martes, septiembre 03, 2013

Manuel Giganto expone 50 imágenes de Santo Toribio Mogrovejo y Morán Coco

Don Manuel Giganto es autor de una obra "gigante" sobre Santo Toribio y que ha tenido la gentileza de enviarnos al Perú. La pueden consultar en sus dos tomos en el Instituto. Felicitaciones por esta muestra. Dios quiera que la podamos contemplar en el Perú: http://jabenito.blogspot.com/2010/11/manuel-giganto-completa-su-obra-sobre.html

La Encomienda acoge 50 imágenes sobre Santo Toribio Mogroviejo

Este misionero en Perú tuvo una familia muy ligada a Benavente
 02-09-2013 22:00
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El alcalde (izquierda) acudió a la inauguración de la exposición dirigida por Manuel Giganto Cadenas (derecha). Foto S. G. C.

El alcalde (izquierda) acudió a la inauguración de la exposición dirigida por Manuel Giganto Cadenas (derecha). Foto S. G. C.

S. G. C.

Manuel Giganto Cadenas, historiador y organizador de la exposición que protagoniza Santo Toribio Mogrovejo y Morán Coco, acudió ayer a su inauguración para realzar la conexión de este beato con la ciudad de Benavente. Sus antecesores trabajaron para los Condes de Benavente y sus padres se enamoraron en esta villa por lo que «toda su vida ha estado ligada a Benavente», explicó Giganto, que destacó la pertenencia de propiedades hasta en 59 pueblos diferentes, entre los que había tierras y edificios en el valle del Tera.

La exposición acoge en torno a medio centenar de cuadros con imágenes y reliquias de Perú, España, Italia y El Vaticano. Santo Toribio estuvo 25 años en Lima como arzobispo del Perú y también de toda Hispanoamérica. En sus libros, Manuel Giganto explica todo lo que recorrió para conocer el país. Hasta 150 archivos han sido consultados para la elaboración de un libro dividido en dos tomos, que también pueden consultarse en la muestra abierta al público desde ayer y hasta el próximo 20 de septiembre de 12.00 horas a 14.00 horas y de 18.00 horas a 20.00 horas en horario de tarde. Cabe recordar que la sala de exposiciones de la Casa de Cultura La Encomienda abre de lunes a viernes.

A ella acudió también ayer el alcalde, Saturnino Mañanes, para saludar al autor de la exposición y darle unas palabras de afecto y cariño por el trabajo realizado.

En la sala contigua, habrá durante toda la semana una proyección sobre la exposición para aquellas personas que quieran ampliar información. Hasta el viernes, día 6 de septiembre, están programados dos pases diarios: uno a las 12.30 horas y otro a las 18.30 horas.

Este trabajo busca esclarecer quién fue Santo Toribio Mogroviejo, cuál fue su misión evangelizadora durante sus 25 años en Perú y así homenajear el IV Centenario de su muerte, que se conmemoró en el año 2006 para demostrar que «en los pueblos pequeños también nacen hombres ilustres y santos».

Según apuntó Manuel Giganto, que ayer estuvo acompañado de amigos y familiares «con estas fotografías de la exposición y proyección audiovisual deseo trasmitir a todos los leoneses, castellanos y visitantes un reconocimiento más profundo del espíritu humano y cristiano de Santo Toribio que realizó en Perú y en América del Sur en 25 años».

lunes, septiembre 02, 2013

SANTO TORIBIO EN HUÁNUCO


Visitó Huánuco y queda el recuerdo de su presencia en varias imágenes, el cáliz, la mitra y la casulla, el colegio de las Madres Franciscanas. 
El gran catedrátrico de quechua Alonso de Huerta así como el milagro Mateo de Rojas (seminarista en quien se obró el milagro para la canonización) eran huanuqueños. 

HUAYNOS EN SU HONOR COMPUESTOS POR EL P. OSWALDO RODRÍGUEZ, vicario general de la diócesis.

Como roca fuerte eres Taita

Como agua fresca tu palabra

Grande y poderoso en tus obras

Generoso pastor hasta morir

Hasta donde yo estoy tú me buscas,

De pueblo en pueblo tu visitas,

Cruzas hasta los ríos más profundos

Por montañas y valles tú pasas.

La santa doctrina tú enseñas

a todos entregas sacramentos,

diriges el alma de tus hijos

sembrando la paz y la justicia

Santo Toribio pastor

Lleva mi alma a Jesús

Para después de morir

Del cielo pueda gozar (4)

 

PASANDO LAS PAMPAS hasta Conchamarca

Tierra generosa has venido Padre

Para recibirte con mucho cariño

Porque me has traído mensaje divino

Qué dicha la mía poder recibirte

Darte lo que tengo darme mi pobreza

Acogerte Taita para que descanses

Pases a mi casa para bendecirla

Estoy preparado para recibirte

Estoy preparado para escucharte

Háblame oh Taita sobre Jesucristo

Dedique mi alma para ir al cielo

Por eso estoy tan feliz, Santo Toribio ha llegado

Mi pueblo de fiesta está y mi alta salta de alegría (4)


domingo, agosto 04, 2013

SANTO TORIBIO, MISIONERO Y PATRONO DE TRUJILLO. Revista EMAÚS, Abril 2013

SANTO TORIBIO, MISIONERO Y PATRONO DE TRUJILLO 

José Antonio Benito Rodríguez [1]

 

Aunque el 23 de marzo de 1606 –fecha de la partida para la eternidad de nuestro santo- Zaña pertenecía a la gigante diócesis de Lima, desde 1609 -fecha de erección de la nueva diócesis- pasará a depender de Trujillo, y, desde 1956, a Chiclayo. No nos sorprende, por tanto, la profunda huella en todo del territorio que en la actualidad pertenece al arzobispado de Trujillo. Recordemos que en la Catedral se conserva un altar levantado por la Cofradía del Santísimo con una pintura mural del Beato Toribio Mogrovejo, en la que reza la siguiente inscripción:

 

"El Beato Don Toribio Alfonso Mogrovejo, natural de Mallorca, Arzobispo de Lima, luz clarísima del Perú, escudo fuerte de la fe, defensor acérrimo de la inmunidad eclesiástica, admirable en el amor de Dios, en la caridad con el prójimo, en la prudencia del gobierno, en la constancia y sufrimiento en las adversidades, maravilloso en los milagros y virtudes. Murió en la ciudad de Saña a 23 de marzo de 1606, de edad de 68 y de Arzobispo 25. Beatifícolo nuestro muy Santo Padre Inocencio XI con rito solemne a 28 del mes de junio del año del Señor de 1679. Dedícale este altar la esclavitud del Santísimo Sacramento en su fiesta anual, a 13 de julio de 1681".

 

Acogiendo el sentir popular de las autoridades civiles y religiosas, así como del pueblo fiel, el ilustrado prelado de Trujillo, Baltasar Jaime Martínez Compañón lo proclamó 19 del mes de diciembre de 1789 patrono de todo el obispado en razón de 

"su admirable santidad y virtudes y porque designado por Dios para gobernar esta diócesis antes de que se desmembrase del Arzobispado de Lima, llenó con tan fervorosa caridad y celo las partes de su apostólico ministerio y oficio, recorriéndolo personalmente dos veces, no hubo en sus valles, sierras, ni montañas lugar alguno por pequeño, distante y áspero que fuere a donde no llegase y que no ilustrase con su presencia, doctrina, sudores y santos ejemplos y por haberla constituido y hecho patria suya, acabando la preciosa carrera de sus días en la ciudad de Zaña en donde falleció y finalmente para que al paso que por medio se rinda al Santo el distinguido culto que por tantos títulos le es debido se arraigara y avivara más en el ánimo de los suplicantes y de su posteridad la devoción hacia él y la confianza de su patrocinio y protección". Para concretar se dedicó el 27 de abril como fiesta de primera clase, celebrando además la octava, con la  "obligación de oír misa y abstenerse de las obras serviles el día primero de dicha fiesta toda suerte de gentes sin distinción...perpetuamente para españoles como para indios y demás castas de ambos sexos del obispado concediendo...indulgencia plenaria a todos ...[2]"

Santo Padre de América

De todos modos, siempre nos alegramos los católicos y la buena gente cuando se nos proclama el "anuntio vobis gaudium magnum: habemus Papam". Y enseguida le encontramos la gracia. Es el siervo de los siervos de Dios, es el pontífice (constructor de puentes), el vicario de Cristo, el obispo de Roma, el nuevo Pedro, el 266, el pastor universal. Pero también hay sorpresas gozosas que le dan un plus al acontecimiento Es el regalo del Esposo (el Espíritu Santo) a la Esposa (la iglesia). Y, claro, su amor es desbordante. Hasta llegar a decir que "recuerda en el aspecto a Juan XXIII, tiene la simpatía del papa Wojtyla, habla con la sencillez de Juan Pablo I y piensa como Ratzinger. Un mix explosivo" (Zenit, 20 de marzo 2013).

Un juicio semejante emitió en 1942 Víctor Andrés Belaúnde para el prelado Mogrovejo:"Providencialmente apareció en la historia del Perú la egregia figura de Toribio de Mogrovejo. Elegido entre los seglares piadosos de elevada cultura, su elevación al episcopado tuvo los caracteres de un llamamiento excepcional, al cual él supo corresponder con la entrega y la oblación absoluta de un apóstol. Para su importante misión tuvo sobre todo Santo Toribio un sentido heroico de la vida, común a la élite española de su tiempo y además del sello de verdadera autoridad, y de la inspiración de una auténtica cultura teológica y jurídica, ese quid divinum que diferencia a los santos de los mortales. Y como feliz culminación de todas estas raras prendas, poseyó la visión amplia y profunda de la enorme misión que el Papado y la Monarquía le confiaban. Pocas veces un hombre estuvo más preparado moralmente y mejor apercibido para llevar a cabo un glorioso destino....Santo Toribio fue el paradigma del pastor ambulante"[3]

Justo nuestro nuevo Papa Francisco dijo de Santo Toribio, patrono del episcopado americano (Juan Pablo II, 10 mayo 1986) que "apostó, mientras fue arzobispo de Lima, a comprender al pueblo yendo a cada rincón del territorio que llegaba hasta la capitanía de Chile. Apostó a comprender el alma de su pueblo desde la autoridad moral de hacerse cargo". El nombramiento de un papa hispanoamericano lo considero como un fruto de la evangelización de Santo Toribio.

En el marco de la primera asamblea de la historia -el Concilio Plenario Latinoamericano, Roma 1899- , con el deseo de preparar el nuevo siglo cristiano cristiano de América, a la hora de redactar las Actas, no dudan en colocar en primer lugar la fórmula de consagración al Corazón de Jesús, proclamando enfáticamente a santo Toribio Alfonso Mogrovejo como el "Astro más luciente del episcopado del Nuevo Mundo...reiterando en la conclusión de la consagración: "Tú más que ninguno, acuérdate de nosotros, oh Toribio bendito, ejemplo y esplendor sin igual de Prelados y Padres de Concilios". Más adelante, el obispo de san Luis Potosí, Mons. Ignacio Montes de Oca, recuerda ante los Padres sinodales las egregias figuras del episcopado americano para concluir en la proclamación de nuestro protagonista como "ejemplar y prototipo entre estos varones apostólicos...de cuya luz y fulgor han recibido cuantos fueron llegando después de él...espejo de Pastores". Y, dentro del cuerpo del Concilio, ya en la sesión última, las "Aclamaciones" le declaran "ejemplar y ornamento esplendente de todos los Prelados y sinodales de la América  Latina".

 

Al igual que los pilares de la iglesia occidental los consideramos "Santos Padres" por sus notas de antigüedad de vida, ortodoxia, santidad y aprobación eclesiástica, podíamos aplicar esta denominación a cuantos en América vivieron una misión paralela. Fue el caso de Fray Juan de Zumárraga, Vasco de Quiroga, Jerónimo de Loayza, Bartolomé de las Casas, Mogrovejo. De todos ellos, sólo Toribio Mogrovejo ha sido canonizado y, por ello, merecido el patronazgo Pero ningún comentario de todos los obispos de América Latina. Les comparto el texto íntegro de su declaración:

 

Los obispos del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) profesan una peculiar veneración hacia Santo Toribio Mogrovejo, Arzobispo de Lima, quien durante la segunda mitad del siglo XVI y los comienzos del siglo XVII, ejerció el cuidado pastoral con ardentísimo celo sobre los fieles a él encomendados, promoviendo la vida religiosa de toda aquella región y atendiendo con especialísima solicitud a los nativos.

Por este motivo, el Venerable Hermano Antonio Quarracino, Presidente de dicho Consejo, acogiendo el unánime deseo de todos los obispos, ratificó la elección de santo Toribio de Mogrovejo como Patrono de todo el Episcopado de América Latina y pidió instantemente que tal elección y aprobación fuese confirmada, según las normas de la Instrucción sobre la revisión de los calendarios particulares y de los oficios y misas propias, n.30

Constando, pues, que se han cumplido ambas condiciones, conforme a derecho y oído el parecer de la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, nos acogemos benignamente a la petición y con vuestra potestad y autoridad apostólica declaramos y confirmamos a santo Toribio de Mogrovejo como PATRONO ANTE DIOS DE TODOS LOS OBISPOS DE AMÉRICA LATINA y confiamos que como este Santo para ellos será Intercesor de celestiales gracias, así también dichos prelados lo adoptarán como modelo del ministerio pastoral.

Sin que obste nada en contrario.

Fechado en Roma, junto a san Pedro, bajo el anillo del Pescador, día diez de mayo del Señor, 1983, quinto de nuestro Pontificado". Joannes Paulus

 

Trascendencia histórica

El 27 de abril del 2006 nuestra olvidadiza Lima, celebró por todo lo alto el IV Centenario de un gigante de la santidad: Santo Toribio Mogrovejo. La Universidad Nacional de San Marcos en la persona de su rector Dr. Manuel Burga conmemoró la incorporación del Santo como doctor honoris causa, el Presidente del Congreso, Marcial Ayaipoma, a nombre del Congreso de la República, condecoró a Santo Toribio de Mogrovejo con la con el grado de Gran Cruz en Grado Póstumo. Mientras que el alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio, entregó la medalla de la ciudad de Lima al Santo Arzobispo. El Enviado Especial del Papa Benedicto XVI, Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, en la clausura del Congreso Académico Internacional Santo Toribio de Mogrovejo manifestó que una de las enseñanzas que debemos rescatar de Santo Toribio de Mogrovejo es su valentía de aceptar la voluntad del Señor con total disponibilidad y de entregarse al ejercicio de su ministerio sin reservas hasta el momento de su santa muerte:"He quedado muy impresionado con la polifacética personalidad de nuestro Santo y puedo asegurarles que, si bien conocía algo de su santa e intensa vida, es ahora cuando he podido conocerlo y quiero junto con ustedes dar gracias al Señor por haber regalado al Perú y a toda América tan Santo y egregio Pastor…Hoy, a cuatro siglos de su paso por este mundo, los esfuerzos del Santo Arzobispo se notan en cada templo y poblado del territorio peruano, donde la devoción a la Eucaristía y a la Virgen son los medios que acrecientan y alimentan su fe y esperanza y, sobre todo, lo que enciende sus corazones de caridad…Debe decirse en la celebración del IV Centenario de la muerte de Santo Toribio que su testimonio de vida, su santidad, sabiduría, celo apostólico, caridad y gobierno pastoral han dejado huellas imborrables en la historia eclesial del Perú y del Continente y que los llamados a ejercer el ministerio episcopal hoy en nuestra América Latina debemos estudiar y conocer mejor su ejemplar vida porque es mucho lo que nos puede enseñar".

Recoge su primer biógrafo, León Pinelo que a la semana de su muerte, es enterrado en la iglesia parroquial de Zaña. Un enorme gentío acude de todas partes para rezar ante sus restos mortales y proveerse de alguna reliquia. La noticia llegó a Lima el martes 4 de abril a la 1 de la tarde tal como consta por los testimonios de los "curas de la catedral": Dr. Juan Sánchez de Prado. El Dr. Juan de la Roca, el Licenciado Alonso Menacho y el Br. Diego Chamorro. .Grimanesa, su hermana, solicita al Cabildo de Lima el traslado de sus restos a la Iglesia Catedralicia. Un año después, el 26 de abril - como los mayorganos recuerdan cada año en la Misa solemne y procesión- se trasladaba su cuerpo a Lima por tierra en un trayecto que duró 80 días. Los casi 590 kilómetros se cubren en cuatro etapas: Saña-Trujillo, Trujillo-Chimbote, Chimbote-Pativilca, Pativilca-Lima. Su cuerpo fue trasladado bajo la dirección de doctor don Mateo González de Paz, maestrescuela de la Catedral, y llegó a Lima el jueves 26 días del mes de abril de 1607 años.

 

Allá por el año 1578, muerto el primer arzobispo de Lima, Jerónimo de Loayza, el Consejo de Indias presentaba al rey Felipe II el perfil del sustituto: "Un Prelado de fácil cabalgar, no esquivo a la aventura misional, no menos misionero que gobernante, más jurista que teólogo, y de pulso firme para el timón de nave difícil, a quien no faltase el espíritu combativo en aquella tierra de águilas".Nacido en Mayorga (Valladolid-España) en 1538 y fallecido en Zaña, Perú, 1606) segundo fue el segundo arzobispo de Lima y nombrado Patrono de los Obispos de América Latina. El elegido - Toribio Alfonso de Mogrovejo- frisaba en ese momento los 39 años de edad y debió interrumpir sus estudios de doctorado en derecho civil y canónico por la Universidad de Salamanca al ser nombrado juez inquisidor de Granada. Sin pasar por ningún seminario, fue ordenado diácono, sacerdote y obispo en pocos meses, llega al Perú, donde desde el 1581 acomete la aventura de ser pastor de una de las diócesis más grandes del mundo, cuyo territorio se extendía del Océano Pacifico a la selva de la Amazonía y a los valles inaccesibles de los Andes, en un mundo en transformación y lleno de contradicciones.

Efectivamente, el mundo del Tahuantinsuyo había sufrido una metamorfosis radical con la presencia española. Si nos fijamos en los factores económicos, políticos y sociales, nos encontramos en la primera fase (1580-1620) del período tipificado como del "apogeo de la plata y de consolidación de la economía interna" La administración del virrey Toledo legó a la organización virreinal las agrupaciones en poblados o "reducciones" y el régimen laboral de la mita. Debido al aumento de las recaudaciones por la extracción de la plata, especialmente de Potosí, se acrecienta el volumen del tráfico peruano con España, a la par que se forma una gran masa de población indígena que, desvinculado del marco legislativo del tributo y de la mita, aporta brazos para el desarrollo agropecuario y textil. En este contexto se incluye la anexión de Portugal a la corona castellana, el desastre de la Armada Invencible frente a Inglaterra y la pérdida del control oceánico por parte de España, con la consiguiente proliferación de piratas y corsarios en el litoral peruano. A pesar de las dificultades exteriores y otras internas -como el recrudecimiento de la guerra araucana (con la muerte del gobernador Martín García de Loyola en 1598) y el esclavismo del sur, los conflictos en el Alto Perú y Tucumán con los chiriguanos, calchaquíes y chaqueños; nos encontramos en un tiempo de auténtico florecimiento cultural, en el que proliferan la creación literaria y artística, la historia y el derecho, la lingüística y la teología -especialmente la misionología y la catequética. No se ha de olvidar que al otro lado del Atlántico, España vivía su mejor hora cultural -el siglo de oro- de la Historia.

Toribio "no perdió su tiempo": se puso manos a la obra construyendo la Iglesia, que él denominaba "la nueva cristiandad de las Indias". Trece sínodos diocesanos, tres concilios provinciales –especialmente el tercero de 1582- con sus instrumentos catequéticos como el Catecismo trilingüe ( en castellano, quechua y aymara) –primer libro publicado en América del Sur-, las Visitas pastorales, en las que llegó a cada pueblo de su dilatada diócesis recorriendo más de cuarenta mil kilómetros, son los pilares de una civilización cristiana donde las distancias entre las culturas y las tradiciones fueron encontrando en la profundización de la fe el camino de la unidad y de la identidad. Como Pablo en la primitiva Iglesia; Benito, Cirilo y Metodio en la Europa medieval; Francisco de Sales, Carlos Borromeo y Francisco Javier en la Reforma Católica, o Juan de Zumárraga y Tata Vasco en América este gran misionero indica que en un mundo multicultural y multiétnico la fe cristiana induce al encuentro y al diálogo, a la pasión para que la verdad de Cristo sea conocida como respuesta a la exigencia de infinito que constituye el corazón de cada hombre. Como otro Cristo, se hizo servidor de todos apostando por un mundo de verdad, libertad y hermandad. Su vida de contemplativo en la acción fructificó en santos como Rosa de Lima, Martín de Porres, instituciones como el Seminario o el Convento de Santa Clara, organizaciones como nuevas cofradías, parroquias, poblados, leyes y costumbres del nuevo Perú.

Todo esto se recoge en la exposición itinerante "Toribio Alfonso Mogrovejo: Identidad y multiculturalidad en América Latina" presentada en Rímini (Italia), en el Meeting por la amistad de los pueblos por el Movimiento "Comunión y Liberación"[4]. La muestra fue elaborada por un grupo de docentes de la Universidad Católica "Sedes Sapientiae" de Los Olivos y se compone de 21 paneles; trata de dar a  conocer la vida del santo antes de su llegada a América, la relación de España con el mundo y con América en aquellos tiempos, así aspectos históricos, artísticos, culturales y geográficos del Perú. Además, se busca enfatizar la tarea de valorización que hizo de las culturas locales, principalmente a través del estudio de las lenguas, su escritura, difusión, y la publicación del catecismo, primer libro impreso en América del Sur y que se hizo simultáneamente en tres idiomas: castellano, quechua y aymara.

 

Como el Papa Benedicto XVI reconoció en su carta para el Congreso Internacional celebrado en Lima: "El profundo espíritu misionero de santo Toribio se pone de manifiesto en algunos detalles significativos, como su esfuerzo por aprender diversas lenguas, con el fin de predicar personalmente a todos los que estaban encomendados a sus cuidados pastorales. Pero era también una muestra del respeto por la dignidad de toda persona humana, cualquiera que fuere su condición, en la que trataba de suscitar siempre la dicha de sentirse verdadero hijo de Dios" (27 de abril 2006) .

 

Vinculación con Trujillo

Dentro de las numerosas conexiones de Trujillo con Santo Toribio, se ha de citar, en primer lugar, la mantenida con los miembros del Cabildo Capitular que fueron obispos de Trujillo: Carlos Marcelo Corne y Andrés García de Zurita. En segundo lugar, se ha de tener en cuenta las visitas del Santo a esta tierra. Así, en febrero de 1589 visitó fugazmente la provincia de Trujillo, para luego presentarse, en octubre de 1590 en Lima, para el concilio provincial. La segunda gira la realiza desde 1593 a 1598: recorre 7.500 kilómetros visitando las regiones de Ancash -cerca de Chavín-, Trujillo, Lambayeque, Cajamarca, Chachapoyas, Moyobamba. De las mil y una penalidades sufridas en sus permanentes visitas, algo se deja traslucir en su carta dirigida al Rey Felipe II, precisamente desde Trujillo, el 10 de marzo de 1594:

"...sin atender a más que al servicio de Nuestro Señor [...] visitando mis ovejas y confirmando y ejerciendo el oficio Pontifical por caminos muy trabajosos y fragosos, con fríos y calores, y ríos y aguas, no perdonando ningún trabajo, habiendo andado más de tres mil leguas y confirmado quinientas mil ánimas, y distribuyendo mi renta a pobres con ánimo de hacer lo mismo si mucha más tuviera, aborreciendo el atesorar hacienda...".

Recoge Vidal Guitarte Izquierdo en su documentada obra Episcopologio español, 1500-1699: españoles obispos en España, América, Filipinas y otros países (Roma 1994) que en el marco de esta visita, el 1 de enero de 1594, el agustino Luis López de Solís, salmantino de nacimiento, catedrático en San Marcos, con varios cargos en su orden, y fama de santo, fue consagrado en Trujillo, el 1 de enero de 1594, por Santo Toribio. El acontecimiento tuvo lugar en la otrora iglesia de San Agustín, hoy templo de San Francisco.  El nuevo obispo de Quito, luego de Charcas en 1605, fundó un Seminario de indios, cuya motivación principal – según explicaba al rey- era «por la esperanza que se tiene del fruto que podrán hacer los naturales más que todos los extraños juntos» (30-4-1601).

La Tercera Visita (1601-1606) la comenzó el 8 de agosto de 1601. Recorrió las Provincias de Canta, Huarochirí, Yauyos, Cañete y nuevamente Ica. Luego retrocede por la misma ruta y  entró en los actuales Departamentos de Junín y Huánuco, volviendo a la costa por Cajatambo y Chancay. Después de descansar por un breve tiempo en Lima, reinició su Visita Pastoral el 12 de enero de 1605. Recorre las provincias de Chancay y Barranca y, siguiendo el curso del río Pativilca, gira hacia la derecha y visita algunos distritos de Cajatambo; de aquí pasa al callejón de Huaylas y, bajando a la costa por Casma, se dirige al norte hacia los valles de Pacasmayo y Chiclayo.

Un cualificado testigo de esta visita será Juan de Cáceres Farfán, ayudante de Sargento Mayor, de Jerez de la Frontera, tal como informa en el proceso de beatificación de 1631:

"Le conoció y comunicó en Trujillo, donde fue teniente ...del Valle de Churibal, Guaman, Saña y Cahor y le habló muchas veces familiarmente y se hospedó en su casa y lo fue acompañando en toda la jurisdicción de Trujillo y por tiempo de más de diez y doce días andando visitando. Y cayendo en una ladera, llegó este testigo a asirle de la mano, y le dijo el dicho arzobispo que el demonio le debía de haber hecho caer, porque no fuese en busca de los dichos indios. Y, sin embargo, de todo bajaron y llegaron hechos pedazos de cansados y este testigo bien arrepentido de haber bajado por parte tan peligrosa por donde no se podía andar a caballo ni con carneros. Y así dejaron las cabalgaduras en lo alto más de tres leguas. Y el dicho arzobispo, con mucha alegría y la boca llena de risa, sin comer bocado en todo el día, llegó adonde estaban los dichos indios con tres o cuatro hijas y hijo, de más de catorce y quince años, que tenían ya nietos sin bautizar. Y estuvo todo el dicho día allí y una noche, sin tener camas ni qué comer".

Pasando Guadalupe de Pacasmayo, comenzó Mogrovejo a sentirse mal. Por esta razón sigue hasta Chérrepe y Reque, de donde se encaminó a Saña, la víspera de su muerte. Le acompaña su fiel escudero Sancho de Ávila, que pronto se ve ayudado de una abigarrada muchedumbre de españoles, mestizos, indios y negros que ven en el Arzobispo un "Taita", un padre, y al que tienden sus manos para bajarle de la mula y colocarle en unas angarillas. Anochece en la antigua villa de Santiago de Miraflores. Toribio presiente la agonía en la humilde casa del párroco Juan de Herrera. El médico le advierte de su enfermedad mortal y procura aplacar sus dolores; Mogrovejo saca fuerzas de flaqueza y con sus ojos llenos de luz, exclama:

- ¡Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor!

Da como recompensa al buen médico lo único que le queda, su mula, y recuerda a sus acompañantes el compromiso de honor con su cuñado y limosnero Francisco de Quiñones de repartir entre los pobres lo que se obtenga de la venta de sus vestiduras litúrgicas. La noche no quiere acabarse, cuando tarda en romper la aurora. El enfermo sabe que es Jueves Santo, 23 de marzo de 1606, y pide ser llevado a la iglesia para recibir la Unción de Enfermos. Su capellán, Juan de Robles, con lágrimas en los ojos, no acierta a concluir. Toribio, más tranquilo, pide al prior agustino que taña el arpa. Fray Jerónimo Ramírez no se hace de rogar y acompaña el suave canto del agonizante:

- A Ti, Señor, me acojo:... En tus manos encomiendo mi espíritu.

Un año después, a fines de abril 1607 - se trasladaba su cuerpo a Lima por tierra en un trayecto que duró 80 días. Los casi 590 kilómetros se cubren en cuatro etapas: Saña-Trujillo, Trujillo-Chimbote, Chimbote-Pativilca, Pativilca-Lima.            En el Libro IV de las Actas del proceso de beatificación, Juan José Tamayo informa de que además de Lima se requiere el testimonio de Chancay, Sancta, Trujillo, Saña, Cajamarca, Chachapoyas, Guaylas, Conchucos: "hay muchos testigos que saben, vieron y han oído la ejemplar vida y virtudes del dicho siervo de Dios y muchas de las maravillas que Nuestro Señor ha sido servido de obrar por su intercesión, así en su vida como después de su fallecimiento".

Francisco Sánchez Nieto, de Trujillo, hijo de Rodrigo Díaz Nieto y de María Fernández, "y su ocupación es de arte de pintor", con 78 años a sus espaldas, recordará vivamente en el proceso de beatificación "con ocasión de haberle confirmado en la doctrina de Ferreñafe que es de este obispado de Trujillo habrá 60 años poco más o menos y por haberle visto después muchas veces en la ciudad de Lima y haberle hablado una vez con ocasión de llevarle este testigo un lienzo de pintura de Nuestra Señora de Belén que le envió con este testigo el Maestro Mateo Pérez de Aliso que entonces se hallaba en la dicha ciudad de Lima y fue en presencia de dos estudiantes criados del dicho siervo de Dios [...] el cual viéndola se puso a decir que si tan hermosa era Nuestra Señora pintada qué tal sería en el Cielo".

Otra vinculación significativa de  Trujillo con Santo Toribio viene dada por los testigos del proceso de beatificación que declaran ser oriundos o moradores de esta tierra trujillana. Son los casos del P. Pedro Ruiz Navarro, comendador del convento de Nuestra Señora de la Merced y visitador; Francisco Pacho de Bustamante, cura y vicario de Nuestra Señora de la Concepción de Mochonis; Julián de la Torre y Escobar, Deán y Comisario de Cruzada de Trujillo; Juan de Alfaro,  María Alfaro,  Francisca Bohórquez,  viuda de Juan de Huertas Gutiérrez; Antonio Jurado Palomino, alcalde de Trujillo y protector general de los indios; Juana de Huerta, viuda de Lorenzo de Alderete; Isabel de Ayala, de Chocope, cacica de los de Nunja, viuda de Antonio Faria, notario apostólico; Diego Pereira, carpintero; Francisco Cabrero, canónigo; Dr. D. Matías de Caravantes, arcediano de Trujillo; Lic. Andrés Jerónimo de Silva, canónigo, gobernador y vicario general; Juana de Riveros, labradora; Rafael de Olivito de Guzmán, abogado de la Real Audiencia de Lima, Regidor Perpetuo de Trujillo; Juan Olivito de Guzmán, alcalde ordinario de Trujillo; Francisco Sánchez Nieto,  pintor; Juan Carrasco Saenz de Saavedra.

Por último, sería de gran interés estudiar el influjo del santo arzobispo en los metropolitanos de Trujillo. Además, del citado Baltasar Martínez Compañón, cabe mencionar a Gregorio de Molleda[5], nacido en Lima, seminarista en Trujillo, postulador de la causa en Roma y a quien cupo en suerte el logro de la canonización de Santo Toribio el 7 de octubre de 1726. En abril de 1724 visitó Roma, donde pidió al Papa Benedicto XIII la canonización del Beato Toribio Alfonso Mogrovejo. Esta súplica la reiteró con la intercesión de 51 cardenales y consultores de la Sagrada Congregación de Ritos. Contaba 32 años cuando logró en Roma la bula de canonización el 10 de diciembre de 1726. Nombrado obispo de Isauria in partibus infidelium, el 26 de septiembre de 1725 continuó como asistente al solio pontificio de Benedicto XIII y de Clemente XII, hasta que Felipe V lo propuso por obispo de Cartagena de Indias en 1736. Ahí construyó una iglesia que dedicó a Santo Toribio. Tomó posesión de la Sede de Trujillo el 4 de diciembre de 1741 por poder y personalmente 29 de enero de 1743. En 1745 entregó el curato de Lamas a los misioneros jesuitas de Mainas. Por su bondad se ganó la estima de sus diocesanos[6]. Rigió el obispado durante cinco años, hasta 1748 en que fue promovido a la diócesis de La Plata o Charcas. Aquí estuvo durante ocho años más, dificultado por la enfermedad que le privaba del recto uso de sus facultades. Murió el 1 de abril de 1756. Dotó ahí una Misa con sermón el día de Santo Toribio, con un capital de 3.000 pesos con 150 réditos[7].

Podríamos citar por último el gran trabajo desempeñado por quien fuese secretario del III Centenario de Santo Toribio y del Arzobispo Manuel Tovar, y luego obispo de Trujillo, Monseñor Carlos García Irigoyen quien escribió seis magníficos tomos sobre el Santo: Santo Toribio  Lima 1904 (4 tomos). Santo Toribio...Las fiestas centenarias. 2t Librería San Pedro Lima 1908, así como numerosos artículos, como el célebre  "Llegó la fecha memorable" El Amigo del Clero, 23.3.1906, 1906.

 

José Antonio Benito

 

 



[1] Historiador de la Universidad Católica Sedes Sapientiae, Lima.

[2] En el Archivo Arzobispal de Trujillo - sección "Comunicaciones" K-2-3- se conserva el "Expediente referente a la Declaración del Glorioso Santo Toribio Alfonso Mogrovejo como patrono principal general de la diócesis de Trujillo: Auto de 19 de diciembre de 1789 del Ilmo. Baltasar Jaime Martínez Compañón, obispo de Trujillo en el que hace la dicha declaración (23 ff) K-2-1 Expediente iniciado por el Ayuntamiento de Trujillo, el Cabildo, Cleros Secular y Regular, Alcaldes y Regidores de los pueblos del Obispado, pidiendo se erija como Patrono Principal de la Diócesis de Trujillo con sus provincias y lugares a STM (44 ff)

 

[3] .A. Belaunde Peruanidad "La evangelización y la formación de la conciencia . La obra de Santo Toribio pp.175-262 En Fondo del libro del Banco Industrial del Perú, Lima 1983.

[4] Fruto de la misma son las 21 gigantografías, el catálogo y el video "Pasos de Toribio" que se ofrecen tanto en CEPAC (Centro del Patrimonio Cultural) de la UCSS http://cepacucss.blogspot.com/, como en el Instituto de Estudios Toribianos. http://ietoribianos.blogspot.com/

[5]Un buen retrato suyo se conserva en las Carmelitas de Trujillo.

[6] Se conserva en el Archivo Arzobispal de Trujillo el Libro de la Visita que emprendió el Ilmo. Sr.Dr. Gregorio de Molleda y Clerque, provincia de Huamachuco, Exp. Nº XX-1-9, ff.228  (Visitas Pastorales, de 5 de julio de 1747 a 18 de noviembre de 1747.

[7] Monografía de la Diócesis de Trujillo por el Centro de Estudios de Historia Eclesiástica del Perú Tomo I, Trujillo, Imprenta Diocesana, 1930.

 

martes, julio 23, 2013

Santo Toribio de Mogrovejo y la identidad católica del Perú

http://www.tradicionyaccion.org.pe/tya/spip.php?article130


EL PADRE DE LA NACIONALIDAD PERUANA

Santo Toribio de Mogrovejo y la identidad católica del Perú

Martes 17 de abril de 2012

Al segundo Arzobispo de Lima, cuya festividad se celebra en el Perú el 27 de abril, la nación peruana y la América Española le deben el más precioso y esencial de sus dones, que es su identidad católica.

La extraordinaria obra evangelizadora de este gran santo es prácticamente desconocida, incluso en el propio Perú cuya indeleble esencia católica tanto contribuyó a forjar, por lo cual conviene dar aquí una breve semblanza de ella.

Noble de estirpe y de alma

Nacido en 1538, noble de estirpe (emparentado a la casa de los Condes de Benavente) como de espíritu, el joven Toribio realizó con provecho estudios de filosofía y derecho en Valladolid y Salamanca. Aunque era un simple laico hizo fama de gran virtud y sentido de justicia, lo que movió al rey Felipe II a aprobar su nombramiento, en vísperas de doctorarse, para el tribunal de la Inquisición de Granada en 1574, y a proponerlo cuatro años después a la Santa Sede para el cargo de Arzobispo de Lima. Contaba entonces 39 años.

Al asumir en 1580 su vastísima diócesis —que con sus obispados dependientes comprendía desde Nicaragua hasta Chile— su noble largueza de vistas y su fervor apostólico se manifestaron en la convocación de los memorables Concilios Limenses, los cuales, aplicando las directrices del Concilio de Trento (1545-1563), imprimieron a la evangelización de todo el continente sudamericano el espíritu regenerador de la Contrarreforma, que aquel gran Concilio había traducido en pautas de acción. Santo Toribio es, pues, un santo de la Contrarreforma, un santo contrarrevolucionario.

¡Un millón de bautizados y confirmados!

Su celo por la conversión de los naturales fue inagotable, y lo impulsó a ordenar y supervisar la elaboración de un Catecismo Trilingüe (español, quechua y aymara) con múltiples ediciones, así como a recorrer varias veces, a pie o a lomo de mula, el territorio de su inmensa y abrupta diócesis que cubría prácticamente todo el Perú. Según refiere su fiel servidor y compañero de fatigas apostólicas Sancho Dávila, en tales viajes Santo Toribio"donde veía un indio, aunque fuera en un huaico que estuviese una y dos leguas cuesta abajo, bajaba a verlo y a saber si estaba bautizado y confirmado". El propio santo refirió en carta al Papa Clemente VIII que en los primeros veinte años de su ministerio había bautizado y confirmado de su mano, nada menos que ¡600 mil aborígenes! Y el dominico P. Gabriel de Zárate afirmó en los procesos canónicos que el número de sus confirmados excedía de un millón. En ciertos días le tocaba confirmar tres o cuatro mil catecúmenos, permaneciendo en la iglesia desde muy temprano hasta entrada la tarde sin probar bocado. Para predicarles no dudó en penetrar en lugares tan remotos como Huamachuco en los remotos Andes del Norte, Chachapoyas en el piedemonte ecuatorial, las selvas de Huancabamba o las orillas del río Marañón.

Defensor de los derechos de la Iglesia

Si de un lado tuvo una tierna y filial devoción a la Santísima Virgen, plasmada en las admirables letanías que hizo difundir, de otro lado fue firme y enérgico defensor de los derechos de la Iglesia frente al poder temporal, cuyas intrigas e interferencias abusivas tuvo que enfrentar en varias ocasiones; por ejemplo, a propósito del Seminario que había fundado y establecido en Lima, en una casa por él mismo adquirida. Apenas inaugurado, el Virrey Hurtado de Mendoza, alegando que no correspondía colocar el escudo de armas arzobispal de piedra que el local ostentaba, lo hizo destruir. Santo Toribio entonces clausuró la casa y presentó queja formal a la Audiencia. Tras varias vicisitudes, que incluyeron nuevas amenazas del susceptible Virrey y exigieron al Santo Arzobispo un constante equilibrio entre fuerza, prudencia y mansedumbre, una decisión del Rey le dio finalmente plena razón.

Inagotable caridad con los pobres

Su caridad extrema fue proverbial. "Socorría las necesidades de los pobres, en especial de los indios..., gastando en esto todas sus rentas", refiere Sancho Dávila. Y todos los jueves del año "daba a los indios de comer, sentándolos a la mesa con toda la humildad del mundo y luego después de comer les lavaba los pies y se los besaba y los vestía después". Daba asimismo "muchas limosnas que hacía con secreto a gente principal, necesitada" —los llamados pobres vergonzantes—, así como para dotar a hospitales y conventos. Incluso cuando el P. Pedro de Escobar, fundador de un hospital para clérigos le solicitó ayuda, "no hallándose con dinero, le dio una mula, la mejor que había en todo este Reino, y se quedó a pie".

Milagrosa reanimación

Como el buen pastor que va en busca de sus ovejas perdidas, se aventuró incluso en tierras de indios infieles como los motilones de Moyobamba. Le tocó hacerlo "a pie, por caminos que parece suben a las nubes y bajan al profundo, de muchas losas, ciénagas y montañas" —como él mismo refiere en una carta a Felipe II. Estando precisamente en un caserío amazónico a 30 leguas de Moyobamba, su fatiga y constantes ayunos le ocasionaron un colapso, y cayó exánime en tierra. Dado por muerto fue llevado por los indios en angarillas hasta otro poblado donde estaba su sirviente, a quien "dijeron en su lengua 'manquan', que quiere decir en la castellana ya murió" porque el cuerpo estaba frío. El fiel servidor, inspirado por la gracia, atinó a acercarle calor y hacerle unas fricciones en el corazón, hasta que de repente los signos vitales reaparecieron y "vino a tomar color y hablar... con tanta alegría como si no hubiera pasado nada", lo que fue considerado por todos como milagroso y contribuyó a que aquellos indios fuesen atraídos a la luz de la Fe.

Santa muerte, umbral de gloria

Talis vita, finis ita —"Así fue la vida, así es el fin" dice el proverbio latino. Se muere como se vivió. Y Dios dispuso dar a este fidelísimo siervo el premio eterno, precisamente cuando estaba entre sus amados indios en los pueblos del actual Lambayeque. Comenzó a sentirse enfermo, y llegado en marzo de 1606 a Zaña se agravó considerablemente. Sabiendo que le llegaba el fin, sereno y alegre pidió que lo llevasen a la iglesia próxima donde recibió el Santo Viático. De regreso le fue administrada la Extremaunción, que recibió repitiendo las oraciones de la Iglesia para la circunstancia e indicando él mismo al sacerdote los textos que debía leer. Pidió después al prior de los Agustinos, buen tañedor de arpa, que tocase su instrumento para acompañar el rezo del Credo y del Salmo In te Domine Speravi ("En ti Señor esperé"). Y a un monje que no podía contener las lágrimas le dijo: No me lloréis buen hermano, no lloréis por mi partida, tañed el arpa y cantad que siento que Dios se acerca, que siento que Dios me mira... que me llama y es mi dicha.

Momentos después, precisamente mientras recitaba el versículo "En tus manos encomiendo mi espíritu", se apagó suavemente. Era un Jueves Santo, 23 de marzo, poco después de las tres de la tarde.

* * *

Santo Toribio puede ser considerado a justo título un padre de la nacionalidad peruana. Más que a cualquier otro es a él que la patria debe su unidad religiosa, fundamento de nuestra identidad nacional. El intrépido apostolado emprendido por él y por toda la pléyade de religiosos a los que su ejemplo inspiró, desterró el brutal paganismo que campeaba entre los aborígenes de toda Sudamérica española, y consumó una hazaña misionera inigualada, cuyo resultado el Papa Juan Pablo II resumió en estos términos:"Mientras que la mayoría de los pueblos vino a conocer a Cristo y el Evangelio después de siglos de su historia, las naciones del continente iberoamericano... nacieron cristianas" [1].

En momentos en que la Nación peruana es barrida por una furiosa tempestad neopagana —la revolución cultural post comunista, dirigida a esparcir el caos moral y hacernos perder nuestra identidad católica— Santo Toribio emerge como el más digno intercesor ante Dios para coartar ese proceso funesto y emprender bajo su patrocinio la vigorosa reconquista espiritual católica de nuestra Nación.


[1]  Homilía en la Misa en Salvador, Bahía (Brasil), Pronunciamientos del Papa en Brasil, Editora Loyola, S. Paulo, 1982, p. 192.

Un santo de la Contrarreforma visto por un líder de la Contra-Revolución. Santo Toribio según Plinio Corrêa de Oliveira

http://www.tradicionyaccion.org.pe/tya/spip.php?article237

EN LA FIESTA DE SANTO TORIBIO

Un santo de la Contrarreforma visto por un líder de la Contra-Revolución

Sábado 27 de abril de 2013

Plinio Corrêa de Oliveira fue entusiasta admirador de la gigantesca obra evangelizadora de Santo Toribio de Mogrovejo, cuya fiesta conmemoramos en Perú el 27 de abril. En una reunión para los miembros más jóvenes de Tradición, Familia, Propiedad en San Pablo, ensalzó la figura del segundo Arzobispo de Lima, descrita en la biografía que sigue:


SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO

Plinio Corrêa de Oliveira (*)

"Santo Toribio nació en 1538, en Mayorga, España, de una noble familia. Desde la infancia reveló gusto por la virtud y un extremo horror al pecado, al lado de una gran devoción a la Santísima Virgen. Cada día recitaba su Oficio y el Rosario, y los sábados ayunaba en su honor.

"Con inclinación para los estudios, los hizo en Valladolid y Salamanca. Felipe II pudo conocerlo, y notándole las cualidades, lo nombró primer Magistrado de Granada y Presidente del Tribunal de la Inquisición de esa ciudad, cargo que ejerció de forma excepcional durante cinco años. Habiendo vacado la sede episcopal de Lima, en el Perú, el soberano lo llamó para el cargo a pesar de sus vehementes protestas. Fue ordenado sacerdote y obispo y asumió su puesto a los 43 años de edad.

"Su diócesis era inmensa y las costumbres de los españoles y otros conquistadores, incluso del clero, dejaban mucho que desear.

"Los salvajes, a su vez, estaban abandonados o eran perseguidos. Santo Toribio no se dejó desanimar. Resolvió aplicar las decisiones del Concilio de Trento para reformar la región.

"Dotado de excepcional prudencia y celo activo y vigoroso, comenzó por la reforma del clero, tornándose inflexible con cualquier escándalo que de allí viniese. Se tornó el azote de los pecadores públicos y el protector de los oprimidos. Fue duramente perseguido por ello.

"Como algunos cristianos diesen a la ley de Dios una interpretación que favorecía las inclinaciones desarregladas de la naturaleza, les mostró que Cristo era la Verdad y no una costumbre, y que en su Tribunal todos nuestros actos serían pesados, no por la falsa balanza del mundo, mas por la balanza del Santuario".

"Consiguió nuestro santo lo que quería, y se volvió a la práctica de las máximas evangélicas con enorme fervor, principalmente con la llegada del virtuoso Virrey Don Francisco de Toledo.

"Infatigable por la salvación de la menor de las almas de su rebaño, no ahorraba ningún trabajo. Protegió a los indios, llegando a aprender, en edad avanzada, varios de sus dialectos para poder enseñarles el catecismo. Toda esa actividad era iluminada por intensa piedad: Misa, larga meditación diaria, largas horas de oración y severas penitencias. Su oración era continua, pues la gloria de Dios era el fin de todas sus palabras y acciones.

"Santo Toribio cayó enfermo en Zaña, ciudad distante de Lima. Previó su muerte, y distribuyó sus bienes a sus criados y a los pobres. Repitiendo sin cesar las palabras de San Pablo, "Deseo ser libertado de los lazos de mi cuerpo para unirme a Cristo", murió diciendo con el Profeta: "Señor, en tus manos entrego mi espíritu". Era el 23 de marzo de 1.606 cuando expiró el gran apóstol del Perú".

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"Milagro de Santo Toribio", del pintor italiano Sebastiano Conca.

* * *

Así comentó este texto a sus jóvenes oyentes el líder católico brasileño:

"Es una tan bonita biografía que casi no provoca comentarla.

En todo caso, vamos a considerar algunos aspectos. El primero de ellos, naturalmente, es la excepcional devoción de Santo Toribio a la Santísima Virgen. Todos nosotros sabemos bien que sin devoción a Ella no hay santidad y que la santidad está, de algún modo, en la medida de la devoción a Nuestra Señora.

Pero después, pasemos un poco para la consideración de cosas del tiempo.

Este hombre tan piadoso es "notado" por el rey Felipe II; y tan pronto el rey lo nota, lo convoca para el poder judicial.

Imaginen ustedes que alguien les contase una cosa así: "El presidente X, de tal país, estuvo en tal lugar, y oyó hablar de un hombre muy religioso, que ayunaba, que todos los sábados hacía tal penitencia así, rezaba el Oficio Parvo [de la Santísima Virgen]. Cuando el presidente oyó hablar de él, exclamó: «¡Oh, aquí está el magistrado que busco!»". ¿Ustedes lo creerían?

Si eso fuese publicado nadie lo creería, porque todo el mundo sabe que ningún jefe de Estado contemporáneo selecciona los hombres verdaderamente piadosos, verdaderamente religiosos.

Ahora, ¡maravilla de las maravillas! Él [Felipe II] encontró un hombre piadoso, pero que no era para nada blando, sentimental, de cuello torcido... El rey Felipe II, que era bien lo contrario de ese sentimentalismo —cualidad que no le puede ser negada en ningún caso—, viendo ese hombre tan bueno, lo llamó para el ramo especial de la judicatura, que era la Inquisición "contra la perfidia de los herejes" que se hacían pasar por católicos. Y he aquí entonces a nuestro hombre transformado en perseguidor de los herejes. Y este hombre sale de las sombras, del santuario, de las dulzuras de su piedad, para ser el azote de los herejes, y ejerce tan bien su cargo que es nombrado después obispo del Perú.

Ustedes están viendo cómo esto significa, al fin de cuentas, toda una atmósfera, toda una época en que la virtud era procurada, era galardonada, era considerada como un instrumento para la buena marcha del gobierno de un reino. Y ustedes ven el acierto de Felipe II mandando para el Perú a un hombre de estos.

Es decir, comprendiendo muy bien toda la corrupción a que estaba sujeta una nación del imperio español, con la permanencia de la élite en España, o en Portugal, y la venida de la "borra" para América del Sur. Entonces, su preocupación fue tomar un hombre eminente de esos para implantar el reino de Cristo en el Perú; para consolidar los fundamentos del reino de Cristo en el Perú. Ustedes, entonces, pueden percibir mejor cómo había verdadero celo de parte de Felipe II en la propagación de la fe.

Hay por ahí unos agitadores que dicen que España y Portugal, cuando hicieron el descubrimiento, sólo se interesaban por dinero. ¿Qué ganaba en términos monetarios Felipe II en implantar, en mandar a un hombre de ese valor para el Perú, para hacer reformas de carácter espiritual? ¡Nada!

Ese hombre comienza a actuar, ese hombre se transforma allí en el azote del mal, porque él es un santo auténtico, que sabe azotar. Él se transforma en el azote de los malos sacerdotes, reforma el clero, etc., pero su acción es prestigiada por otro hombre de altas virtudes, que Felipe II manda para el cargo de Virrey del Perú y que es Don Francisco de Toledo.

Ustedes están viendo un rey al que Santa Teresa llamaba "nuestro gran Rey", "nuestro santo Rey Felipe". Están viendo un santo obispo Inquisidor, un santo Virrey. ¿Quién es que oye hablar de cosas de esas en los días de hoy?

¡Cómo hemos bajado! ¡Cómo caímos! ¡Cómo hemos llegado a un estado de cosas tan tremendo, que nuestra tentación es hasta de considerarlo natural! A veces se habla [en el Brasil] de ciertos campesinos degradados que viven en el litoral marítimo, que son tan decadentes que hasta encuentran natural la vida que llevan. Nosotros, los hombres del siglo XX, espiritualmente somos así. Estamos en una tal decadencia, que nos parece natural que haya ciertos entes de pesadilla por ahí, gobernado, mandando, hablando, dirigiendo, etc. No comprendemos el fondo del abismo en que estamos, porque lo normal es eso: normal es que un obispo sea un Santo Toribio de Mogrovejo, y no que sea (...) ¡Eso es lo normal! Normal es que el poder político esté entregado a un rey o a un virrey virtuoso; no a ciertos hombres que nosotros vemos por ahí.

Pero nosotros hasta ya perdimos la noción de normalidad: los padrones de normalidad se arruinaron.

Entonces, ¿qué debemos pedirle en su fiesta a Santo Toribio de Mogrovejo?

Debemos pedirle que nos obtenga la gracia de luchar activamente para que cese este estado de impiedad en que la normalidad parece un cuento de hadas; parece un cuento chino, y es ese horror que se ve por ahí lo que parece "normalidad".

Es la derrota del "orden" revolucionario de cosas y el triunfo de la Contra-Revolución, lo que debemos pedir a ese Santo inquisidor, que habría luchado por la Contra-Revolución, y que tanto luchó como inquisidor por la Contra-Revolución. De lo alto de los cielos, ciertamente, él oirá con benignidad y con alegría nuestra súplica."

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