Santo Toribio Mogrovejo ha sido modelo y referente de todos los obispos de América. No en vano San Juan Pablo II lo nombró patrono de todos ellos en 1985. En este artículo les comparto la HOMILÍA EN LA CELEBRACIÓN DE LOS SESENTA AÑOS DE VIDA RELIGIOSA DE MONS. LUIS BAMBARÉN GASTELUMENDI EN LA COMPAÑÍA DE JESÚS – 20. ABRIL 1944-2004, por parte del P. Alfredo del Risco, en CHIMBOTE 27 DE ABRIL DEL 2004
Queda claro que son “vidas paralelas” en tres aspectos de sus vidas: La valiente defensa de los indígenas. Su estilo itinerante, siempre en camino. Bondad de pastor
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Mons. Luis Bambarén, distinguidas autoridades, hermanas y hermanos todos:
Hoy celebramos en la Iglesia la fiesta de un gran hombre, EL MAS GRANDE OBISPO MISIONERO DEL NUEVO MUNDO, SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO.
Dentro de las grandes figuras de la primera evangelización del continente americano, Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo destaca como organizador de la Iglesia en el Nuevo Mundo, defensor y protector de los indígenas, viajero austero e infatigable por los pueblos de la sierra y de la costa peruana, formador del clero nativo... Un modelo vivo y actual de pastor.
Cuando leemos su biografía y sus tareas pastorales, sobre todo en sus últimos años, vemos que vibraba en él un temple apostólico el que animó a Pablo de Tarso, a Francisco Javier.
TRES GRANDE RASGOS DE SU VIDA APOSTÓLICA:
Convocó el III Concilio Límense. No sólo lo hacía para adaptar la realidad americana a las prescripciones del Concilio de Trento, sino para otros temas.
La obra que dejó la magna asamblea, asesorada por grandes teólogos, como el P. José de Acosta fue ejemplar y fecunda. Dos grandes temas llenaron los debates conciliares: la promoción religiosa y social de los nativos y la reforma del clero secular. Como muestra leemos en el cap.3º de la sesión III el vigor de parte de la Iglesia en la defensa de los indígenas:
“Doliéndose grandemente este santo sínodo de que no solamente en tiempos pasados se les hayan hecho a estos pobres tantos agravios y fuerzas con tanto exceso, sino que también el día de hoy procuran hacer lo mismo, ruega por Jesucristo y amonesta a todas las justicias y gobernadores que se muestren piadosos con los indios, y enfrenten la insolencia de sus ministros cuando es menester, y que traten a estos indios, no como esclavos, sino como hombres libres y vasallos de la majestad real, a cuyo cargo los ha puesto Dios y su Iglesia. Y a los curas y otros ministros eclesiásticos mandan muy de veras de que se acuerden de que son pastores y no carniceros, y como a hijos los han de sustentar y abrigar en el seno de la caridad cristiana”
2.- VIVIÓ “EN CAMINO “Acabado el Concilio Límense, Santo Toribio comenzó sus visitas pastorales, que le llevaron 17 de sus 25 años de prelado. No delegó ese oficio a vicarios o procuradores, sino que él mismo recorrió palmo a palmo, en extenuantes jornadas las tierras peruanas que van desde Chachapoyas y Moyobamba (en el centro-norte) hasta Nazca (hacia el sur). Las penalidades y riesgos que afrontó Santo Toribio, fue la faceta vital que más impresionó en su tiempo. Pero como pasa siempre, no todos lo comprendieron bien. El Virrey se quejó a Madrid de que el prelado no paraba en su sede, pero lo que más importaba al prelado era llevar la palabra a los pobladores del Perú.
Santo Toribio resume con sencillez y verdad esa gesta pastoral cuando escribe: “más de cinco mil doscientas leguas, muchas veces a pie, por caminos muy fragosos y ríos, rompiendo todas las dificultades y careciendo algunas veces de cama y comida”.
Para llevar la palabra afrontaba todo riesgo con tal de llegar a los más remotos rincones, allí donde hubiese seres humanos necesitados del amor redentor y la gracia del Señor.
3.-MODELODE PASTOR
Santo Toribio celebraba sínodos diocesanos, y varios de ellos se instalaron en poblados serranos como Yungay y Huánuco. En ellos se evaluaba el trabajo realizado y se proyectaban nuevos planes de evangelización.
Preocupado por la formación del clero, fundó el seminario de Lima en 1590.
Su vida agitada tenía que concluir de manera consecuente con ella. Agotado por la fatiga y consumido por la fiebre, llegó al pueblo de Saña, allí entregó su alma a Dios el 23 de marzo de 1606, día de Jueves Santo.
En 1983 Juan Pablo II lo declara “Patrono de los obispos latinoamericanos”.
Por el heroísmo de su caridad Santo Toribio merece el apelativo de “el más grande obispo misionero del Nuevo Mundo”.
En el marco de esta fiesta, queremos celebrar también al Pastor de esta diócesis, por sus 60 años de vida religiosa.
Nos reunimos muchos amigos venidos de diferentes lugares, para mostrar nuestro cariño y agradecimiento por la tarea cumplida.
Pero lo más hermoso es ver a este pueblo de Dios que deja sus actividades o descanso merecido para acompañarnos esta tarde en una gran acción de gracias, de Iglesia, reunida en la mesa del Señor.
He comenzado haciendo una reseña de Santo Toribio de Mogrovejo, porque sin duda ha sido el modelo para el trabajo y la vida de Mons. Luis Bambarén, así como para la de muchos de nuestros obispos.
1.- La vida de Mons. Bambarén ha sido de un compromiso serio y responsable para con los pobres de nuestros pueblos. Ha estado en todos los lugares desde donde se podían defender sus derechos, ha pasado momentos duros, hasta estar en la cárcel por decir y defender la verdad.
En esto también ha sido mal entendido y distorsionado su pensamiento y su palabra. Un día me dijo que nunca más daría declaraciones, las entregaría escritas para que no se malinterpreten. Ha aceptado muchas veces participar de comisiones y reuniones donde podía hablar y defender a los débiles.
2.- Lucho Bambarén ha sido también un gran caminante, de manera distinta a la de Santo Toribio, hay mejores carreteras y mejores medios que en su tiempo. El objetivo ha sido el mismo, la pasión por evangelizar y por llevar a Cristo a todos los hermanos. Hacer presente la voz de la Iglesia en medio de nuestro pueblo, hablar, defender y decir la verdad...
Todos conocemos de los viajes de nuestro Obispo Lucho. No para, nunca está mucho tiempo en un mismo lugar. Se ha acostumbrado a estar peregrinando de un lugar a otro. Como muestra el último viaje. Ayer tarde llegó de Alemania. En el aeropuerto de Lima, lo esperaba una camioneta lista para venir a Chimbote, donde llegó pasada la medianoche. No sabemos a qué hora se acostó, pero lo vimos de madrugada listo, recibiendo a los que venían de viaje.
Y no duden, porque es así. El día del cambio de mando en la diócesis, tiene el billete listo para hacer su mes de retiro allí donde San Ignacio se convirtió. Él quiere escuchar la voz del Señor, y preguntarle “que haré por Cristo”.
Tantas veces como fui al aeropuerto para dejarlo, le preguntaba por la vuelta, y me solía decir: termino la reunión a tal hora y salgo directo al aeropuerto para la vuelta. Yo, ingenuamente le decía que se quedara un par de días para descansar, y nunca me contestaba, me miraba y se reía. Nunca lo hizo.
En todos los años que lo conozco, jamás he sabido que se ha tomado unos días de descanso en alguno de sus viajes.
Muchas veces salía de Chimbote en la noche, para llegar a Lima de madrugada. Se aseaba y de inmediato a la capilla para celebrar la Eucaristía, De allí salía para alguna reunión, y a la media mañana se regresaba a Chimbote para otra reunión o entrevista pendiente. Y esto muy frecuente.
Su vida ha sido muy agitada, pero al mismo tiempo ha mantenido una gran paz. Su carácter muy tranquilo y suave como buen hijo de Yungay. Conocí a su madre y pude entender de dónde venía su manera de ser. María Luisa era una mujer sencilla, encantadora, que había enseñado a su hijo a tener humildad y mansedumbre.
3.- Por todo lo anterior, podemos decir que nuestro Obispo Luis Armando Bambarén ha sido durante estos años un Buen Pastor, porque se ha preocupado por su grey. Ha estado atento a sus necesidades.
Se ha preocupado por hacer crecer la diócesis, para que la Palabra de Dios llegara a todos los rincones. Basta ver la reseña que se publicó al celebrar sus 25 años de obispo de Chimbote el año pasado.
Por eso podemos celebrar esta tarde la Eucaristía, que es reunión de los hermanos y acción de gracias.
Ha llegado el momento de mirar hacia atrás, y ver que la misión ha sido cumplida, el fruto está maduro, es tiempo de la cosecha. Y también tiempo de partir a otro campo para volver a sembrar.
Gracias Lucho Bambarén, por el ejemplo de hombre, de sacerdote y de Obispo. Tu persona queda grabada en nuestros corazones, como el regalo que nuestro Buen Padre Dios nos ha concedido.
GRACIAS POR SER BUEN PASTOR... Y UN AMIGO. P. Alfredo del Risco, SJ
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