vuestra Excelencia eleve mi humildad, postrada siempre a sus sagradas plantas a la sublime cumbre de su memoria y agrado, teniéndome presente para ordenarme le constituya este obsequio.
Protesto, Señor, que hubiera sido más proporcionado oficio de mi lealtad en todo rendida a Vuestra Excelencia encargarme el cuidado de disponer el teatro amplísimo o mayor que han visto nuestros tiempos en que por ver Vuestra Excelencia gallardamente puesto, majestuosamente colocar en el solio de su catedra por oírle atentos y aplaudir gozo [samente], concurrieron todos los más dignos, más discretos y doctos de esta Corte: “Officis magis nostri esto auditoribus scamna componere, preparare aures fragoribus intonatuit”[36]. Asi escribio modesto no menos que cortés el gravísimo obispo de los Alvernos, Sidonio, aplaudiendo a un elegante orador que remitió a su juicio algunas oraciones que había hecho y perorado elocuente. No será pues extraño de mi mayor respeto y cordial rendimiento a Vuestra Excelencia muy superior en todo, que yo me aplicare a percibir despiertos, el rumoroso aplauso que todos los oyentes hicieron a esta heroica oración que dijo Vuestra Excelencia
[10] y se sirvió de enviarla no a mi juicio que juzgue a mi estudio, sí que aprenda en ella.
No negaré, Príncipe excelso, que otros muchos y más insignes maestros que venero y justamente gozan del título honorífico de capellanes más dignos que yo de Vuestra Excelencia pusieran en sus aras esta ofrenda o sacrificio de alabanza, con lengua y pluma mejor, no con mejor ley que la mía, no con más fidelidad. Vuestra Excelencia es mi señor yo siervo suyo y si el crédito mayor de un siervo bueno consiste en la prontitud con que se expone y esfuerza sobre todo su poder a ejecutar insinuaciones de su Dueño “servi laus maxima -dixit Philon-, nihil ex iure Dominicos contemnere, sed impigre, industrieque vel supra vires conari cuncta exequi”[37] por merecer y mantener yo la gloria, que a nadie cedo de siervo el más leal de Vuestra Excelencia Aun a vista de la arduidad de este asunto, superior a mis fuerzas sin retardarme un momento emprendo y comienzo ya a poner todo conato en el cumplimiento exacto de tan soberano imperio.
Es máxima o ley que observan los prudentes, sentir con los pocos y hablar con los muchos “Sentire cum paucis, sed cum pluribis loqui”[38] No puedo practicarla en este caso, porque conformándome en mi decir con lo que todos oyendo a Vuestra Excelencia con ascenso dijeron: no me es posible, hablar con los muchos y sentir con los pocos. Quédese pues en su vigor y fuerza esta ley para hacer juicio reglándose a ella de otras obras vulgares ahora promúlguese esta ley nueva que orden decir y sentir igualmente no solo con pocos ni con muchos solo sino con todos: “Loqui sentire cum ómnibus”[39].
[10 v] Y a ella se arregle el juicio que debe hacerse de este singular sermón, verdaderamente por sí mismo calificado y exento de todo examen libre de toda censura e inhibido de todo conocimiento, aunque la modestia irregular por extremadamente religiosa de Vuestra Excelencia Haya querido permitirlo (huye el respeto decir que lo quiere sujetar) al registro de mi admiración que lo contempla y proclama digno de toda la aprobación mayor que pueden y deben darle los mejores juicios que lo vieren.
“Sermo omni accptione dignus”[40], dijo de un Sermón suyo San Pablo y de este sin vicio de vanagloria pudiera decir lo mismo Vuestra Excelencia deponiendo su humildad todo escrúpulo con el ejemplo apostólico y con otro del Santo Profeta Rey, quien hizo recto dictamen, de que podía (y propuso hacerlo), celebrar con gloria verdadera sus sermones, alabándolos en Dios. “In Deo laudabo sermones meos”[41]: propósito en que se confirmó dos veces más. “In Delo laudabo verbum. In Deo laudabo sermones”[42] y pasando a ejecutarlo calificó por bueno aquel salmo que dijo antes su lengua y después escribió la pluma. “Lingua mea”[43], ve ahí primero la lengua que dijo: “Calamus Scribe”[44], ve ahí la pluma que escribió postrero aquel en que preconiza el glorioso Principado que tienen sobre la tierra, unos hijos de la Católica Iglesia que suceden en el lugar de sus padres. “Per patres tuos nati sunt tibi filii[45], aquellos son los apóstoles santos; estos los santos obispos que canonizados por glorioso en el cielo son como sus padres príncipes gloriosos de la tierra: “Gloriosi príncipes terrae”[46], por útil aquel salmo que dedicó no a otros-
[11] sino a la Majestad de un Gran Monarca. “Dico ego opera mea Regi. Iudico ego opus meum Regi dicari debere opusculum confectum. Regi. Glossanm interponis”[47] que cita Lorino.
¡Oh, Señor, ¡y cuánto se parecen el uno y otro sermón! El de David y el de Vuestra Excelencia Dedicado a nuestro soberano el Católico Rey de Españas y emperador de las Indias. Su asunto preconizar la solemne canonización de nuestro santo y glorioso arzobispo, hijo de la Romana iglesia, sucesor de los apóstoles y príncipe celestial ya venerado; no solo en nuestra tierra, sino en la tierra toda, y por fin un sermón hecho de tal modo que no lo había escrito la pluma en el papel, cuando lo dijo en el púlpito la lengua de Vuestra Excelencia. Pues si se parece tanto al de David y David aprueba por bueno el suyo: “Eructavit cor meum verbum bonum”[48]: ¿porque Vuestra Excelencia no aprueba a este suyo también? Diré lo que pienso: porque Vuestra Excelencia, aunque en otras virtudes heroicas imite y siga a este santo profeta: en lo humilde pretende emularle, esto es, competirle y también ganarle. Ya, pues, que Vuestra Excelencia no articula voz ni jamás se le ha oído, ni se le oirá una palabra que suene a propia alabanza, permitidme, Señor, que yo os diga y escuchad con paciencia algunos elogios que de vuestro Sermón han dicho todos.
“Omnium assensu pronunciatum pauca nunc posse similia dictari”[49]. Todos han sentido y proferido igualmente, que no es fácil dictar otras oraciones semejantes a las heroicas tuyas, que apenas es posible se les igualen pocas, porque será raro o ninguno de cuantos oradores celebra tu edad que aun con mucho estudio pueda imitarte en la hermosura disposición de las causas en la posición ajustada de las letras y en la bien ordenada (Idem. Sidonius. Lib 9, Epist.7)
[ 11v] composición de las sílabas: “Et enim rarus aut nullus cui meditatur, par assistat dispositio per causas, positio per litteras, compositio per syllabus”[50], a cuyo admirable primoroso artificio concurre la oportunidad en los ejemplos que allegas: “Ad hoc oportunistas in exemplis”[51] la fidelidad en los auténticos testimonios que citas. “Fides in testimoniis”[52]: la propiedad en los epítetos ¿? con que adornas: “Proprietas in epithetis”[53]: el agraciado donaire de los tropos que usas: “Urbanitas in figuris”[54]: la fuerza poderosa en los argumentos con que pruebas y convences: “Virtus in argumentis”[55]: el peso en las sentencias que pronuncias: “Pondus in sensibus”[56], el claro torrente en las palabras, el trueno sonoro en las cláusulas que derrama y arroja tu elocuencia: “Flumen in verbis: Fulmen in clausulis”[57]. Y, finalmente, si alguno me pregunta, si puedo decir más de tu escrito elegante: “Quid plura”[58]. No debo ni quiero decir menos que todo lo que explica y encierra este periodo: “Non extat ad presens vivi hominis oratio quam peritia tua non sine labore, transgredi queat ac supervadere”[59].
Así expresó (Señor Excelentísimo) Sidonio Apolinare juicio que hizo de unas eruditas oraciones que en aquel tiempo andaban de mano en mano escritas y perdidas; en este no han llegado a las nuestras, del no menos sabio que Santo Apóstol predicador de la Francia san Remigio Papa ( no era reservado entonces este apostólico nombre a los pontífices summos; usaban de él todos los prelados de Jerarquía Sagrada hasta el siglo de Gregorio VII que lo apropió al Vicario de Cristo) o arzobispo de Reims y así expreso yo el mío sobre esta erudita oración de Vuestra Excelencia. “Omnium assentu pronuntiaum, pauca nunc posse-
[12] miliaia dictari”[60]. Muy pocas serán las oraciones parecidas a esta: porque no han de ser muchos los oradores que aun a costa de afanado estudio puedan copiar todo el lleno de perfecciones que en ella contemplo. Tanta belleza no se ha de ver junta, ha de verse por partes.
Si se mira a su planta se hallará una idea muy oportuna y proprísima de canonización que es el asunto. Veráse como la destreza de Vuestra Excelencia Dispuso una relación sumaria de la sagrada causa en los términos jurídicos que tienen semejantes procesos en el supremo Tribunal del Vicario de Cristo, Juez, a quien toca conocerla y substanciada pronunciar sobre ella definitiva sentencia. He ahí la alusión o el eco son oro de aquellas voces: Dispositivo por causes
Si se atiende al fundamento de esta fábrica, halláranse puestas las letras del Breve Pontificio en que Su Santidad Apostólica canoniza la santidad de nuestro Toribio. He ahí lo que apunta este índice: Positio per litteras[61] y de otras más sílabas agudas y graves que bien ordenadas en el cuerpo de esta oración armoniosamente resuenan como de propios elementos o partes, compuso y formó Vuestra Excelencia Esta obra prima con cuanto primor cabe en el arte de la Oratoria. He ahí la consonancia que hace este epígrafe: Compositio per syllabas[62].
Si se eleva la vista al adorno de este hermoso edificio, luego se viene a los ojos un lleno de textos de Escriptura Sagrada, que sirven de oportunos ejemplos; un colmo de originales de los Santos Padres y sabios doctores fielmente citados, una copia de pro-/
[12v] porcionados epítetos de grupos retóricos, de argumentos agudos, de conceptos graves, de voces corrientes y profundas clausulas con que el celo santo y discreto de Vuestra Excelencia Como un cielo sereno, centelleando luces y ardores con aquellos nos alumbre el entendimiento y persuade con estos enciente nuestras voluntades y promueve a la devoción más tierna y fervorosa y al mayor culto de nuestro santo Arzobispo glorioso, no ya solo por canonizado sino también glorioso porque se gloría de ver que Vuestra Excelencia lo preconizase.
Gloria fue, dice Sidonio, de San Aniano, obispo de Orliens[63], que próspero sucesor en su silla procuróse imprimir en los files pechos de sus feligreses costumbres santas, las heroicas virtudes y méritos insignes de tan gran varón su antecesor, con sumos aplausos: “Dum laudibus summis sanctum Anianum máximum consummatisiimunque Pontificem, vis celebrari, fideliumque desideras pectoribus infigi viri talis, ac tanti merita virtutes; cui etiam illud nos absque justitia gloriae datur quod re successore decessit”[64]. Luego a la gloria de canonizado que goza nuestro Toribio debe atribuirse por gloria especial que Vuestra Excelencia dignísimo sucesor en la silla de Sta. Catedral, emprendiese cuán próspero y lograse feliz estampar en los pechos de sus feligreses: y procure gravar en los corazones de todos los fieles, las eximias virtudes y méritos consumados de su Santo predecesor: celebrándolo con los elogios sublimes, que oímos y verán los que leyeren impresa esta oración limadísima.
Tanto ha llegado en mi juicio a lo sumo de perfección que no puede crecer más; sino es el mayor que le dio Vuestra Excelencia con su viva voz al de-
[13] cirla y al representarla con el movimiento viral, ágil y medido de su brazo y mano: “Denique absentis oratio, quantum opinamur, plus nequit crescere nisi aliquid his addat coram loquentis auctoris vox, manus motus”[65]. Así concluyó el mismo Panegirista que hasta aquí me ha costeado este colegio, aprobando un escrito que vio de otro santo y sabio obispo de Retez ¿? nombrado Fausto[66], no el segundo que llamaron Junio; sino el primer apellidado Senior.
Confieso que este escritor erudito no vertió por el cañón de su pluma todos esos elogios en aplauso de un solo orador, ni de una obra sola: más como en esta única que hizo y dijo “Vuestra Excelencia halló recogidas cuantas esparcidas perfecciones encontró a su juicio en las varias obras que leyó de aquellos dos prelados sabios y santos. Es justo que cuantos elogios repartió en los dos su pluma elegante; recoja diligente la mía porque son propios y debidos a Vuestra Excelencia único arzobispo. No lo dije todo, por no haber hoy otro arzobispo en nuestro Perú. Verdad es que por eso es Vuestra Excelencia al presente arzobispo único más aun que hubiese muchos y los haya de haber en la edad futura, siempre ha de ser único Vuestra Excelencia por lo incomparable de su excelsa persona, por sus excelencias a pares sin par, por sus hechos heroicos, que no número ni caben en número”.
¡Oh! Y como quisiera yo reducir a la estrecha concha de este margen corto, un inmenso mar de alabanzas levantando ledas de voz, anegase al aire con diluvio de aplausos de cuantas hazañas ha ejecutado y ejecuta hasta hoy Vuestra Excelencia Ilma. Ya como Virrey que ha sido dos veces de estos reinos, cumpliendo y sobrellevando con
[13v] aceptación singularísima de Nuestro Monarca que Dios guarde. No hay memoria en los pasados siglos de que otro antecesor de Vuestra Excelencia Haya logrado mayores confianzas de Su Majestad Católica. Ya como Prelado prudente, vigilante pastor y padre amante de sus hijos, ovejas y súbditos en dos obispales iglesias y en dos arzobispales que gobernó, gobierna y gobierne por más largos años: “De nostris addat multos tibi Juppiter annos”[67].
Estas, Señor, son respiraciones de los afectos, que encierra mi pecho: y quisiera ofrecerlos a los pies de Vuestra Excelencia Convertidos e incorporados en mejores voces y de más alabanzas. Si es lícito acomodar a un Lugarteniente de Dios, lo que al mismo Dios decía David, con la debida protesta aplicaré a Vuestra Excelencia Estas palabras: “In me sunt, Deus, vota tua, quae reddam laudationes tibi”[68], pero como Vuestra Excelencia me intima, que ponga mi atención no en otra obra suya, sino en esta una: retirando por ahora mi vista de aquellas que en el bronce más fino y más firme de nuestra fiel memoria se guardan grabadas, y a voces promulga peregrina la Fama en todo el orbe porque lleguen a los venideros son noticias verdaderas y enteras: y duren eternos en sus alabanzas el Nombre y los hechos gloriosos de Vuestra Excelencia “Generatio et generatio laudabit opera tua”[69], vuelto a mi asunto los ojos y prosigo diciendo: lo que vimos y oímos con asombro todos el día que Vuestra Excelencia Predicó este sermón.
Oímos una voz vigorosa y de gran majestad como eco de la voz de Dios que celebra David: “Vedo Domini super aguas: Deus maiestatis intonuit: Vox Domine in virtute”[70]. Vimos una mano diestra, un brazo derecho y alentado, índice del brazo de Dios que el mis-
[14] mo David celebra: “Adiciam super omnem laudem tuam, donec anuntiem brachium tuum”[71]. Vimos un hombre entre los hombres tan especial, que por largo tiempo estuvo orando con tanto aliento de voz y tal acción de mano y movimiento de brazo, que curiosa la admiración le pregunta: “Si habes brachium sicut Deus: ¿si voce simile tonas?”[72] Vuestra Excelencia Responderá humillándose como lo hizo Job. “Respondens autem Job Domino dixit Ipse me reprehende”[73]; pero yo diré lo que vuestro reconocimiento agradecido a los beneficios de Dios no ha de negar. Y es que como el Señor auxilió con su mano y confortó con su brazo a David ungido con el óleo santo: “In veni David Servum meum: Oleo sancto meo unxi cum: manus enim mea auxiliabitur ei, brachium meum confortabit eum”[74]: al brazo y mano de Vuestra Excelencia Ungido con el sacro crisma ayudó la mano y fortaleció el brazo del mismo Señor en aquel día.
El Orador Evangélico debe predicar de modo que sus palabras parezcan voces de Dios: “Si quis loquatur glossa Cornelio quasi sermones Dei”[75]. Esto consigue auxiliado de soberana virtud, el Predicador, que a tan arduo y santo ministerio se dedica; por la honra y gloria de Dios: “Ut in ómnibus honorificetur Deus”[76]: La Majestad Divina le dio su fortaleza en cuya virtud “tanquam ex virtute, quam administrat Deus”[77] con tan esforzado aliento articuló sus voces que al salir de sus labios sonaron como palabras de Dios: “Si quis ministrat si quis loquitur quasi sermones Dei. Dei voces, non hominis”[78] dixeron con detestable adu- (Act 12, 22)
[14v] dalación los pérfidos indios, aplaudiendo una oración que les hizo el Rey Agripa, los fieles católicos que vieron a Vuestra Excelencia predicar con tan alentado espíritu piadosamente creen y claman: ser de Dios que con especial concurso le ayudó a pronunciarlas y de un hombre Excelentísimo, cual es Vuestra Excelencia Las voces que le oyeron “Dei voces, Hominis”[79]. Yo, sin lisonja, ni ponderación protesto que no se haya habido en otras edades orador que en la Vuestra Excelencia Predicase jamás (como le admiramos) con entereza tanta de voz y tan firme postura de cuerpo derecho y en pie, por espacio de una hora, tres cuartos y más de diez minutos que apuntaron las muestras.
Una vez, que el sol se paró con asombro del mundo en medio del Cielo: “Stetit itaque sol in medio[80] coeli estuvo sin hablar palabra, obedeciendo el precepto de Dios, que al mandarle se detuviese: “Sol ne movearis sole”[81] el sol le mandó que se callase: “Sol, tace”[82]- dice el texto hebreo-, pero Vuestra Excelencia en medio del cielo de su catedral iglesia hizo ese día el mayor que ha visto este mundo nuevo, otro nuevo, y nunca visto solsticio, añadiendo al prodigio de tenerse en pie tan irregular tiempo como columna firme o Atlante mejor que sustentase su esfera, el portento o casi milagro de que no tropezase en una sílaba su elocuencia corriente ni descaeciese su voz en un punto hasta el final con que acabó y concluyó su Oración. Mientras más corría o volaba Vuestra Excelencia Glorificando a Dios con sus elevados discursos, sobre su solio estaba más erguido y más firme: al modo que los serafines que vio Isaías en aquel solio sublime: “Vidi Dominum sedentem super solium excelsum al mismo tiempo que aplaudiendo al Soberano Señor con el trisagio: Clamabat, dicebat[83] Vidi super solium excelsus”[84] al mismo tiempo que -aplaudiendo al Soberano Señor con el trisagio: Clamabat, dicebat”[85]:
[15]”Sanctus, sanctus, sanctus”[86] “Duabus alis volabant”[87], estaban de pie y sin fatiga firmes sobre el solio mismo: “Seraphim estaban superi ullud”[88].
En los ritos de la primitiva iglesia se introdujo que los obispos predicasen sentados en una Catedra que Prudencio llama Tribunal y es aquel lugar en que el Juez no está de pie sino de asiento para pronunciar sentencia:
“Fronte sub adversa gradibus sublime Tribunal Tollitur, Antistes praedicat unde Deum”[89]
Y el erudito Sirmondo[90] dijo: “Sedentes in Catedra tribunalis concionaris solebant”[91]. No negaré otras justas razones que concurrieron a inducir esta costumbre, pero afirmo que como regularmente solían ser y hasta ahora son los prelados de las Iglesias Ancianos, necesitan para predicar de ese reparo y deseando las flacas fuerzas de su edad crecida. No así señor Vuestra Excelencia. Púsose el Tribunal de la Catedra: V. Excel. Ascendió por sus gradas con agilidad juvenil: afirmóse con varonil fortaleza solo en us pies, sin tocar al pretil y sin moverse de un sitio ni retirarse del medio: predicó a los ojos con la acción teórica natural, no afectada y a los oídos con la voz, no sólo perceptible y clara sino alta, eficaz y hasta el fin igualmente entonada y sonora.
Notó san Juan que en el día grande de la Escenografía “In die magno solemnitatis”[92] predicó Cristo en el templo de Salón al numeroso concurso de la Crote de Jerusalén, con voz alta y en pie: “Stabant (erectus. Glossa Hugo), Iesus, clamabat dicens”[93]. Y si en Cristo que, sobre ser Dios, en lo humano, entonces no pasaba de la edad varonil fue circunstancia digna de la observación y aplauso del evangelista que en aquel gran día
[15v] así predicase, cuanto más notable será y debe ser aplaudido que Vuestra Excelencia En su edad mayor y en el mayor día de nuestra solemnidad predicase así: “¿Stabat erectus clamabat dicens?”[94].
Aquel egregio predicador de los divinos elogios el Profeta Rey pidió a Su Majestad con ruegos repetidos que lo auxiliase, dándole fuerzas, para continuar el ejercicio santo de alabarle, componiéndole salmos, cantándole himnos en su senectud y senio ¿? como en su juventud florida lo había hecho y lo hacía en la edad varonil en que se hallaba cuando dijo: “Repleatur anima mea cum laude, ut cantem gloriam tuam. Deus docuisti me a juventute mea et usque nunc pronuntiabo mirabilia tuae usque in senectam meam. Deus me derelinquas me”[95]. La senectud y el senio son edades diversas. Corre aquella desde los sesenta a los setenta años, vida regular de los mortales: “Dies annorum nostrorum Septuaginta anni”[96], el senio es otra mayor edad. “Plus esse senectam quam senectam indicat huius loci oratio”[97]. Escribió el docto Lorino y es la que repecha sobre los setenta en que subiendo por los años de la vida muy pocos, todos descaecen en los vitales alientos: “Si autem in potentatibus octoginta anni amplius corum labor”[98], dolor.
Deseaba pues David que Dios le dieses fuerzas para preconizar las divinas maravillas como entonces de varón lo hacía. “Et nunc pronuntiabo mirabilia tua”[99] y había écholo antes, siendo joven: “Deus docuisti me a iuventute mea”[100]; en las dos edades mayores de la senectud y el senio: “Et usque in senectutem meam: Deus ne derelinquas me”[101]. Otórgole el Señor la petición en parte no en el todo: porque muriendo a los setenta murió en la senectud. Mortuus est in senectute dice el texto sagrado y así en esta vida mortal no pudo cumplir aquel de-
[16] seo de celebrar a Dios después de su senectud hasta su senio. “Et usque in senectam meam”[102]. Y esta puede ser la causa de que misteriosamente en el orden de los salmos se pongan y se numere inmediato este en que David expresaba estos deseos, el último himno, que como cisne cantó, estando para morir; en que dio fin a todas las oraciones, que en este mundo compuso en alabanzas de Dios. “Defecerunt laudes David”[103] advierte el sagrado texto en la Vulgata. San Jerónimo leyó: “Completae sunt orationes: Finem habent finis sunt”[104]. De suerte que a su salmista sólo le concedió Dios que en tres edades lo pudiese celebrar y celebrase cos sus himnos y oraciones. Mas a Vuestra Excelencia ha dado el especial privilegio de conservarle la vida y mantenerle las fuerzas, para que predicando tantos sermones doctos y autorizados a la Majestad Católica y a sus ¨Reales consejos en la Corte de Madrid y en sus iglesias a los señores virreyes, presidentes, audiencias reales, y a todos sus feligreses haya glorificado a su Majestad Divina en todas las cuatro edades, en su juventud florida, aunque senil; en su virilidad reflorescente, aunque madura y en las otras dos tan venerables que ya vivió, que vive y viva con inmortal aliento.
Los deseos de David llegaron solo hasta el senio: “Usque in senectam meam”[105] y terminados en él sin propasarse a más descaecieron Diferentes ¿? Vuestra Excelencia han pasado adelante, pues llegaron a ser exenciones y cada día con más fervoroso celo te van acrecentando. Creo, Señor, que puede Vuestra Excelencia hacer de nuevo y cumplirle a Dios esta promesa. “Post senectam meam pronuntiabo mirabilia tua”[106]. Y si aquellos alientos de David, deseados y no cumplidos; lo hicieron tan
[16v] admirable que como el mismo confiesa, muchos lo tuvieron por prodigio, al verle entonces tan auxiliado de la soberna virtud o de Dios fuerte: “Tanquam prodigium factus tu auditor fortis tu adiutor fortis”[107] con quanta mayor razón debemos todos a mirar y reverenciar a Vuestra Excelencia como otro nuevo prodigio pues en su edad no solo tuvo los deseos de David sino que con especial auxilio y fortaleza de Dios pudo y llegó felizmente a ejecutarlos, componiendo esta panegírica oración en que ponderando la heroica santidad de nuestro canonizado arzobispado anunció con la voz a los que presentes le oímos y anunciara con el escrito o impreso a todos los venideros las maravillas del Omnipotente brazo del Señor: “Pronuntiabo mirabilis tua: donec anuntiem brachium tuum generationi omni quae ventura est?”[108]
Hasta aquí, Señor, ha volado mi pluma deseosa de penetrar la inmensa región de alabanzas y aplausos que merecéis y subir hasta besar con sus labios o elogios vuestras plantas sagradas. Aquí para y se detiene suspensa, considerando que aunque más remonte sus vuelos no ha de poder tocar en la esfera suprema de glorias que pisa vuestra sublime y heroica grandeza, humanísimo príncipe, prelado piadosísimo, concede indulgencia a los muchos defectos de mi rústico estilo, en nada discreto, pero en todo obsequioso concédele perdón de sus yerros, pues humilde confiesa que delante de vuestra elocuencia magnífica y para celebraros no solo es infante es infantisimo: “Donate veniam paginam rusticantem vobis absecundantem, cui me quoque authore, si vestris litteris cum paretur stylus infantissimus inest”[109]. Suplicoos tambien Señor que continuando el inestimable favor con que
[17] me honráis os dignéis de mandar que se cancele todo lo que a vuestro (sin comparación) mejor dictamen pareciere digno de corregirse en esas páginas y que se imprimía solo aquello que por fortuna llegare a merecer la soberana aprobación de vuestro agrado: “Sed et illud amplector si pro charitate qua polles sententiae tua super his apicibis. Tunc enim certius te probasse reliqua gaudebo, si liturasse aliqua cognovero. Memor nostri esse dignare Domine Papa”[110]. Concluyo con Sidonio Vuestra Excelencia como benignísimo Dueño nunca olvida ni olvidará a sus siervos. Yo como su capellán más obligado pido y pediré a la Majestad Divina nos guarde por muchos años la persona de Vuestra Excelencia Ilustrísima como puede y conviene a su mayor gloria y al bien de su Iglesia. En este Convento de San Miguel de Lima. En 4 de julio de 1729
Excelentísimo e Ilustrísimo Señor
Besa las manos de Vuestra Excelencia Ilustrísima.
Su más rendido siervo y capellán
Fr. Francisco Gutiérrez Galiano
[18] CARTA GRATULATORIA escrita por el M. R. P. Fermín Irisarri, catedrático de prima en la Universidad del Cusco y en este Colegio Máximo de San Pablo, examinador sinodal del obispado de Guamanga y de este Arzobispado de Lima, calificador del Santo Oficio, procurador general a las dos cortes de Madrid y Roma por su provincia del Perú, Rector del Noviciado y actualmente del referido Colegio Máximo de San Pablo de la Compañía de Jesús, al Señor Doctor don Andrés de Munive y Garavito, canónigo penitenciario de esta santa iglesia, catedrático de prima de cánones en esta Real Universidad, juez ordinario del Santo Oficio y provisor y vicario general de este arzobispado.
[18v] SEÑOR PROVISOR
Hízose el gusto Vuestra Señoría de prestar el Sermón que el domingo primero, en que se dio principio al solemne octavario de la canonización de santo Toribio Alfonso Mogrovejo, nuestro arzobispo, predicó en la catedral de esta corte de los Reyes, Lima, nuestro amado, sabio, elocuente y ejemplar pastor, el excelentísimo e ilustrísimo señor don Fray Diego Morcillo Rubio de Auñón, virrey que fue y capitán general de este Reyno dos veces, meritísimo obispo de dos santas iglesias de la de Nicaragua y la de la Paz, y arzobispo dignísimo de otras dos, primero de La Plata[111] y hoy por fortuna nuestra de eta Metrópoli de Los Reyes, en quien, aunque se han duplicado las honras, los bastones, las mitras y los palios, para igualar la altura donde lo ha colocado el mérito, es tan sublime su elevación que un no han llegado a su cumbre los premios. Pero acordarle a Vuestra Señoría en este papel todo lo que conoce de prendas, todo lo que admira y aplaude en nuestro muy amado Prelado, fuera emprender una obra en que se fatigara la pluma y le faltaran voces a la más abundante elocuencia. Mas restituyendo a Vuestra Señoría para que lo entregue a los moldes el sermón admirable que escuche con asombro y he leído con sumo deleite, no puede contenerse mi rendida veneración ni mi amor respetuoso a nuestro excelentísimo prelado en los/
[19] encogimientos oscuros de un ingrato silencio que no siempre la admiración se ha de alzar con los grandes asuntos, dejando a los aplausos encarcelados en el respeto y más cuando a los buenos y gloriosos príncipes (como decía Casiodoro) es el debido elogio el más agradable tributo: “Quia stipendium Tyrano impenditur, laudis autem predicatio noa nisi bono Principi debetur”[112].
A la verdad que aplaudir esta grande obra, estando impresa, y a los ojos de todos fuera encenderle al sol una rustica tea o para manifestar sus luces o para que a sus soberanos resplandores presumiese pasaron por obsequio. Como no necesita de ajenos premios la virtud, no necesita de los pregones de la fama ni de elogios de ajena pluma este sermón que, en cada rasgo, en cada clausula, en cada palabra puede ser fama de sí mismo. Por eso, será ocioso, hacer que reflecta Vuestra Señoría sobre lo agudo de sus conceptos, sobre la majestad de su elocuencia, sobre lo puro de sus palabras y la cadencia de sus cláusulas, que sin estudio son hermosas y sin afectación discretas. Los que peina periodos, dice el discreto Cordobés, muestran un ánimo apocado: los grandes oradores, como nuestro amado Pastor, hablan más confiados y con más potestad porque les cuesta menos cuidado el hablar bien: “Cuiscum que orationem videris solicxitam politam, scito animus quoque non minus esse pusillis occupatum. Magnus ille remisius loquitur, securius: quaecumque dicit, plus habent fiduciae quam…”[113]. Últimamente dice Séneca son muy ajenas de varoniles plumas las cláusulas pulidas: “Non est ornamentum virile, concinnita”[114]. No obstante, y veo lle/
[19v] no el sermón de luces y de flores, más son las luces, no antorchas que el estudio encendió; rayos sí naturales de un generoso Sol de sabiduría, flores sí, pero no cultivados del sudor; sino como nacidas o en un paraíso delicioso o en un fragante campo que respira en aromas vivientes las bendiciones que del Cielo recibe: “sicut odor agri plenicui benedixit Dominus”[115]
Siendo pues el Sermón impreso el que mejor persuado más de lo que se ha dicho. Solo quisiera que U.S. hiciese reflexión en lo que no se puede imprimir, eso es, en el soberano talento, majestad grave, acción viva, voz tan dulce como sonora de nuestro muy amado Prelado, que hizo el día de su sermón tan dichosos los ojos como los odios. Acuérdese VS (que no duro será con deleite) de aquel domingo, el mayor día que logro esta ciudad, cuando lleno su mayor templo de los primeros y grandezas, que describirá mejor pluma, cuando el numeroso apretado concurso con su acostumbrado murmullo aun no dejaba gozar a la atención de los sonoros instrumentos y de las suavidades de la música y en eta circunstancia bulliciosa sube nuestro prelado a la Catedra que si al principio se estremeció como todos lo reparamos por verle Atalante repentinamente, al fin la solidez y majestuoso peso de nuestro príncipe le contuvo los movimientos. Subió y aquel murmullo inquieto, aquel ruido importuno embargado de la atención se convirtió en un religioso silencio. Subió al Sujeto el piadoso apacible Eneas y le atendieron los más distraídos: “Conticuere omnes, intentique ora tenebant”[116]
Quiso hablar aquel grave Varón, más respetado por/
[20] sus méritos que por sus muchos años y se contuvo el vulgo a su venerable presencia, dice el mismo Virgilio: “Tum pietate gravem ac meritis si forte virum, quem conspexere, silent, arrectisque auribus adstant: Ille regit dictis animos ac pectora mulcet”[117].
Subieron a la cátedra los Demóstenes, los platones[118], los tulios[119] y los más célebres oradores, no congojados en nuestro adorado pastor, porque caben aun muchos más en los espacios dilatados de su varonil elocuencia. Así subiría (decía yo) el copioso Crisóstomo[120] a los púlpitos de Constantinopla, así el divino Ambrosio[121] a los de Milán y el discreto Crisólogo[122] a los de Rávena. Últimamente subió nuestro Prelado y callaron todos, haciendo el prólogo para los asombros y pasmos con el obsequio de su silencio.
Empezóse el sermón que a mí me pareció profetizado por san Juan en el primer capítulo de su Apocalipsis, porque lo que esta águila vio en la isla de Pathmos observó mi cuidado en el templo soberbio de nuestra catedral. Un día de domingo como el nuestro, arrebatado en éxtasis vio san Juan un personaje, ángel en forma de hombre (como juzgan muchos intérpretes) con vestido talar o capa magna, adorno propio de los pontífices y obispo. “Fui in spiritu in Dominica die vidi similem filio hominis vestitum podere”[123] (Apocalipsis: 1, 10, 13), representaba en la cabeza una ancianidad venerable porque se coronaba de respetables canas nevados copos, que llovió en muchos años la prudencia: “Caput autem eius, et capilli erant candidi, tamquam lana alba, tanquam nix”[124] . Sus ojos eran como de fuego “oculi eius tamquam flamina/
[20 v] ignis”[125] o por lo que brillaban alegres o por lo que en su amor encendían. La voz era de muchas almas: “Et vox illius tamquam vox aquarum multarum”[126] o porque desataban sus labios copiosos ríos de eloquencia o porque, aunque profundo se explicaba con claridad. Puede aver señas más ajustadas de nuestro Prelado. Pues más dijo el Evangelista: “Et audivi vocem magnam, tamquam tuba”[127]. Oyó san Juan una gran voz que como si fuera clarín sonoro o bélica trompeta no sonaba, encendiendo los ánimos y deleitando los oídos. ¿No oyó la misma voz nuestra fortuna en el Templo de Lima? ¿Sí, y con tan raras circunstancias que solo caben en el asombro porque la cátedra en que predicó nuestro Pastor Excelentísimo no tenía la elevación majestuosa del Púlpito ni herría ¿? La voz en el pilar frontero para esparcirse en reflexión por todo el concurso. Tuvo su voz en las naves que vencer y aun otra más que es el espacio de la segunda nave, hasta la puerta que entra para el Palacio Arzobispal y no perdió nuestro deseo una sílaba de sus acentos; no se excusó con la distancia el buen logro de los oídos. Circunstancia admirable si se atiende la edad del Orador y su tiempo que duró la oración, pues, aunque a los presentes nos pareció muy breve por tener privilegios de música de gloria, los relojes dijeron que llenó cerca de dos horas, más siempre con alientos de quien empieza a hablar: siempre la voz tan esforzada que a ser nosotros más dichosos sin alguna dificultad hubiera proseguido más tiempo. ¿al fin grande de muchas aguas armoniosas? “aquae tanquam vox aquarum multarum”[128]. Voz de clarín sonoro, que ha dejado envidiosa a la fama: “Vox magna, tanquam tubae”[129].
Prosigue, danonos más señas el Evangelista san Juan, porque dice que se volvió para ver esta voz que hablaba: “Et conversus sum ut viderem vocem quae loquebatur”[130]. (Apoc) Ya se viene a los ojos la dificultad, porque las voces no tienen por esfera los ojos, sino los oídos. ¿Qué voz tan singular es ésta que se ve? Esta es la voz de nuestro Excelentísimo predicador que habla a los oídos con la lengua y habla a los ojos con la mano. No habrá visto Vuestra Señoría más hermosa acción que la suya: aquella mano parece mano de profeta, que se desata también en palabras: “Factum est verbum Domini in manu Aggai”[131]. Es orador perfecto nuestro Príncipe y como decía Cicerón, aquel es orador que con la dignidad de la acción acompaña lo que pronuncia: “Is orator erit, mea quidem sententia hoc tam gravi dignus nomine, que quaecumque res inciderit quae sit dictione explicanda, prudenter et composite et ornate, et memoriter dicet cum quaedam etiam actionis dignitate”[132]. Haga Vuestra Señoría reflexión en su modo de predicar: el cuerpo recto y tan fijo como de mármol; la cabeza con pocos y graves movimientos, la mano y el brazo tan galanamente jugados que como lengua de su elocuencia declaran sus conceptos agudos pudiéndose decir que nuestro sagrado pastor tiene dos elocuencias y que es dos veces elegante: una en la afluencia de las voces y los conceptos y otra en la acción o movimiento que es distinto sermón o elocuencia del cuerpo, como citando a Cicerón, decía Quintiliano: “Namque actionem Cicero alias quasi sermonem alias elocuentiam quandam corporis dicit”[133]. Pinten allá los atenienses y los egipcios una mano extendida para significar la elocuencia como dice Pierio, que a mí me parecía
[21v] recia la de nuestro amado pastor una elocuencia que suspende por los ojos las almas.
Últimamente haga Vuestra Señoría reflexión en la ingeniosa novedad del asunto. Cuántos sermones se han predicado en semejantes solemnidades ¿hechos. Y quien supo sino nuestro grande orador venir a las glorias del santo y relación de sus verdades aquellas ceremonias sagradas de una canonización para sacarle todas el panegírico. A mí me parecía que ninguno. Aquellos veinticuatro ancianos que vio San Juan al capítulo cuarto de su Apocalipsis en que se significan los prelados y pontífices y los obispos, como dicen los inteligen ¿? tes comúnmente, vuelven al capítulo siguiente que es el quinto) a parecer con cítaras de oro para cantar victorias del Cordero divino que había para abrir un libro siete veces sellado. Triunfo que otro ninguno pudo conseguir. ¿Y quién puede dudar que nuestro gran Prelado, como uno de ellos pontífices sagrados tocó el día que predicó con singular destreza su cítara? En las voces acompañadas de su mano que pulsa el instrumento se significa como dice el docto Cornelio un perfecto sermón evangélico donde el predicador ejecuta lo que previamente habla con las palabras y con las manos y ello se vio en nuestro venerado Príncipe que predicaba a su glorioso antecesor aquellas mismas acciones y virtudes de que está su Excelencia adornado: “In cum ergo citharum consociatione significatur perfecta Evangelii praedicatio in qua exemplum sanctitatis cum sana doctrina vocis coiungendum confesandum est; ore enim canitur cithara vero manibus pulsatur”[134]
Así dijo Cornelio, como si hubiese oído el ser-
[22] món de Santo Toribio predicado con voces y con obras de nuestro Excleentísimo Prelado, cuya elocuencia me perdone por ahora, que, si son también voces los ejemplos, yo lo tengo por más elegante en las manos con que obra que en las dulces palabras que persuade. Pero lo prodigioso de esta música de los cielos fue la novedad del asunto, dice el Águila Evangelista: “Et cantabant canticum novum”[135], cantico nuevo, cántico singular, cántico nunca oído. ¿Este no fue el sermón de nuestro pastor excelentísimo? Sí. Pues, aunque lo repugne nuestro sabio Prelado, yo ruego a Vuestra Señoría que prosiga en el cuidado de imprimirlo porque cosa tan singular tan exquisita, tan eximia y tan dulce se pueda repetir en la lección una, dos, mil e infinitas veces sin que en alguna empalague o fastidie su mucha dulzura. Son palabras del docto Cornelio sobre el Cantico nuevo de los veinte y quatro Prelados de que acabamos de hacer memoria y parecen nacidas para este Sermón Tertio (dice Cornelio) “Canticum hoc dicitur novum, id est, singulare, exquisitum, eximium, iucundissimus, nova Semper hilaritate afficiens, mulcensque animum, ideoque iterum, iterumque, immo millies, infinities asque fastidio repetendum”[136]. Quedó rogando a nuestro Señor guarde a Vuestra Señoría felicísimos años. De este Colegio Máximo de San Pablo 6 de julio de 1729
Excelentísimo e Ilustrísimo Señor
Besa las manos de Vuestra Excelencia Ilustrísima su más rendido siervo y capellán
Fr. Francisco Gutiérrez Galiano
[22v] Blanco
[23] AVE MARÍA SANTÍSIMA. SALUTACION
O fuera cabal el aplauso de tan solemne demostración, si hubiera falta de luz que manifestara su grandeza, ni Josué lograra la exaltación de sus heroicas hazañas si el son no le asistiera con sus luces: “Sol ne movearis stetit sol”[137]. Y si el sol asistió a Josué, con todo el vulgo de sus resplandores, por horas, hoy vemos al sol de justicia, en aquella blanca nube de sacramentales especies que lleno de luces logra del Sol los resplandores: Sol est Eucaristía sine qua, no menos que si faltase
[23v] el Sol, “non fecus ac si sol deficeret totus orbis periret”[138], que todo lucio de luces brillantes, no solo por cortas horas sino por dilatados días con los rayos que reparte manifiesta a todos no las dichas de Josué sino las glorias de aquel que viviendo fue hermoso sol de perfección de uno que viviendo fue claro espejo de resplandores muchas veces favorecido del sol sacramentado; de uno que viviendo fue Padre de pobres, de uno que viviendo fue admiración de prelados, de un santo Toribio Alfonso Mogrovejo, a quien si esta solemnidad se dedica el sacramentado sol no le falta.
Y si el sol y la luna asistieron a Josué porque no decayesen sus heroicas hazañas, hoy asiste a esta solemnidad, honra y favorece el Excelentísimo Señor Virrey de estos reinos, Marqués de Castelfuerte, con la Real Audiencia y Supremo Gobierno. Acompaña toda la nobleza de señoras y caballeros de esta gran ciudad y para que no se logre con luces propias, convida a esta solemnidad el Venerable Deán y Cabildo a las santísima/
[24] más religiones, para que cada una alumbre con la antorcha de la oración evangélica de los grandes y eruditos sujetos que tienen en sus comunidades, siendo todos, tan dignos de ser ponderados, que si pasaran a Europa, fueran merecidamente celebrados, siendo muy de toar que de los siente santos que hoy declara nuestro santísimo Padre Benedicto XIII gozan de la bienaventuranza, es el primero nuestro santísimo arzobispo, una religiosa dl gran patriarca santo Domingo de Guzmán, tres del serafín de la Iglesia san Francisco, dos de la santa, docta y venerable compañía de Jesús. Y si extendemos la consideración, hallaremos que de cien años a esta parte cuantos santos ha declarado la iglesia solemnemente gozan de la bienaventuranza, todos son hijos de las santísimas religiones y parece que Dios las tenía presentes, cuando hablando con David le dijo: yo te saqué del mísero y pobre estado de pastor, yo te hice príncipe, yo te di la victoria contra el filisteo, yo detuve las lanzas que te arrojaba tu/
[24v] enemigo Saúl, yo embaracé las ideas y máximas de tu hijo Absalón y finalmente yo te hice Rey de Israel, pero si todo lo referido te parece poco, pide que te daré cuanto quisieres. Así parece que hablaba Dios con las sanas religiones. Yo confirmé vuestras fundaciones, yo di el pase a vuestras leyes y estatutos, yo os hice exentas de todas jurisdicciones, yo os he dado innumerables privilegios, pero si todo lo referido os parece podo, pedid, que yo canonizaré todos vuestros hijos.
Y porque necesito del tiempo, ceso en el exordio y paso a solicitar lo que más he menester que es la gracia. Ave María/
[25] AVE MARÍA SANTÍSIMA. “Serve bone es fidelis intra in gaudium Domini tui”[139] (Mt 25). “Caro mea vere est cibus sanguis meus vere est potus”[140] (Jn 6)
En la Misa que el Santísimo Vicario de Cristo celebra para la canonización de los santos se ejecutan diferentes ceremonias y ofertorios, entre las cuales hay tres muy principales: la primera es que el Cardenal más antiguo de los tres que fueron jueces de la causa ofrece dos hachas de cera encendidas, el orador que por parte del rey nuestro Señor Felipe V asiste hace tres instancias: “instanter instantias instanssime”[141], para mover a Su Santidad a que declare, goza el Santo, de quien se trata, de la Bienaventuranza. El orador ofrece dos tórtolas vivas, el segundo cardenal ofrece dos panes grandes y el tercero cardenal ofrece-/
[25v] ce dos frascos medianos de vino y el orador ofrece dos palomas blancas.
Estas ceremonias que tienen su origen de la primitiva iglesia son muy misteriosas como consta del canon cuarto de los apóstoles: “Offerre non debet aliquis ad altare nisi solum novas spicas, uvas, oleum ad-luminaria, thimiama tempore, quando sacra offertur oblatio"[142]. Estas ceremonias que ofrece el Orador son como testimonios que comprueban haber imitado el santo de quien se trata la canonización, todas las obras de Cristo nuestro bien.
En el pan, vino y luces es común sentir que se representan las obras de Cristo nuestro bien; las tórtolas vivas significan los suspiros y aflicciones de Cristo en su pasión y muerte. “Turtur semper gemens suspiria Christi aflictionem in passione morte adumbrat”[143]. Las palomas blancas que ofrece el orador representan la paciencia y mansedumbre de Cristo, en su muerte y pasión: “Columba qua selle caret Christi patientiam est mansuetudinem in cruce, passione signficat”[144].
[26] A estos tres puntos reduciré mi oración. En el primero, que es el pan, el vino y las luces que se ofrecen, solicitaré probar que Nuestro Toribio imitó a Cristo en todas sus obras. En el segundo ofertorio de las tórtolas, probaré que Nuestro Santo imitó a Cristo en los suspiros y aflicción que padeció en us pasión y muerte. En el tercero intentaré probar que Nuestro Santo imitó a Cristo en la paciencia y mansedumbre, significadas en la paloma
Y si en aquel apostólico tribunal hay fiscal, abogado y relator, yo santo mío, no he de ser fiscal en vuestra causa, que no habrán faltado en su prosecución, aunque en todos los puntos os he de canonizar, no siendo de mi facultad el ser vuestro abogado, pero mi afecto suplirá el título que con alguna propiedad me toca, es el de relator y así reduciré mi relación, según las varias y discordes relaciones que he visto ajustándome a lo que me ha parecido más probable. Y dando principio por el primer punto, Ape/
[26v] nas salió a la luz del mundo nuestro Toribio, cuando en aquella tierna edad asistía continuamente en la Iglesia obrando acciones que manifestaban lo que había de ser después. De Samuel dice el texto que desde niño asistió a la Casa de Dios: “Puer autem Samuel proficiebat atque crescebat et placebat tam Domino quam hominibus”[145]. En aquella edad de niño, creció Samuel en perfección con que agradó a Dios y a los hombres asistiendo en el templo santo y si Samuel hizo tantos prodigios por ser llevado a devoción de su Madre en aquella tierna edad a la Casa de Dios, ¿qué no haría Toribio que fue a la casa de Dios llevado del mismo Dios? Luego si el Texto canoniza de grande en la presencia de Dios a Samuel por la asistencia temprana en el Templo: “Magnificatus est puer Samuel apud Dominum”[146]. Canonice la Iglesia a nuestro Toribio por la asistencia temprana en la Casa de Dios.
Asistía tan continuo que era común proloquio en su patria: quien quisiere ha-
[27] llar a Toribio, hijo de don Alonso Mogrovejo, asista a la Iglesia, que allí le hallará; así sucedía encontrándole muchas veces con rostro resplandeciente en el fervor de su oración como si ya fuera bienaventurado. Toda esta admirable máquina del Universo era en el principio una nada y de esta nada fabricó Dios el mundo. Ahora, veamos cómo se hubo Dios en la creación del sol. Estando la tierra llena de sombras, crio en el primer día una luz que, acompañada de tinieblas, de éstas dividió después la luz, “divisit lucem a tenebris”[147], y de esta luz purifica da y separada de las tinieblas crió al cuarto día al sol: “Fecit que Deus luminaria magna”[148]. Esta es la verdad del texto, pero se ofrece luego el reparo porque dios no crió el sol en el mismo punto en que crió la luz, ¿sino que la apartó primero de las tinieblas para criar después sin tinieblas al sol? Fundó la duda. Si Dios crió de nada al mundo, porque no crió al sol de nada. Así fue porque así convino. Miren, todo el mundo en su fin, se ha de convertir
[27v] en nada; el sol en el día del juicio ha de lucir siente veces más que los otros días. “Lux solis eris septempliciter sicut lux septem dierum”[149], pues este fue sin duda el misterio, el mundo que en el día del juicio se ha de resolver en nada, criase de nada, sea luego lo que después ha de ser, más el sol que el día del juicio ha de acrecentar sus resplandores comienza a lucir desde luego?, críese de una luz purificada de las tinieblas, sea luego lo que ha de ser después; había de gozar de resplandores de bienaventurado, pues empiece desde luego a tenerlos, sea luego lo que ha de ser después.
Aquel soberano misterio, no solo autoriza la fiesta, sino que comprueba el asunto, favoreciendo a nuestra santo en sus glorias le asiste sacramentado. En el desierto dio el Señor de comer, comida de su mano poderosa y de su misericordia, a aquella grande multitud y siendo así que de allí a un año se había de sacramentar en el Cenáculo, ya en esta oca/
[28] sión hizo mención de presente de aquel divinizamos Sacramento, diciendo: “Ego sum panis vivus qui de caelo descendi[150] (Jn 6=. Yo soy pan vivo que descendí del Cielo. ¿Pues el Señor se había ya sacramentado? ¿Se había ya dado en pan? ¿No señores, pues como dice que es pan vivo? Miren: ¿no dejamos dicho que se había de sacramentar de allí a un año en el cenáculo? Pues dese ya por hecho, si lo había de hacer de futuro, ya está hecho de presente; sea luego lo que ha de ser después, había de ser nuestro Toribio bienaventurado, había de declarar el vicario de Cristo hoy sus glorias pues empiece desde niño a gozarlas, sea luego lo que ha de ser después.
Acompañaba a la virtud un claro entendimiento con que en breve tiempo pudo hacerse dueño de la Lengua Latina y Artes Liberales. Viendo sus padres las virtudes y buena disposición del Niño trataron de enviarle a la Universidad de Valladolid y para aviarle le vistieron de eclesiástico. Dice la Escritura que Jacob
[28v] por el grande amor que tenía a su hijo José le hizo una túnica que llamaron Polimita: “Fecitque ei tunicam polymituam”[151], la cual túnica dice san Gregorio Mango que estaba significando que José entre sus hermanos había de permanecer justo hasta el fin de su vida: “Ioseph inter fratres usque ad finem vitae iustus perseverase scribitur”[152]. Con el hábito clerical parece estaba mostrando nuestro Toribio que entre sus hermanos había de perseverar justo hasta el fin de su vida. San Ambrosio dice que el amor con que Jacob dio a José aquella túnica fue como un presagio o profecía de las grandes virtudes que había de tener José: “Illum plus diligebat in quo maiora virtutum insignis praevidebat”[153]. El amor con que sus padres dieron a nuestro Toribio aquella clerical túnica era profecía de las excelsas virtudes con que había de ilustrar toda la Iglesia Católica. Luego, si san Gregorio Magno canoniza de justo por la túnica que su padre le dio a José canonice por la misma razón la Iglesia a nuestro Toribio/
[29] Y reconociendo sus padres la buena habilidad que había mostrado en la Universidad de Valladolid, dispusieron enviarle a Salamanca donde tenía un tío, hermano de su padre, colegial mayor o en el colegio viejo de san Bartolomé o en el de San Salvador, porque están dudoso en los autores, cual fuese el colegio y hallando una vacante se opuso a ella a que concurrieron otros cuatro opositores y hecho el examen con el rigor que regularmente se ejecuta en aquellos colegios mayorees, salió con la beca, por todos los votos. Y poco tiempo de haber entrado en la Beca, deseó con grandes ansias retirarse y dejarla; en la cual, si los méritos se adelantaban las esperanzas que prometen las influencias en él, excitan los deseos. Mucho dejó nuestro Toribio solicitando dejar la beca, que las mayores noblezas apetecen, pero mucho más dejaba, dejando con ella hasta los deseos de tener y no le detengo en dicha fecha, porque la asistencia en semejantes seminarios, sue /
[29v] len ser poco a propósito para las canonizaciones, pero nuestro Toribio salido del colegio canonizado renunciado a la beca y con ella hasta los deseos de lograr las conveniencias que prometen dichas becas.
De san Andrés apóstol pondera san Gregorio Magno la fineza de haber dejado por Cristo las redes porque, aunque no dejó gruesas rentas, dejó por Cristo cuanto tenía que dejar sin reservar nada para sí, “multum reliquit, quia sibi nihil retinuit”[154]. Y añade san Gregorio que dejó con las redes hasta el deseo de tener.
Es muy de notar que Cristo Señor Nuestro, contemplando en el Huerto la muerte y pasión, sudó sangre que llegó hasta la tierra y no se dice que en el Cenáculo sudase una gota sola y se ofrece la duda, si Cristo Nuestro bien así en el huerto como en el cenáculo tuvo pesante su muerte y pasión convirtiendo tanta sangre en el huerto no se dice que en el cenáculo vertiese una
[30] sola gota. Noten, Cristo Señor Nuestro en el Huerto luchaba para contener el deseo de vivir: “Pater, si possibile est, transeat a me calix iste”[155]. En el Cenáculo daba cuanto tenía, cuerpo, sangre, divinidad y humanidad. “Hoc est enim corpus meum, accipite, comedite”[156] y no costándole un leve suspiro el dar todo lo que tenía, le cuesta gotas de sangre el reprimir un deseo. Desaprópiese Toribio de los deseos de adquirir puestos y dignidades, correspondientes a lo que ofrecía la beca, que en esto califica el mayor mérito. Luego si san Gregorio Magno por haber dejado por Cristo las redes y los deseos de tener canoniza a san Andrés, canonice la Iglesia a santo Toribio por haber dejado la beca, y con ella hasta los deseos de tener.
Y llegando estas noticias al Rey don Felipe Segundo, de gloriosa memoria, nuestro Rey y Señor, que fue, le envío despacho a Nuestro Toribio para que pasase por inquisidor de Granada, y pareciéndole a Nuestro Toribio que en su cor/
[30v] tedad no cabía tanta honra, intentó resistirse, no admitiéndola, pero el orden de Su Majestad le obligó a aceptarla y ya admitida pasó a despedirse de sus padres y hermanos y de los compañeros que dejaba en el Colegio. Y ejecutó su viaje a la Ciudad de Granada y a poco tiempo de haber llegado reconociendo el arzobispo Guerrero las prendas de virtud, literatura y modestia de Nuestro Santo, propia de los ministros del Santo Tribunal de la Inquisición, trató de ordenarle de todas las órdenes a que se resistió el santo varón, diciendo que de ocho a ocho días recibía los órdenes menores y después con el tiempo determinado por la Iglesia recibiría los órdenes mayores. Pero el Arzobispo finalmente le ordeno de todos órdenes. Y asistiendo al santo Tribunal con el gran fervor de la fe que sus compañeros y el mismo manifestaban siendo un ardor que encendía los reflejos con que abrasaba los enemigos de la religión católica siendo murallas que defienden la Iglesia/
[31] católica romana y saliendo un día del santo Tribunal se le puso a la vista un pobre tan lastimoso que le pareció ser lo último de la miseria y no teniendo otra cosa que darle le dio el mateo para que cubriese su desnudez. Cuánto agradó a Dios esta limosna no lo refieren los historiadores y solo sabemos lo que el mismo santo dijo: Lo que pasó con mi alma y Dios aquella noche solo Dios lo sabe. Y lo que sabemos es que desde aquella hora en adelante se unió estrechamente en la oración con Dios, ejecutó las penitencias con mayor rigor, apretó los cilicios, ayunos y penitencias, viviendo solo para Dios y como muerto para el mundo.
Todos los expositores afirman que la mayor fineza y exceso de amor que hizo Cristo por nosotros fue la de quedarse sacramentado, fundado en aquel texto de Zacarías “quid bonum eius, aut quid pulcrhum eius, nisi frumentum electorum”[157], pero no es fácil de inferir este exceso, porque si el amor se ha de me/
[31v] dir por las dádivas, como dice san Gregorio Magno: “probatio amoris exhibitio est operis”[158], nada nos dio Christo en la Eucaristía que no nos hubiese dado en la Encarnación y que después no nos diese en la cruz, porque así en la cruz como en la Encarnación y Eucaristía se nos dio todo igualmente pues si la dádiva fue una misma en todos estos misterios porque ha de ser o parecer mayor la dádiva y fineza de este sacramento. La razón es porque hizo el amor de Cristo en este sacramento lo que no llegó a hacer en alguno de los otros misterios porque lo tenía hecho en los otros misterios repartidamente, lo unió y juntó en el sacramento. Explícome. Cristo en la Eucaristía tuvo vida y nos dio vida, Cristo por nosotros en la cruz padeció la muerte y perdió la vida; en la Encarnación tuvo vida más sin la fineza de la muerte; en la cruz padeció la muerte y perdió la vida; en el sacramento todo lo hay y todo lo hubo, vida y muerte; muerte en la representación y vida en la realidad. /
[32] Demos segunda prueba. Quiso el Espíritu Santo en los Cantares explicar el mayor amor y comparólo a la muerte “fortis est ut mors dilectio”[159] (Cant 3). ¿Mas como puede ser? La muerte, toda su valentía y ser la tiene en desunir y apartar el alma del cuerpo en los vivientes, aparta un alma de otra en los amantes, aparta y destruye los entendimientos y dictámenes; aparta las más estrechas uniones y los más apartados extremos. El amor por contrario todo se empeña en unir, une por afecto las voluntades; une las vidas y une las almas; mal, el amor es como una pura extensión de la vida; viven en sí y vive juntamente en lo que ama, que en sí; “magis est anima ubit amat, quam ubi animat”[160]. La muerte, al contrario, quita la vida: luego no puede ser el amor semejante a la muerte. Ea que sí, dice el Espíritu Santo; antes el amor para su mayor fineza ha de ser de tal fuerte amor que sea amor con semejanza de muerte, ¿” est mors”[161] y de que suerte? De la suerte que lo vemos en
[32v] la Eucaristía durando la vida y la muerte en el sacrificio; la muerte en la representación para acreditar el tormento; la vida en la realidad para acreditar el amor. De suerte que en el Sacrificio de la Eucaristía hay vida y hay muerte. Pues ven ahí la razón que tienen los padres para decir, que el mayor efecto de amor que Cristo hizo por los hombres fue quedarse en el angostísimo sacramento del altar. Luego si los Padres canonizan la fineza de la Eucaristía porque en ella hay vida y hay muerte, canonice la Iglesia la fineza de nuestro toribio, pues imitando a Cristo, viviendo muerte y como muerto vive.
Y llegando estas noticias con las grandes virtudes de nuestro Toribio al Rey Felipe II determinó hacerle arzobispo de este grande arzobispado y despachando la Consulta a Roma el Santísimo Pontífice Gregorio XIII sin detener el fiat le concedió y sacados los despachos y remitidos a Su Majestad de su Real orden pasaron a nuestro santo a quien pare-
[33] ciéndole no cabía en su cortedad tan falta dignidad hizo cuanto pudo para no admitirla; pero, obligado por obediencia a Su Santidad, se vio precisado a admitirla y repitiendo el despedirse de sus padres, hermanos y compañeros del colegio, hizo su viaje al Puerto de Sanlúcar de Barrameda, donde se hallaba una rama prendida para hacer viaje a los puertos de las Indias y logrando con felicidad llego al Puerto de Nombre de Dios, tomó tierra para pasar a Panamá en que padeció grandísimos trabajos por ser asperísima de pantanos, ríos, arboledas, zarzales, tigres, leones y serpientes; y conducido por Dios a Panamá parece que la Divina Providencia le tenía prevenida embarcación para pasar a estos Reinos. Y hecho su viaje con felicidad llegó a coger la primera tierra de este Reyno y la fama de sus virtudes condujo por el viento la noticia a esta gran ciudad que, alegre con nueva tan dichosa trató de prevenirse para el recibimiento que sería en aquel tiempo con la opulencia de
[33v] de riquezas, que gozaba esta gran ciudad; y recibido, la primera noche que entró en su palacio o aposento, sabiendo las grandes necesidades que tenía este gran arzobispado, se dedicó sin perder tiempo a trabajar para dar las providencias necesarias, madrugando para continuar esta ocupación; pero, en oyendo la campana que toca a Prima, para que los prebendados acudiesen a decirla dejaba la ocupación y subía a cantar o rezar la Prima con los compañeros canónigos.
Toda una noche estuvo aquel Ángel luchando con Jacob. Los favores que Dios hizo a Jacob aquella noche no los refiere el sagrado texto, solo sabemos que al venir el Aurora pidió treguas el ángel a Jacob, “dimitte me: iam enim ascendit Aurora”[162]: ¿pues qué importaba que llegarse el día? No podía continuar la lucha o continuar en ella con las luces del Sol. Eso no, dice “Lyra: quasi diceret iam tempus est ut cantem Dei laudes cum angelis”[163]. Como si dijera el Ángel: Jacobo, ya es hora de ir a Prima ya están tocan
[34] do al Coro, pues déjame ir a cantar las alabanzas a Dios, con mis compañeros los ángeles, en aquellos coros de la eterna bienaventuranza.
Concluida la Prima, bajaba el santo varón a continuar en las providencias, donde hallaba los indios, que con su torpe decir pedían muchas cosas al Santo. Él que los oía, atendía y ejecutaba cuanto le pedían, obedeciéndolos como si fueran sus superiores. San Jerónimo hace una homilía sobre el segundo capítulo de san Pablo en que refiere la adoración de los Reyes y dice de eta suerte “qui offerunt munera Domino consequenter responsum recipiunt, nor per angelum, sed per ipsum Deum ut meritorum Iosep privilegium demostraretur”[164]. Los Reyes, luego que entregaron sus dones, recibieron la respuesta, la cual les fue dada no por un ángel como Joseph sino por el mismo Dios que les habló y de aquí se infiere el gran privilegio de los méritos de Joseph. Cierto que son palabras muy dificultosas
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de suerte que san Jerónimo para ponderar que los méritos de San José son mayores que los méritos de los Reyes, toma por fundamento que a los magos hablo Dios y a José por un Ángel. Lo contrario, dijera yo, se había de deducir de estas premisas y si no, pregunto; ¿si Dios hablara a uno de los muchos que están oyendo por sí mismo y no por un ángel no fuera mayor privilegio y beneficio el hablarle Dios por sí que si le hablara por un ángel? Parece que sí. Pus como infiere san Jerónimo, que los méritos de san José son mayores que los de los Reyes Magos por haberles hablado Dios inmediatamente por sí y a José por un ángel: “Ecce Angelus Domini aparuit in somnis Ioseph dicens: ¿surge, accipe puerum, Matrem eius, fuge?”[165] Noten: los Reyes y José todos obedecen a Dios y todos merecen, pero con esta diferencia, que los Reyes obedecen a Dios como su Superior y José obedece a un inferior; pues ven ahí la razón que tiene san Jeró
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nimo para decir que los méritos de san José son mayores que los méritos de los Magos. Obedece nuestro Toribio a os indios, ejecuta lo que piden. Luego, si san Jerónimo canoniza los méritos de san José por mayores que los de los reyes por obedecer a un inferior, canonice la Iglesia a nuestro Toribio por obedecer a los indios como si fueran sus prelados.
Hasta aqui pudo llegar la obediencia de san José siendo un santo de tan singulares privilegios y prerrogativas y hasta dónde llega san José lega nuestro santo obedeciendo a los inferiores
Pidió Josué al sol que detuviese sus luces porque a todo correr iba faltando el día y dice el sagrado texto que obedeció Dios a Josué: “Oboedite omnino voci hominis”[166]. ¿Pues como así? Si Josué pidió al sol que se detuviese como el sagrado texto dice que fue Dios: “Oboedite voci Domini “[167]. ¿El sol no es príncipe de los astros y superior a todas las criaturas? Así es. Pues ven ahí la razón, porque di
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ce el texto que Dios es el que obedeció porque obedecer un Príncipe soberano a una criatura no parece cabe en hombre ni en un príncipe tan grande como el sol y así para ser Dios. Obedece nuestro Toribio que era príncipe a los indios en todo inferiores luego pasa a ser más que hombre: “Oboedite omnino voci hominis”[168].
Llegó el tiempo de salir a la visita de este grande Arzobispado que en aquel tiempo era mucho más dilatado respecto de que no se habían formado los obispados más cercanos. Referir las obras que hizo tan necesarias y precisas en su visita hallando tan desbaratado y sin forma el Arzobispado, la paciencia y suavidad con que solicitaba la enmienda de tantos defectos, el ejemplo de su vida, mortificaciones, disciplinas y ayunos, penetrando los Andes y sierras asperísimas, buscando gentes que atrae al servicio de Dios y verdad evangélica, doctrinándolos con tal arte, paciencia y suavidad que los obligaba a seguirle y ejecutar cuanto les enseñaba, no cabe en las voces ni
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En los papeles lo que el santo varón padeció y ejecutó en este viaje. Y llegando a un páramo despoblado de mucha arena, gran sol, y falta de agua, compadecido el santo de la necesidad que padecía su familia, les mando se acercasen a la fada de una sierra cercana que allí hallarían el remedio de su necesidad y fue lo mismo llegar a aquella cercanía que brotar la tierra un grande arroyo de agua que persevera hasta el presente.
Aquí debiera notar el poder que Dios comunicó a nuestro santo sobre este elemento y los demás; pero, haciéndonos falta el tiempo, porque el viaje es dilatado, omito este reparo, y continuando su viaje llegó a otro paraje donde se descubría una sierra muy empinada, en cuya cima y mayor altura se contenía una laguna muy profunda donde se formaban las tempestades, truenos, relámpagos y rayos; siendo el agua de tan horrible color que daba horror la que se destilaba por las peñas y los indios que vivían en las laderas y faldas de aquella gran montaña
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Le pidieron con muchas lágrimas que tomase el trabajo de subir a aquella sierra y echar la bendición a aquella laguna; que esperaban con ella cesarían las tempestades y el agua volvería a su color natural; y el santo varón subió con gran trabajo la sierra, echo la bendición y cesaron para siempre las empestades, volviendo el agua a su cristalino color.
Continuo su viaje hasta llegar a un pueblo cercano a la ciudad de Trujillo (que ignoro como se intitula) y una pobre mujer con grandes sollozos, lágrimas y suspiros le presento al santo una niña que se le había muerto y lastimado del dolor y sentimiento de la madre echó su bendición a la criatura difunta y al punto se levantó buena y sana. El pueblo, viendo este prodigio, empezó a gritar, diciendo. El santo, el santo ha hecho este milagro y otros le calumniaban diciendo que era hechicero y mago, que por los hechizos y magia había conseguido aquel portento. El santo varón ocultó el milagro, diciendo que él no tenía parte
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Alguna en aquel suceso y que Dios había hecho aquel beneficio para el consuelo de aquella pobre mujer su madre y disimuló los agravios que le hicieron los que le trataron de hechicero y mago.
Cristo Señor nuestro en el Calvario, sobre ser conocido por hombre justo “hic homo iustus erat”[169] le confesó el Centurión por Hijo de Dios: “Vere filius Deis erat iste”·[170] (Lc 23). Ahora veamos, que premisas tuvo el centurión en el calvario para inferir una consecuencia tan alta. Noten: Cristo Señor Nuestro en el Calvario ejecutó milagros, hizo prodigios y resucitó muertos; a Cristo en el Calvario le fueron impuestas muchas maldades: “Et cum iniquis reputatus est”[171], pero con esta diferencia que los prodigios y resurrecciones de los muertos fueron hechos en el instante en que el Señor murió, que fue poco antes de la hora de Nona y los delitos se los impusieron poco antes de la hora de Sexta, que por esto dice el gran padre de la Iglesia san Agustín que le crucificaron a la hora de Tercia
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Los milagros, como ejecutados antes de la hora de Nona, fueron hechos entre tinieblas y oscuridades; “a sexta autem hora tenebrae factae sunt super universam terram usque ad horam nonam”[172]. Las maldades como impuestas antes de la hora de sexta fueron ejecutadas con las luces del sol, pues dice el Centurión: ¿Este permite que le impongan delitos y oculta milagros propios? Pues este no es hombre, este es Hijo de Dios: “Vere filius Dei erat iste”[173]. ¿Oculta nuestra santo el milagro y disimula los oprobios que le hicieron tratándole de hechicero y mago, luego este mas parece que hombre?
De aquel augustísimo sacramento afirma el Doctor angélico ser el más extraordinario prodigio que Dios obró: “miraculorum ab ipso factorum máximum”[174]. ¿Cuál será la causa de este exceso? No en este misterio soberano, se incluyen diferentes milagros, ya en el modo con que los accidentes se conservan independientes del sujeto y ya en el modo con que los accidentes se donaban independientes del sujeto y ya en el modo definitivo con que Cristo está en aquella cir-
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cunferencia, estando todo en toda y todo en cualquiera parte de ella y siendo así que se incluyen estos milagros en aquel sacramento; le dejó el señor por el mayor misterio de la fe; “mysterium fidei”[175], de cuya razón es la obscuridad, de suerte que en este misterio se incluyen diferentes milagros; pero ocultos, ¿debajo de la capa y oscuridad de la fe? Pues sea esta la mayor maravilla de cuantas Dios obró: “miraculorum ab ipso factorum máximum”[176]. Está nuestro santo obrando aquel gran prodigio y juntamente ocultándole pues “miraculorum ab ipso factorum máximum”[177]. Luego si el angélico doctor canoniza este misterio por el mayor por ocultar el milagro y ejecutar tantos prodigios, canonice la Iglesia a nuestro santo pues le imita en ocultar el prodigio cuando ejecuta los milagros.
Y si fue grande en las prodigiosas acciones en que imitó a Cristo no lo fue menos en la ciencia que públicamente enseñaba. De Cristo Señor Nuestro afirma el sagrado texto que admiraban
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Mucho los moradores de Nazareth su patria, viendo su doctrina: “Stupebant autem omnes qui eum audiebant super prudential et responsis eius”[178]. Y era la causa ver que Cristo enseñaba lo que no había practicado: “quo modo hic literas fecit cum non didicerit”[179]. Enseñar con ventajas lo que nunca se ha estudiado, manifiesta que la ciencia no es humanamente alcanzada sino divinamente adquirida: “Doctrina” -decía Cristo- “non est mea sed eius qui missit me”[180]. Las doctrina no es mía es del Padre que me envió. Así decía nuestro Toribio, la doctrina que yo enseño y las voces teológicas con que la explico (no habiendo estudiado ´teología) no es mía, Dios me instruye por medio de la oración.
Así fueron las obras de nuestro Santo con que imitó a Cristo y así las que se representan en el pan, vino y luces que se ofrecen en la misa que celebra el vicario de Cristo para declarar goza de la Gloria el santo de quien se habla: “intra in gaudium Domini tui”[181].
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Ve, pues, el orador, la relación hecha por el relator y que éste con afecto le canoniza en todas sus operaciones y dice: santísimo Padre, la relación está hecha de la vida de nuestro apostólico arzobispo, en nombre de mi rey y Señor, Felipe V, hago la primera suplica instante; los testimonios que comprueban todo lo refirió os ofrezco en este pan, ¿vino y luces? Pues beatísimo Padre, declarad que santo Toribio Mogrovejo goza de la bienaventuranza. Examina el vicario de Cristo con el apostólico conclave los testimonios ven que conviene con la relación hecha y define que ha limitado a Cristo y que goza de la bienaventuranza, pero no pronuncia hasta la tercer instancia
PUNTO SEGUNDO
“Turtur Semper gemens suspiria Christi affictionem in passione morte adumbrat”[182]
La segunda circunstancia o el segundo
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ofertorio que se hace en la misa que celebra el vicario de Cristo cuando canoniza a un santo, para declararle goza de la gloria, es ofrecer dos tórtolas vivas; esas significan los gemidos, aflicciones y penas de Cristo y su cruz. La tórtola siempre gimiendo siempre suspirando siempre triste y solitaria representa como dejo dicho los suspiros y aflicciones de rito en su muerte y pasión que imito nuestro santo por conformarse con Cristo como dice San Pablo: “Imitatores meis stote sicut ego Christi”[183]. Se ofrecen estas tórtolas que son como testimonios que el orador presente en prueba de que han limitado a Cristo el santo arzobispo que es la segunda instancia: instantius en los gemidos de su pasión y cruz
“Per crucem -dice Origenes- preparatio animi ad perferendam crucem vel per aflictionem corporis vel per penitentiam per commiserationem erga proximum significantur”[184]. Por la Cruz dice este Padre se manifiesta la preparación del ánimo para llevarla la aflicción del cuerpo por la penitencia y la aflic
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ción por la conmiseración del prójimo, que cuando no hubiera otra, que la cruz del gobierno del arzobispado en aquel tiempo, era sobra mortificación. Y o todo se halla en nuestro Toribio ¡qué gemidos, qué ansias, qué suspiros, qué lágrimas, qué desconsuelos y qué penitencias no le costó a nuestro Arzobispo la conversión de los indios y sacarlos de su ciega idolatría, padecía grandes desconsuelos, castigaba su cuerpo con rigurosas disciplinas, dormía sobre una tabla, teniendo por cabecera un taburetillo y todo le parecía suave.
A los clavos que traspasaron cruelmente las manos sagradas y pies de Cristo, llama suaves la Iglesia: dulces clavos, y la lana que le hirió el pecho, dice que de rigorosa pasó a cruel, “mucrome diro lance”[185], pues porque siendo los clavos no menos tiranos que la lanza, ¿parecen los clavos duces y a la lanza llama cruel la Iglesia? Sí, la lanza le atravesó tiranamente el pecho, también los clavos le rasgaron cruelmente las manos y pies; pues
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¿Por qué la Iglesia llama dulces a los clavos y cruel a la lanza? Noten, cuando los clavos rasgaron las manos y pies de Cristo como tuviese el Señor alientos de vida, tenía deseo y voluntad de padecer tormentos. Cuando la lanza le hirió le pecho como estaba ya Cristo muerto no tenía voluntad de padecer penas. De suerte que, cuando los clavos le traspasaron las manos, ¿tenía Cristo voluntad de padecer porque estaba vivo y cuando la lanza le traspasó el pecho no tenía voluntad de padecer porque estaba muerto? Pues ven ya la razón porque la Iglesia llama dulces a los clavos y cruel a la lanza: “Lanceae mucrone diro Mucrone diro”[186]. Y como nuestro Toribio tenía tanto deseo de padecer solo hallaba alivio en los trabajos, las continuas mortificaciones, lo cruel de los cilicios, todo le parecía dulce porque todo lo amaba. Padeció por el bien del prójimo, innumerables penas “aflictio corporis per commiserationem erga proximum”[187]; y, finalmente, padeció por la conmiseración mo, tanto, que
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Parece pudiera desde entonces llamarse bienaventurado.
Pero, no puede ser padecer trabajos y descansar en la bienaventuranza y es la razón porque la bienaventuranza es gozar de todos los bienes: “status ómnium honorum”[188], los trabajos, padecer todos los males, pues si uno es gozo y otro pena, ¿qué tiene que ver la pena con el gozo? No hay dos bienaventuranzas, una en vida y otra in Patria. Esta no se compadece con las penas; la otra, se compadece con todos los trabajos, en la bienaventuranza, in Patria[189], no hay penas que aflijan en la Bienaventuranza, “in via”[190] todas son penas y aflicciones.
En dos ocasiones vio Dios a Jacob, la primera en la Esclava: “vidit Dominum in specie sclave”[191], en la segunda vio a Dios Jacob en la lucha: “vidi deum facie ad faciem”[192]. En estas dos ocasiones vio Jacob a Dios más con grande diferencia, porque la plegaria fue imperfecta y entre oscuridades y la segunda fue manifiesta y clara; “facie ad faciem”[193] y se ofrece la duda luego; ¿si ambas
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son visiones de Dios como la primera es imperfecta y oscura y la segunda manifiesta y clara? Noten, como estaba Jacob cuando vio a Dios en la primera ocasión durmiendo “in somnis”[194], descansando y entregado a la dulzura del sueño? Y la segunda herido, con dolores, aflicciones y llorando: “flevit rogavit”[195], pues ven ahí la razón porque la primera visión fue imperfecta y la segunda perfectísima y clara; si aquella entre descansos, ésta entre trabajos y penas.
Más, solo una vez se halla en la escritura que Jacob mereciese la vista clara de Dios, “facie ad faciem”[196]; De nuestro Santo refieren las historias que vio muchas veces a Dios, luego si por haber visto a Dios Jacob una ve cara a cara le canoniza el texto, canonice la Iglesia nuestra Madre a nuestro Toribio que vio tantas veces a Dios.
Predicando en cierta ocasión n con tanta discreción que, siendo la doctrina general para todos, la hizo particular para un oyente, reaprehendiéndole su desordenada vida
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Y dándose por entendido el sujeto se declaró con el santo Arzobispo y lo ultrajó gravemente; el Santo respondió con grande humildad, que subía al pulpito a predicar la palabra evangélica. A Cristo Señor Nuestro acusaron los judíos ante el pontífice Anás de que predicaba falsa doctrina y Cristo respondió que delante de todos la decía: “ego palam locutus sum mundo”[197]; a esta tan modesta respuesta le injuriaron diciendo, “sic respondes Pontífice”, “¿Así respondes al Pontífice?”. Cristo Señor Nuestro se dio por ofendido de esta respuesta. Y nuestro Santo respondió al oyente sin darse por sentido del agravio: yo subo al pulpito a predicarla palabra evangélica.
David cuando más perseguido de sus desafectos hacía versos y cantaba alabanzas a Dios y nuestro santo cuando más ofendido, injuriado y perseguido predicaba la palabra de Dios. Si los que padecen persecuciones por la justicia son canonizados de la boca del Supremo Juez, a los que padecen penalidades y trabajos por
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el bien del prójimo y de la Iglesia (que es lo que significan los gemidos de la tórtola, que ofrecen en el sacrificio el orador razón es que el cielo les de la gloria y que la Iglesia los canonice).
Siendo para todos caritativo solo consigo fue cruel y rigoroso. Refiere su historia que jamás vistió única interior de lienzo, ayunaba continuamente, pareciále al santísimo varón, que si no maltrataba su cuerpo le pondría en peligro de poder cometer alguna imperfección leve y para asegurarse ultrajaba su cuero con el rigor de la disciplina: “afflictio corporis per paenitentiam”[198], afligíalo como si hubiera pecado, nueva invención por cierto de penitencia
La penitencia que enseña la Iglesia nuestra Madre es la penitencia que hacen las criaturas por los pecados ya comentados; ero nuestro Toribio pasa a delante; los hombres hacen penitencia por los pecados que cometen contra Dios; nuestro Toribio hacía penitencia por las imperfecciones leves que podía no hacer para no cometerlas
43 Preguntaron al Bautista en el desierto si era dios o el Mesías. “¿Mesias est tu?”[199] ¿Pregunto, qué vieron los hombres en el Bautista para tenerle por Dios? Halló la razón en las palabras que la Iglesia canta, hablando de la penitencia del Bautista: “Antra deserti teneris, subannis civium turbas fugiens petisti ne levi posses maculare vitam crimine linguae”[200]. El Bautista -dice la Iglesia- no tenía culpas que castigar, porque era inocente y no obstante se fue al desierto a hacer penitencia porque era posible cayese en alguna culpa leve entre los hombres: “Ne levi poses maculares vitam”[201].
Castíguese nuestro Toribio, imite y siga al Bautista, haga penitencia, para no poder pecar, no se castigue por haber cometido laguna leve imperfección, que no ha hecho acción digna de castigo, haga penitencia por lo que podía hacer, para que se distinga de los hombres y le tengan por otro, Dios como el Bautista: Mesias est tu?[202] Así vivía nuestro Toribio porque así convenia para que el Evangelio
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Le canonice y para que la Iglesia le declare, goza de la bienaventuranza: “Turtur Semper gemens suspiria Christi aflictionem adumbrat”[203]
Ve, pues, el Orador, que la relación del segundo punto está hecha y que consta por ella, que nuestro santo imitó los gemidos y aflicciones de Cristo y en la cruz y pasión con los de la penitencia y dice: Santísimo Padre, por la relación hecha, consta que Santo Toribio Mogorvejo, imitó a Cristo en los suspiros y aflicciones que padeció en su pasión y muerte; el testimonio que comprueba son estas tórtolas que ofrecen y así en nombre de mi Rey señor Felipe V hago la segunda instancia, “instantius”[204], para que Vuestra Beatitud declare goza del reino de la gloria nuestro Toribio. Examina el Vicario de Cristo la relación y testimonio y halla con el apostólico cónclave, que convienen y declara, pero no pronuncia hasta la tercera instancia
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Punto Tercero
“Columba que selle caret Christi patientiam mansuetudinem significat”[205]
La tercera ceremonia ofertorio que se hace en la Missa que celebra el Santísimo Vicario de Christo para declarar la gloria del santo que se pretende es presentar dos palomas blancas. El orador que en nombre de nuestro Rey y Señor Felipe V hace la tercera instancia: “instanstissime”[206] ofrece esas palomas que representan la paciencia y mansedumbre de Cristo en sus trabajos: “Columba que selle caret Christi patientiam mansuetudinem signficat”[207]
Cual suele la paciencia de nuestro Toribio en los trabajos y persecuciones que por predicar la ley evangélica padeció de sus feligreses nadie lo ignora
Dos géneros de paciencia se hallan en nuestras tolerancias, padecer culpados y padecer inocentes, padecer culpados, es
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justa pena, padecer inocente, ambiciosa gloria; con esta distinción, se ajusta nuestro dictamen, porque si para conseguir el cielo se pide la prenda de padecer mucho tiene que sufrir la tolerancia para padecer injurias no merecidas
Por Rey canonizó Cristo a Dimas en el Calvario, “Domine memento mei cum veneris in regnum tuum”[208]. Quien pues le instruyó a Dimas el imperio, menos conocido y más en aquel tiempo ¿por qué el texto solo dice quien male fecit? [209] Noten[210], conoció Dimas que estaba inocente nuestro Redentor y que padecía tantos trabajos su inocencia sin culpa pues dice Dimas este está inocente y padece su inocencia sin culpa pues es imposible que le falte la Corona.
Sin culpa padre nuestro Toribio injurias y trabajos, pues es imposible que le falte la gloria y que deje de declararle la Iglesia bienaventurado. Mas no se contentó Dimas enseñarle Reino que añadió tuum. Noten: dos medios hay para adquirir coronas o por conquista o por
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herencia. La corona conquistada la hacen propia las armas, siendo agenda; la heredada la hace propia el derecho a la corona; pero no como conquista sino como herencia. Ve Dimas la paciencia de Cristo en los trabajos y dice esta corona no es ajena sino suya: “in regnum tuum”[211].
El título de la cruz le aclamaba a Cristo triunfante rey -notó Lipsio que le fijaron en la cabeza contra estilo porque todas las causas se fijaban a los pies de los delincuentes y siendo la intención de los judíos hacer escarnio de Cristo, mejor estaba el título a los pies, que en la cabeza; pero mostró el cielo, que a raía de los trabajos padecidos sin culpa, venían naturales las coronas; padezca nuestro Toribio afrentas sufra maldades sin culpa que desta suerte le vendrán bien y como nacidas las coronas.
Es la paciencia puerto seguro de la gloria decía el pacientísimo Job. “Beatus homo qui a Deo corripitur”[212]. Bienaventurado el hombre que es castigado por Dios, luego no por los hombres y es la razón
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¿Que los castigos humanos suponen delito, los castigos divinos hacen gloriosos y si los castigos divinos hacen gloriosos porque no suponen culpas qué no harán los castigos humanos cuando suponen inocencia?
¿Pero cómo podrá ser bienaventurada una pena como será glorioso el que se lastima castigado? Respondo que el padecer en esta vida por Cristo es una bienaventuranza empezada y como empiece a ser bienaventurado el sufrido cuanto más crece la pena, tanto más crece la gloria. Cuanto padecía nuestro Toribio tanto más adelantaba con su paciencia la gloria “Columba patientiam Christi significat”[213]: luego si a Cristo por la paciencia y tolerancia en los trabajos le canoniza hasta un Dimas canonice la Iglesia a nuestro Toribio que tanto en ella le imitó.
Hemos visto la gran paciencia de nuestro santo en los trabajos; veamos cómo se hubo con los que le persiguieron habiendo castigado Dios a aquel oyente que le
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Ultrajó a nuestro santo por haberle reprehendido en el sermón su mala vida; con una grave enfermedad, y no hallando remedio los médicos exclamó el enfermo en voces altas: sin duda este mal que padezco es claro y justo castigo de Dios en pena del delito que cometí contra el Santo Arzobispo, id al punto y pedidle de mi parte que me venga a consolar. Hiciéronlo así y llegando el santo varón verle cobró al punto la salud.
Condenaron los judíos a Cristo a muerte y mandó Pilatos poner sobre la cruz un título que decía: “Jesús Nazarenus Rex Iudeorum”[214]: no fue esta acción de pilatos, sino es de la divina. Hugo de San Vítores dice que en este título estaban grabadas las tres virtudes teologales, en Jesús la Fe, “in Jesus fides”[215]; en Nazareth la esperanza, “in Nazareth spes”[216]; en el rey la caridad, “in rege iudeorum charitas”[217]. Y no parece ajustada esta disposición que se ponga la caridad en lo rey vaya;
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Pero que la esperanza se ponga en Nazareth no cabe; pues ¿por qué razón se ha de poner la esperanza en Nazareth? ¿Noten Jesús es título con que los judíos honraron a Cristo, Rey es dignidad con que le aclamaron en la cruz y Nazareth decían por ignominia? (Así) pues póngase la esperanza en el agravio salga el remedio de la mayor ofensa. Envió aquel afligido oyente por nuestro santo dele salud, halle en su esperanza alivio aunque le tenía tan sin razón ofendido.
Cuentan sus historias que hizo beneficios no solo a los amigos, sino también a los mayores enemigos, curando de todas enfermedades, resucitando muertos. Fue amantísimo de la castidad, decía que la castidad es lirio entre abrojos que no se conserva en regalos y delicias ni en blandos ni aseados lechos, no entre peligrosas conversaciones, ni entretenimientos que es cándida azucena, que se mantiene
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Entre espinas, de ayunos y mortificaciones, entre la zarza de la pasión de Cristo, contemplando sus azotes y corona de espinas; llegó a tan alto estado de perfección que refieren sus historias no sentía sus propias pasiones con ser tributos inseparables de nuestra naturaleza.
Parece que le cuadra aquel sueño en que la esposa santa vivía que tanto celebra san Bernardo: “ne suscitetis neue e vigilare saciatis dilectam”[218]. No sé (dice san Bernardo) si a tan perfecto estado le llame sueño o le llame muerte: si es sueño: “re vera dormitio est que tamen sensum non sopiat, sed abducat”[219]; si es muerte: “non absurde sponsae extasim vocaverim mortem quae tamen non vita sed vitae eripiat laqueis”[220]: dichosa muerte que deja vivir sin riesgo y si mata es para librar de peligro; pero no me parto (dice Bernardo) “quid enim formidetur luxuria ubi nec vita sentitur”?[221] Porque, como era posible padeciese inquietud y turbación del apetito sensible, quien apenas se acordaba de la vida y el que vivía tan fuera de
47 v su carne y sangre como había de hacer experiencia de su propia flaqueza
Esta es la razón porque en el nacimiento de Isaac todos se alegraron, Abraham y Sara manifestaron en sus labios los gozos cuando Dios se lo prometió. Y al nacer le pusieron por nombre Isaac que significa risa: “risum fecit mihi Dominus”[222]: este gozo me ha hecho Dios. Y Philon Judío dice “fecit proinde valet ac genuit ex quibus verbis sequitur hec hace sentencia sententia, Isaac genuit Dominus”[223], porque hijo de tanta pureza claro es que había de ser dado de Dios.
Los hijos de Eva entran llorando en el mundo, los hijos de Sara entran riendo: los hijos de Eva entran llorando porque son hijos de flaqueza; los hijos de Sara entran riendo en el mundo porque son hijos de perfección, pues si nuestro Toribio es paloma cándida en la paciencia y tolerancia en los trabajos en que a imitado a Cristo y comprueba el ofertorio de esa vez razón es que el Cielo le dé la gloria y la iglesia le aclame
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Santo. Pues alégrese el mundo en el nacimiento de nuestro Toribio que nace para honor de la Iglesia; nace para gozar de la bienaventuranza eternamente, nace para bien de estos reinos, especialmente nace para traer a los indios al verdadero conocimiento de la fe católica, y finalmente nace para bien del Universo.
Referir las obras de nuestro santo en grado heroico no cabe en voces humanas, era necesario que bajasen del Cielo pregoneros que las divulgasen aquella alteza de oración, aquel celo eminente, aquella alma purísima, que jamás parece padeció aun leve impulso de la naturaleza, aquella alma amantísima del augustísimo sacramento del altar, allí eran sus éxtasis, allí sus suspensiones, allí sus delites, como cuando decía misa, admiraban los oyentes. Para adelante refiriendo los beneficios que hizo particulares en esta ciudad y reino, fuera hacer infinita esta relación y no conseguir el intento.
Ve, pues, el orador que la relación está sumariamente hecha y que los testimonios
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Se han examinado y en ellos ha hallado el viario de Cristo y apostólico tribunal que corresponden con la vida de nuestro santo; y dice: Beatísimo Padre, en nombre de mi rey y señor Felipe V (que Dios guarde y prospere) hago la última y tertia instancia instantia, “instantissime”[224].
Examina el Santísimo Padre la relación con los señores cardenales y hallando corresponder con la vida del santo,, declara que goza de la bienaventuranza y forma el decreto en esta forma: “Ad honorem gloriam Santisima Trinitatis, augmentum religionis catholice et honorem universalis ecclesiae, authoritate eiusdem omnipotentis Dei santtorum apostolorum Petri et Pauli et nostra, decernimus cum concilio fratrum nostrorum cardinalium definimus bonae memoriae Thuribium Mogrovejum Sanctum esse debere ascribi in Cathalogo Sanctorum. De facto eum ascribimus in dicto catalogo concedimus facultatem ut in universali Ecclesia, in die eius festivitatis missa celebretur recitetur pontificis[225]
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“In nomine Patris, Filii Spiritus Santi”[226]. Quiere decir: A honra y Gloria de la Santísima Trinidad aumento de la Religión Católica de la Iglesia Universal con autoridad de Dios Omnipotente de los santos apóstoles san Pedro y san Pablo y de la nuestra con consejos de nuestros hermanos los cardenales, definimos y declaramos que Toribio Mogrovedjo, de Buena memoria, es santo y que deba ser puesto en el catálogo de los santos como de hecho os le ponemos; y damos facultad para que en el día de su festividad rece la iglesia universal con el rezo de común pontífice. En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo.
Ea, dichoso Venerable y ejemplar cabildo, ya la Iglesia católica ha declarado que nuestro santísimo arzobispo está gozando de la bienaventuranza, cuyo beneficio había alegrado vuestros corazones, alentándoles para corresponder a Dios con infinitas gracias, continuando en la gran puntualidad con
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que asistís a ese celestial coro que todos admiran y juntamente celebran el modo de vida tan ajustada de tan noble cabildo. Sirviendo de consuelo los muchos compañeros que llenos de virtud, literatura y puntual asistencia en este santo coro, han gobernado las iglesias de estos reinos y ejercido ocupaciones honoríficas como se ve al presente en tres que están gobernando sus feligresías con gran crédito.
Alégrese el colegio mayor de san Salvador de Oviedo; mayor por haber dado a Dios y a la Santa Iglesia un apóstol de tan excelsas virtudes adorno es santo Toribio Mogrovejo, mayor por las muchas cátedras de diferentes facultades que sus colegiales regentan y han regentado en esta gran universidad de Salamanca, mayor por los muchos colegiales que en todos tiempos han asistido y gobiernan las Audiencias de esta monarquía de España, mayor por los muchos obispos y arzobispos que han salido de su colegio, mayor por el gran número de escri-
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tores que han llenado a Europa con sus impresiones; mayor por los muchos que han logrado la púrpura cardenalicia, mayo por los que asistieron en el santo Concilio de Trento, entre los cuales fueron aquellos dos insignes varones, dignos de eterna memoria Navarro Azpilcueta y el Doctor Covarrubias, cuyo dictamen fue aplaudido y celebrado de todos los padres del concilio; mayor por el gobierno político que practica en su colegio y finalmente mayor por su grandeza misma. Y todos debemos alegrarnos, especialmente esta ciudad de Lima, por este beneficio grande y por contener los cuerpos y reliquias de tres santos solemnemente canonizados por la santa iglesia romana, privilegio y circunstancia que no se hallará en toda la Monarquía de Espaa, que son el de Santa Rosa, compañera de los celestiales espíritus y que arrastra toda la devoción de Europa; el de san Francisco Solano que trajo al conocimiento de la verdad católica infinitas almas y el del arzobispo santo Toribio
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Mogrovejo que gobernó y fundó en forma y perfección este grande arzobispado.
Beneficios que este sacramentado Señor ha hecho a esta ciudad y reinos del Perú. Encanto sois (Señor) para los sentidos, pues creen los oídos, contra los ojos y debe de ser que la vista no examina la perfección de la nieve, pues menos conoce cuanto más insiste. No cabe (Señor) en las ponderaciones más científicas un breve rasgo de vuestras finezas
La mayor ponderación de lo grande es no tener comparación: toda comparación sin igual, dice proporción y en tan grandes distancias no pueden caber proporciones.
La causa (Señor) de no ponderar vuestra grandeza y ser tan grande y la misma me excusa de celebrar el culto ornato, que registramos en esta catedral y metropolitana iglesia. No necesita informar el entendimiento al común examen, que hacen los sentidos fuera de que hay cosas que las dicen mejor las pareces y ladrillos que los predicadores. A Ezequiel
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le mandó Dios que escribiese en un ladrillo los sucesos venideros de Jerusalén: “Sume tibi laterem, Scribe”[227]: anuncie ese ladrillo lo sucesos venideros de Jerusalén.
A Daniel le mandó Dios explicase la sentencia escrita en la pared a Baltasar y Daniel la explica, y si nuestra cortedad pudiera argüir a la grandes divina, dijéramos que era más natural, predicase Ezequiel los sucesos venideros de Jerusalén y que Daniel dijese a Baltasar la sentencia escrita en la pared. Orden divino fue uno y otro y todo fue acertado y mejor, calle Ezequiel y explique Daniel la sentencia y el ladrillo los sucesos venideros de Jerusalén. Eran estos profetas grandes predicadores, pero cosas hay que dicen mejor los padrillos que parecen que no los predicadores, para que qué han de hablar los predicadores cuando los ladrillos y paredes dicen tan retóricos los sucesos.
El Sol (Señor) nace en un hemisferio por morir en otro. Pudo morir en el hemisferio de la Cruz el sol de justicia
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Pero fue para renacer en esta Hostia el Sol de gracia que es prenda de la gloria.
“Quam mihi et vobis prestate dignetur”[228].
FIN
[1]Insistentemente, insistencia, con suma insistencia
[2] Por lo tanto, doy gracias por lo que es nuestra única tarea. Pero la ira ama estar con Dios, sintiendo más profusamente que hablando.
[3] El sermón debe ser aplicado a quien lo recibe.
[4] Algunos dan gracias a escondidas, en un rincón. No es esa una vergüenza, sino un género de contagio.
[5] Y me mostró un río de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios.
[6] El que es santo, santifíquese todavía.
[7]Esto es: la Santa Verdad dese a conocer con pública recomendación.
[8] Y el Señor de la sede ordena que esto se haga así.
[9] Yo soy tu consiervo.
[10] Brillante como el cristal.
[11] Una corona de oro esculpida sobre la mitra con el signo de la Santa Verdad, con gloria de honor
[12] Luego, una corona de oro lo rodeaba en tres órdenes
[13] ¿Quién enseña con mayor claridad? ¿Quién deleita con mayor elegancia? ¿Quién conmueve con mayor eficacia? ¿Quién convence con mayor seriedad? ¿Quién exhorta con mayor ardor? ¿Quién corrige con mayor sublimidad?
[14]Pues aquí se acercó el supremo coronamiento de su felicidad, alabador excelentísimo, orador elocuentísimo..
[15]Adelantará hasta el propio género de conversación; puesto que brilla con pureza tuliana, es rico en pensamientos, además, grande es la conexión de las cosas, una depende de la otra.
[16]Feliz Teodosio, por haber sido alabado por tal orador de Cristo.
[17] Tú elevaste a tu padre a las estrellas, no para tu honor, sino porque crees que es un dios. Pero, aunque lo honres con aras, cojines sagrados y un flámine, sin embargo, con ninguna otra cosa haces de él un dios y lo demuestras más que por el hecho de que tú mismo eres tal. Pues en un príncipe la única y más cierta prueba de divinidad es un buen sucesor.
[18]Pero a nuestro Príncipe, cuánta concordia y cuánta armonía de todas las alabanzas y montañas de toda la gloria le han acaecido.
[19]Venerable sacerdotisa del bosque, de la arboleda y única conocedora de tus secretos, oh diosa
[20] Leucipe revela las partes del cuerpo del padre; desempeña la función de un alabador.
[21] El Fénix también es llamado en el cielo una constelación en la cerca del polo Antártico
[22] El que posee el honor de un varón apostólico se esfuerza por tener su mérito.
[23] Los elogios de un hombre valeroso avivan el ánimo hacia el amor de su imitación.
[24] El elogio es un discurso que pone de manifiesto la grandeza de la virtud.
[25] “Laus” es una palabra que explica la grandeza de la virtud de Solórzano en sus “Emblemas Reales”: Añadimos cuidado y estudio a la elocuencia, que suele ser definida por algunos con el nombre de sabiduría que habla con abundancia, por otros, virtud, por la cual la voluntad gobierna la mente y la lengua diga cosas verdaderas y rectas, agradables a Dios y saludable (saludables) a los hombres de manera clara y ornada.
[26] Marco Aurelio Casiodoro fue contemporáneo del también escritor eclesiástico Boecio. Calabrés, nacido en Squillace hacia el año 485, murió en Vivarium, alrededor del año 580. Fue un político y escritor latino, fundador del monasterio de Vivarium hacia el 540. En el 2021 se incoó el proceso de beatificación. https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/audiences/2008/documents/hf_ben-xvi_aud_20080312.html
[27] Marco Tulio Cicerón (106 a. C.- 43 a. C.) político, filósofo, escritor, jurista y orador romano. Uno de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa en latín de la República romana.
[28] Nada parece más estable que poder sujetar las mentes de los hombres, atraer sus voluntades, impulsarlas a donde quiera, pero llevarlas desde donde quieras
[29] Ya entonces la canicie del alma: el peso del hablar, una conversación capaz de cautivar los oídos asombrados
[30] Una sede muy distinguida se asombró ante él mientras hablaba, destinada a elogiarlo a él como gobernante.
[31] Para esto os ha puesto Dios en la cima, para que viváis con tanto mayor beneficio de su Iglesia, cuanto con mayor autoridad la presidís
[32] La afabilidad de Bresulas cautiva la obediencia de sus súbditos, los reduce a una servidumbre voluntaria.
[33]Con frecuencia lo que las armas no pueden, los placeres de la dulzura lo imponen.
[34] Nos arrastramos humildes en nuestra acción de gracias, después de que toda tu elocuencia ha comenzado a retirarse, y particularmente el honor de tu nombre.
[35] No es dable describirlo con una elocuencia digna, ni aunque ahora surgiera del Averno el que con su canto doblegó las rocas y obligó a los bosques dotados de oídos a correr hacia su plectro.
[36] Sea propio de nuestro deber disponer los bancos para nuestros oyentes, preparar nuestros oídos ha tronado con estruendos.
[37]“la mayor alabanza no es la del siervo —dijo Filón—, sino intentar cumplir todo con diligencia, con industria o incluso por encima de las fuerzas”.
[38]Sentir con pocos, pero hablar con muchos
[39] Hablar y sentir con todos.
[40] Un discurso digno de toda aceptación.
[41]En Dios alabaré mis palabras.
[42] En Delos alabaré la palabra. En Dios alabaré las palabras.
[43] Mi lengua
[44] Escribe con pluma
[45] Por tus padres te nacieron hijos.
[46]Gloriosos príncipes de la tierra
[47] Yo dedico mis obras al Rey. Considero que mi obra debe ser dedicada al Rey; obrilla acabada. Confecerat: “había acabado” no da sentido. Interpones la glosa que cita Lorino.
[48] Mi corazón ha pronunciado una buena palabra
[49] Por asenso de todos se ha pronunciado que ya pocas cosas semejantes pueden ser dictadas.
[50] Y asístale una disposición similar por medio de las causas, una colocación por medio de las letras y la composición por las sílabas.
[51] Además de esto, oportunidad en los ejemplos.
[52] Confianza en los testimonios
[53]Propiedad en epítetos
[54]Urbanidad en cifras
[55] Virtud en argumentos
[56] Gravedad en los pensamientos
[57] Río en palabras: Relámpago en cláusulas.
[58] ¿Qué más?
[59] No existe por ahora un discurso de hombre vivo que tu pericia no pueda, no sin esfuerzo, sobrepasar y superar.
[60]Con el asentimiento de todos se ha declarado que pocas cosas ahora pueden ser dictadas, ordenadas
[61]Posición por las letras
[62]Composición por sílabas.
[63] San Sidonio Apolinar (Lyon, 431-Arvenis 489) fue un noble y terrateniente galorromano, poeta y escritor, obispo de Auvernia, que compuso una hagiografía sobre San Aniano, abad de Saint Laurent les Orgerils, discípulo de san Evorcio, obispo de Orleans (388-453), del que se destaca su confianza en Dios, logrando liberar su ciudad, asediada por los hunos de Atila.
[64] En tanto que quieres que se celebre con excelsas alabanzas a San Aniano, importantísimo y consumadísimo Pontífice, y deseas que se graben en los corazones de los fieles los méritos y virtudes de un varón tal y tan grande, a quien también se le concede, no sin justicia de gloria, el hecho de que falleció siendo tú su sucesor.
[65] Finalmente, el discurso del ausente, según creemos, no puede crecer más a menos que el corazón del autor añadan algo a estas palabras la voz, las manos y el movimiento del autor cuando habla cara a cara.
[66] Parece que se trata de Fausto de Riez (c. 410–c. 495) teólogo, abad de Lérins y obispo de Riez en la Provenza francesa. Célebre por su elocuencia y defensa ortodoxa contra el arrianismo, también es conocido por sus tratados sobre la gracia y por abanderar el semipelagianismo.
[67] Que de los nuestros Júpiter añada muchos años para ti.
[68] En mí están, Dios, tus votos, que cumpliré, alabanzas para ti.
[69] Generación tras generación alabará tus obras
[70] Veo al Señor sobre las aguas: El Dios de la majestad ha tronado: La voz del Señor es en el poder.
[71] Añadiré todavía más a toda tu alabanza , hasta que anuncie tu poder.
[72]¿Tienes un brazo como el de Dios? ¿Truenas con una voz semejante a la suya?
[73] Pero Job respondió al Señor y dijo: Yo mismo me retracto
[74] En David vino mi siervo: Lo ungí con mi aceite santo; porque mi mano lo ayudará, lo fortalecerá con mi brazo
[75] Si alguno habla, la glosa se refiere a Cornelio hable como si fueran palabras de Dios.
[76] Para que en todas las cosas Dios sea honrado
[77] Conforme al poder que Dios suministra.
[78] Si alguien ministra, si alguien habla como si fueran palabras de Dios. Palabras de Dios, no de hombre.
[79] Palabras de Dios, del Hombre.
[80] Y así el sol se paró en medio del cielo.
[81] Mandó que callase: Sol, no te muevas.
[82] Sol calla
[83] Vi al Señor sentado sobre un trono excelso al mismo tiempo que aplaudiendo al Señor Soberano con el trisagio: Gritaba, decía: Sanctus, sanctus sanctus, con dos alas volaban Duabus volabant: Seraphim stabant super illud. Los serafines estaban por encima de él
[84] Al mismo tiempo que, aplaudiendo al Soberano Señor con el trisagio
[85] Él estaba gritando, él estaba diciendo
[86] Santo, santo, santo.
[87] Con dos alas volaban
[88] Dos serafines estaban por encima de él
[89] Frente a la fachada opuesta se alza un sublime tribunal sobre gradas desde el cual el obispo predica a Dios
[90] Jacques Sirmond (12 de octubre de 1559 - 7 de octubre de 1651) fue un erudito y jesuita francés. Nació en Riom (Auvernia, Francia).
[91] Sentado en la silla del tribunal predicó Sentados en la cátedra del tribunal solían arengar.
[92]En el gran día de solemnidad
[93]Estaban de pie erguido. Glossa Hugo, Jesús, gritaba diciendo.
[94]¿Erguido gritaba diciendo?
[95] Que mi alma se llene de alabanza, para que cante tu gloria. Oh Dios, me has enseñado desde mi juventud, y hasta el día de hoy/ ahora, anunciaré tus maravillas y hasta mi vejez, oh Dios, no me abandones.
[96] Los días de nuestra edad son setenta años
[97] El discurso de este pasaje indica que la vejez es más que la vejez.
[98]Pero si en las dominaciones, ochenta años, y la mayor parte de ellos, fatiga y dolor.
[99]Y, ahora, declararé tus maravillas.
[100]¡Oh Dios, me has enseñado desde mi juventud!
[101] Y hasta mi vejez: ¡Oh Dios, no me abandones!
[102] Murió en la vejez
[103] Las alabanzas de David han fracasado
[104]Completas son las oraciones y demás: Tienen un fin
[105] Hasta la vejez, ancianidad
[106]Después de la vejez, pronunciaré tus maravillas
[107]Como un prodigio, te has convertido en un oyente firme, eres un ayudante firme
[108]Pronunciaré tus maravillas: ¿hasta anunciar tu brazo a cada generación venidera?
[109]Concédeme perdón por la página rústica que sigues, por mí también, autor, si tus cartas están escritas con un estilo muy joven.
[110]Abrazará ese sol si por el amor con el que puedes sentir tus sentimientos ves algo en estas antiguas. Entonces, con seguridad has aprobado el resto. Me regocijaré si sé que has pulido algunas cosas. Recuérdanos, oh Señor Papa, dígnate recordarnos.
[111] Obispo de Nicaragua (León), nombrado en 1701. Obispo de La Paz (Bolivia) a partir de 1708. Arzobispo de La Plata (Charcas, actual Sucre) en 1714. Arzobispo de Lima, desde 1723 hasta su muerte en 1730
[112] Porque el estipendio se entrega al tirano, pero la proclamación de alabanza no se debe sino al buen príncipe.
[113] Siempre que veas un discurso cuidado y pulido, sabe que también el ánimo está no menos ocupado en pequeñeces. El hombre grande habla con más soltura y seguridad: cualquier cosa que dice tiene más confianza que ...
[114]No es un adorno varonil, elegantemente vestido.
[115] Como el aroma de un campo bien regado, el Señor ha bendecido.
[116] Todos guardaron silencio y atentos mantenían las miradas.
[117] Virgilio: Entonces, si acaso un hombre que ha visto a un hombre cargado de piedad y méritos, callan y están con las orejas erguidas: él gobierna con palabras sus mentes y apacigua sus pechos.
[118] Platón, filósofo griego.
[119] Marco Tulio Cicerón, filósofo romano.
[120] San Juan Crisóstomo, (347-407 d.C.) es uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia de Oriente y Doctor de la Iglesia. Llamado originalmente Juan de Antioquía, la posteridad lo nombró "Crisóstomo" (que significa "boca de oro" en griego) en honor a su extraordinaria elocuencia y capacidad oratoria
[121] San Ambrosio de Milán (c. 340-397) fue obispo de la ciudad y es uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia Latina. Elegido inesperadamente por el pueblo cuando aún era catecúmeno, destacó por su firme defensa del cristianismo frente al arrianismo, su elocuencia y su influencia sobre San Agustín, a quien bautizó.
[122]San Pedro Crisólogo (c. 380-450) fue un obispo de Rávena y Padre de la Iglesia. Su apodo significa "palabra de oro" debido a su elocuencia y claridad al predicar. Fue declarado Doctor de la Iglesia en 1729, destacando por su defensa de la fe y sus más de 180 sermones conservados.
[123]El domingo estuve en el espíritu… viendo como un hombre revestido de poder (Apocalipsis 1:10).
[124]Pero su cabeza y su cabello eran blancos, como la lana blanca, como la nieve.
[125] Sus ojos eran como llamas de fuego
[126] Y su voz como voz el estruendo de muchas aguas.
[127] Y oí una gran voz, como de trompeta.
[128] Las aguas como el estruendo de muchas aguas.
[129] Una gran voz, como de una trompeta
[130] Y me volví para ver la voz que hablaba. (Apocalipsis)
[131] Vino la palabra del Señor vino por mano de Hageo.
[132] Será orador digno de este tan grave nombre, en mi opinión, quien cualquier cosa que suceda y que deba explicarse con la palabra, la dirá sabiamente, con orden, elegantemente y con buena memoria, con cierta dignidad en su ejecución.
[133] «Pues a la acción, Cicerón a veces la llama cierto tipo de lenguaje, a veces cierta elocuencia del cuerpo».
[134].Por lo tanto, en la combinación con la cítara, se significa la predicación perfecta del Evangelio, en la que debe confesarse que el ejemplo de santidad debe unirse con la sana doctrina de la voz, pues se canta con la boca, pero la cítara se toca con las manos.
[135] Y cantaban un cántico nuevo, ¿un cántico nuevo?
[136] Sermón Tercero. Dice Cornelio: Este cántico se llama nuevo, es decir, singular, exquisito, excelente, muy deleitable, afectando siempre con nueva alegría y apacigua el alma, y por lo tanto debe repetirse una y otra vez, incluso miles de veces, infinitamente, hasta el aburrimiento.
[137]Sol, no te muevas, el sol se ha quedado quieto.
[138] Si el sol faltara, el mundo entero perecería.
[139]Buen siervo, eres fiel, entra en el gozo de tu Señor (Mt 25).
[140]Mi carne es verdaderamente comida, mi sangre es verdaderamente bebida (Jn 6).
[141] Insistentemente, insistencia con la máxima insistencia
[142]No se debe ofrecer nada al altar, excepto espigas nuevas, aceite para las lámparas y tomillo en el momento de la ofrenda sagrada
[143] La tórtola, siempre gimiendo, prefigura el sufrimiento de Cristo en su pasión y muerte.
[144] La paloma, que no tiene silla, representa la paciencia y la mansedumbre de Cristo en la cruz, en su pasión
[145] El niño Samuel continuó creciendo y agradó tanto al Señor como a los hombres.
[146] El niño Samuel fue magnificado ante el Señor.
[147] Separó la luz de las tinieblas.
[148] Dios hizo grandes lumbreras.
[149] La luz del sol será siete veces mayor, como la luz de siete días
[150] Yo soy el pan vivo bajado del cielo (Jn 6, 51).
[151] Y le hizo una túnica de diversos colores
[152]. Se escribe que José perseveraba como justo entre sus hermanos hasta el final de su vida.
[153] Amaba más a aquel en el que preveía mayores insignias de virtudes.
[154] Dejó mucho, porque para sí nada retuvo
[155] Padre, si es posible, pase de mí este cáliz.
[156] Porque esto es mi cuerpo, tomad, cómelo.
[157] ¿Qué tiene de bueno, o qué es su belleza, sino el grano de los elegidos?
[158] La prueba del amor es la demostración de la obra
[159] El amor es tan fuerte como la muerte” Canticum 8, 6.
[160] Más es el alma donde ama que donde anima.
[161]Es muerte
[162] Suéltame: pues ya despunta la aurora.
[163] Como una lira Lira: como si dijera: Ya es hora de que cante las alabanzas de Dios con los ángeles.
[164] Quienes ofrecen dones al Señor reciben en consecuencia una respuesta, no por medio de un ángel, sino por medio de Dios mismo, para que se demostrara el privilegio de los méritos de José.
[165] He aquí que el Ángel del Señor apareció en sueños a José diciendo: ¿levántate, toma al niño, a su Madre, huye?
[166]. Obedezcan enteramente al Señor.
[167] Obedeced la voz del Señor.
[168] Obedezcan enteramente al Señor.
[169] Este hombre era justo (Lc 23, 47)
[170]Verdaderamente este era el Hijo de Dios (Mt 27, 54)
[171]Y fue contado entre los malvados.
[172] Pero desde la hora sexta fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.
[173]Verdaderamente este era el Hijo de Dios.
[174] Realizó el mayor de los milagros hechos por él mismo.
[175] Misterio de la fe
[176] Los mayores milagros de todos
[177] Nuestro santo está haciendo este gran milagro y juntos le ocultan los mayores milagros de todos.
[178]Entonces todos los que lo oían se asombraban de su sabiduría y de sus respuestas.
[179]¿Cómo sabe este letras no habiendo aprendido cuando no había aprendido?
[180] La doctrina -dijo Cristo- no es mía, sino de quien me envió.
[181] Entra en el gozo de tu Señor.
[182] La tórtola, siempre gimiendo, prefigura con sus suspiros la aflicción de Cristo en su pasión y muerte
[183] Sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo.
[184] Por la cruz, dice Orígenes, la preparación del alma para soportar la cruz se significa ya sea por la aflicción del cuerpo ya por la penitencia, ya por la compasión hacia el por el prójimo.
[185] Cuánto más diré, ¡oh Dios mío!
[186]¡Cuánto más diré, oh Dios mío! Por la punta terrible de la lanza.
[187] Aflicción del cuerpo por compasión hacia el prójimo
[188] Estado de todos los honores.
[189] En la patria
[190] En el camino.
[191] Vio al Señor en la miseria de un esclavo.
[192] Vi a Dios cara a cara.
[193]Cara a cara.
[194] En sueños
[195] Lloró, oró
[196] Cara a cara
[197] Hablé abiertamente al mundo.
[198] Aflicción del cuerpo por la penitencia
[199] ¿Eres Tú el Mesías?
[200] Buscaste las cuevas del desierto en tus tiernos años, rehuyendo las turbas de los hombres/ciudadanos, para que no pudieras manchar tu vida con un leve pecado de lengua
[201] No manches tu vida a la ligera.
[202] ¿Eres tú el Mesías?
[203]La tórtola, siempre gimiendo, suspira, prefigura la aflicción de Cristo.
[204] Más insistentemente
[205] La paloma sin silla representa la paciencia de Cristo, la mansedumbre
[206]Muy insistentemente
[207] La paloma sin silla representa la paciencia de Cristo, la mansedumbre.
[208] Señor, acuérdate de mí cuando con tu reinado.
[209] ¿Hizo algo malo
[210] Nota
[211] En tu reino.
[212] Bienaventurado el hombre que es corregido por Dios.
[215] En Jesús, la fe.
[216] En Nazaret, la esperanza
[217] En el rey, la caridad; en el rey de los judíos, la caridad.
[218] Bernardo: No despertéis ni hagáis velar a la amada
[219] Pues en verdad es un sueño que sin embargo, no adormece el sentido, sino que lo arrebata.
[220] Yo no llamaría absurdamente muerte al éxtasis de la esposa, una muerte que, sin embargo, no nos priva de la vida, sino de los lazos de la vida
[221]? Dime, dice Bernardo, ¿por qué se teme el lujo donde no se siente la vida? ¿Por qué, en efecto, se debería temer el desenfreno allí donde ni siquiera se siente la vida?
[222]El Señor me ha hecho reír.
[223] Y Filón el judío dice: «Él hizo, por lo tanto, y creó, de cuyas palabras sigue esta frase: Isaac creó al Señor» Y Filón el judío dice: “fecit” -hizo- vale tanto como “genuit” -engendró- ; de las cuales palabras se sigue esta frase o pensamiento: El Señor engendró a Isaac.
[224] Con la mayor urgencia.
[225] Para honor y gloria de la Santísima Trinidad, el incremento de la religión católica y el honor de la Iglesia universal, por la autoridad del mismo Dios Todopoderoso, de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y la nuestra, decretamos, con el consejo de nuestros hermanos los cardenales, y definimos que el beato Toribio de Mogrovejo debe ser inscrito en el catálogo de los santos. De hecho lo inscribimos en dicho catálogo y concedemos la facultad para que en la Iglesia universal, en el día de su festividad, se celebre la misa y se recite el oficio de confesor.
[226] En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo
[227] “Toma un ladrillo y escríbelo.
[228] Que te dignes presentarme.
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