lunes, junio 24, 2013

SEMBLANZA POÉTICA DE SANTO TORIBIO por PEDRO DE VILLAGÓMEZ, su sobrino y sucesor como arzobispo de Lima. 1653

SEMBLANZA POÉTICA DE SANTO TORIBIO por  PEDRO DE VILLAGÓMEZ, su sobrino y sucesor como arzobispo de Lima. 1653. (Traducción de Julio Picasso)

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DEL ILUSTRISIMO Y REVERENDISIMO SEÑOR DON PEDRO DE VILLAGOMEZ, ARZOBISPO DE LIMA, SOBRE LA VIDA Y ALABANZAS DEL IGUALMENTE ILUSTRISIMO Y REVERENDISIMO SEÑOR TORIBIO ALFONSO DE MOGROVEJO, ANTECESOR VENERABLE EN LA MISMA SEDE[1],

 

Poesía

La piedad que Lima conserva hacia su padre me impulsa

a referir brevemente las gestas de Toribio Alfonso.

Él fue el primero en presidir la Sede de Lima,

la cual yo ahora presido aunque indigno.

Me urge narrar con estilo sincero sus piadosísimos hechos

para que, lo ruego, se escuchen mis francas palabras.

La villa de Mayorga lo engendró de ilustre prosapia.

Su alta conciudadana León la gobierna.

Al llegar su verde adolescencia, fue trasplantado

a Valladolid, que lo alimentó e instruyó.

Luego fue asociado a los colegios de Salamanca que se llaman

de Oviedo, y allí fue honrado con la toga.

Fue hecho juez de la fe en Granada y allí pronto fue elegido

para que rigiera dignamente los pueblos limeños.

Rigió con blando gobierno al pueblo a él encargado,

plácido con los sometidos y piadoso con los pobres.

Ahora lleva el nombre y el título de padre común

porque favoreció a todos en todos los oficios.

Su devoción levantó muchos palacios a Cristo,

a los que también ofreció muchos dones.

Construyó una casa a la que ordenó enseñar

los preceptos sagrados del Concilio de Trento a los niños;

y también otra casa para las mal casadas y un cenobio de Hermanas

para que consagren al Señor como clarisas sus personas y sus bienes.

Su generosa mano reconstruyó los techos sagrados de Cristo,

es decir, los mendigos, bajo los cuales él mismo habita.

El indígena, el español, el peregrino, el agricultor,

el mísero y pobre indio, la virgen sagrada llorosa,

el pobre, el niño, la viuda y la joven mal casada

participaron de sus dones y servicios.

Él no escondió el oro, la moneda o los bolsillos.

Todo lo que tenía, lo tiene cualquier pobre.

A veces se desprendió de los vestidos externos del cuerpo

para proteger el cuerpo externo del pobre.

Era todo para todos. También pródigo de su santa vida:

nada retenía para sí, era todo para todos.

Tenía solo a Cristo, todo en su pecho.

Para él toda demora era pereza; el ocio era indolencia.

El amor divino actuaba en su interior, en sus vísceras, hirviendo

en sus huesos: el amor actuaba en su interior.

Este lo impulsó a dejar los solares de su querida casa

y, a menudo, a abandonar su hogar de Lima.

A menudo le hizo probar por doquier caminos no hollados;

como un pastor, para que todas sus ovejas vivieran en su ovil,

a menudo lo hizo arrastrarse por las insólitas cuevas de fieras,

ir por estrechos senderos y sufrir los peñascos.

Las abruptas cumbres no holladas de los montes no lo aterran,

no se le esconden las colinas ni los valles profundos.

No lo retienen las ciénagas pantanosas ni las aguas torrentosas del río,

ni el tormentoso temporal con sus túrbidas aguas.

ni el invierno glacial ni la cruel ira del granizo,

ni la tierra sepultada bajo nieve.

No lo arredran ni la cruda hambre, y su débil cuerpo

No se asusta de la aspereza del frío o del calor.

Solo le importan los daños al nombre de Cristo;

para evitarlos todo le es más que dulce.

Nada le es difícil ni duro con tal que como pastor vigilante

reúna a su disperso rebaño en las divinas redes de Cristo

y dispense a su pueblo el sagrado alimento

visitando sus viles techos y cabañas.

Aprendió con entusiasmo las palabras de su exótica lengua

para que sus ovejas reconozcan el silbido del pastor.

A muchos indios lavó con el sagrado bautismo

dándoles un nombre cristiano y un oficio.

Ungió innumerables frentes con el sacro crisma

para que, si la situación lo exigiese, soportaren el martirio.

Enseñó en concilios a los peruanos el dogma de la salvación,

convertido en espejo y norma de los Pontífices.

Su fe ancestral lo impulsó a menudo a celebrar misas

con frecuencia y a buscar sufrir el martirio.

También tuvo firme esperanza, prudencia en los grandes asuntos,

cultivo de la justicia y una admirable sobriedad.

Siempre demostró gran constancia en la adversidad,

devoción piadosa y verdadera elocuencia,

sencillez y candor; de alma indemne de crimen,

cuerpo y alma virginal.

En sequías, abría fuentes y desde entonces

estas fluyeron abundantes

y se llaman con su nombre

así como Ícaro llamó Icarias a sus aguas.

El elegido no tocó sus aguas

ya que el elegido hizo mojar a los otros con las aguas.

A punto ya de caer de la abrupta cumbre de un monte,

un indio desconocido detiene su caballo:

el indio apareció de improviso y de improviso desapareció,

por lo que se cree que era un indígena del cielo.

Con igual gracia de Cristo se salvó

cuando cayó de una alta montaña.

Para salvarse de un toro, tomó una piedra; luego un árbol

creció y prosperó de la árida piedra.

En una situación parecida salvó de un toro a un criado,

deteniendo al toro con el signo de la cruz.

Como Moyobamba se estremecía frecuentemente por el rayo,

él consagra una campana y cuando ella sonaba, callaba el rayo.

Dos veces hizo hablar a los mudos, otras tantas dio salud a los enfermos

y, en vida, dio incluso vida a una difunta.

Entonces nos lo sustrajo la fatal muerte, que nos envidiaba,

y que nos niega ver el dulce bien perdido.

Pero la imagen del pastor ausente está presente,

y el amor hace sufrir el pecho de nuestro amor por él.

Entonces se lamentan la juventud y la canosa vejez en Lima,

el pueblo sufre por su amigo, la huérfana por su padre.

Pero la suerte, que fue inicua con nosotros, como dijimos,

fue fecunda, fausta y cariñosa con él,

pues, desde entonces pisa los astros del cielo

para alabar alegre al Eterno por gracia divina.

El camino y el sendero tan andados por sus piadosas plantas

cuando visitaba a sus encomendadas ovejas;

el trabajo dispensado en la protección de su rebaño, el alimento

dispensado rectamente a su grey, son aquí delicias.

Ahora se alimenta de las auras eternas de vida

el que soportó ayunos frecuentes.

Blancas guirnaldas ciñen la cabeza virginal

de quien conservó níveo el pudor de su cuerpo y alma.

Recibe riquezas imperecederas y beatas

quien consideró por Cristo las riquezas como estiércol.

Para él los dones celestiales permanecen inalterables

en lugar de las terrenales, y Dios siempre permanece.

Así la fe operante y la esperanza firme lo coronan,

así la virtud mayor, el amor, el mismo Dios.

Oh muerte fértil, de la que surge el origen de la vida

cuya herencia es y siempre será Dios por la eternidad.

En la muerte y después, realizó cosas extraordinarias.

Me gustaría narrar algunas.

Al morir con alegría y deponer los vínculos de la carne,

la luna sufrió un gran eclipse

y una cruz roja se manifestó en el cielo sereno.

Su barba renació después de morir,

y después de quince meses, carente de corrupción,

su cuerpo difunto despreció los lívidos derechos de la muerte,

incluso despedía un admirable aroma.

Se habría dicho que la canela estaba escondida en su tumba.

Hizo conducir su cadáver por el río en un lecho fúnebre

para que el agua refluya a sus fuentes.

El contacto de su cuerpo sana a un esclavo y a un niño;

sus vestidos tocados sanan a dos cojas.

Queda una gran parte de gente salvada de otros peligros

que este corto papel no puede abarcar por escrito.

Pero ya es tiempo de virar la vieja proa

y acortar las velas de mi pequeña nave.

No amontonemos más palabras, pues nos urge

una materia más amplia y seremos cubiertos por las aguas de las alabanzas.

Adonde vayamos está por doquier el vasto padre océano,

pero este es el único puerto seguro adonde ir.

 


[1] Antonio de LEON PINELO, Vida del Ilmo. y Rmo. D. Toribio Alfonso

Mogrovejo Arzobispo de Lima, Madrid, 1653

domingo, junio 23, 2013

SANTO TORIBIO EN SANTIAGO DE COMPOSTELA

El P. Javier Campos me envía esta foto del Paraninfo de la Universidad de Santiago de Compostela en el que se recuerda a Santo Toribio, licenciado en Derecho Canónico por aquella universidad.

Les presento un aspecto fundamental en la vida de Santo Toribio, el de empedernido caminante, o, mejor, el de incansable misionero itinerante. Aquí, reivindico su rol de peregrino ilustre a Compostela. Es una pena que no se le mencione en ningún libro compostelano ni en los múltiples rótulos a lo largo del camino. Lo ilustro con alguna foto perdida de mi peregrinación en el 2004, acompañado por mi hermano Juan Luis, y sin atuendo jacobeo como el que lleva mi amigo el de la foto junto a la Torre del Gallo en Salamanca. He querido publicarlo en COMPOSTELA para que quede bien claro. Todo el artículo está en"Santo Toribio, siempre en camino" Compostellanum, Santiago de Compostela, Vol. LIII, Nn.3-4, julio-diciembre, pp.431-450.

 

http://jabenito.blogspot.com/2008/12/santo-toribio-en-compostela_20.html

miércoles, junio 19, 2013

Santo Toribio de Mogrovejo, “luz” de América. Poema de Luis Ernesto Chacón

27 abril 2013 de bigsplash

Santo Toribio de Mogrovejo

Oh; Santo Toribio de Mogrovejo; vos,
sois el hijo del Dios de la vida y
su amado santo, y aunque abrazasteis
la Cruz de Cristo en el continente
viejo; vuestro corazón extendisteis,
a la morena América, y, como si el
espíritu de San Pablo, en vos, viviese,
de palmo a palmo la recorristeis,
expandiendo la palabra del Dios vivo,
entre la gente de vuestro tiempo. Y,
sabéis vos, que no habrá dicha más
grande, que, la que Dios, os concedió,
al confirmar en la fe de Nuestro Señor
Jesús; a los que hoy, santos ya, como
vos, la gloria de los cielos comparten:
Santa Rosa de Lima, San Francisco Solano
y Martín de Porres, "santo de la escoba".
"De gozo se llenó mi corazón cuando
escuché una voz: iremos a la Casa del
Señor. Que alegría cuando me dijeron:
vamos a la Casa del Señor". Fueron
vuestras últimas palabras. ¿Qué premio
podríais tener vos, si la tarea vuestra,
fue hecha tan perfecta? Sin duda, alguna:
¡vida eterna y corona de luz!, que lucís
hoy, como premio justo a vuestro amor y
entrega totales, que alumbran y guían;
Oh; Santo Toribio de Mogrovejo, "luz".
© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado

http://bigsplash.wordpress.com/2013/04/27/santo-toribio-de-mogrovejo-5/#comment-1353 

sábado, junio 15, 2013

EL CORAZÓN DE SANTO TORIBIO EN EL MONASTERIO DE SANTA CLARA. ILUSTRACIONES

EL CORAZÓN DE SANTO TORIBIO EN EL MONASTERIO DE SANTA CLARA

Como testimonio de su cordial afecto donó su corazón que aun hoy guardan como preciada reliquia. Envuelto en un blanco lino y amorosamente guardado en una pequeña y sencilla custodia de bronce bañado en oro, desde cuando cesó de latir hace 400 años, el corazón de Santo Toribio de Mogrovejo sigue presente entre nosotros, en la iglesia del Convento limeño de Santa Clara, fundado por él en Barrios Altos, a pocas cuadras de la Catedral que lo tuvo como segundo Arzobispo de Lima.

Imagen del documento que comprueba la donación y entrega del corazón; custodia que contiene los restos de las cenizas y la tierra en la que estuvo depositado el corazón.

Este corazón, que probó los esfuerzos del andar por los caminos de la Cordillera, subiendo hasta más de 4500 metros sobre el nivel del mar y bajando luego al fondo de valles y quebradas sobrecogedoras, para volver inmediatamente a alcanzar grandes alturas, y así por leguas y leguas, año tras año, y que antes de la aventura andina acompañó ardoroso al incansable misionero por los arenales del desierto costero, ha dejado de latir. Pero ha sido escogido por Dios para que permaneciera al lado de las MM: Clarisas como la más preciada reliquia de su gran apóstol, símbolo del indefectible amor con el que sigue a cada uno de nosotros desde la Casa del Padre.

Así lo recuerdan en una canción original del propio monasterio, que con aire ingenuo y rima fácil revelan un particular afecto por el que consideran su padre protector:
Apóstol del Perú padre Toribio de Mogrovejo
a ti gloria y honor por tu entrega al servicio de tu grey.
Del clero tú te preocupaste un seminario tú fundaste
obispo tienes sacerdotes reconocemos tienes grandes dotes
A Dios con fe y gran esperanza serviste dentro de su pueblo
después el mismo te escogió para servirle como arzobispo
Tus manos andan encallecidas un monasterio tú fundaste
para que recen por los pobres por los que sufren y por los sacerdotes.
Tu corazón nos regalaste tu amor quedó en este suelo
que Dios por medio de tu mano bendiga al pueblo entero.

El sucesor en la silla arzobispal, colegial también de San Salvador de Oviedo en Salamanca, natural de Castroverde de Campos (Zamora) y sobrino del santo, Pedro Villagómez, tuvo la suerte de tramitar la beatificación, para la que escribió una "Vida de Santo Toribio" en verso heroico. En el Convento de Santa Clara de Lima, donde se conserva su corazón, figuran estas sentidas palabras de su sobrino y sucesor en la silla arzobispal: Al Corazón del Ilustrísimo y Revdo. Sr. Toribio Alfonso Mogrovejo que debe ser adscrito por sus méritos entre los dioses, sepultado en Lima en convento de Santa Clara. Toribio mandó que su propio corazón fuese entregado a esta urna hasta que (como un espíritu) alcance los astros.

Al que la villa de Mayorga engendró noble por su sangre
Valladolid crió y educó. Desde aquí (fue) acogido por los salmantinos que se llaman del Colegio de Oviedo,
fue digno del honor de la toga,
en Granada fue inquisidor de la fe;
por el prudente Felipe es elegido
para regir al pueblo de Lima.
Gobernó con suave gobierno
la sede que le había sido entregada,
agradable para sus súbditos y piadoso
con los pobres. En concilio enseñó
el dogma de salvación a los peruanos
transformado en un espejo y en norma
de los pontífices.
Y fundó para enseñar a los niños la escuela
que el Sagrado concilio de Trento
había mandado erigir.
Construyó este monasterio
y consagró a las monjas
para que se dedicaran a Dios
de noche y los días malos.


De su preocupación por este sector cualificado del mundo religioso nos habla la carta al Rey Felipe II en 1591, donde expone las necesidades de los monasterios:

"(Las monjas)que dejaron el mundo y a sus padre y deudos y están
siempre encomendándonos a Dios en perpetua clausura y cerramiento,
privadas de los contentos y regalos de fuera, ocupadas en oraciones y
divinos oficios y no dándoseles lugar por orden y mandato mío a
admitir visitas de nadie sino fuere de padres y hermanos con expresa
licencia por escrito y a los padres y hermanos de mes a mes tan
solamente; atendiendo en esta parte al sosiego y quietud de las monjas
que yo tengo, he deseado y deseo ya que no sean molestadas ni
fatigadas con visitas inoportunas de clérigos ni legos" (Regla y
ordenanzas del Monasterio de la Encarnación T.III, p.628).


Francisco Echave y Assu en su obra La estrella de Lima convertida en sol (230-8) nos revela íntimos y elocuentes datos:

El Monasterio de Santa Clara, esclarecido más por su fundador el Beato Toribio que amante de sus hijos los hizo herederos de su corazón, como de su espíritu, sustenta más de 220 monjas de velo negro y por todas las estrellas que brillan en este cielo de Clara, exceden el número de mil. Esmérase en observancia y penitencia alentado de las ejemplares señoras que han dejado en su muerte el buen olor de sus virtudes, como son Sorores Angela Delgado, Úrsula de Jesús, Juana de Christo, María de los Ángeles, Francisca de Alfaro, Mariana Machuca, Agustina de San Francisco, Ana de la Cruz, Luciana Centeno y Úrsula de Cristo, morena. Este Monasterio como los demás de esta ciudad están sujetos al Ordinario".

F. Pini en su popular obra Padre de los pobres, santo y amigo de Dios (Lima 1994) recoge de labios de la abadesa del Monasterio, cómo aún hoy se profesa un gran afecto al jardín de este claustro virreinal en el que la tradición popular ubica el encuentro de los jóvenes y santos, la criolla Rosa de Lima y el mulato Martín de Porres.

 Allí se venera también con especial afecto el Pozo de Santo Toribio en el interior de la huerta. De igual modo, hay una casulla usada por el santo y que cada año, en el día de su fiesta, viste el sacerdote que preside la ceremonia Igual recuerdo guarda el capellán de santa Clara de Lima, Juan Sánchez de la Madrid, natural de Jerez de la Frontera. Como fuese campanero de la Catedral, conversó con el arzobispo, quien le estimuló a que aprendiese bien el catecismo y que sería bueno que se hiciera clérigo para que desempeñase su función de campanero de cuadro con la más firme tradición de la Iglesia. Francisco de Saldaña, administrador del Monasterio de Santa Clara, declarará en 1595: "este testigo le ha visto que hace una vida como un apóstol y ha caminado con él cuando andaba en la visita y le veía el modo con que visitaba y  a caridad con que regalaba y acariciaba a sus ovejas y él propio los iba a buscar y si estaba algún indio enfermo que no podía acudir a la confirmación, iba él propio a su casa a hacerle confirmar porque no le hiciese daño el salir fuera".

miércoles, junio 05, 2013

SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO, APÓSTOL DE LOS INDIOS. Nuevo libro del P. Ángel Peña, O.A.R

Amigos: Tengo el gusto de presentarles el 131 libro del P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.; SANTO  TORIBIO  DE  MOGROVEJO,  APÓSTOL  DE  LOS  INDIOS, de 70 pp. y colgado en su web: http://www.libroscatolicos.org/index2.htm

Ha tenido la deferencia de dármelo a leer y de recibir mis sugerencias que ha tenido en cuenta. Resulta una síntesis muy bien elaborada, enfatizando sobre todo su espiritualidad y celo misionero. Estupendo. El autor lo ha hecho para mostrar el afecto por nuestro Santo Misionero. Ojalá que nosotros lo mostremos leyéndolo y viviéndolo con su mismo fervor. 

 

SANTO  TORIBIO  DE  MOGROVEJO, APÓSTOL  DE   LOS  INDIOS

 

LIMA – PERÚ

La vida de santo Toribio es una vida apasionante, llena de aventuras. Era un padre para todos, especialmente para los indios y negros, que encontraban en él un padre amable que los acogía con cariño y les ayudaba en todas sus dificultades. Su celo por la salvación de las almas lo llevó a los lugares más remotos de la gran geografía del Perú.

 

A pie o a mula, hizo grandes esfuerzos y se expuso a muchos peligros para encontrar a los indígenas. Tan pronto estaba junto al mar en la costa peruana como estaba subiendo a 3.000 metros de altura en la Sierra. Dormía sobre un jergón de paja en cualquier bohío de paredes de adobe. Muchas jornadas las pasaba sin comer, porque no había. Se expuso a las inclemencias del tiempo con lluvias, tempestades, fríos y calores, hasta sufrir agotamiento en algunas oportunidades o caerse en aquellas agrestes quebradas, pero nada lo arredraba con tal de salvar las almas de sus fieles.

 

Fue un modelo de pastor y un santo extraordinario, que no se contentaba con visitar a sus ovejas, sino también oraba y hacía penitencia por ellas. Su vida nos deja un ejemplo de humildad, caridad y amabilidad con  todos, pero también de fortaleza con las malas autoridades.

 

Celebró concilios y sínodos, organizó la arquidiócesis que abarcaba desde Nicaragua hasta Chile y Argentina. Las normas surgidas de estos concilios y sínodos tuvieron validez hasta el concilio plenario latinoamericano de 1899.

 

Realmente fue un modelo de pastor y, por ello, ha sido proclamado como patrono de los obispos latinoamericanos.

 

CONCLUSIÓN

 

Santo Toribio de Mogrovejo, durante sus 25 años de arzobispo de Lima, de 1581 a 1606, recorrió la mayor parte de los pueblos de su diócesis. Sus viajes contabilizan 17 años de recorridos misionales. En total recorrió unos 40.000 kilómetros (como una vuelta el mundo) por caminos más bien para gamos y cabras que para los hombres, hospedándose en lugares que más eran corrales de ovejas y establos que moradas dignas de la especie humana.

 

Realmente manifestó que su gran celo por la salvación de los naturales no lo dejaba tranquilo y entraba a visitarlos hasta los lugares más difíciles, incluso donde vivían indios de guerra, que eran belicosos. Él no tenía miedo a los peligros de hombres o animales, de climas o terrenos, él iba cantando, confiando en la providencia de Dios.

 

En todo momento fue considerado por todos como un padre para los indios y negros. Los más pobres siempre encontraron en él un padre y un pastor amable que los acogía con amor.

 

            Leer su vida es encontrarse con un santo amable, humano y cariñoso con todos. Su vida no ha pasado al olvido. En la catedral de Lima, donde están sus restos, cientos de devotos lo visitan cada día para pedirle favores y obtener muchas bendiciones de Dios por su intercesión.

 

 

 

Tu hermano y amigo del Perú.

P. Ángel Peña O.A.R.

Parroquia La Caridad

Pueblo Libre - Lima - Perú

Teléfono 00(511)461-5894

 

 

 

 

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Pueden leer todos los libros del autor en

www.libroscatolicos.org

 

 

ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN

1. Un poco de historia.

2. Su infancia.

3. Sus estudios.

4. Inquisidor en Granada.

5. El viaje.

6. Tercer concilio limense.

7. Doctrinas de indios.

8. Eucaristía para todos.

9. Trabajo diario en Lima.

10. Visitas pastorales.

11. Aventuras misionales.

12. Dones sobrenaturales:

a) Profecía.

b) Don de lenguas.

c) Don de sanar enfermos.

d) Don de hacer milagros.

e) Resplandores sobrenaturales.

13. Sumaria información.

14. Memorial de l598.

15. Limosnero.

16. Hombre de oración.

17. Penitencia.

18. Seminario.

19. Problemas con las autoridades.

20. El milagro de la Virgen de Copacabana.

21. Muerte del santo.

22. Milagros después de su muerte.

23. Traslado a Lima.

24. Milagros en su traslado.

25. Llegada a Lima.

26. Algunas virtudes.

27. Beatificación y canonización.

 

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

domingo, mayo 26, 2013

“EL GRAN EVANGELIZADOR DE AMÉRICA LATINA, SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO. Monseñor José Antonio Eguren

Santo Toribio de Mogrovejo, II Arzobispo de Lima y Patrono del Episcopado Latinoamericano (1538 – 1606).


Sin lugar a dudas, Toribio Alfonso de Mogrovejo, cuyo IV centenario de ingreso a la gloria celestial celebráramos jubilosos el año pasado, es el más grande evangelizador y misionero que ha tenido el Perú y América.

A manera de introducción y para comprender la magnitud de su vida y obra, escuchemos la breve pero contundente descripción que del Santo nos da de manera autorizada el Doctor José Agustín de la Puente Candamo:

"La mejor organización de la vida de la Iglesia, el conocimiento de la realidad del Perú, la permanente preocupación por la evangelización del hombre andino, la enseñanza de su vida ejemplar, son algunos de los planos que nos permiten descubrir el vínculo profundo entre Toribio de Mogrovejo y el Perú. Es el gran educador del hombre de la sociedad peruana...uno de los grandes forjadores de la nacionalidad...uno de los artífices de la nueva sociedad (peruana)...La obra de gobierno de Toribio de Mogrovejo, la afirmación y defensa de sus derechos y obligaciones, su apostolado con los indios y la defensa del hombre nativo como persona humana que es, todo esto es posible, como el esfuerzo singular de las «visitas», por la calidad humana y la santidad de vida del Arzobispo de Lima. Toda su obra muestra y es fruto de su vida y de su virtud. Austero, alegre, sobrio, caritativo, penitente, cumplidor, minucioso del deber, generoso, ganaba el corazón de los hombres y comunicaba el amor a Dios". 9

Toribio nació en Mayorga, España en 1538. Estudió Derecho en las Universidades de Coimbra y Salamanca. El Rey Felipe II lo nombró juez principal de la Inquisición en Granada. Al quedar vacante la Sede Arzobispal de Lima, el Rey decidió enviarlo como Arzobispo a la ciudad de los reyes. El Papa Gregorio XIII lo nombró Arzobispo de Lima como sucesor del Arzobispo Fray Jerónimo de Loayza. Después de recibir las sagradas órdenes, ya que al momento de su elección Toribio era laico, el Santo Arzobispo de Lima parte para el Perú y desembarca en el puerto de Paita al atardecer del 11 de marzo de 1581. Desde ahí comenzó a dar los primeros pasos que lo llevarían en 25 años de episcopado a recorrer un total aproximado de 40,000 kilómetros, llevando la luz y el calor del Evangelio por todo el Perú.

La empresa misionera de Santo Toribio, iba a desarrollarse en una Arquidiócesis de enorme extensión, unos mil por trescientos kilómetros. Abarcaba, en efecto, desde Chiclayo y Trujillo al norte, hasta Ica al sur, más las regiones andinas, desde Cajamarca y Chachapoyas hasta Huancayo y Huancavelica, y aún más al oriente por Moyobamba. A las ciudades ya nombradas se añadían Huaylas, Cinco Villas, Cañete, Carrión, Chancay, Santa, Saña -donde vino a morir-, más otros pueblos y unas 200 reducciones y doctrinas de indios.

Pero además era Lima una Arquidiócesis de suma importancia en lo eclesiástico, pues tenía como diócesis sufragáneas la vecina de Cusco, las de Panamá y Nicaragua, Popayán (Colombia), La Plata o Charcas (Bolivia y Uruguay), Santiago y La Imperial, después trasladada a Concepción (Chile), Río de la Plata o Asunción (Paraguay) y Tucumán (Argentina). Es decir, casi toda Sudamérica y parte de Centroamérica quedaba presidida por este hombre de Dios.

La Arquidiócesis de Lima, era fundamentalmente un territorio misionero. Y muy consciente de ello, Santo Toribio, a diferencia de otros obispos que se quedaban en su sede y dejaban a los religiosos y doctrineros (catequistas) la acción propiamente misional, se dedicó principalmente al apostolado entre los indios, limitando casi sus estancias en Lima a los tiempos en que se celebraron sus tres Concilios o los Sínodos diocesanos.

Santo Toribio recorrió toda su extensa Arquidiócesis. A las visitas pastorales dedicó 14 de sus 25 años de episcopado. La primera visita le tomó 7 años (1584-1590); la segunda 5 años (1593-1597), y la tercera 2 años (1605-1606). Será en ésta última donde el Señor le llamará a su Reino para darle el premio que tiene reservado a sus mejores servidores. Resulta asombroso lo que Santo Toribio pasó recorriendo aquellas inmensas distancias en sus visitas pastorales, sorteando peligros, fatigas, hambre, frío, y muchas otras situaciones de alto riesgo. Como los itinerarios de sus viajes quedaron registrados al detalle en el libro de sus visitas pastorales, puede calcularse con bastante exactitud que recorrió unos 40.000 kilómetros. Este hombre, de buena salud, pero de constitución física no demasiado fuerte, que hasta los 43 años lleva una vida sedentaria y que a esa edad inicia 25 años de vida pastoral intensa, la mayor parte de ella de camino, viviendo en chozas o a la intemperie, alimentándose muchas veces con sólo pan y agua o con lo que los indios le comparten desde su pobreza, soportando la inclemencia del tiempo, es una demostración patente de que el hombre lleno del amor de Dios y con el corazón inflamado de celo por la misión evangelizadora es capaz de todo, "y es que para Dios no hay nada imposible". 10 "No es nuestro el tiempo", "la vida es breve y conviene velar cada uno sobre lo que tiene a su cargo solía repetir, demostrándolo con el ejemplo de una vida de total entrega al anuncio del Evangelio, no conociendo lo que era el descanso y mucho menos las vacaciones.

Apóstol de la Confirmación, administró este sacramento a cerca de 800,000 personas e hizo más de 500,000 de bautismos. Entre aquellos a quienes confirmó estuvieron nada menos que Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres.

Él mismo escribe al papa Clemente VIII acerca de sus visitas pastorales: "Después que vine de España a este Arzobispado de los Reyes, por el año de ochenta y uno, he visitado por mi persona y estando legítimamente impedido por mis Visitadores, muchas y diversas veces el Distrito, conociendo y apacentando mis ovejas, corrigiendo y remediando lo que ha parecido convenir, y predicando los domingos y fiestas a los indios y españoles, a cada uno en su lengua, y confirmando mucho número de gente…y andando y caminando más de cinco mil y doscientas leguas, muchas veces a pie, por caminos muy fragosos, y ríos, rompiendo por todas las dificultades, y careciendo de todo" 11 
.
Sin embargo, Toribio no descuida para nada su vida espiritual, consciente de que el apostolado no es otra cosa sino sobreabundancia de amor y que la oración es el secreto de la fecundidad de un apóstol y misionero. Impresiona leer a los biógrafos del Santo Arzobispo de Lima cuando describen su horario cotidiano de vida espiritual: "Se levantaba a las seis de la mañana, sin que a vestirle y calzarle asistiesen mozos o ministros de cámara porque su honestidad no se sujetó jamás a estilos de palacio, ni circunstancias de grandeza. Decía sus devociones primero, y después en su humilde aposento, rezaba las Horas canónicas. Satisfecha esta obligación, bajaba por camino reservado de la casa arzobispal a la Catedral, donde celebraba la Misa, con tanta devoción y ternura, como pide aquel divino misterio. Acabado el santo sacrificio discurría por todo el templo y sacristía, haciendo de rodillas oración en cada uno de sus altares (…) Hechas estas piadosas visitas se volvía alegre a su palacio, sin permitir que ningún ministro de la Iglesia le acompañase, y entrando en su oratorio, puesto de rodillas, empleaba dos horas en oración mental (…) En anocheciendo, se recogía a su oratorio, donde hasta las ocho, se suspendía en contemplaciones celestiales de la divina bondad. Después salía fuera, y junto con sus capellanes rezaba con atenta y devota pausa y reverencia, a coros, los Maitines. En acabando el oficio se iba a cenar, y abreviando su cena con una ligera colación de pan y agua, volvía a su cuarto, en el cual, decía el oficio parvo de Nuestra Señora, el de los Difuntos y otras devociones particulares".12

Para la evangelización de los indios impulsó el conocimiento de las lenguas nativas por parte de los misioneros. El mismo Santo Toribio, estudió el quechua y a poco de llegar al Perú, lo usaba para predicar a los indios y tratar con ellos. Siendo tantas las lenguas y dialectos existentes, solía llevar intérpretes para hacerse entender en sus innumerables visitas. Con todo, en su proceso de beatificación se dio testimonio que en algunos casos tuvo el don de lenguas en forma milagrosa.

Al arribar al Perú, descubre que la acción evangelizadora de la Iglesia atravesaba un momento de seria crisis. La disposiciones de su predecesor el Arzobispo Jerónimo Loayza y de los dos Concilios de Lima no eran tomadas en cuenta. Asimismo la catequesis y la doctrina necesitaban adecuarse mejor a una pastoral indígena más sólida. Por ello y con la ayuda del Padre José de Acosta, organiza el III Concilio Limense (1582-1583) obra maestra de legislación eclesial de Santo Toribio, aunque realiza en total trece sínodos arquidiocesanos y tres concilios provinciales. El III Concilio Limense, establece las bases de la evangelización de América Latina.
"Fue la asamblea eclesiástica más importante que vio el Nuevo Mundo hasta el siglo de la Independencia latinoamericana, y uno de los esfuerzos de mayor aliento realizados por la jerarquía de la Iglesia y la Corona española para enderezar por cauces de humanidad y justicia los destinos de los pueblos de América, como exigencia intrínseca de su evangelización". 13

 El III Concilio Limense, fue la aplicación del gran Concilio de Trento (1545-1563) a la realidad de América Latina. El Concilio dividió su cuerpo canónico en cinco partes o acciones.
Entre sus disposiciones y frutos más notables están los siguientes:

1. La defensa y el cuidado de los indios, para protegerlos de cualquier abuso o explotación y promoverlos humanamente. Este cuidado incluía además una labor de educación social: "que los indios sean instruidos en vivir políticamente", es decir "dejadas las costumbres bárbaras y salvajes, se hagan a vivir con orden y costumbres políticas". Para ello el III Concilio Limense planteó el establecimiento de las doctrinas-parroquias. En cuanto a los sacerdotes que tenían el cuidado de los indios se les recuerda que "son pastores y no carniceros, y que como hijos los han de sustentar y abrigar en el seno de la caridad cristiana".

2. La obligación del uso de la lengua indígena en la catequesis y la predicación.

3. El Catecismo trilingüe (en castellano, quechua y aymara), conocido como el Catecismo de Santo Toribio, con el cual se logró unificar el adoctrinamiento de los indios en casi toda América Latina. El Concilio ordena a todos los sacerdotes "so pena de excomunión, que tengan y usen este catecismo, dejados todos los demás". Sin lugar a dudas el Catecismo es el fruto más valioso de este Concilio.

4. Las Visitas Pastorales. Estas son urgidas con gran firmeza como deber canónico, con el fin de que Pastor conozca a sus ovejas y éste sea conocido por ellas (ver Jn 10, 14).

5. La Dignificación del Clero, su adecuada formación doctrinal y pastoral para una conveniente evangelización y vida de santidad sacerdotal.

6. La Liturgia, que ha de celebrarse con gran esplendor y ceremonia, pues "esta nación de indios se atraen y provocan sobremanera al conocimiento y veneración del Sumo Dios con las ceremonias exteriores y aparato del culto divino". Por tanto ha de ponerse gran cuidado y procurar que haya "escuela y capilla de cantores y juntamente música de flautas y chirimías y otros instrumentos acomodados en las iglesias".

7. Los Seminarios. El Concilio impulsa la creación de Seminarios siguiendo las disposiciones de Trento, cuidando la elección y la formación de los candidatos al sacerdocio. Teniendo presente esta disposición, Santo Toribio funda el Seminario de Lima, que hoy lleva su nombre, uno de los primeros de América en aplicar el modelo de Trento.

8. El Número de Sacerdotes. El II Concilio Limense había denunciado el hecho que muchas veces un sacerdote tiene a su cargo a innumerables indios y establece que debe haber un sacerdote por cada 1,300 almas de confesión. En una de sus cartas al Rey, Santo Toribio le informa "como negocio de mucha consideración y digno de ser llorado con lágrimas de sangre", el caso de una parroquia de 5,000 almas de confesión, con cuatro anexos que está a cargo de un solo sacerdote. De esta manera el III Concilio Limense acuerda poner un sacerdote por cada mil o cada setecientas almas de confesión. Para lograr esta meta, el Santo Arzobispo promueve el clero indígena y criollo, es decir el clero nativo. Para ello se debe prescindir de toda discriminación racial, no excluir de las Órdenes a grupo alguno de los naturales, sino admitirlos a todos por igual en principio: criollos, mestizos e indios.

Mucho más podríamos hablar de Santo Toribio, que por todo lo dicho y mucho más fue declarado con justicia, patrono del Episcopado Latinoamericano por S.S. Juan Pablo II, el 10 de mayo de 1983. Quien sabe nos falte tan sólo agregar el gran amor de hijos que los indios le tenían y por ello no saben llamarle más que "Padre santo" y cuando después de bendecirlos se despedía de ellos para ir a otro pueblo, los indios lloraban como si se les ausentase su verdadero padre. Y es que realmente lo era: "porque maestros en la fe cristiana podréis tenerlos a millares, pero padres, no; he sido yo quien os he engendrado para la fe". 14 De otro lado era un hombre de una gran caridad. De su propio peculio financió escuelas, hospitales, templos y nuevas doctrinas. Todo lo regalaba y vivía en gran austeridad y pobreza.

A los 68 años Santo Toribio cayó enfermo en Pacasmayo (norte de Lima). Murió en Zaña el 23 de marzo de 1606. Y luego de recibir la Unción de los enfermos, en Jueves Santo, día de su muerte, pide al prior agustino que tañese el arpa y rezó: "A ti, Señor, me acojo…En tus manos encomiendo mi espíritu". El "protector de los indígenas", fue un infatigable misionero y organizador de la Iglesia en nuestras tierras. Santo Toribio fue beatificado por el Papa Inocencio IX en 1679 y canonizado por Benedicto XIII en 1726.

Que Santo Toribio de Mogrovejo sea nuestro modelo en nuestro trabajo evangelizador y misionero según la propia vocación y misión, y nuestro intercesor ante Dios para que podamos estar siempre a la altura de lo que Dios espera de nosotros y de lo que la Iglesia necesita.

"EL GRAN EVANGELIZADOR DE AMÉRICA LATINA, SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO" PDF Imprimir E-Mail
 03 de noviembre (Oficina de prensa).- Con el lema "La Eucaristía nos hace evangelizadores y catequistas en la construcción del Reino de Dios" se realizó en Sullana del 25 al 29 de octubre, la V Semana Teológica y de Formación Cristiana, organizada por la Oficina de Educación Católica ODEC de esa localidad.
Una de las ponencias centrales estuvo a cargo de Monseñor José Antonio Eguren, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura con el tema "El gran Evangelizador de América Latina, Santo Toribio de Mogrovejo".
Luego de una completa introducción sobre la vida y obra del más grande evangelizador y misionero que ha tenido el Perú y América, Monseñor Eguren expuso importantes elementos que deben caracterizar la misión de la Iglesia en nuestro continente ante un mundo en crisis y en constante cambio.
 "La Nueva Evangelización tiene que ser una Evangelización para la santidad. Debe infundir en los peruanos un profundo deseo de santidad, conscientes que la santidad es la plenitud de la humanidad y que no hay mejor evangelizador que el santo y que la santidad es la vocación de todo bautizado", señaló Monseñor Eguren.
Nuestro Pastor indicó además que la Nueva Evangelización tiene que ser "una evangelización para la unidad en la fidelidad. Es decir, hay que construir la unidad eclesial, unir en este esfuerzo a los sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos, a los movimientos eclesiales y nuevas comunidades, a las asociaciones laicales y a las hermandades y cofradías, etc. En medio de un mundo dividido y a veces enfrentado, la Iglesia debe resplandecer como 'casa y escuela de comunión' que ayude a sanar rupturas y unir corazones".
 "También será necesario – agregó Monseñor Eguren –ser maestros valientes de la verdad, amando al que yerra, pero sin dejar de combatir el error. Es decir, ser fieles a la Fe de la Iglesia. Para ello el estudio del Catecismo de la Iglesia Católica y su versión más breve, el Compendio, se hace necesario. Hay que intensificar la catequesis y la formación en la fe".
Nuestro Arzobispo resaltó la importancia de incluir en la Nueva Evangelización la dignidad de la persona. "Debemos ser defensores y promotores de la dignidad de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios y redimida en Cristo, el Reconciliador. Desde la doctrina social de la Iglesia, iluminar los problemas del mundo desde la luz de la razón natural, de la fe y de la moral de la Iglesia con el fin siempre de salvar al ser humano en su dignidad integral".
 Finalmente, Monseñor Eguren explicó que la Nueva Evangelización debe estar en constante sintonía con la Sede Apostólica."Los primeros misioneros supieron construir la cercanía espiritual y la adhesión afectiva y efectiva con los Sucesores de San Pedro, los Papas. Junto con la Eucaristía, la piedad filial a Santa María, la devoción a los santos, el amor a Cristo sufriente en el pobre, el amor al Santo Padre, constituye uno de los elementos principales de la religiosidad de nuestros pueblos".
La V Semana Teológica de Sullana también contó con la participación del Pbro. José Guillermo Uhen con la ponencia "Eucaristía, misterio que se ha de anunciar"; el Pbro. Luis Arrasco y el tema "Los grandes evangelizadores en América Latina"; el Pbro. Gilmer Peña y su ponencia "El profesor como Discípulo y Misionero en la Escuela"; y el Pbro. Eduardo Palacios quien abordó el tema "Las imágenes religiosas como instrumentos de Evangelización".

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