EL ENTRAÑABLE ENCUENTRO DE LOS COLEGIALES SALMANTINOS ARCE Y MOGROVEJO EN EL PERÚ
José Antonio Benito
El Bachiller Toribio Alfonso pasa de Valladolid a Salamanca en 1562. Allí se encuentra su tío Juan Mogrovejo, canónigo y célebre catedrático de la Universidad de Salamanca y Coimbra, a quien ayudará en ocasiones a transcribir sus lecciones. En 1562-3 lo hallamos matriculado como estudiante sin grado; en 1563, como bachiller canonista. Vive su Universidad su momento de oro en la renovada Escolástica y en la formación de la denominada por L. Pereña "la Escuela de Salamanca". Su máximo esfuerzo será el proyectar la teología en el hombre, como persona individual y en su cuerpo social. Tal como señala el historiador y teólogo Melquiades Andrés, "Salamanca humaniza la teología aplicándola al derecho, a la economía, a la vida, desde la consideración del hombre como imagen de Dios. Aquí basamenta la dignidad e igualdad de todos los hombres y la universalidad de la ley natural". Tan sólo habían transcurrido 16 años de la muerte del gigante P. Vitoria. Allí enseñaban sus discípulos egregios Soto y Cano. Maestro suyo sería Martín Azpilcueta, el doctor Navarro, primo de san Francisco Javier. Probablemente fue alumno del célebre Fray Luis de León, pues justo los años en que se matricula para el doctorado en el Colegio San Salvador de Oviedo (1571-1575) explicaba el tratado De Legibus.
En febrero de 1571, licenciado en cánones, ingresa como alumno becario del Colegio Mayor San Salvador de Oviedo, en Salamanca. En este colegio, en régimen de internado, se beneficia de la selecta formación impartida: buen trato social, distinción de costumbres, ambiente de piedad (misa diaria, comunión frecuente...). Este Colegio fue fundado por Diego de Muros en 1521 con el objetivo de formar a los jóvenes procedentes de Galicia, su tierra natal, y de Asturias por dar nombre al colegio. Sirvió de modelo al colegio-seminario de santo Toribio fundado en Lima por el Arzobispo, así como al Colegio Real o Colegio Mayor de san Felipe, dependiente de la Universidad de san Marcos.
Los colegiales de San Salvador de Oviedo debían ser graduados en Teología, Cánones o haber seguido cuatro cursos en alguna de dichas facultades. Se exigía, como en el resto de los colegios, la limpieza de sangre, excluyéndose a todo aquel que tuviera algún antepasado judío; debía contar con 21 años; el hábito propio de los colegiales era la loba de buriel (especie de sotana de color rojo, entre negro y leonado), el bonete (gorro de cuatro picos) y la beca (faja en bandolera por el pecho y espalda) de color morado.
Según los estudios de A. M. Carabias Colegios Mayores: Centros de poder. Los colegios mayores de Salamanca durante el siglo XVI (Universidad de Salamanca. Salamanca, 1986) el Colegio de Oviedo tenía 18 becas, 9 para cánones y otras 9 para teología. Condiciones exigidas: que fuesen de Castilla y León; uno de los demás reinos; dos gallegos y dos asturianos. El objetivo fundamental del colegio era educar integralmente mediante tres pilares: el trabajo intelectual ininterrumpido, la emulación para la superación académica y la disciplina. Entre los objetivos específicos estaba el conseguir grados y cátedras. Las becas le daban derecho a una habitación o cuarto, un hábito, el alimento diario, la ayuda para la carrera universitaria, seguro de enfermedad. El horario era bien rígido. Comenzaba con el toque de campana a las cinco de la mañana en verano y a las seis en invierno. Iban a misa, escuchaban lecciones en la universidad y regresaban a las 10 u 11 para la comida. Este acto se concebía como apoyo didáctico de la formación estudiantil, ya que iba acompañado de lectura diaria religiosa. En la sobremesa, los nuevos defendían un acto de conclusión, tras el que se concedía un rato de asueto y expansión en comunidad. Por la tarde, seguían las lecciones, regresando para la cena a las 5 en invierno y 6 en verano. A continuación, los colegiales podían elegir entre retirarse a sus habitaciones para estudiar o salir a la calle; en este caso, debían ir acompañados por otro y regresar antes de completas. Tal régimen se alteraba con las fiestas en las que la jornada comenzaba más tarde, con misa solemne, comida especial y más abundante, teatro o paseo y hasta podía darse una excursión campestre. Tenían prohibido tratar e incluso hablar con mujeres, pernoctar fuera, blasfemar y jugar, llevar armas, desobedecer, bailar...
Conocemos los colegiales que convivieron con el santo; entre ellos, figuran hombres selectos del mundo cultural español del Siglo de Oro. De acuerdo con el Índice de las recepciones de los colegiales del Colegio Mayor de San Salvador de Oviedo de la Universidad de Salamanca, en el arco cronológico marcado por su estancia -febrero de 1571 a 1575- figuran: Diego de Monreal, obispo de Jaca y Huesca; Francisco de Contreras y Ribera, oidor de Navarra y Granada, Presidente del Consejo de Castilla y de la Mesta, su amigo íntimo. uno de los principales gestores ante la Corte para informar favorablemente de Toribio.[1]
Estudia Derecho Canónico ("in utroque"=en uno y otro derecho) y Teología. Tras las bromas típicas de este difícil mundillo universitario, Toribio se ganará el respeto de sus compañeros llevando una vida limpia y espiritual. Los testimonios de estos tres años lo describen como "hombre de muy buena condición, buen entendimiento y muy estudioso".
Huella indeleble marcarán en el santo los años vividos aquí; lo demuestra el hecho de que, ya como Arzobispo, fundó una misa a perpetuidad desde Lima "en tiempo que puedan hallarse todos los colegiales presentes...Hame movido a hacer esto la afición grande que tengo a esa santa casa, como es justo que así se haga y todos tengamos el reconocimiento que es razón como hijos de ella. A vuestras mercedes suplico se me encomiende a Dios en esta santa casa, para que me tenga de su mano y acierte en todo a servirle con ardentísimo amor. Yo hago lo mismo, aunque indigno, muy de ordinario, por esta santa casa, colegiales y hermanos de ella".
Muy elocuente es su carta al Rey con motivo de su tercera visita en abril de 1603: Dios me dé fuerzas para trabajar en esta su viña, las cuales tengo de presente como cuando salí del Colegio Mayor de Oviedo en Salamanca, sin tener achaques ni enfermedades algunas que lo impidan. A Nuestro Señor las gracias por todo
Salamanca correspondió de forma sobresaliente a esta "afición". Para festejar su canonización organizó un octavario solemne acompañado de cohetes artificiales en 1727 y hasta dos corridas de toros en la Plaza Mayor. El cronista Guerrero dirá: "Con ser Salamanca la que dispone las más magníficas fiestas de España, preparó el Colegio de Oviedo una nunca vista...Parecía la plaza una encendida Roma".
El Licenciado Gregorio de Arce de Sevilla, natural de Suances de Nava (Palencia), con 54 años de edad en 1631, momento de declarar en el proceso de beatificación[2], relator de la Real Audiencia de los Reyes, Gobernador, corregidor y justicia mayor de Huancavelica. Declara que le trató en Salamanca, en el Colegio Mayor de Oviedo, "donde tuvo gran noticia de su virtud, letras y santidad, y habiendo venido este testigo a esta tierra [Perú] salió a recibir al dicho Señor Arzobispo cuatro leguas de esta ciudad que venía de visitar y después de haberle saludado le dio el dicho recaudo y embajada y salió el dicho Señor Arzobispo con este testigo al campo".
La conversación revela los sentimientos más íntimos del Licenciado Mogrovejo, herido en lo más profundo de su orgullo, precisamente en lo que más le dolía, ya que si de algo se ufanaba era de "servir a Dios y al Rey".
"Y le dijo que en su nombre satisficiese a los dichos consejeros, lo primero que él era fiel cristiano y obediente en primer lugar a los mandatos apostólicos y que, aunque fuese martirizado, que ojalá se viese en ello había de hacer lo que le ordenase el Pontífice y que el Rey era mal informado por que lo que pedía hacía repugnancia al Estado Eclesiástico.
En lo segundo que él andaba en las visitas era lo que Dios mandaba y lo que estaba a su cargo para enseñar y atraer a la fe cristiana a los bárbaros e idólatras bautizándolos y confirmándolos y reduciéndolos a que se confesasen y que aunque se ponía en tan graves peligros de mudanzas de temples, de odio de enemigos, de caminos que son los más peligrosos de todo el mundo por ser tierra doblada y de muy grandes ríos y se sujetó a despeñaderos como muchas veces estuvo en peligro de muerte y esto hacía por Dios y por cumplir con su obligación y para dar ejemplo que se debe dar a los prelados que tienen a su cargo almas y que allá no sabían la distancia que había en este arzobispado por tener más de 200 leguas y muchos millones de indios que entonces había y parece que Dios ha sido servido que después que les faltó este pastor y pasto espiritual han ido en tanta disminución que ya no hay la cuarta parte; entró en los indios de guerra e infieles con peligro notable de la vida por ser belicosos los indios y por los temples rigurosísimos e iba con tanto ánimo que otrosí daba a entender le ayudaba el Espíritu Santo a pasar peligros y caminos donde nunca jamás había pasado nadie". Declara que, al ver lo poco que comía, se atrevió a decirle que "mirase lo que hacía porque era disminuir su salud y sustento", a lo que el Arzobispo respondió: "que ya tenía la naturaleza habituada a ello".
Imagen del colegial Toribio Alfonso Mogrovejo. Escultor, J.Salvador Carmona, Museo de Salamanca.
[1] Ana María Carabias Torres "Catálogo de colegiales del Colegio Mayor de Oviedo (siglo XVI)" Studia historica. Historia moderna, Nº 3, 1985, págs. 63-106
[2] Archivo Arzobispal de Lima: Serie Actas del Proceso de Beatificación de Santo Toribio APCBT, I, ff.615-620v
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